Dilemas contemporáneos de la diplomacia entre Bolivia y Chile

¿No pasa nada?

Eduardo Nogales Guzman

Publicado el: 27 diciembre, 2017 36 min. + - Imprimir

Una suerte de desgano intelectual y reflexivo cunde en las aldeas cuando la obsesión maniquea de la política superflua y el reino de lo aparente  se imponen ante el fondo de las cosas. E irrumpe el menoscabo.

Es decir, pasan cosas a veces en la aldea, pero aun siendo ciertas y flagrantes las evadimos, porque nos interesa el avatar de la ch’ampa guerra, del oprobio, del ninguneo propio de los mediocres, la memoria corta embadurnada de chistecitos y folclore, con frecuencia, en medio de la bulla y del festín del tumulto, para acarrear a nuestro lado aquellas cosas que en rigor no pasan sino en la ardiente necesidad del tedio aldeano y del bostezo mundial. Entonces lo que pasa, es destituido. Y lo que no pasa, se reivindica con un delirio enfermizo. Y la decadencia adviene. Y gana el ventrílocuo. Y el opinador y analista se exaltan. Y babea la historia que a gusto y sabor de los fantasmas se mofa al enaltecer la infamia.

Por  ello, el reencontrado tenor de la guerra y la diplomacia entre Bolivia, Perú y Chile, en este siglo XXI, da pie para rastrear algunos asuntos que hacen al destino irresuelto de estos tres países, que, sin darse cuenta, reinician y levantan, una y otra vez, la atormentada piedra de Sísifo, aunque a veces a manera de zombis, unos más que otros, al repetir los ecos de sus fantasmas y sus tumbas, según la conveniencia u oscuridad del día.

Así: ¿Cómo interpretar, sin abdicar ante lo evidente, la nerviosa preocupación de la oligarquía política, económica y militar del Chile contemporáneo, por los movimientos sagaces de la diplomacia boliviana y los abiertos vínculos del presidente Evo Morales en el ámbito internacional, durante todo el periodo, hasta aquí, de su gobierno? ¿Qué ocurre donde parece que nada ocurriera?

Heraldo Muñoz -el melancólico y enjuto Canciller chileno- en su típico desdén de quien es sobrellevado por los hechos y la inteligencia del otro, en su momento, al tratar los asuntos del día, enfatizó alegremente aunque con cierta sorna, que “no hubo nada nuevo” (14 de diciembre de 2017) en la quinta conversación de Evo con el Papa Francisco, sustentado en el comunicado escueto del Vaticano ante la visita que realizó el Presidente boliviano, al Pontífice Francisco en Roma.

Recuérdese que semanas antes, cuando se supo de la visita del Papa a Chile, su Cancillería manifestó que el Pontífice no debería referirse respecto a la justa demanda marítima de Bolivia. Más tarde, esa misma Cancillería tendría que taparse la boca ante semejante error diplomático, esta vez, al quedar, sin la menor duda, ridícula en el ámbito internacional y ciertamente a la defensiva, a manotazos y contra nadie, toda vez, que: ¿Cómo es que se le ocurre hacerle callar de esa manera a un Papa, y exigirle, por ese hecho, a desmentirse respecto de su abierta defensa por la reivindicación dialogada de la demanda boliviana?

De por sí, adviértase, el lograr que el Papa se encuentre del lado de la demanda marítima boliviana, es un logro diplomático de gigantescas consecuencias de nuestra Cancillería. Y esto lo sabe muy bien la Cancillería chilena.

Por eso, en rigor, lo que se lee en aquel lacónico: “no hubo nada nuevo” de Muñoz, que significa: “no pasa nada”, es en rigor que pasan muchas cosas, sobre todo en la vastedad antigua y oscura de la incertidumbre y la angustia de la elite conservadora  chilena, respecto a la mentalidad del “indio Presidente”; mentalidad, tantas veces comprobada, que escapa a la manipulación envilecida que ejerció el Mapocho sobre la elite blancoide y criolla boliviana, al menos durante dos siglos, hasta convertirla es un esperanto delictivo que estaba, desde adentro de Bolivia, conspirando contra Bolivia. No debe olvidarse a aquella organización hermética que conformó y financió el gobierno chileno llamado La Mafia (siglo XIX), cuyo objetivo y tarea era coordinar el quintacolumnismo militar del ejército boliviano como Campero, de los intelectuales quintacolumnistas como Gabriel René Moreno, y de los políticos y empresarios quintacolumnistas  como Aniceto Arce, charcos espeluznantes de la Guerra del Pacífico en lo que se reveló o se revolcó aquello de lo qué estaba hecho Bolivia desde su nacimiento abortado.

