Los planos de intensidad de la realidad

Raúl Prada Alcoreza

Los planos de intensidad
de la realidad


Raúl Prada Alcoreza





El refrán popular que viene de la sabiduría del pueblo dice: No todo lo que brilla es oro. Nosotros, en la actualidad informática, cibernética y comunicacional, debemos decir no todo lo que se ve y se escucha, sobre todo virtualmente y en los medios de comunicación es real. La realidad se ha diseminado en estos medios de información virtual y comunicacional. La casta política, de “izquierda” y de “derecha”, usa esta virtualidad y estos dispositivos mediáticos con pretensiones de legitimación de sus prácticas de poder. El problema radica en que la sociedad está invadida y colonizada por el bombardeo mediático, de esta manera sometida a la desinformación, la manipulación y la imposición política. Todo vuelve a ocurrir como la letra de Discépolo en el tango Cambalache, que dice: Siglo XX cambalache, problemático y febril…, hoy resulta que es lo mismo ser derecho o traidor, sabio, chorro, generoso, estafador, todo es igual…, los inmorales nos han igualado… siglo XX cambalache, problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana es un gil.

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Los malos gobiernos se presentan como buenos gobiernos, recurren a la propaganda y publicidad para convencer. Hay gobiernos que se reclaman partidarios del Estado de derecho, aunque no cumplan con esta condición cuando se tienen que respetar los derechos del trabajo, sociales y colectivos. Hay gobiernos que se reclaman partidarios de la justicia, se pretenden de “izquierda”, aunque lo que hacen no se diferencia de los señalados como gobiernos de “derecha”. Ambas versiones continúan extensiva e intensivamente con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. Sin embargo, la opinión pública, bombardeada mediáticamente termina sin tener opinión propia, termina asumiendo como verdad la mentira repetida.

 

Bueno, este es un plano de intensidad de la realidad, el plano de intensidad de la virtualidad mediática, un plano fantasmagórico, pero convincente. Fuera de este plano de intensidad hay otros, que se articulan, conglomeran y entrelazan formando, en conjunto, lo que llamamos realidad. Entre estos planos de intensidad nos interesa, sobre todo, los que tienen que ver con las prácticas y las fuerzas. Nos referimos o todo tipo de prácticas, particularmente a las prácticas sociales, en general, así como a las prácticas políticas; nos referimos a las fuerzas sociales concurrentes, en juegos de poder o, en su caso, en resistencias de contra-poder. 

Por ejemplo, los llamados “gobiernos progresistas” se pretenden defensores de la Madre Tierra, sin embargo, son los jinetes del Apocalipsis, al igual que los gobiernos neoliberales. Otorgan concesiones a empresas trasnacionales y supuestas empresas “cooperativas mineras”, que, en realidad, son empresas privadas, que super-explotan al proletariado nómada, que no está sindicalizado, no accede a los derechos al trabajo y se encuentra vulnerable y expuesto ante el capitalismo salvaje. De este modo se continua con la destrucción de los ecosistemas y las cuencas. De progresistas solo tienen el nombre.

 

¿Qué función cumplen estos gobiernos progresistas en el sistema mundo capitalista? Son agentes y dispositivos de los monopolios trasnacionales, empero, llevando la máscara de amigos del pueblo, partidos populistas. De esta manera, convencen y abren las puertas de la confianza del pueblo. Es una manera fácil y demagógica de demoler las defensas sociales. El pueblo se entrega a sus nuevos amos con los brazos abiertos.

 

Entonces, las prácticas políticas tienen que ver con los paradigmas heredados de los conservadurismos antiguos, de los liberalismos de principios del siglo XX, de los neoliberalismos de fines del siglo XX, de los populismos de mediados del siglo XX y de los neopopulismos de fines de siglo XX y comienzos del siglo XXI. Se trata de prácticas políticas relativas a la delegación y a la representación, es decir, a la usurpación de las voluntades singulares, diseminadas en la simbólica voluntad general. Se trata de la conformación y constitución de la casta política, toda una clase privilegiada, que recibe sueldo por supuestamente cumplir con las tareas políticas de representar y de gobernar. Que tiene la ventaja de usar los puestos para enriquecerse a nombre del pueblo.

