La pretensión de occidente de que sus conocimientos son universales y superiores, se extiende o envuelve a todas sus partes constitutivas, incluido la izquierda que es una de sus manifestaciones. La que se ha asumido con el derecho de ser la que cobija a todas las luchas populares del mundo, y de la misma manera, la derecha también califica de izquierda a la lucha de todos los pueblos en el planeta.

Todos los que se levantan en el mundo contra las injusticias están condenados a ser de izquierda, y todos los demás son considerados de derecha. No hay más en la vida, solo quienes son considerados extremistas o medianos entre la derecha e izquierda.

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En esta lógica globalizada, todo el mundo es encajonado de derecha o de izquierda, así los adjetivados no sepan que significan estas corrientes o no se adhieran cada uno voluntariamente. Éste el mandato eurocéntrico impuesto al mundo, similar al mandato patriarcal.

La izquierda se apropia de todas las luchas que surgen en cualquier lugar del planeta. Y, además, se asume como la directora de orquesta y los pueblos tienen que entonar sus concepciones, sus métodos de lucha, sus horizontes, todo. Caso contrario, si alguien se sale de este libreto, le califican simplemente de derechista y caso cerrado.

Apropiarse de las luchas y pretender dirigirlas, es la forma típica del hegemonismo eurocentrista en todas sus expresiones, desde la ciencia hasta las reacciones sociales. El supremacismo, como la prepotencia del autoritarismo y de la dominación como actitud de vida.

Pretender incluir en su seno a todas las luchas plurales, es elitismo. Decir, yo te incluyo en lo mío, es elitismo duro y puro. Creer que las aspiraciones de la izquierda es la aspiración de todos los pueblos del mundo es egocentrismo, reduccionismo, homogenismo. Querer absorber las luchas que surgen en distintos lugares dentro de una sola bandera, es totalitarismo.

Cuando no se incluyen todos los conocimientos de los pueblos, estamos ante un dogmatismo universalista. Los pueblos milenarios de los Andes tienen a la wypala o bandera del arcoíris como representatividad, pues han entendido que la vida es multicolor.

Entender que la izquierda recoge o comprende toda la problemática mundial de los sectores populares, es pensar que los pueblos tienen que subordinarse a la izquierda para poder existir como opción política. Y si alguien se atreve a salirse de esta lógica binarista eurocéntrica, es ajusticiado por derechas e izquierdas, y sentenciado como populista y moralista. Solo existe derecha e izquierda, todo lo demás es atraso o vetusto o torpe, en la lógica colonial homogeneizadora.

Por ahí, alguien dirá, que sí hay matices y diferencias en las izquierdas. Pues sí, pero todas son sus superficiales o en las ramas, nada de raíz o estructural. La raíz está determinada históricamente por la izquierda europea, en donde surgió y se la configuró. Y si alguien la cuestiona, al interior o exterior del paradigma occidental, es un romántico, fundamentalista, revisionista, contrarrevolucionario, y punto final.

Los más atacados actualmente por la izquierda (y por el feminismo blanco), son los pueblos indígenas, negros, árabes, orientales. Incluso, también aquellos europeos neo indigenistas que reivindican a sus culturas madres, como la Celta. Y cuando estos pueblos hablan de (y desde) otras epistemologías y ontologías a las occidentales, son inmediatamente rechazados y decretados como “pachamamistas”, “abyayalenses”, “esencialistas”, “idealistas”, etc.

Para ellos, los indígenas, negros y demás, son pobres en todo, pobres materialmente, filosóficamente, culturalmente, intelectualmente, racionalmente, y hay que darles todo, es decir, sacarles de su pobreza, de su ignorancia, de su desconocimiento, de su inferioridad, de sus supercherías, de sus creencias, de todo, pues no saben nada.

Los pueblos milenarios en todo el planeta sostienen que la lucha no es solo de clases, sino, que es además y principalmente una lucha onto-epistémcia entre distintas concepciones de la realidad, esto es, una lucha cultural, una lucha paradigmática, una lucha fundacional, una lucha de racionalidades. Pero la izquierda no las estudia, no las discute, no las reflexiona, no las investiga, solo juzga y califica: “son posiciones anacrónicas, y no se hable más del asunto”.