A saber, de una vez, a estas alturas de la decadencia humana, la inteligencia india resulta ser el verdadero embrollo y obstáculo infranqueable y terrorífico de aquella oligarquía araucana, desvelado, desde el instante que se dio cuenta el comerciante de tabaco Diego Portales, en el siglo XIX, que el indio pensaba de manera extraña e infranqueable, y era, en todo caso, superior, según la manifestación y el delirio Mapocho que comenzó cuando el indio Presidente que le sucedió al Mariscal Sucre, Andrés de Santa Cruz de Calahumana, decidió llevar adelante un vasto y genial ejercicio geopolítico para aniquilar abiertamente con el monopolio marítimo y comercial de Chile, que amenazadoramente se imponía en detrimento de Bolivia, Perú y Ecuador, en el Pacifico, durante el siglo XIX, y que se establecía, sobre todo, desde las costas de Valparaíso. He aquí, lo imborrable:

Señor don Manuel Blanco Encalada

Apreciado amigo:

Es necesario que imponga a usted con la mayor franqueza de la situación internacional de la República, para que usted pueda pesar el carácter decisivo de la empresa que el Gobierno va a confiar a usted dentro de poco, designándolo comandante en jefe de las fuerzas navales y militares del Estado en la campaña contra la Confederación Perú-Boliviana. Va usted, en realidad, a conseguir con el triunfo de sus armas, la segunda independencia de Chile. Afortunadamente, el camino que debe recorrer no le es desconocido: lo ha seguido en otra época en cumplimiento de su deber y de patriota, y de esas dos virtudes supo extraer glorias y dignidades para la Patria.

La posición de Chile frente a la Confederación Perú-Boliviana es insostenible. No puede ser tolerada ni por el pueblo ni por el Gobierno, porque ello equivaldría a su suicidio. No podemos mirar sin inquietud y la mayor alarma, la existencia de dos pueblos confederados, y que, a la larga, por la comunidad de origen, lengua, hábitos, religión, ideas, costumbres, formarán, como es natural, un sólo núcleo. Unidos estos dos Estados, aun cuando no más sea que momentáneamente, serán siempre más que Chile en todo orden de cuestiones y circunstancias. En el supuesto que prevaleciera la Confederación a su actual organizador, y ella fuera dirigida por un hombre menos capaz que Santa Cruz, la existencia de Chile se vería comprometida. Si por acaso, a la falta de una autoridad fuerte en la Confederación, se siguiera en ella un período de guerras intestinas que fuese obra del caudillaje y no tuviese por fin la disolución de la Confederación, todavía ésta, en plena anarquía, sería más poderosa que la República. Santa Cruz está persuadido de esta verdad; conoce perfectamente que por ahora, cuando no ha cimentado su poder, ofrece flancos sumamente débiles, y esos flancos son los puntos de Chile y el Ecuador. Ve otro punto, pero otro punto más lejano e inaccesible que lo amenaza, y es la Confederación de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por las regiones que fueron el Alto Perú es difícil amagar a Lima y a la capital boliviana en un sentido militar, pero el cierre de las fronteras platenses no dejará de dañarle por una parte, y no le permitirá concentrar su ejército en un punto, sino repartirlo en dos o tres frentes en el que prepare Chile, en el que oponga el Ecuador o en el que le presente Rosas.

El éxito de Santa Cruz consiste en no dar ocasión a una guerra antes que su poder se haya afirmado; entrará en las más humillantes transacciones para evitar los efectos de una campaña, porque sabe que ella despertará los sentimientos nacionalistas que ha dominado, haciéndolos perder en la opinión. Por todos los medios que están a su alcance ha prolongado una polémica diplomática que el Gobierno ha aceptado únicamente para ganar tiempo y para armarnos, pero que no debemos prolongar ya por más tiempo, porque sirve igualmente a Santa Cruz para prepararse a una guerra exterior. Está, pues, en nuestro interés, terminar con esta ventaja que damos al enemigo.

La Confederación debe desaparecer para siempre jamás del escenario de América. Por su extensión geográfica; por su mayor población blanca; por las riquezas conjuntas del Perú y Bolivia, apenas explotadas ahora; por el dominio que la nueva organización traería de ejercer en el Pacifico, arrebatándonoslo; por el mayor número también de la gente ilustrada de la raza blanca, muy vinculada a las familias de influjo de España que se encuentran en Lima; por la mayor inteligencia de sus hombres públicos, si bien de menos carácter que los chilenos; por todas estas razones la Confederación ahogaría a Chile antes de muy poco. Cree el Gobierno, y éste es un juicio también personal mío, que Chile sería o una dependencia de la Confederación como lo es hoy el Perú, o bien la repulsa a la obra ideada con tanta inteligencia por Santa Cruz, debe de ser absoluta. La conquista de Chile por Santa Cruz no se hará por las armas en caso de ser Chile vencido en la campaña que usted mandará. Todavía le conservará su independencia política. Pero intrigará en los partidos, avivando los odios de los parciales de los O’Higgins y Freire, echándolos unos contra otros; indisponiéndonos a nosotros con nuestro partido, haciéndonos víctimas de miles de odiosas intrigas. Cuando la descomposición social haya llegado a su grado más culminante, Santa Cruz se hará sentir. Seremos entonces suyos. Las cosas caminan a ese estado. Los chilenos que residen en Lima están siendo víctimas de los influjos de Santa Cruz. Pocos caudillos en América pueden comparársele a … este hombre verdaderamente superior…

Las fuerzas navales deben operar antes que las militares, dando golpes decisivos. Debemos dominar para siempre en el Pacífico: ésta debe ser su máxima ahora, y ojalá fuera la de Chile para siempre. Las fuerzas militares chilenas vencerán por su espíritu nacional, y si no vencen contribuirán a formar la impresión que es difícil dominar a los pueblos de carácter. Por de contado que ni siquiera admito la posibilidad de una operación que no tenga el carácter de terminante. Carta de Diego Portales a Blanco Encalada, 10 de septiembre de 1836. (Sergio Villalobos. Chile y su historia págs. 241-242).

