Dos evidencias, probadas por video y grabación, de abusos de poder de insultos y de expresiones que, de solo oírlas, ponen la piel de gallina.

Dos hechos juntos que se revelan en condiciones y circunstancias totalmente distintas y sin embargo el lenguaje es el mismo. Lenguaje de abuso, de disminución de la humanidad del asaltado, de insulto gratuito.

No es ninguno de los casos perdonable, de hecho, ambos son sancionables como crímenes de lesa humanidad, como deben ser clasificados todos los casos de violencia contra la mujer.

Una señora en un autobús, lanza epítetos hirientes e insalubres. Su familia salta a la palestra y pide perdón a la sociedad, en general y a la agredida, en particular. La señora en cuestión sufre de un problema psíquico de bipolaridad. Algo totalmente fuera de control racional y en última instancia, entendible pero jamás justificable. Nada justifica el abuso ni la segregación.

El otro caso es más brutal, no por ser más agresivo o más violento, es por que proviene de un hombre que supuestamente está a cargo de la generación de ideas, de la educación de nuestros hijos e hijas, de nuestras generaciones venideras. Y es este individuo capaz de manifestar su violencia racial dentro de un aula académica.

Este individuo no solo debería estar fuera de la universidad, ipso facto, sino que las sanciones deberían hacerse sentir con toda la fuerza de la ley.

Nada justifica el racismo ni el sexismo, nada justifica la violencia verbal o física. Tenemos leyes que, si se violan, se actúa de inmediato. De la misma manera que al abusador se le condena, al racista y al sexista se le condena.

Todavía la Universidad Gabriel René Moreno, no ha abierto un expediente de investigación y sanción inmediata. Ese individuo no puede estar en un aula, ni un minuto más.

La academia enseña, aprende, investiga y tiene la obligación de tener gente de probada humanidad y sapiencia. Si alguna de ellas falla es un individuo que no puede estar en una institución de la calidad y categoría de una universidad.

Yo demando acción de parte de las autoridades de la Universidad Boliviana. Ahora, ahora quiere decir ya mismo.

El inculpado debe estar fuera de las aulas, mientras se investiga. La investigación debe ser veloz y justa. El acusado es inocente mientras se pruebe lo contario, esto último es totalmente cierto. Pero la Universidad tiene que proteger a los estudiantes, por tanto, el susodicho maltratador, debe estar fuera mientras se pruebe su inocencia o su culpa.