Han pasado 500 años y la izquierda hasta ahora tampoco descubre Amerike[1] o Abya Yala, ni el África, ni el Oriente, ni nada, pues creen que solo Occidente es ciencia, conocimiento, filosofía, cultura. Pues, el resto del mundo es solo folclor, costumbres, animismo, en una sola palabra, subalternos en todo. Cómo se llama eso: ¿facilismo, dogmatismo, simplismo, egocentrismo, petulancia?

Desde la alteridad les hemos interpelado, les hemos disputado sus verdades universales, y solo nos dicen que no queremos dialogar, que no queremos hacer alianzas, que lo que hacemos es hacerle el juego a la derecha. Cuando dicen “unámonos”, para ellos quiere decir, que la izquierda sea la vanguardia y los pueblos milenarios la retaguardia.

Increpan que ellos son la cabeza y la alteridad es el brazo indigenista, negro, popular. Y siempre con el mismo argumento de que no están preparados, de que no tienen formación política, de que aún están rodeados de creencias mágicas, místicas, subjetivas. Dicho de otra forma, de que los pueblos milenarios son atrasados en todo y de que necesitan de su tutela para que los guíen y los conduzcan a su sociedad basada en la “razón científica”.

Por esto y por mucho más, es que desde la alteridad renegamos calificarnos de izquierda. Pues, sería ponernos en una posición de subalternidad frente a las epistemes occidentales. Sería renunciar a las epistemologías indígenas – afros –orientales – aborígenes, que tienen otra forma de comprensión del mundo. Sería dejar de construir un mundo pluri o polidiverso, para ir a una globalización socialista-comunista, como quiere la izquierda con su totalitarismo comunista en ciernes, al igual que la derecha con su globalización capitalista. Sería reproducir la trampa colonial y creer que el mundo debe llegar a ser blanco: blanco de derecha y blanco de izquierda; por ende, el de que todos debemos avanzar a un blanqueamiento mundial.

Cuando decimos “blanco”, no nos referimos a un color de piel sino, a una estructura ontológica que interpreta el mundo en forma universal o que cree tener la capacidad y potestad de describir la realidad para toda la humanidad.

Lo “blanco”, en tiempos de clímax del colonialismo eurocéntrico en todo el mundo, ya no solo está internalizando en un fenotipo blanco, sino también en fenotipos o colores a los que el racismo llama “indio-indígena”, “mestizo”, “negro”, “amarillo”. Aunque, también hay occidentales que se han ido desblanqueando y también abrazando la alteridad.

Lo blanco, sea de derecha o de izquierda, es colonial y racista porque reniega y critica a las racionalidades de fuera de occidente, o porque las inferioriza en relación a las occidentales, y las considera anti científicas, primitivas, moralizadoras, especialmente, cuando las acusan de que quieren regresar al pasado. Ese su argumento trivial, sin que atinen a decir algo más.

En su visión progresiva, creen que todos los pueblos del mundo ven al pasado atrás y al futuro adelante, y de que para toda la humanidad la vida funciona linealmente. No entienden (o no quieren entender porque se les explica mil veces), de que para otros pueblos el pasado está en el presente, de que el futuro no existe, de que el presente es el pasado expresándose en el aquí y ahora.

Y que para cambiar el rumbo hay que aprender del pasado, el que guía es el pasado. La experiencia vivida es la que enseña, y no un futuro desconocido, ni una utopía por inventar, ni algo nacido en la cabeza sola de un iluminado. Es el pasado colectivo el que nos hace tomar conciencia para rehacer el futuro en el presente, nos provee de conocimientos y métodos para asumir los desafíos en que nos encontramos.

El pasado no es algo obsoleto o atrasado sino sabiduría acumulada, la que nos permite que no caminemos a ciegas y tontas, pues, nos va iluminando el camino. Honramos al pasado y no lo despreciamos, como igual valoramos a los viejos y no les enviamos a los asilos, vistos como inservibles como hacen en occidente. En este occidente colonizado y domesticado por los dogmas esclavistas y patriarcales helénico-semitas, la cuna de la civilización occidental como ellos mismo lo dicen.

Los pueblos de la alteridad dialogamos con el pasado, no creamos modas salvadoras y aventuras mesiánicas, recreando mundos imaginarios que solo existen en las teorías y en el ego dictatorial de unos cuantos asumidos como líderes.