 

Cuando el Estado está atravesado por las estructuras de poder de mediano y largo plazo, que corresponde a los monopolios de las trasnacionales y de los Cárteles, la casta política responde no solamente a los intereses propios e inmediatos, sino a los intereses estructurales de las empresas trasnacionales extractivistas y los Cárteles. Ciertamente, esta concomitancia y complicidad no es visible a simple vista. Está encubierta por una niebla comunicacional, propagandística y de publicidad, además de estar atiborrada por la inercia de los discursos políticos reiterativos. En lo que respecta a los llamados “gobiernos progresistas”, se encubre la complicidad y concomitancia con las empresas trasnacionales y los Cárteles con la utilización de organizaciones sociales cooptadas. Esta recurrencia es el recurso de los gobiernos neopopulistas, que movilizan a sus clientelas.

 

En los planos de intensidad más profundos de la realidad, en los substratos mismos del acontecimiento, acontece el funcionamiento mecánico del capitalismo dependiente y la reproducción perversa de la acumulación, originaria y ampliada del capital. Los que padecen esta dolorosa reproducción de la valorización abstracta son los pueblos, sobre todo los pueblos indígenas, particularmente las mujeres, que expresan, en la memoria corporal los entramados comunitarios.

 

¿De qué se trata?  De no dejarse tragar por uno de los planos de intensidad, sobre todo de los más superficiales, los virtuales, los mediáticos, los discursivos, los ideológicos, sino de convivir y coexistir en distintos planos de intensidad, incorporando, sobre todo los más profundos ontológicamente, los relativos a las prácticas, a las fuerzas, a los ciclos vitales. Aproximarse a vivir plenamente, de una manera integral, articulando en la vida propia, singular, los distintos planos de intensidad que se pueda, dando lugar a una composición vital que reinserte a las sociedades humanas a la ecología planetaria.

 

Sin embargo, esto no ocurre, como dice la crítica de la ideología, en un mundo dominado por la propaganda, la publicidad, la demagogia, prepondera la caída en la enajenación, por así decirlo, usando un término caro a la dialéctica hegeliana. La mayor parte de la gente en la mayor parte de su tiempo cree que la realidad es lo que le ofrecen los medios de comunicación y la propaganda política. Si llega a dudar, tiende a ser indiferente, es decir neutral, no participa en la recuperación de la realidad en su integralidad manifestada como acontecimiento. Son minorías activas las que luchan contra la enajenación, contra la restricción de la realidad a unos cuantos planos de intensidad, donde deambula la trivialidad. Solo cuando la crisis múltiple se hace presente, poniendo en tela de juicio la verdad mediática y la verdad política, es cuando los activistas tienen la oportunidad de conectarse con las multitudes y de activar la potencia social.

 

¿A qué se debe esta situación de enajenación generalizada? ¿A los aparatos ideológicos? ¿A las estructuras de poder? ¿Al nihilismo inherente en la vida cotidiana de las sociedades modernas? ¿A la ausencia de voluntad de potencia? ¿A la combinación perversa de todos estos factores? ¿Pero, por qué los pueblos se hallan tan vulnerables? Las teorías de crítica de las dominaciones dicen que los diagramas de poder se han inscrito en la piel, se han incrustado en el cuerpo y se han cristalizado en los huesos, incidiendo en los esquemas de comportamiento y conductas, conformando la constitución de las subjetividades, construyendo un sujeto social subordinado.

