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Pronóstico y previsiones: El coronavirus llegó para quedarse

Arturo D. Villanueva Imaña

La cuarentena y el aislamiento no se pueden mantener indefinidamente. Todos lo sabemos, e inclusive hay gente que ya quiere (o necesita urgentemente), suspenderla.

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Paralelamente en este momento, luego de más de 3 meses de iniciada la pandemia en el mundo, pero sobre todo conocidas ya la diversa manera de cómo se la ha ido combatiendo en diversos lugares del globo; parece claro que tendremos que acostumbrarnos a convivir con la pandemia, hasta que finalmente se encuentre la vacuna y, sobre todo, ella llegue a toda la población (cosa que puede tomar años). Mientras tanto, la vida y la muerte adquirirán un sentido dramático o esperanzador según sea el caso.

Ello significa que dada la inmensa como incontrolable movilidad de la gente a nivel global, es prácticamente imposible pensar que con el aislamiento y la cuarentena, se puede controlar la pandemia. Siempre habrá alguien que escape a los controles y nuevamente de inicio al ciclo de contagios.

Por otra parte, tampoco se ha demostrado hasta ahora de manera fehaciente que la cuarentena y el aislamiento hayan llegado a controlar completamente (y peor erradicar) el coronavirus (como eventualmente se cree o la gente prefiere imaginarse que así será).

El resultado más destacable alcanzado del conjunto de experiencias positivas conocidas del aislamiento y la cuarentena (porque también hay otras desastrosas y hasta totalmente contraproducentes como las que algunos gobiernos han permitido y hasta fomentado), solo permite establecer que los contagios no se han generalizado incontroladamente, y que se ha evitado circunstancialmente el desborde y colapso de los centros médicos por la afluencia masiva de contagiados. Es un logro efectivamente destacable frente al riesgo de muerte masiva al que se podría enfrentar el mundo, sobre todo si tomamos en cuenta lo que sucede en Guayaquil, Ecuador, España o algunos lugares de Italia. Hay que añadir no sin sobresalto, que si algo ha logrado develar la pandemia, es la enorme debilidad y precariedad de la generalidad de los sistemas de salud públicas del mundo (sobre todo en países reputados como muy desarrollados), pero que están pagando y sufriendo dramáticamente aquel desmontaje sistemático de sus centros de salud, como resultado de las políticas y medidas neoliberales de privatización y abandono de la seguridad social que todavía se impulsan. Uno de los casos más destacados es el EE.UU., pero no es el único si se observan varios países en Europa y ni qué decir Latinoamérica.

Ahora bien, si bien el aislamiento y la cuarentena tienen la virtud de ralentizar contagios y facilitar un mejor control de la pandemia, que además solo sucede allí donde el sistema y la disciplina colectiva ha funcionado; sin embargo, es una medida insostenible en el tiempo, por la sencilla razón de que NO se puede paralizar indefinidamente las actividades y el trabajo de toda la población. En algún momento se tendrá que normalizar actividades, y como este mundo está tan globalizado y su interacción es de tal modo dinámica y móvil, entonces hay que llegar a la conclusión de que aún en el más optimista de los escenarios (que significaría imaginariamente haber controlado dentro de las fronteras la expansión del virus); es absolutamente previsible que, abiertas las compuertas, nuevamente se inicie el ciclo de contagios.

Es a ese momento al que debemos dedicarle tiempo, esfuerzos, medios, recursos e iniciativas, para que el inicial sacrificio haya valido la pena. De otra forma solo será un tiempo perdido e inútil, porque la pandemia puede retornar con virulencia. Es más, aunque definitivamente no es lo deseable, sin embargo es posible (e inclusive probable), que una vez suspendida la cuarentena y “normalizadas” las actividades, podría desatarse una fase de contagios abrupta, con base en enfermos asintomáticos, no diagnosticados ni controlados.

Al efecto y con el afán de provocar y desafiar a la construcción colectiva y mancomunada de iniciativas que nos permitan a todos minimizar el riesgo de contagio y, de esa forma, contribuir al establecimiento de un tipo de desempeño colectivo que ayude a todas las instancias médicas y de salud a controlar adecuadamente y sin desborde la expansión del virus; me animo a señalar algunas pautas iniciales (esperando puedan ser complementadas, ampliadas y mejoradas por otras más).