Para nosotros, volver o regresar al pasado, es mirar al pasado para no darse con la misma piedra, y realmente cambiar de rumbo pues podemos estar circulando en el mismo disco rayado. Es recordar nuestro pasado precolombino, para con esas armas enfrentar este presente colonial, y con ello evitar lanzarse al vacío, como hemos constatado que lo ha hecho la izquierda en más de 100 años.

En su menosprecio epistémico a los pueblos milenarios, la izquierda cree que no nos damos cuenta de que hay diferencias entre la izquierda y la derecha. Somos conscientes de ello, pero también sabemos que son disputas al interior del paradigma eurocéntrico, es una pelea de clase, es una riña por la toma del estado colonial-burgués, por dirigir el gobierno patriarcal-piramidal. Tal como funcionan sus partidos políticos y sus organizaciones sindicales.

Nosotros hemos entendido que eso no es todo, que la lucha por el control del estado es tan solo una parte y no la principal, lo prioritario es construir/reconstruir otro mundo, desde otras formas de organización diferente al Estado y desde otras formas de gobierno diferente a la democracia.

El Estado solo nos sirve para ser escudo, mientras seguimos “desde abajo y por afuera” construyendo/reconstruyendo lo diferente. No renunciamos a dirigir el estado colonial-burgués, y si lo conseguimos no es para crear más estatismo sino para recrear más comunalismo.

Nuestra disputa con la izquierda no es de clases, sino onto-epistémica. Ahí es donde les disputamos sus verdades santificadas, las que no admiten la posibilidad de otros métodos de lucha, de otras destrezas, de otras construcciones. La izquierda está enardecida de que los pueblos se hayan levantado sin su guía ni permiso. Y con ello, cuestionado sus tácticas y estrategias, sus procesos de transición, sus horizontes supuestos.

La izquierda se creyó cómo la única sabedora de cómo salir del capitalismo, de cuáles son las etapas a seguir, de cómo hacer la revolución. Están heridos porque los alzamientos y rebeliones populares, ya no son dirigidos ni tienen la estructura de la izquierda. Y de ahí, las descalificaciones en su arrogancia dogmática sempiterna. Tal como lo hacen al interior de ellos, y hasta se matan entre compañeros. Convencidos de que la suya es la teoría superior, verdadera, mejor; en su manía de hacerse “circuncisiones” intelectuales.

La izquierda al concentrase solo en el estado, pierde la oportunidad de encontrar otras formas de hacer política, de crear otras posibilidades de transformación, de provocar otras estructuras de organización y de participación revolucionaria.

De ello se dieron cuenta los ex marxistas leninistas del Partido Comunista Kurdo, cuando en los años 90 el partido reflexionaba sobre el autoritarismo interno del PKK. Influidos por iniciativas de la alteridad, como el movimiento zapatista, decidieron salirse al margen de la línea soviética y su idea de la evolución social.

Se dieron cuenta que el Estado había dejado de ser la meta, para convertirse en el principal obstáculo para la liberación. Observaron que si se creaba un Estado propio para los kurdos, quedarían atrapados bajo las mismas dinámicas de clase que los habían oprimido hasta entonces, y renunciaron al estado por un sistema de comunidades al que le llamaron Confederalismo Democrático.[2]

Y esto está pasando en los denominados estados plurinacionales y pluriculturales, que se han quedando atrapados en las lógicas del estado y del sistema, haciendo algunos parches y con ello perdiendo tiempo, recursos, y, ante todo, horizontes.

Su disputa se pierde con la derecha, tratando de ganarles espacios y a la final terminan sosteniendo el capitalismo, al quedarse envueltos en las luchas institucionales con la derecha. Se pasan cediendo y mediando en ciertos puntos, para que la derecha no gane en opinión a través de su oposición política y mediática. En otras palabras, la derecha y el sistema marcan la cancha y la agenda, y la izquierda juega su juego, en la que muchas veces pierden y la derecha retoma el control del Estado.

Hay comunidades que nunca han vivido del estado, primero porque les han relejado, y luego porque no han necesitado de él. Lo que les ha permitido seguir con sus formas milenarias o construir otras formas de vida al margen del estado. Demostrando, que es posible vivir sin Estado, que el Estado no es necesario ni obligatorio para vivir.