 

Se puede decir que esto pasa en todas las sociedades modernas, tanto con las que no han salido de un régimen liberal, así como con las sociedades que han experimentado la revolución socialista, después la regresión de ésta y su posterior decadencia. La diferencia de lo que ocurre en las distintas sociedades, diferenciadas por la experiencia social, es que el totalitarismo ideológico y político se instala de una manera policial en los regímenes llamados del socialismo real, en tanto que se instala de una manera adormecedora en los regímenes liberales. Las configuraciones aparecen combinadas en los regímenes neopopulistas. De una manera sacerdotal en los regímenes religiosos. Si aceptamos las tesis de las teorías críticas de las dominaciones tendríamos que deducir que las resistencias, que siempre se manifiestan, que aparecen como prácticas y estrategias del contra-poder, no han podido revertir el decurso de sumisión a los diagramas de poder. Pero, no nos apresuremos a concluir, lo que pasa es que las resistencias no se hacen visibles masivamente, no aparecen en los medios de comunicación, salvo cuando la crisis múltiple desborda. Las resistencias siempre están presentes, de una manera proliferante, múltiple, localizada e irradiante. Se hace visible cuando estalla la crisis múltiple.

 

¿Cuáles y cómo son las miradas de las resistencias? Obviamente que son múltiples y singulares, dependiendo del contexto, de la coyuntura, del singular, sobre todo dependiendo de las condiciones de posibilidad de su emergencia. Incluso de una anterioridad a ser resistencias, pues antes del poder no son resistencias, corresponden a las manifestaciones singulares de la vida. Para decirlo en pocas palabras, son vida, son devenires de la vida, en sus múltiples formas de manifestación y creación. Se convierten en resistencias cuando aparece el poder, las genealogías del poder, los distintos diagramas y estrategias de poder, que hacen a las dominaciones polimorfas. Como dice Michel Foucault, hay poder porque hay resistencias que vencer.

 

¿Qué es pues lo común, por así decirlo, para decirlo de una manera pedagógica, a la multiplicidad de resistencias? Que son vida, formas y manifestaciones de la vida, de lo ciclos vitales. Hablando de los humanos, de las sociedades humanas, antes, de las comunidades humanas, se trata de conglomerados de cuerpos asociados y atravesados por relaciones, por lenguajes, por culturas, por imaginarios. Sobre todo, por sus relaciones de coexistencia y convivencia con sus entornos, con los espesores territoriales, con los ecosistemas. Se trata de entramados comunitarios, expresados plenamente por las funciones arquetípicas y fundacionales de las mujeres, que son las que controlaron el fuego, iniciaron el lenguaje y la agricultura. Ciertamente en relación dinámica con los hombres, en los periodos anteriores a la genealogía de las civilizaciones.

 

Lo que llamamos poder, que corresponde al nacimiento de las dominaciones, de las estructuras y estrategias de dominación, nace con las ciudades, con las primeras ciudades, donde los hombres, que fueron cazadores, se convierten en comerciantes y comienzan a disputarles a las mujeres el control de los bienes. Los bienes se convertirán en mercancías, en el intercambio que comienza a ser codificado y decodificado abstractamente, como cantidad. Después la moneda facilita el intercambio; de esta manera nace el primitivo capital. Rápidamente, en cuestión, quien sabe, de periodos de consolidación de las ciudades, las nuevas funciones de los hombres comerciantes tienen que ser avaladas y legitimadas. La usurpación de los comerciantes, que controlan las ciudades, adquiere un carácter confrontacional; la resistencia de las mujeres y de las comunidades, donde conviven horizontalmente, hombres y mujeres, hombres artesanos, alfareros, que conviven con las mujeres en las comunidades agrícolas, tienen que ser vencidas, dominadas, subordinadas a las estructuras de dominación nacientes.

 

Estas dominaciones requieren ser mitificadas, por lo tanto, los imaginarios tienen que ser trastocados, las diosas sustituidas por dioses. La masculinización simbólica es un requisito indispensable para ungir al hombre del poder. Los sacerdotes cumplen este papel. Sin embargo, la transformación de los imaginarios, su masculinización simbólica, no es suficiente, pues para vencer las resistencias se requiere del uso de la violencia y su institucionalización, los funcionarios han de cumplir este papel. El centro de encuentro entre sacerdotes y funcionarios es, a la vez, un mito y un núcleo de concentración de poder. Éste es el hijo divino, el Dios en la tierra, el déspota, dueño de todas las tierras y confluencia de los tributos.

