En algunos segmentos acomodados de Bolivia, con motivo del Censo 2022, se viene generando algo así como una campaña que apunta a establecer, en última instancia, una especie de “ciudadanía biológica”. Andan ocupados tratando de mostrar que el ser de la bolivianidad sería el “mestizaje”, como si buscaran que este año se haga una medición estadística de “lo que realmente son” los bolivianos.

Desde luego, usan el pretexto cultural como base de sus pretensiones, que es una de las formas en las que el racismo se mimetiza: se evita hablar directamente de diferencias naturales entre “razas” (no porque se lo cuestionen, sino porque está mal visto) y se opta por enarbolar diferencias culturales (cosa que, al parecer, no suena racista). Así, se busca establecer vínculos de “naturaleza cultural”, que operarían de manera determinante entre grupos heterogéneos y jerarquizados. De esta forma, la población boliviana es “entendida” no por los procesos de diferenciación social sino por vínculos “primarios” de naturaleza cultural que en última instancia definirían a las “verdaderas” mayorías  del país (los mestizos) frente a los “otros” (los indios), las minorías de otro tipo de “naturaleza cultural”.

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Sin embargo, con la intención de dar contundencia a su idea de lo que definiría a las mayorías y minorías en Bolivia, suelen recordar que alguien de la indiada formó parte de su historia familiar en algún momento del pasado. Entonces, la naturaleza cultural del mestizaje que defienden tendría su fundamento en la “mezcla racial” y, por lo tanto, lo verdaderamente boliviano se definiría por dicha mezcla.

No es raro que cuestionen a alguien que se autoidentifica como indígena, tratando de arrinconarlo moralmente, con frases como “te crees de raza pura” o “no hay razas puras, todos somos mestizos”. Bajo las referencias vagas que se tienen del nazismo, se trata de equiparar la autoidentificación indígena con la idea de pureza aria (algo socialmente desaprobado), de tal manera que el cuestionado termine asumiendo “su” mezcla racial para no ser catalogado como nazi. En el fondo se trata de cuidar la permanencia de las jerarquías sociales entre “mestizos”, de primera y de segunda: “como tú y yo somos mestizos, no nos fijemos en nuestras diferencias económicas o de oportunidades laborales, eso no es lo fundamental; lo que verdaderamente importante es que tú y yo tenemos la misma naturaleza cultural y biológica”. Buscan que su mestizaje de primera se mantenga puro y no se degrade mezclándose con los mestizos de segunda.

Por eso, hablan de lo que los bolivianos son (apelando a las implicaciones raciales que esto tiene); no de cómo se autoidentifican. Pero, para sus pretensiones, un Censo no sería útil; lo que debería hacerse es un análisis masivo del ADN y así establecer las muchas “mezclas raciales” de los habitantes de Bolivia. Y si esto se hiciera, ¿tendríamos que clasificar a la población por sus variaciones genéticas? ¿Ordenaríamos territorialmente a las personas a partir de ese criterio? ¿Unos tendrían más o menos derechos según su información genética?

Seguramente, los “ex criollos” que ahora se definen como “mestizos” negarían ese tipo de medidas, que incluso pueden calificar de estupideces; sin embargo, a ellos no les interesa promover un análisis del ADN, lo que a ellos les interesa es movilizar los prejuicios sobre razas (puras y mezcladas) para salir de su situación de minorías políticas y en ese afán nos muestran su visión naturalista del orden social: sería la naturaleza cultural y biológica lo que daría sentido a la bolivianidad. Así, la “verdadera mayoría”, por su condición biológico-cultural, debería conducir el país. Eso se acerca a proponer una ciudadanía biológica y no es extraño que esto surja desde segmentos que han vivido de los privilegios en el orden social racializado.

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