En cambio, las comunidades a las que la izquierda las ha entregado al estado y al sistema, a través de bonos y otras dependencias han quedado subordinadas y sujetas al Estado clientelar y paternalista, y con ello desmantelado el sistema comunitario.

Entonces, señores plurinacionales, para qué buscar que las comunidades dependan del estado, cuando pueden ser autogestionarias y autosuficientes. Pero, las izquierdas no comprenden y buscan ponerles de rodillas a los pueblos ante el estado.

Creer que el Estado puede representar los intereses de los pueblos, es no entender lo qué es lo colonial. Por ejemplo, la izquierda apoyó la introducción de la denominada “economía formal”, para que supuestamente estén mejor organizados en sindicatos y tenga más derechos y posibilidades de reclamación. Pero, lo que provocaron es la eliminación de la economía comunitaria y con ello todo el sistema y espíritu mancomunitario, para ponerlos a mendigar del estado, y a eso le llamaron progreso, desarrollo.

La izquierda lucha básicamente contra el capitalismo, mientras la alteridad, además, lucha en conjunto y al mismo nivel, contra el patriarcado, el colonialismo, el racismo, el epistemicidio, el ontologicidio, el eurocentrismo. Irónicamente, la izquierda es parte de los onto-epistemicidios a los pueblos, mucho más que la derecha, pues son los que se encargan de colonizar por abajo con el izquierdismo, para que renieguen y olviden sus propias filosofías y racionalidades. Aunque para ellos, los indios y los negros no las tienen, pues sus conocimientos son solo mitos y tradiciones empíricas.

La alteridad lucha contra toda forma de dominación. No queremos dominar a alguien para acabar con la dominación en sí mismo, como pretende la izquierda con la burguesía y los ricos. Sus políticas autoritarias y hasta fascistas, en última instancia terminan contra el propio pueblo que no comparte sus políticas estatistas, acusándolos de traidores de la revolución, de golpistas, de enemigos del pueblo, etc.

Eliminar la dominación es extinguirla en todo lado y en toda forma, empezando por la naturaleza, algo que a la izquierda le cuesta su vida defender a la madre tierra del extractivismo, cuando es la vida de todos y no la vida de la izquierda. La explotación a los seres humanos terminará por la eliminación de la dominación a la madre tierra, y no al revés como es la teoría de la izquierda.

La izquierda anda más de 100 años creando las condiciones para hacer la revolución, creyendo que las condiciones serán cuando se autodestruya el capitalismo y de sus cenizas surja el socialismo como el ave fénix. Cuando el capitalismo ha demostrado que jamás se va autodestruir, sino que siempre renace y se vuelve a consolidar. Genera crisis y de ellas sale más fortalecida, pues la derecha sí sabe cómo resurgir desde sus propias cenizas, y no como la izquierda que quiere nacer desde las cenizas de la derecha y del capitalismo.

La derecha, además, sabe aprovecharse de los fracasos de la izquierda, acusándoles de que ellos son peores, cuando pretenden llevar al mundo al comunismo. A lo cual, el pueblo (entre ellos los obreros), le temen, no solo por la propaganda de la derecha, sino por el fracaso estrepitoso de sus gobiernos.

Los pueblos se están dando cuenta que la izquierda tampoco es una salida confiable y están abriendo sus ojos a la alteridad con su propuesta del Buen Vivir. La que les está devolviendo la esperanza, el reencantamiento, pero los socialistas-comunistas se dan golpes de pecho y gritan: “Patria o Muerte”.

Pretender administrar y dirigir el estado colonial-burgués, es meterse en la boca del monstruo para ser engullidos y devorados, para luego ser expulsados por la cola como frustrados. El egocentrismo y la audacia de la izquierda es tal, que se montan sobre el estado creyendo que lo pueden domar y terminan convirtiéndose en déspotas y opresores como única opción para mantenerse en el poder. Hasta que son barridos de un puntapié por la derecha, el imperialismo, y por su propio pueblo.

