Bolivia no contrató a especialistas para elaborar estudios debido a: 1) Total desconocimiento del tema por parte de los responsables del proyecto piloto que creyeron que por tratarse de un emprendimiento estatal no se necesitaba seguir el camino de los proyectos privados, 2) ubicación del proyecto en la zona conocida como la más rica en litio del Salar de Uyuni, por lo que tampoco se requería realizar estudios costosos profundos que abarcaran la totalidad de la extensión.

 

Juan Carlos Zuleta Calderón * Parte I

 

El 5 de este mes recibí de un buen amigo el texto en PDF de “Litio”, la reciente publicación de la Fundación Jubileo. En esos días estaba a punto de volver al país después de casi un par de meses de ausencia. O sea que no contaba ni con el tiempo ni la concentración necesarios para leer la contribución. En las últimas horas emprendí la tarea pendiente. No tardé mucho tiempo en devorarme el folleto. Encontré mucho material para comentar, aunque no precisamente debido a la importancia o el valor de la información encontrada. Este artículo pretende ser el primero de una serie de aportes dirigidos a poner las cosas en su lugar. En los siguientes días continuaré con esta labor para que mis lectores puedan formarse una opinión completa de una obra que no se acordó de realizar en forma oportuna el imprescindible control de calidad.

El documento se compone de seis partes: Presentación, introducción y cuatro artículos elaborados por especialistas. En esta oportunidad, me abocaré solamente a la primera, dejando las otras cinco para sendas publicaciones posteriores.

En la presentación me topé con varios temas de suyo significativos. En primer lugar, observé que se hablaba de que “Bolivia posee una de las reservas de litio más importantes del mundo” (pág. 3), cuando en realidad, de acuerdo a los estándares internacionales utilizados en cualquier operación minera y, según los últimos datos del Servicio Geológico de Estados Unidos, nuestro país sólo tendría – junto con Argentina – los mayores recursos identificados de litio del planeta (9 millones de toneladas métricas de litio de contenido metálico). Este no es un punto menor porque apunta a la esencia de un problema que deviene desde el día en que el actual gobierno decidió avanzar con el proyecto de mayor trascendencia estratégica en la historia nacional. Pero, ¿en qué consiste la diferencia entre reservas y recursos y por qué resulta siendo un asunto tan relevante en el presente análisis?

Hace ya nueve años y medio, en un artículo titulado “Reevaluando el pico del litio o el litio en abundancia”, publicado originalmente por evworld.com y republicado por nueva economía, establecí la distinción entre reservas y recursos, que se puede resumir en que el primer término no sólo se refiere a la identificación del mineral en algún punto geográfico de la tierra, sino también a la viabilidad económica de su explotación. Al parecer, los editores del trabajo no conocen que hoy en día prácticamente todas las nuevas operaciones mineras de litio han optado por realizar estudios de exploración bajo el Instrumento Nacional 43-101 de la Canadian Securities Administrators (CSA) o/y el código Joint Ore Reserves Committee (JORC Code) de la Australian Securities and Investment Commission (ASIC), cuyos resultados finales contemplan una cuantificación sistemática de recursos y reservas que forma el punto de partida de cualquier proyecto en actual proceso de desarrollo en el mundo.

En cuanto a las razones por las cuales Bolivia no contrató a especialistas para elaborar al menos uno de dichos estudios, me atrevo a mencionar las siguientes: 1) Total desconocimiento del tema por parte de los responsables del proyecto piloto de litio de Bolivia que creyeron que por tratarse de un emprendimiento estatal no se necesitaba seguir el camino de los proyectos privados en esta cuestión; y 2) ubicación del proyecto en la zona conocida como la más rica en litio del Salar de Uyuni, por lo que tampoco se requería realizar estudios costosos profundos que abarcaran la totalidad de la extensión (10.000 km2) del Salar de Uyuni. En ambos casos, estaba en la cabeza de los encargados del proyecto piloto, creo yo, la idea absurda de que había que pasar por alto esos estudios porque el proyecto no iba a cotizarse en la bolsa. Ahora bien, quizás para cerrar el análisis en torno a esta temática, los directores del folleto no parecen haberse percatado de lo que implica la viabilidad económica de un proyecto, basada no solamente en un estudio geológico sino también en una investigación minera con especial énfasis en el método de extracción de litio a utilizarse.

En segundo lugar, la Presentación sostiene que el litio constituye una nueva oportunidad de desarrollo, teniendo en cuenta que “otras fuentes de energía tienden a su agotamiento”. Aquí se toma de plano al litio como una fuente de energía más, al mismo nivel que los hidrocarburos, el agua en movimiento, las ráfagas de viento o las irradiaciones solares, cuando en general el metal más liviano de la tierra viene a ser un almacenador de energía por excelencia. Si bien, estrictamente hablando, existe la posibilidad de que el isótopo 6 del litio se utilice como fuente de energía en procesos de fusión nuclear, una problemática sobre la que comentado en otros artículos, estoy seguro de que en este caso el foco de atención de los editores del folleto tenía que ver con la eventual sustitución de los principales derivados del petróleo por sistemas avanzados de almacenamiento energético (baterías) de litio.

Por último, tomo nota del desafío planteado por los editores de la publicación, al decir que ponen en manos de la opinión pública nacional un documento “con aportes de reconocidos expertos, con el fin de contribuir a una adecuada información”, al tiempo de señalar que buscan “un debate constructivo que

permita una amplia participación e involucramiento de la sociedad” para que “de esta manera, se asuman decisiones estratégicas con legitimidad y transparencia” (pág. 3).

 

*  Analista de la Economía del Litio