Las maravillas de Pompeya

Rodolfo Faggioni

Publicado el: 21 diciembre, 2020 4 min.    + -   

Al verlos así, con la sangre que parece palpitar aún en las venas de esas manos apoyadas al pecho los dedos doblados, el algodón de la túnica rizado sobre el vientre, parece que el tiempo se haya detenido. Son los cuerpos casi intactos de dos hombres que la muerte los atrapó durante la erupción del Vesubio el 24 de Octubre del 79 d.C., los agarró casi instantáneamente a las 9 de la mañana en la zona de “Civiltà Giuliana” en la villa suburbana de Sauro Bardato, a 700 metros al norte de Pompeya, en la misma zona donde fueron recuperados los tres caballos con sus cenefas en el 2017.

Los dos, un amo y su exclavo huían desesperadamente de una Pompeya que se había convertido en un infierno, buscaban una imposible salvación. La villa tenía una gran terraza con vista al Golfo de Nápoles y a la Isla de Capri. Nel cripocuerpo de la terraza, fueron encontradas las huellas dejadas, bajo el material levico, de un joven de 18 a 23 años de edad, alto 1,58 metros y de un hombre de una edad entre los 30 y 40 años, alto 1,62 metros. Se supone que el primero fuera un esclavo, los análisis en el cuerpo revelaron algunos aplastamientos de la vértebras compatibles con trabajos pesados, mientras que el hombre más maduro tenía un manto de lana y una túnica, la riqueza de su ropa lo hace pertenecer a una clase social muy elevada.

Teatro del nuevo descubrimiento es la villa suburbana de “Civiltà Giuliana” la exuberarnte finca de época “augustea” con terrazas que llegaban al mar, en cuyas cuadras se encontraron los tres caballos de raza pura, uno incluso enjaezado con una refina silla de madera y bronce y acabados relucientes, como si estuviese preparado para la salida de su amo. Con toda probabilidad se trataba de un comandante militar o un alto magistrado, quizás un exponente de los Mummii, una noble familia romana de época imperial, ya que en la misma villa se encontraron los restos de una pared pintada al fresco con el nombre de una niña. La Villa de la familia Sauto Bardato tenía una ubicación increíble, apenas fuera de las murallas de la ciudad, refinada y señorial con exuberantes terrazas inclinadas desde las que se disfrutaba de la vista del Golfo de Nápoles. Como todas las casas de personajes importantes y ricos, estaba dividida en decenas de ambientes diferentes y junto a las habitaciones de representanza y los dormitorios elegantes para los huéspedes, disponían de bodegas para conservar el vino, el aceite y grandes extensiones de terrenos muy bien cultivados.

Siempre en el Parque Arqueológico de Pompeya, se ha encontrado una preciosa e inquetante pintura al fresco en la pared   del dormitorio de una casa en la Calle del Vesuvio. Una morada opulenta, llena de maravillas y decoraciones de gran impacto. Se trata del mito griego de Leda y el Cisne. Se ve a Leda, hermosa y sensual, un cuerpo estatuario cubierto únicamemte por un paño rojo, con una mirada lánguida. Entre las piernas, en una posición que no podría ser más explícita, está el potente dios Zeus, que para poseerla se ha transformado en un hermoso cisne blanco. Según la mitología, Leda, esposa de Tíndaro de Esparta, pescaba junto al río Eurotas cuando fue seducida y violada por un cisne blanco que resultó ser Zeus, que fingió ser perseguido por un águila. Esa misma noche la preciosa Leda yació con su esposo Tíndaro. Leda puso dos huevos de los cuales nacieron cuatro hijos, los gemelos Céstor y Pólux, la hermosa Helena, futura esposa de Melenao, rey de Esparta en cuyo nombre se desencadenará la guerra de Troya y Clitennestra, que se convertirá en la esposa del rey Agamenón. Sólo Helena y Pólux eran considerados hijos de Zeus y, por lo tanto inmortales. La furia de la lava negra del volcán, ha evitado que se deteriorase esta enorme figura al fresco, se notan los colores vivos de la pintura, el fondo rojo color del vino, la graduación de los colores rosados hace que la belleza de la modela sea explosiva, el matiz del blanco y el azul cerúleo del cisne, que la reina parece querer proteger a la mirada de quienes entran, levantando junto al paño de oro uno de sus suaves brazos.

No hay duda que Pompeya nos está haciendo conocer las maravilas con estos hallazgos únicos y excepcionales.

Rodolfo Faggioni

Es periodista boliviano. Actualmente vive y trabaja en Italia como corresponsal de medios de comunicación latinoamericanos. Desde 1975 es miembro de la Asociación de Prensa Internacional en Italia. En 1995 fue ganador del XXI Premio Internacional "DANTE ALIGHIERI" en Artes, Letras y Comunicación Social en la sección Periodismo.

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