La izquierda tiene como método de interpretación y de acción a la dialéctica, y los pueblos alteros funcionamos por la dualidad complementaria, pues para nosotros la vida es reciprocidad, correspondencia, armonía, simbiosis, estabilidad dinámica. Pero la izquierda nos dice que estamos equivocados, que somos ilusos, que somos ultra radicalistas teóricos. Es decir, los que han fracasado nos acusan y nos auguran de que vamos a fracasar. Qué paradojas de la vida izquierdista.

La izquierda, es como el feminismo blanco, que cree que la lucha de las mujeres blancas es la lucha de todas las mujeres del mundo. Ellas creen que el patriarcado ha existido en todo el mundo, y de que el patriarcado son los hombres. Pero para el mundo indígena y otros pueblos de la alteridad, el patriarcado es un sistema ontológico y social, que se expresa a través de su sistema esclavista.

El patriarcado creó el esclavismo hace unos 5.000 años y lo ha ido perfeccionando. Empezó como esclavismo corporal hasta llegar al esclavismo del capital hace 500 años. Y ahora estamos viviendo el postcapitalismo, cuando hemos llegado al neoliberalismo en donde el esclavo actual se esclaviza sin ser consciente de ello, y por el contrario cree que es libre.

No sabe o comprende, que cuando cree ser libre es porque se ha vuelto un esclavo inconsciente. Como ha perdido la capacidad de ver el esclavismo, se asume como que él dirige su vida, sin saber que es el sistema a través del mercado el que lo dirige, el que le dice qué comer, qué turistear, qué estudiar, qué y cómo vivir. El mercado es el esclavismo invisible, pero, como en el cuento del “rey desnudo” los esclavos creen que son libres.

Como dice el escritor Juan Francisco Ferré, Premio Herralde 2012, «Vivimos una época en la que todo el mundo se cree libre porque así se lo han dicho los que tienen interés en que nos sometamos a la norma más conveniente, como nunca antes, de manera consciente. Somos libres como consumidores estandarizados o no, pero poco más. Como sujetos políticos, nos comportamos como en el supermercado, eligiendo entre la oferta disponible sin poder hacer nada más».[3]

La izquierda dice que se ha superado el esclavismo con el aparecimiento del feudalismo, al cual se le dejó atrás cuando surgió el capitalismo. Para nosotros, el esclavismo jamás fue superado, solo se fue puliendo y consolidando hasta volverlo sutil, imperceptible, elaborado. El esclavismo se lo ha ido internalizando poco a poco hasta que el esclavo actual se rinda al mercado y sea eficiente por voluntad propia.

El esclavista ya no necesita cadenas ni sometimientos exteriores, se dio cuenta que solo debía convencerlo de que era libre y que debía luchar por más libertad. Lo que quiere decir, si quieres ser más libre: sacrifícate más, presiónate más, desarróllate más, trabaja más y más, pues, el mundo es de los emprendedores.

El escritor Eloy Fernández Porta, lo explica también: «Hoy el hombre considerado libre es el emprendedor, sea su propio jefe, como decía el anuncio publicitario. Ésta es la ilusión emancipatoria del capitalismo financiero». «Desde esta idea, la libertad no consiste en dejar de recibir órdenes, sino en explotarse a uno mismo con más severidad de la que podría ejercer el dueño de una corporación, algo que el emprendedor comparte con el autónomo».

Hoy hay quienes mueren por exceso de trabajo (karoshi), sin que nadie les obligue sino por voluntad propia. Hay personas que temen salir a vacaciones, se sienten perdidos cuando salen y quieren volver a trabajar, porque solo eso les da sentido de vivir.  El sistema les ha convencido de que son totalmente libres, bajo el eslogan de que él decide, porque él elige, porque él tiene las riendas de su vida, porque tiene la plata y cada cual hace con su dinero lo que le dala regalada gana.

Y el esclavo actual lo cree y se auto sacrifica, se auto explota, se auto somete, creyendo que así se está auto realizando y de que cada día es más libre. “Just do it” (Solo hazlo), le dice Nike y el esclavo vacía las tiendas. O, como cuenta Marta Ortega, la ahora máxima representante de las tiendas Zara de Indetex en España, de que ella aparece en una foto con una ropa y al otro día los escaparates están vacíos.[4] Los esclavos libremente lo consumen todo y tienen que trabajar más para comprar más. Mientras, los Ortega de España se hacen cada vez más millonarios, y los esclavos los ponen como ejemplo de superación.