Sin más, éste debería ser el acta de constitución de la República de Chile. Pues éste es el fondo y el carácter del origen del estado nación de Chile, que no ha variado en el siglo XXI. Declarado así su origen y subsistencia basados en la usurpación de los recursos naturales y territoriales de Bolivia y Perú, tras el sometimiento de la inteligencia superior de los bolivianos y peruanos e irremediablemente en pos de destruir la materialización de los estados nación de ambos países, según Portales. Para ello debía realizar la cofradía araucana un diseño sostenido de penetración con el propósito de corromper, envilecer y depauperar la consciencia de las elites blancas, mestizas e indias de Bolivia y Perú, y, a través de esto, debilitar y destruir la institucionalidad de ambos países. Pudieron de sobremanera con el criollaje boliviano y peruano. No lograron con el carácter mestizo indio de su elite como Andrés de Santa Cruz, el Tata Belzu, Bautista Saavedra y Evo Morales, al menos.

Nótese la estremecida preocupación de Portales por la inteligencia de bolivianos y peruanos y sus recursos naturales, que no ha cambiado un ápice en la elite oligárquica contemporánea de Chile, pues Portales sigue hablando en la boca de Muñoz y, con mayor énfasis, en la lengua de Piñeira, presidente electo para el periodo de 2018-2021.

Portales diseñó la forma del estado nación de Chile, que debía de sostenerse en el robo –a través de las armas, la traición y el envilecimiento de las dirigencias locales- de los recursos naturales y territoriales de Bolivia y Perú, aprovechando el supuesto coraje de sangre de la población chilena, según su argumento, reducida mentalmente ante la inteligencia instruida y superior, india y andina, y vinculada a España, y frustrar de esa manera sus estados nacionales, desde adentro, una vez corrompidas sus elites.

Si se advierte bien,  sería una simple anécdota la expresión de Muñoz de que “no pasa nada”, y, de hecho, se quedaría fosilizada y fragmentada en la velocidad periodística y la frivolidad (como efectivamente ocurrió en la aldea) si de inmediato no se la relacionaría con la expresión del Presidente Morales, cuando días antes, el 11 de diciembre, escribía en su twiter, luego de posesionar el nuevo Alto Mando Militar, al solicitar expresamente: “mayor compromiso al servicio de la Patria y el pueblo. Tenemos una gran responsabilidad de planificar acciones post demanda marítima y de organizarnos con equipos jurídicos y con conocimientos”.

A los pocos días, en Santiago, el diputado chileno Tarud (como símbolo de esa elite trasandina sobrepasada por la historia) se preguntaba, atónito, sobre qué quiso decir el indio Presidente, o esa extraña lucidez indígena, al respecto del asunto. ¡Albricias!  Es de imaginar el tormento de Tarud o del político a secas, quien seguramente se debatía de manera atroz en pos de resolver la expresión del indio andino Presidente, si, en efecto, ese texto breve era una pura física de cuerdas o una estrategia envolvente aborigen, chamánica y secreta! ¡Dentritas!

No sé tú, empero, si la inteligencia chilena expresada en su Cancillería acaso irremediablemente esmirriada y atolondrada si en cualquier tiempo el conflicto se resolvería en un  escenario diplomático, histórico y jurídico, de inteligencia a inteligencia, de mente a mente, de razón a razón, con evidencias incontrastables e inalterables, con los que sin duda esa oligarquía se quedó un día y se quedaría atónica y molesta por la inteligencia del otro, entonces se entiende por qué es Cancillería y esa clase política no pueden resolver simples mensajes de twiter.

Confieso que me doy cuenta, a saber, que el texto del presidente era elemental y elocuente, pues exigía a las FFAA de Bolivia, lucidez jurídica, ubicación histórica y una interpretación de los escenarios contemporáneos post La Haya. Es decir, les exigía situarse en el escenario mundial y continental, siempre cambiantes, no en las amargas sales que petrificaron el pasado con lamentos y desconsolados desfiles militares. Y que hay un después de La Haya; que hay un después del después, siempre, independientemente de la decisión de los tribunos de aquel foro europeo sabio y prestigioso.

