El misterio del pintor boliviano que atentó a la vida de Pablo VI

Rodolfo Faggioni

Publicado el: 1 octubre, 2018 5 min. + - Imprimir

Por muchos años, del pintor boliviano Benjamín Mendoza y Amor no se ha sabido nada a excepción de algunas fotografías descoloridas, cuando vestido de sacerdote atentó a la vida del Pontífice romano PabloVI, que en esos días de noviembre de 1970, se encontraba en Manila en visita pastoral, esperado con los brazos abiertos por uno de los peores dictadores aparecidos en el mundo, Ferdinand Marcos y de su caprichosa y terrible esposa Imelda.

Quien fue realmente el asesino frustrado, no ha interesado a casi nadie. Olvidado casi por completo y recordado solamente como el “medio desquiciado” que atentó a la vida de un papa con un cuchillo de cocina. Se lo recordaba excepcionalmente cuando salía alguna revelación para alimentar verdades falsas, como la de un Pablo VI herido de gravedad dispuesto a sufrir en silencio por la humanidad o como la de Paul Marcinkus potente cardenal que hizo escudo con su cuerpo para salvarle la vida o como cuando los diarios locales quisieron regalarle al dictador Marcos el halago de héroe que con un magistral golpe de karate puso KO al atentador Un personaje tan opaco, ciertamente no podía atraer la atención de los medios de información.

No se sabe cómo Benjamín Mendoza y Amor llegó a Roma alojando en pleno centro de la capital italiana en un local en subarriendo. Al inicio era un tipo esquivo con pocos amigos, tanto que se lo recuerdan en pocos. Practicamente era un clandestino. El motivo de su viaje a Roma es uno e los misterios que lo rodean. Roma era la ciudad más errada y prohibida para él, puesto que en la frontera era considerado una persona indesiderable por el atentado al Sumo Pontífice. Su fotografía estaba en todos los puestos de policía. .Parece increíble pero Mendoza residió en Roma por muchos años promoviendo su actividad de pintor en varias Art Gallery, En la capital italiana, organizó muestras y fue entrevistado por radios y televisiones locales. Única cautela, no publicar su curriculum vitae en la presentación de sus obras en las galerías de arte que frecuentaba y no mencionar a ese hecho ocurrido años atrás.

Pero como se dice “el diablo hace las ollas pero no las tapas”, sucedió que en Mayo de 1981, se verificó otro atentado, esta vez contra Juan Pablo II en Plaza San Pedro, en el mismo, corazón de la cristianidad. Fue cuando se denunció la presencia del pintor boliviano en Roma.

Misteriosamente desapareció de la ciudad abandonando tres valijas. Después de muchos años las valijas fueron abiertas. Contenían diseños, poesias y fantasías anárquicas que representaban la humanidad en cadenas, semblantes surrealistas de mujeres desnudas, figuras de animales de los Andes, campesinos que producen y consumen coca,

Observando esos dibujos, los expertos han notado que no eran tentativos de un pintor aficionado, eran sugestiones surrealistas de un verdadero artista. Mendoza no era un “desquiciado” como se ha intentado hacer creer. Era hijo de una mujer forzada a mantenerlo incluso prostitituyéndose para compensar la falta de un marido.

Mendoza estaba dotado de una capacidad de dibujar muy bien, tanto con la mano derecha como con la izquierda y antes de atentar a la vida del Papa se había hecho un discreto nombre en el mundo del arte como pintor y retratista de personajes de leyenda como la “manequin” argentina Koulka Denis, o la musa de Yves Saint Laurent que conservava un retrato firmado por Benjamín Mendoza entre sus recuerdos más preciados. La técnica del dibujo con acuarela sobre cartulina lo hacía de una manera extraordinaria, su estilo lo llamaba “jituikuntismo”, vocablo inventado por él para explicar una técnica completamente distinta. Era un artista que criticaba la hipocresía de la Iglesia, la desigualdad social, reflejado mediante una icografía provocadora, utilizando una gran variedad de animales y rostros, mostrando las sensaciones escondidas del ser humano. No eran solamente sus muestras que presentaba en distintas ciudades del mundo que lo obligaban a cruzar el universo con furiosa energía. Por cierto período entró como colaborador de los servicios secretos americanos, por lo demás no se podría explicar sus frecuentes viajes intercontinentales hechos en aviónes de línea, es esos años bastante costosos..

Era un artista extremo que sufría de “dissociative identity disorder”, un problema ligado a una infancia difícil. Obsesionado por el “eros”, indignado por la pobreza y la justicia dilagante y no tenía ninguna intención de asesinar a Pablo VI. Su gesto, declaró durante el proceso, fue un acto simbólico, la rebelión de un surrealista hacia la religión. Un desafio a la supertición. Sin embargo a pagar fuè solo él que saliendo de la cárcel de Manila tuvo conocimiento de la muerte violenta de su madre y de sus hermanos linchados por una multitud abarrotada.

Nadie ha querido estar cerca de él y después de muchos años, el silencio lo ha escoltado como una maledición, pero él, antes de hundirse en un triste tramonte, ha pensado de dejar en Roma tres valijas llenas de sus obras, dibujos, poesias. Todo un mundo de arte por descubrir.

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