Entonces, como vemos la pretensión blanca está en todos los órdenes, creen que todo el mundo tiene sus mismos problemas, sus mismos sueños, y que todos deben pensar y actuar igual que ellos. Imponen la historia según sus creencias y concepciones. Delimitan las teorías conceptuales de lo que es la vida y de los procesos sociales. Establecen los horizontes a construir o crear. Etc. Etc.

Todo lo que produce el eurocentrismo, desde arriba o desde abajo, desde un lado u otro lado, tiene esta impronta. Llámense izquierda, feminismo, ecologismo, lgtbis, etc., ellos son el centro y el que dispone a los demás pueblos del mundo las posiciones a seguir. De ahí, que muchas mujeres indígenas y negras han optado por no llamarse feministas, pues eso significaría de igual modo negar sus propias epistemologías y ponerse a la cola del feminismo blanco.[5] Y esto, aplica para todo.

En definitiva, todas las luchas reivindicativas de occidente son luchas parciales o sectoriales, desmarcadas de las otras luchas, y ante todo de las luchas de fuera de occidente. A las cuales, más bien las critican cuando éstas cuestionan el centralismo y el elitismo, cuando no se sujetan a las construcciones y pensamientos elaboradas o configurados por el reivindicalismo occidental. Y por ello, los acusan de que siguen las teorías del “buen salvaje” o de que recrean “leyendas negras”.

Desde la alteridad, ningún ismo será capaz de por sí solo cambiar el mundo. Sentipensamos que otro mundo vendrá desde lo múltiple, en el que se tome en cuenta todas las voces y a todas las verdades.

Y de ahí, que es importante marcar distancia con occidente. Y esto no significa negarles, como ellos han hecho con el resto del mundo. Queremos dialogar con occidente pero horizontalmente, y no verticalmente como ellos pretenden, con su supremacismo o racismo en cualquier ámbito del pensamiento o de la ciencia o de la política o cualquier cosa.

Queremos también estar en la vanguardia intelectual y epistémica, y no solo que nos pongan como vanguardia en el campo de batalla o en la primera línea, en la que como siempre los únicos que caen son los indígenas, los afros, los pobres, los jóvenes. Como pasa igual en aquellos que están al otro lado, que son los policías o los militares, los que en su mayoría están compuestos por gente de extracción pobre, y que son entrenados para dar palo a sus hermanos y hermanas. Así nos dividen derechas e izquierdas, y nos matamos entre nosotros. Como al igual al interior de nuestras comunidades, con los partidos políticos y las sectas religiosas.

La izquierda defiende y cree en las instituciones occidentales, las mismas que han fracasado en todo el mundo, por ejemplo, la democracia. Las estadísticas en el mismo occidente dicen que sus pueblos desconfían de la democracia. [6] Como tampoco ya creen en los partidos políticos, en el aparato judicial, la iglesia, las fuerzas represivas, el periodismo, etc. [7]

Ante ello, en la alteridad estamos construyendo la comuncracia, la sociocracia, la biocracia. Estamos más allá de los partidos políticos, funcionando directamente y desde abajo. Etc. Y nuestro camino no es por “abajo y con la izquierda”, sino, por abajo, desde debajo y desde afuera.

La izquierda colonial debe comprender que los pueblos milenarios en todo el mundo tenemos nuestros propios sistemas de organización y de funcionamiento, que no es igual al Estado, es decir, que no se desempeña con sus instituciones, que no se rige con sus principios y construcciones. A sistema no le queremos llamar Estado, pues no es una organización como fue concebida y estructurada por los mesopotámicos y perfeccionado por los griegos. Además, porque eso sería anularnos a nosotros y nuestras propias instituciones.

Por esto, también nos parece un absurdo hablar de estado plurinacional, pues seguimos en el problema de creer de que se trata de poner apellidos a todo lo que viene desde el paradigma occidental para hacerlo diferente: desarrollo identitario, crecimiento indígena, progreso autóctono, etc.

El estado jamás va a ser plurinacional o pluricultural, se convertiría en un oxímoron, algo que solo existe en la teoría. Al Estado no se lo destruye cuando la izquierda construya el comunismo, sino cuando se construya y reconstruya un otro sistema desde afuera y desde abajo. Y no, desde las cenizas del Estado.