Pero sucede -y he aquí la revelación- que en esa perplejidad escalofriante de Mapocho ante los más simples movimientos y expresiones de Evo y la Cancillería boliviana, se revela, en pleno siglo XXI, más bien, el delirante  estado mental de la oligarquía militar, económica y política de Chile, que junto a su diplomacia -que anda de mal en peor- tiembla o al menos se asusta cuando habla Evo, y claramente la elite chilena se descoloca, se enfada y no abandona su espíritu guerrerista y pistolero del siglo XIX y XX, al sujetar de manera nerviosa su mano oculta sobre un gatillo, toda vez que mentalmente no sabe hacer otra cosa (según la afirmación de Portales en su inolvidable carta a Blanco al sostener  que mentalmente el chileno es insuficiente, aunque en su haber conlleva un gran coraje).

Así de manera flagrante se advierten que pasan muchas cosas en la expresión del Canciller araucano como respuesta ante unas cuantas palabras de Evo Morales y de su Cancillería.

Un año antes, he aquí (entre el 15 al 28 de julio de 2016) militares norteamericanos junto a chilenos realizaron maniobras en la base militar de Cariquima, que se encuentra cerca de la frontera con Bolivia. La actividad militar fue percibida por pobladores de la región fronteriza del país, según  informó al periódico El Diario de La Paz, el investigador Eddy Velasco.

“Es la segunda vez este año, que se vierte la misma denuncia. La primera fue el 8 de mayo, cuando el Decano de la Prensa Nacional denunció el hecho que horas después fue constatado por el presidente Evo Morales. En dicha oportunidad, se evidenció la presencia militar en una base castrense denominada Cariquima que está cerca de la frontera con Bolivia.

La presencia militar en frontera se da en el “momento más bajo” de los últimos 100 años entre las tensas relaciones de Bolivia y Chile.

“Del 15 al 28 de julio han hecho maniobras conjuntas entre las fuerzas norteamericanas y chilenas, supuestamente en territorio chileno, pero esos han salido del 20 al 25 hacia la frontera con Bolivia, a la base militar”, señaló.

            “La gente de Cariquima los vio que conversaban en inglés (…) temían que posiblemente se esté maniobrando alguna acción militar sobre territorio boliviano porque vieron eso” añadió Velasco.

Ante esta denuncia, EL DIARIO se contactó con personal de la Embajada de Estados Unidos en Bolivia para indagar si tienen conocimiento de la presencia de militares de su país en la frontera con Bolivia. La respuesta fue negativa, afirmaron que no tienen conocimiento de ninguna actividad al respecto.

Otro dato proporcionado por campesinos de la región de Cariquima (Chile) es que la base militar que instaló ese país cerca de la frontera con Bolivia está siendo abastecida a diario con armamento, equipos militares y personal que se despliega únicamente en horas de la noche hasta antes del alba para que esos movimientos no sean percibidos por pobladores de la región.

Chile tiene una base militar en Cariquima, perteneciente a la Segunda Brigada Acorazada Cazadores del Desierto de la VI División del Ejército chileno. Fue instalada durante esta gestión en la zona fronteriza con Bolivia para reforzar el control con la presencia militar.

Está ubicada a 3.400 metros sobre el nivel del mar, además –según información de medios chilenos– posee una unidad que es capaz de movilizarse completamente en pocas horas.

Hace meses, el presidente Evo Morales criticó la instalación de aquella base militar en Cariquima, del mismo modo, el procurador general del Estado en Bolivia, Héctor Arce, afirmó que aquella acción es una vulneración a los tratados internacionales porque se encontraba a 15 kilómetros con la frontera boliviana.

Autoridades de Chile aseguraron que no instalaron una base militar en Cariquima sino que se trataba de un puesto militar constituido por una dotación de 12 soldados oficiales, que tiene funciones principalmente de reconocimiento, instrucción y de presencia militar.

La presencia de militares que realizan sus maniobras muy cerca de la frontera con Bolivia genera preocupación en los pobladores bolivianos que viven muy cerca de la frontera, mucho más cuando en estos últimos meses Bolivia y Chile tuvieron diferencias y aquella relación diplomática se tornó más tensa cuando el canciller David Choquehuanca, junto a una comitiva, determinó realizar una inspección en los puertos de Arica y Antofagasta, lo cual no fue bien visto por sus similares del vecino país. (El Diario de la Paz, 8 de agosto, 2016)

Ante ello, Evo, escribió en su twiter: “Ejército chileno sometido a FFAA de EEUU que tiene doctrina de invasión y dominación para el saqueo de los RRNN de los pueblos del mundo. (12:43 – 16 jul. 2016)

Por su parte, la presidenta Bachelet, militante del supuesto socialismo chileno (más bien de los resabios de aquel socialismo de Salvador Allende, quien tenía planificado en la década de los años 70’, reunirse con el presidente Bolivia  -el memorable “jota jotita”, o, el dignísimo Gral. Juan José Torres Goitia que subió al poder apoyado por la COB y que fue leal a ella hasta el último momento-. En dicho encuentro se iba a considerar el camino llano de la demanda marítima boliviana. Sin embargo, la muerte de Allende en La Moneda, defendiendo su dignidad y la integridad de sus ideas, abortarían aquella reunión, y Juan José Torres después sería asesinado en Buenos Aires por testaferros del banzerismo y del Plan Cóndor) expresó su actitud pusilánime permanente y en silencio denunció que sobre ella gobierna un poder secreto y oscuro en Chile, luego que Heraldo Muñoz advirtiera la presencia de tropas de elite de Bolivia en la frontera, cuya tarea operativa,  anunciada públicamente, era coadyuvar a la lucha por el contrabando,: “Chile tiene que estar vigilante y defender nuestros intereses y nuestro territorio”, dijo antes de embarcarse en un vuelo a Asia junto a la presidenta Michelle Bachelet (Spuknit. 10 de mayo, 2017).