Urge instalar y generalizar ANTICIPADAMENTE el uso de carpas/cámaras de desinfección pública para las personas que transitan y se mueven en TODOS los lugares donde haya confluencia de gente. Cada lugar y/o centro de atención pública (privada o estatal) debe tener en su puerta de entrada el sistema instalado, para la fumigación de todos los individuos que circulen por el lugar. Es la forma de atenuar el contagio y evitar, en lo posible, la circulación del virus.

Generalizar la desinfección sistemática, periódica y continua con aspersores y fumigadores (mejor si motorizados y por las noches), de todos los lugares públicos como calles, parques, mercados, centros de confluencia pública, tal como ya algunos municipios realizan en sus jurisdicciones.

NO es suficiente el aislamiento preventivo del entorno de contacto. Es indispensable desconcentrar inclusive a nivel local y establecer OBLIGATORIAMENTE el análisis laboratorial a TODO el entorno de las personas que estuvieran en contacto y relación directa con aquellos individuos contagiados, PARA DETERMINAR OBJETIVAMENTE LA CANTIDAD Y LOCALIZACIÓN DE QUIENES ESTÉN CONTAGIADOS. Implica realizar cientos, sino miles de análisis de laboratorio por día. El costo por supuesto es infinitamente menor que aquel que supone el tratamiento con ventiladores y terapia intensiva. Cada unidad de análisis laboratorial debe reportar obligatoriamente sus resultados a nivel central de manera diaria para facilitar el control y seguimiento. No hay que olvidar que ya se ha reportado una descoordinación alarmante entre los diversos niveles de salud nacional-subnacional-local que han dado cuenta de la existencia de subnumeración, desconocimiento e información incompleta sobre los casos efectivos de contagiados y enfermos que tiene el país. Ello da cuenta de que no solo hay descontrol en el manejo y seguimiento de la pandemia, sino que existen innumerables (por desconocidos) casos fantasmas que están circulando y contagiando sin que se los pueda controlar. Si se pierde el control y seguimiento estricto, la muerte masiva será un hecho.

Lugares, eventos, actos y reuniones con aglomeración de gente deberían ser evitados y prohibidos.

Actividades de solidaridad, ayuda mutua, cooperación y asistencia social deben convertirse en el modo de desempeño personal, pero principalmente en la política principal de actuación de los organismos públicos, privados y el Estado. Los sectores más vulnerables deben ser la prioridad y el foco principal de atención y cuidado.

La estrecha coordinación e interacción entre los diversos niveles gubernativos (nacional, departamental, regional, municipal e indígena), debe ser la regla obligatoria para garantizar un desempeño mancomunado efectivo. NO se puede, ni se debe depender exclusivamente de directrices, lineamientos y órdenes verticales y generales que tienen un carácter nacional. La cotidianidad, las particularidades, las diferencias, los diversos resultados y modos de encarar el desafío en cada contexto local y subnacional, demandan estrecha interlocución, coordinación y adopción consensuada de decisiones. Se debe centralizar la información para un adecuado y efectivo control y seguimiento; pero al mismo tiempo se debe coordinar y consensuar la adopción de decisiones para que ellas tengan la efectividad y adecuación necesarias en la práctica y para cada contexto. La compulsión, militarización y el uso de la violencia deben quedar al margen (salvo en situaciones extremas indeseables y generalmente aisladas).

La divulgación masiva de buenas prácticas COMPROBADAS a nivel individual y colectivo es una tarea clave para contribuir a la socialización de mecanismos y prácticas que nos permitan combatir mejor la pandemia. Para evitar una proliferación indiscriminada de recetas (pero sobre todo NO certificada y por tanto peligrosa), es conveniente que dicha información deba ser avalada y AUTORIZADA por organismo o dependencia idónea o del propio Estado.
La pandemia nos obliga a CONVIVIR con ella hasta que se encuentre la vacuna; ahora depende de lo que el conjunto de la población haga de manera MANCOMUNADA Y SOLIDARIA (no individualista, ni particular, ni aisladamente) para mantener un nivel manejable de la enfermedad.

El aislamiento y la cuarentena han reflotado el individualismo, el instinto de sobrevivencia y autoprotección, y hasta el egoismo excluyente que incita a competir y combatir contra otros para preservar la seguridad y la vida particular y propia. Sin embargo, para combatir con éxito y efectividad a tan grave desafío, solo podremos lograrlo de manera solidaria, conjunta, mancomunada y comunitariamente. EL TODO(S) ES MÁS IMPORTANTE QUE UNO.

(*) Sociólogo, boliviano. Cochabamba, Bolivia. Abril 8 de 2020.

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