El invento de golpe de Estado como coartada

Arturo D. Villanueva Imaña

Publicado el: 2 diciembre, 2019 5 min.    + -   

La “teoría” del golpe de Estado para todos los que vivimos en Bolivia y hemos luchado en las calles para recuperar la libertad y la democracia de manera pacífica, siempre ha significado una invención fantasiosa pero esperable de quién permanentemente ha optado por victimizarse e indilgar a otros sus propios despropósitos.

Y ello es tan evidente, como que al momento de su renuncia y fuga por el supuesto “golpe de Estado cívico policial” como lo denominó, NUNCA se conoció a ninguna cabeza, persona o sector que haya intentado derrocarlo y constituirse en el nuevo gobernante. Tampoco las fuerzas armadas (cuyo ex comandante era su declarado, público y fiel seguidor) habían salido a las calles para efectuar ningún tipo de acción militar, al punto de que prácticamente tuvieron que hacerlo obligados por la presión de las circunstancias y su eventual autodestrucción (Ver: declaraciones recientes del alto mando militar en ese momento en funciones). Menos se produjo algún tipo de levantamiento armado en ninguna parte del país, porque la resistencia ciudadana frente al descomunal fraude electoral se expresaba por medio de un paro nacional pacífico, anudado por pititas.

 

Es más, ¿cómo explica Evo Morales un golpe de Estado que haya dado por resultado un vacío de poder (que no beneficiaba a nadie), que se extendió dramáticamente por días, y donde el vandalismo, los saqueos las muertes, la quema y destrucción de varios y diversos bienes públicos y privados, eran resultado de la intervención de mercenarios extranjeros y sicarios locales pagados con dinero público que respondieron y actuaron atendiendo su orden de cercar las ciudades, dejarlas sin alimento y provocar la destrucción, el miedo y la zozobra?.

Cómo se puede hablar de un golpe de Estado donde el supuesto damnificado, es quien ha propiciado el fraude electoral y hubiese sido el directo beneficiario del golpe, permitiendo su prorroguismo en el poder?.

En fin, cómo se puede hablar de golpe de Estado en contra del gobierno masista, si todos los disturbios, el ataque criminal, las muertes, destrucción, matonaje violento y la arremetida contra las instalaciones públicas y los enfrentamientos contra los bloqueos pacíficos ciudadanos; eran propiciados y efectuados por los mismos masistas que no quisieron aceptar primero el informe del fraude electoral emitido por la misión de la OEA que ellos mismos impusieron unilateralmente y, después, tampoco quisieron reconocer la renuncia de su caudillo fugado, pero que se había ido dejando la instrucción de movilizarse para defenderlo?.

Lo que se puede colegir de todo este libreto vilmente urdido, es que la invención del golpe de Estado (que por cierto han adoptado algunos gobiernos populistas y sus seguidores para salvaguardarse y e inmunizarse contra el propio descontento popular que sufren), está dirigido a respaldar un gobierno autócrata fugado, a (en)cubrir sus espaldas, y a criminalizar el legítimo movimiento de resistencia contra la autocracia y la impostura de un gobierno “progresista” de pseudo izquierda que ha traicionado su propio proceso. Pero sobre todo, es expresión y coartada para una comprensión falsa y pervertida de lo que significa solidaridad, puesto que termina respaldando el fraude y otros delitos de lesa humanidad y traición a la patria. Es decir, es la expresión de una pulsión preventiva, orientada a anticiparse a su propia conciencia de culpabilidad que pretenden ocultar y encubrir. Quieren aprovechar del árbol caído, para evitar su propia impugnación y rechazo popular.

En el caso de Bolivia, el único golpe de mano del que hay que estar prevenido y evitar, es aquel que de manera cada vez menos desembozada se urde a través del actual gobierno de transición, tratando de sentar las bases y servir la mesa para que aquellos intereses conservadores y reaccionarios del pasado, que durante todos estos años actuaron como cómplices, aliados y directos beneficiarios del gobierno autócrata fugado, restablezcan aquel neoliberalismo también expulsado a inicios del nuevo siglo.

El gobierno interino de transición debe cumplir estricta y exclusivamente el mandato puntual y perentorio que le ha sido otorgado como resultado de la sucesión constitucional; lo cuál significa que NO tiene facultades para adoptar decisiones y, menos, emprender iniciativas que corresponden al próximo gobierno que salga de las urnas. Hacer otra cosa, y peor si se trata de reafirmar y consolidar iniciativas que han entrañado la destrucción de la naturaleza y la vida, el extractivismo salvaje y la enajenación de los recursos naturales del país, o la adopción de medidas económicas en beneficio exclusivo de antiguas y nuevas castas dominantes (para mencionar algunas), solo contraerá su descrédito, pero lo que es peor, puede reavivar la reacción popular que sigue atenta a lo que ocurre en nuestro país.

(*) Sociólogo, boliviano. Cochabamba, Bolivia. Diciembre 2 de 2019.

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