El contexto de estas declaraciones estaba determinado por la detención (19 de marzo de 2017) de siete aduaneros y dos militares bolivianos acusados de tenencia ilegal de armas y robo de un camión transportista nacional en territorio chileno, según sostienen las autoridades chilenas y desmentidas vehementemente por el gobierno de Bolivia.  Luego de una presión diplomática extraordinaria de Bolivia en diferentes escenarios para denunciar por el abuso y la humillación racista de la justicia y la política chilena, estos detenidos fueron sentenciados y expulsados de Chile.

Pero en esta sucesión de extrañas coincidencias, a los pocos meses, dos carabineros chilenos fueron detenidos en territorio boliviano cuando supuestamente perseguían a contrabandistas. Y, Evo, sin mucha parafernalia, liberó a los detenidos. Sin embargo, en el fondo y en pos de generar un escenario conflictivo y explosivo en base al narcotráfico y el contrabando, ésta, sin duda era una estratagema chilena para tratar de incendiar o acumular elementos peligrosos y conflictivos en la frontera, obligando a una respuesta de Bolivia símil a la chilena, hasta calentar un ambiente belicista, toda vez que estaba en curso otra demanda en La Haya, sobre el uso delincuencial de Chile de las agua del manantial Silala nacido en territorio boliviano.

“Tenemos la oportunidad de dar ejemplo al mundo entero de que el odio se vence con clemencia y tolerancia”, dijo el mandatario en conferencia de prensa en el Palacio de Gobierno y  transmitida por el canal estatal Bolivia TV.  Morales se refirió en esos términos a la decisión del Gobierno boliviano de devolver a su país a los dos carabineros de Chile que fueron detenidos en territorio boliviano cuando perseguían un vehículo que fue reportado como robado.

“El Gobierno de Bolivia determina no remitir a estos dos carabineros a disposición de las autoridades fiscales y judiciales”, anuncio el Jefe de Estado al hacer conocer la decisión que los dos oficiales de carabineros serán restituidos a sus familias en Chile.

Remarcó que en Bolivia prevalece la cultura de la paz, del diálogo y la tolerancia y sobre todo la convicción de que la “venganza y la revancha no son los signos distintivos del pueblo boliviano”.  (Spuknit. Mundo 9 julio de 2017)

De suerte, ante la expresión de una alta y aterrorizada preocupación de Muñoz sobre la visita de Evo al Papa, se torna evidente lo que significa ese atónito de que “no pasa nada”. Todo lo contrario. Adviértase: sigue Diego Portales hablando.

La oligarquía chilena, que ha sometido a su pueblo y la ha acallado por siglos, cuya mayor elocuencia fue el etnicidio de la nación Mapuche, sabe que mientras el Presidente indio, Evo, hable, está condenada a no dormir en paz, atormentada por su consciencia y los delirios del alma que, al fin, un día le costaron al comerciante de tabaco, Portales, fuera rematado por los militares chilenos. “Fue detenido el 3 de junio de 1837, mientras inspeccionaba el Regimiento Maipo, al mando de José Antonio Vidaurre, en las cercanías de la ciudad de Quillota. Su visita oficial, la hacía en calidad de Ministro de Guerra del Presidente, José Joaquín Prieto y en circunstancias que las tropas chilenas, se preparaban ante el eminente conflicto contra la Confederación Perú-Boliviana.

Entre tanto, las tropas marchaban ante el ministro y sus colaboradores directos. De forma imprevista, fueron cercados por los soldados, quienes constituyeron un cuadrado casi perfecto, en torno a los visitantes, apuntándoles con sus fusiles. El capitán Narciso Carvallo les dijo: “Dese usted, preso señor ministro, pues así conviene a la República”. Luego fueron conducidos al calabozo de la plaza militar.

Su cautiverio duró sólo tres días, durante los cuales vivió gran parte del tiempo engrillado, con hambre y buscando cigarrillos, para sostener la voluntad del encierro, mientras esperaba ser traslado a Viña del Mar y Valparaíso.

Instantes antes de su muerte, a las tres y cuarto de la madrugada del 6 de junio, Portales, era llevado a Valparaíso en el birlocho ministerial, a cargo de un pelotón de soldados encabezado por el teniente, Santiago Florín. Al llegar al sector llamado, Tabolango, éste gritó: “baje el ministro” y Portales respondió: “vengan dos hombres a bajarme”, los que le ayudaron a bajar. Fue llevado a unos metros del carruaje donde Florín, con seguridad, le dio un tiro, mientras que el ex estanquero del tabaco, corría intentando escapar de la muerte inevitable.