No creemos en continuar concentrando todo en el Estado, en hacer de centro al Estado, pues, es volvernos dependientes del estado, y por otro lado, olvidarnos o sucursalizar a nuestros propios sistemas de organización y a nuestras filosofías.

Acaso no hay otras formas de funcionamiento para dejar de estar pidiendo la misericordia a la burocracia, y con ello dejar de generar formas autonómicas: autogestionarias, auto suficientes, autosustentables.

En este sentido, pretender construir el estado plurinacional es haber caído nuevamente en la trampa colonial, creyendo que desde las instituciones coloniales nos vamos a descolonizar, de que nos vamos a liberar del estado opresor, de que nos vamos a emancipar desde el capitalismo.

Fortalecer al Estado Plurinacional y no fortalecer nuestras propias instituciones, es auto condenarnos a nuestra desaparición como pueblos milenarios y a quedarnos tan solo como folclor para el estado, como ha sucedido en los llamados gobiernos progresistas.

Por esto y por mucho más somos críticos de la izquierda, lo que no quiere decir que seamos anti izquierda. La pretensión de la izquierda es creer que todos quienes no están ciegamente con ellos, son sus enemigos.

El egocentrismo zurdo, como todo el egocentrismo occidental, les lleva a calificarnos a todos quienes no compartimos con todos sus postulados de que no hacemos política, de que somos anti clasistas, de que somos una vergüenza, etc. La egolatría occidental les lleva a creer que el binarismo derecha – izquierda es la única lucha.

Occidente no entiende a los pueblos alteros de todo el mundo y nos persiguen en todos los ámbitos. Y desde la alteridad, tenemos que hacer una lucha con la filosofía occidental, con la medicina occidental, con las ciencias occidentales, con la religión occidental, con la política occidental, con todo.

Pues, nos dicen que no tenemos filosofía, solo cosmovisiones. Que nuestra medicina no es científica, solo charlatanería. Que nuestros idiomas no son lenguas, solo dialectos. Que nuestras creencias no son objetivas, sino ilógicas. Que no hacemos política, sino pachamamismo. Etc, etc.

La izquierda también nos ha querido decir quiénes son o no son indígenas. Para nosotros, lo indígena es un pensamiento, un sentimiento, una epísteme, una manera de ser y de existir, un estado de conciencia y un estado del espíritu.

Es más, lo que el racismo llama indígena o el fenotipo indio, hoy en su mayoría está colonizado y no son un referente, todo lo contrario, hacen más difícil el camino de lo indígena como epísteme. Por ello, preferimos hablar de pueblos milenarios.

Entonces, cuando alguien hace referencia a un color de piel o un fenotipo, está hablando la dominación colonial, pues, lo blanco y lo indio son construcciones coloniales, que la crearon hace 500 años para establecer que lo blanco era superior y lo indio era casi humano.

Como lo blanco o lo indio son construcciones coloniales, puede ser encarnado por gente de diferentes colores de piel. Pudiendo haber blanqueamientos e indigeneamientos por cualquier fenotipo como expresiones de las dos formas en disputa en América.

Por el proceso colonial, la mayoría opta por hacerse un blanqueamiento y muy pocos por un indigenamiento o indinamiento o negreamiento u otro. Es más, estas 3 últimas palabras no existen ni en la RAE ni en internet, pues casi nadie opta por aquello.

El blanqueamiento ahora es más fuerte que hace 500 años, en tanto la idealización de lo blanco ha alcanzado niveles exorbitantes, especialmente por la asimilación del pensamiento eurocéntrico, particularmente por aquellos indígenas, negros y demás fenotipos, que se han formado en las instituciones educativas occidentales, y luego ellos se encargan de “colonizar por abajo” a sus hermanos y hermanas.

Sin emabrgo, hay también un proceso al revés, desde que las epistemes de la alteridad se han ido visibilizando y posicionando paulatinamente en todos los espacios, incluso, en la academia.

Epistemes indígenas, negras u otras, que no fueron remontadas o proyectadas por la izquierda, en ningún ámbito. Con ello, demostrándose que a la izquierda le interesa el indio básicamente como pobre, para tomarlo como instrumento o medio para sus construcciones, y no para construir lo indígena desde sus propias formas milenarias.