 

La concentración del poder requiere la unificación mitológica, mejor dada en el mito abstracto del Uno, de un solo Dios supremo. El poder tiene que totalizarse e integrar sus partes, la religiosa, la del Estado, la del patriarcado. La moneda no solo sirve para el intercambio sino, sobre todo, adquiere la funcionalidad primordial en la confluencia del tributo. Hay, podríamos decir, en el sentido moderno, economía, pero subordinada a la tributación. Lo que prepondera y preocupa es la tributación, pues hay que mantener a los sacerdotes, funcionarios, ejército, dinastía. La economía, como tal, se va a independizar, autonomizar, institucionalmente, en la modernidad.

 

Ciertamente esta interpretación de las genealogías del poder no supone una secuencia lineal, de ninguna manera, al contrario, se da de maneras múltiple, sinuosa, incluso cíclica. Se da contextos diferenciales, donde en unos casos la genealogía del poder se desenvuelve desplegando sus diagramas y estructuras de poder, cada vez más integradas y complejas; en otros casos de da de una manera, mas bien, dilatada, fragmentaria. Sin embargo, no hay que olvidar nunca los contextos donde, de manera simultanea coexisten estos desenvolvimientos de las genealogías del poder y las persistencias de las resistencias de las contra-genealogías del contra poder; lo alternativo y lo alterativo.

 

De todas maneras, queda pendiente interpretar, a modo de explicación provisoria, cómo se da la concomitancia, complicidad, complementariedad, entrelazamiento e integración de las distintas formas de dominación desplegadas en los distintos planos de intensidad. Lo que llamamos genealogía del patriarcado ha tenido que darse de manera singular, dependiendo de las localidades y las regiones, también, obviamente, de la cultura. Así como ha tenido que depender de la centralidad y consolidación de las ciudades, donde se conforman los mercados y se concentran las actividades de los funcionarios, donde, al final, se establecen las élites sacerdotales. Los sacerdotes desatan la guerra contra las deidades femeninas, las alegorías simbólicas, los mitos, las narrativas ancestrales femeninas. En los distintos planos de intensidad sociales se desata la guerra contra las comunidades, contra las mujeres y contra las formas horizontales y asambleístas de gestión.

 

Estos desplazamientos y estructuraciones del poder y las dominaciones requieren una unificación, requieren de un mito final, que aparezca como si fuese inaugural, el mito del hijo de la divinidad, basado en el mito monoteísta de un solo Dios. De esta manera se unge al poder de una centralidad totalizadora e integral. El Estado nace de este huevo sacerdotal, en cópula con la burocracia antigua de los funcionarios celosos. Nace el Estado con el primer incestuoso, el déspota de la dinastía, clan que traiciona a los otros clanes, rompe el pacto de rotación de los mandos.

 

En la economía antigua, el tributo y el comercio, la concentración del tributo y la distribución del comercio, se complementan. No hay tributo si no hay comercio, si no hay agricultura, si no hay pago de las familias. En la antigüedad la economía estaba subordinada al Estado despótico, en la modernidad el Estado nación está subordinado a la economía capitalista. La unificación y la integración de las genealogías del poder se dan recién con la conformación del sistema mundo capitalista, de la civilización moderna. Como nunca el poder y la dominación adquieren una capacidad demoledora en todo el planeta, pero, en contraste, como nunca antes, la proliferación de resistencias adquiere también la irradiación planetaria.

 

    

 

 

Raúl Prada Alcoreza

Escritor, artesano de poiesis, crítico y activista ácrata. Entre sus últimos libros de ensayo y análisis crítico se encuentran Anacronismos discursivos y estructuras de poder, Estado policial, El lado oscuro del poder, Devenir fenología y devenir complejidad. Entre sus poemarios – con el seudónimo de Sebastiano Monada - se hallan Alboradas crepusculares, Intuición poética, Eterno nacimiento de la rebelión, Subversión afectiva. Ensayos, análisis críticos y poemarios publicados en Amazon.

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