Florín gritó, al pelotón: “tírenle seis, carajo”. Y casi al mismo instante, dos tiros sucesivos más, se alojaron en el cuerpo del ministro. Por último,… “se oyó una mezcla horrible de bayonetazos, y quejidos reprimidos”, de la víctima. Finalmente se escuchó a un soldado decir: “regístrenlo a ver si tiene reliquias”. Era el 6 de junio de 1837 (Archivo Nacional de Chile. Diban. Patrimonio de Chile).

Se revelará así que la disputa interna por el poder en Chile, que es por la consecución de su estado nación por la vía delictiva o no, en su momento se manifestó con la emergencia de una postura  civil y militar que iba contra el proyecto del estado nación chileno por la vía delincuencial de robar a bala y sangre los recursos naturales y territoriales de sus vecinos –aunque de cierto fue frustrada esa postura desde su origen primigenio- entonces también, aunque sea así, pasa por la presencia de organizaciones herméticas de hecho, que, independientemente de las decisiones de la soberanía de su pueblo, determinan el curso de los acontecimientos, sin abandonar que la subsistencia del estado nación de Chile, recae también en el siglo XXI, en la necesidad de sostener la frustración de los estados nacionales de Bolivia y Perú.

Dos años después del asesinato de Portales, en 1830, en Yungay, luego de una gigantesca trama de traiciones e infamias ejecutadas otra vez por el quintacolumnismo boliviano, cuya cabeza en ese momento resultó ser nada menos que el protegido de Andrés de Santa Cruz, el general Ballivian, quien estaba a cargo de las tropas de retaguardia y que debían de actuar ante la posibilidad de un avance militar chileno, de manera implacable las inmovilizo mientras Santa Cruz huía perseguido y diezmado. Es decir, por las espaldas se aniquiló a la Confederación Perú Boliviana, en coordinación con el ejército chileno que actuó en Yungay. Ese quintacolumnismo civil y militar boliviano, rendido a los pies de Mapocho, fue el causante de la caída de la Confederación y no propiamente la acción militar chilena en Yungay.  Pero no se llame a error: ese quintacolumnismo era parte de los operativos militares chilenos desde adentro de Bolivia y Perú. Y comenzó el inicio del destierro vergonzante de la mayor obsesión que tenía Diego Portales y la oligarquía anglosajona chilena: la inteligencia, la lucidez y la sangre india de Andrés de Santa Cruz de Calahumana.

En una carta decisiva para revelar el espíritu que formó el estado nación de Chile, se manifiesta qué y a quién temía el comerciante tabaquero Portales sino era a la genialidad india del Mariscal de Zepita: Pocos caudillos en América pueden comparársele a éste en la virtud suprema de la intriga, en el arte de desavenir los ánimos, en la manera de insinuarse sin hacerse sentir para ir al propósito que persigue. He debido armarme de una entereza y de una tranquilidad muy superior, para no caer agotado en la lucha que he debido sostener con este hombre verdaderamente superior, a fin de conseguir una victoria diplomática a medias, que las armas que la República confía (se refiere al general Manuel Blanco Encalada) a su inteligencia, discreción y patriotismo, deberá completar. (Santiago, 10 de septiembre de 1836)

Casi dos siglos después, no menos turbulenta y sucia la realidad, en el estremecimiento que sigue causando otro indio Presidente cuando habla y actúa ante el robo irresuelto de las aguas de un mar entrañable y sus recursos territoriales, no es que han cesado las intrigas y la secretas operaciones chilenas para conformar y sostener el quintacolumnisno en Bolivia y Perú, cuyo objetivo persiste en debilitar la institucionalidad de ambos países para que de esa manera se insista en retardar y aniquilar la materialización de sus estados nacionales, o en el caso de Bolivia, de su estado plurinacional. Negar esto, es parte de los espejismos que internamente diseña, de forma espectral aunque sostenidamente, ese quintacolumnismo. (Esto detalladamente se encuentra en mi libro inédito: La Condición del mundo. Avatares de la diplomacia y la guerra de Chile contra Bolivia entre los siglos XIX y XX)

He aquí, en ese tenor, otra perla.