Esto se llama colonialismo de izquierda. Algo que les ha dolido escuchar, y nos han dicho de todo. Típica reacción del que va perdiendo potestad, cuando se da cuenta de que se les va derramando el centro y se van quedando sin sus privilegios intelectuales que lo habían presumido desde siempre. Sus verdades se van cayendo y no tienen más reacción que dar patadas de ahogado.

En vez de sintonizarse con la alteridad, prefieren atacarla, demostrando su canibalismo intelectual. Incapaces de comprender que el mundo ya cambió, que los pueblos indígenas, negros, orientales, ya no son solo mano de obra.

Son altos pensasientos (como dice Choquehuanca), pero la izquierda conservadora se resiste a dejar caer sus dogmas y sectarismos, del que han vivido por muchos años. Ya no saben cómo rehacerse ni cómo seguir en la cabeza, pues se dan cuenta que pasan a ser la cola ante los pueblos que se levantan con más conciencia; por más que nos digan “pachamamones” o “pachamamicos”, con ello despreciando también a la pachamama.

La izquierda ya no magnetiza ni motiva a los pueblos, y como hegemónica que es, no quiere dar el brazo a torcer y estornuda por todo lado, para ver si nos enfermamos, pero, ya estamos vacunados contra sus berrinches. Cada día nos vamos abriendo mientras ellos se van achicando, vamos floreciendo mientras otros se van marchitando.

Los esperamos, ahora les toca ser retaguardia. Si tienen humildad sabrán ponerse a la cola de los pueblos indígenas, negros, orientales, etc. Ahora les toca a ellos hacer lo que no pudo la izquierda.

Por tanto, no se trata de subordinarse a la izquierda como única forma de existencia, sino de abrir vías plurales, para como dicen los zapatistas, crear un mundo donde convivan varios mundos. Esto implica, la posibilidad de recrear o de inventar nuevas y diferentes formas de lucha, como de otros medios y horizontes por tener.

Los liberales nacieron en la izquierda y fueron por algún tiempo de izquierda, pero poco a poco se fueron alejando hasta pasar al otro lado y han terminado siendo neoliberales de la ultra derecha.

Y lo mismo está sucediendo con los socialistas-comunistas, en que ahora aparecen como socialdemócratas. Han renunciado a su socialismo y solo se contentan con hacerle más humano al capitalismo, pues dicen que no hay más posibilidades dentro de este sistema.

Antes querían ir a paso largo y rápido con sus insurrecciones armadas, ahora quieren ir pasito a pasito, y en esa lentitud van pasando a la derecha.

Ya no hay izquierda prácticamente, la izquierda solo es un rótulo. La misma derecha lo sabe y por eso dicen que el neo comunismo es el indigenismo. Lo revolucionario está ahora fuera de la izquierda y de occidente. Está en los pueblos milenarios, a los que la Europa monárquica los dominó, empezando por sus propios pueblos.

Es el tiempo de los pueblos milenarios de todo el mundo, de las sabidurías de la otredad, de las epistemologías a las que el eurocentrismo les puso como periféricas. Es la oportunidad de las filosofías de la externalidad y de las racionalidades de la alteridad.

[1] https://www.alteridad.net/2021/09/08/el-nombre-america-viene-de-los-mayas-y-no-de-vespucio/

[2] https://elordenmundial.com/rojava-la-revolucion-anarquista-de-oriente-proximo/

[3] https://www.elmundo.es/sociedad/2016/12/14/58502066468aeb23288b4681.html

[4] https://elpais.com/economia/2021-12-01/marta-ortega-heredera-del-imperio-de-zara-y-nueva-mujer-fuerte-del-ibex.html?utm_source=Twitter&ssm=TW_CM#Echobox=1638645906-1

[5] https://palabrapublica.uchile.cl/2018/07/23/aura-cumes-escritora-un-patriarcado-colonial-somete-no-solo-a-las-mujeres/

[6] https://elpais.com/elpais/2014/02/06/opinion/1391706531_210680.html

[7] https://www.dw.com/es/el-90-de-los-españoles-desconfía-de-los-partidos-políticos-según-encuesta-de-eurobarómetro/a-57351410

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