El día 20 de diciembre de 2017, el Congreso peruano debatió la posibilidad de declarar vacante la Presidencia de la República a causa de una imposibilidad moral permanente del presidente Pedro Pablo Kuczinski, acusado en el parlamento “de gustar del dinero como caramelo” y de recibir aportes económicos corruptos de la empresa brasileña Odebrecht, como consultor y operador a causa de su fama de lobbista de la Odebrecht y de otras, desde adentro del gobierno peruano y, de esa manera, facilitar la adjudicación de proyectos millonario en favor de esa empresa y otras, cuando ejercía la dirección de varios ministerios durante el gobierno de Toledo. Su socio que manejó de manera sombría estos negocios fue el chileno Sepúlveda, misterioso hombre, de inicio. Habrá que saber a fondo qué se perseguía con todo esto. Al menos, lo evidente es el continuo  debilitamiento  institucional del Perú, al adulterarse nada menos que el ejercicio de la Presidencia  de la República, a causa de la corrupción de la política peruana en su nivel presidencial, que, además, sin duda, atraviesa todo el espectro societal e institucional peruano al evidenciarse sucesivamente que al menos ya son cinco presidentes que se encuentran en la cárcel, en arresto domiciliario o fugitivos, a causa de hechos flagrantes de corrupción. El estado nación del Perú sigue haciendo aguas desde hace dos siglos.  Kuczinski no fue destituido de la Presidencia en el Parlamento porque la corriente fujimorista que impulsó y alentó esta posibilidad, de manera secreta negoció con Kuczinski para que se indulte al ex presidente Fujimori condenado por millonarios actos de corrupción. Entonces los que votaron para que se abriera el proceso de vacancia de la Presidencia, esa bancada fujimorista votó después para cesar la posibilidad de la vacancia por actos de inmoralidad permanente. De hecho y ferozmente ese indulto ocurrió el día 23 de diciembre de 2017 ante la perplejidad de los peruanos.  No cabe duda el carácter inmoral y el vaciamiento normativo de la institucionalidad del Perú, cuya consecuencia es la ausencia definitiva del estado nación en ese país. ¿No es esto lo que pretende Chile desde el siglo XIX?

En el caso de Bolivia, no es extraña, con estas evidencias históricas, la expresión de Heraldo Muñoz, inmiscuyéndose en la política interna de Bolivia, luego de la decisión del Tribunal Constitucional de Bolivia, de habilitar la repostulación de Morales para el 2019 en base a la interpretación de una normativa internacional respecto a los DDHH: “Heraldo Muñoz, acompañó esta tarde a la presidenta Michelle Bachelet en el encuentro anual con becarios de la Agencia Chilena de Cooperación Internacional. En la ocasión, se refirió en duros términos a la decisión del Tribunal Constitucional de Bolivia, que permite la reelección de Evo Morales en un lo que podría ser su cuarto período consecutivo en la presidencia del vecino país. El canciller indicó que la gente ya se manifestó a través de las urnas diciendo “no más” a Evo Morales, quien, sin embargo, a través de un resquicio legal dio vuelta a una decisión soberana del pueblo (biobiochile,cl. 29 de noviembre de 2017).

“Me parece sorprendente, porque había habido un claro pronunciamiento del popular, que es la gente, en las urnas. Y ellos habían dicho no, a una nueva reelección”, aseguró el secretario de Estado. El canciller agregó que “ahora el Tribunal Constitucional, que está de salida, por lo demás, le ha dado la razón a quienes querían declarar inconstitucional a la constitución, para permitir esta nueva reelección” (ADN 91.7. 39, noviembre, 2017)

Otra vez, la Presidenta Bachelet mostró una postura pusilánime. Calló. Y Muñoz no impediría, que por su boca, siga hablando Diego Portales.

En fin, sólo con una lectura larga y carente de inocencia, se podría comprender la alarma de la Cancillería chilena ante la posible continuidad de Evo en la Presidencia, y por qué en su entrevista con el Papa, según esa Cancillería, “no pasó nada”, cuando de por sí, esa charla mundialmente conocida, era suficiente y diplomáticamente brillante del indio Presidente.

Es más, también se comprende a través de la expresión “no hay nada nuevo”, que la oligarquía del  Mapocho, no permanece de brazos cruzados. Quiere oír todo. Y se mueve sigilosamente entre sombras. Los quintacolumnistas con seguridad están operando en Bolivia y Perú.

Por esto, el Ministro de Justicia de Bolivia, respondió a la afrenta del Canciller chileno en inmiscuirse en asuntos internos de Bolivia:

“Heraldo Muñoz, el pueblo boliviano sabe que a usted y a la oligarquía de Chile no les conviene que el presidente Evo siga gobernando Bolivia ya que la estabilidad que hoy tenemos nos acerca a ejercer nuestro derecho de volver al mar con soberanía. El pueblo es sabio no lo olvide”, escribió Arce en su cuenta oficial de Twitter”. (El deber, 22, diciembre de 2017).

De igual manera, Evo le encaró al enjuto Muñoz: “A través de un mensaje en su cuenta de Twitter, el mandatario reaccionó la noche de este jueves a declaraciones del canciller chileno Heraldo Muñoz que en la víspera Muñoz se declaró sorprendido por la decisión del Tribunal Constitucional que habilitó la reelección de Evo Morales.

“En Chile la voluntad soberana del pueblo se respeta, sea en plebiscitos o elecciones. Hablar del pueblo y no respetar sus pronunciamientos en las urnas es antidemocrático. Y eso le cae a cualquier país. Es cosa de leer Carta Democrática Interamericana”, expresó Muñoz, mediante su cuenta en Twitter.

En respuesta, también en su cuenta de Twitter Morales aseguró que “Oligarquía chilena está desesperada porque con la continuidad, estabilidad política, crecimiento económico, conciencia social y unidad del pueblo nos acercamos más a salida soberana al Pacífico. Hoy se entromete en asuntos internos de Bolivia. No nos preocupa #MarParaBolivia”. (OPINION, 1 de diciembre de 2017)

No cabe duda que si en la lengua de la elite militar, política y económica de Chile habla con fuerza Diego Portales: “Vamos a proteger y resguardar la soberanía de nuestro país y la integridad territorial de Chile” palabras de Piñeira a la prensa internacional  una vez reelecto (El Dínamo. 18 de diciembre de 2017), también en la lengua india de Evo Morales habla el genial indio Andrés de Santa Cruz, como una continuidad ancestral de la explicación de por qué Chile no logró corromper al indio boliviano y peruano, sin poder adoctrinarlo y corromperlo dentro sus tropas infames de quintacolumnistas. A saber esto fue por la estrecha relación indígena con la Madre Ancestral; por ese vínculo moral y  lúcido que dialoga con la tierra, el agua, el sol, el viento, los animales y la memoria imperturbable de un Dios trascendente, invisible, que se extiende y se vincula también con todo aquello que fue su obra indescifrable y primigenia: “Como hoy, en 1836, el mariscal Andrés de Santa Cruz creó la Confederación Perú-Boliviana. Desde entonces Chile conspiró contra esa alianza. (Twiter 28 oct. 2017).

Diríase con énfasis que, desde entonces, también se reveló que el estado nación de Chile no se materializaría sino a costa de la destrucción de  los proyectos nacionales de Bolivia y Chile. Aunque, una lectura de fondo mítica, revelará que ese estado nación se sustentará en el terror de ser arrasado por la alteridad teocosmológica superior del otro. Y su diseño de estado se basará en esto, precisamente. Por ello hará de la traición y la felonía, que es la mentalidad del miedo a la alteridad, un sistema militar y diplomático.

Pero habrá, en rigor, que añadir que la cofradía oligárquica chilena persiste con sus quintacolumnistas en roer fantasmalmente la institucionalidad y la territorialidad de Bolivia y Perú. Los indios lo saben. Lo sabían. Un día, arrinconados, no vencidos, esperaban la confirmación de sus designios inmemoriales. Por eso aún se advierte en sus ojos, que el carácter racista y débil de la mentalidad anglosajona y oligarquía chilena, seguirá intentado, por diferentes medios, en desarrollar y ejecutar planes de cuestionamiento cultural y menoscabo en la psiquis plebeya indígena de Bolivia. No en vano durante la negociación entre los gobiernos de Bolivia y Chile, en la década de los 90 y los primeros años del 2000, para que el gas boliviano de exportación pase por el territorio y los puertos de Chile, se tenía entre las propuestas chilenas, cambiar el currículo escolar boliviano respecto de la Guerra del Pacífico para tratar de reducir la mentalidad colectiva y crítica de ese episodio.

Se entiende que uno de los puntales de Chile se basó en generar los elementos disociadores de un debilitamiento psíquico del boliviano, de intentar penetrar en el alma societal e individual de Bolivia, tras el sobredimensionamiento de la idea del fracaso permanente, de impulsar la descreencia en lo nacional y boliviano, la descreencia, si se quiere, martirizada de sí mismo, la acusación permanente de un imposible, el torbellino de la lucha intestina y el triunfo del tumulto, desde los orígenes de la república (Olañeta y el olañetismo pre y post republicano tenían vínculos con la oligarquía secreta chilena), cuando ahora se sabe que justamente eso venía -como política de estado- desde una psiquis que inauguró con extrema claridad Diego Portales cuando prefiguró el estado nación de Chile en el siglo XIX, a riesgo del surgimiento poderoso de bolivianos y peruanos que por su inteligencia y recursos naturales se impondrían, según él, en cualquier circunstancia sobre Mapocho.

Por esto, casi como una condena, en todo momento la oligarquía trasandina impidió, por ese origen cultural y territorial de Bolivia y Perú, la consolidación de ese destino enraizado en la memoria y la gloria de sus civilizaciones primigenias.

Por supuesto que en cada palabra racista y grotesca, como la del militar chileno Merino, expresado en los años noventa contra el hombre boliviano, se muestra la confirmación del terror hacia una alteridad racial indígena y superior, según Portales, y el acoso del titubeo atormentado de los débiles y pistoleros, ciertamente perseguidos por su pasado.

Y cuando secaba la tinta de este ensayo, hoy en la tarde de este 26 de diciembre, leo, como si de antemano ya hubiera leído mi texto don Evo Morales, lo siguiente:

“El Presidente Evo Morales acusó hoy a la oligarquía chilena y a la derecha boliviana, tutelados por Estados Unidos, de estar detrás de una conspiración contra el Gobierno, similar a la que sufrió en 1839 el entonces presidente Andrés de Santa Cruz.

“Estaba repasando los datos históricos, un día como hoy, 1836, el Congreso de Chile aprueba una declaración de guerra a la Confederación Peruano Boliviana (…) Por entonces Bolivia era el país más próspero de la región”, sin embargo “la oligarquía chilena empieza a conspirar a esta gran unidad entre Perú y Bolivia. Pasaron tres años, el año 1839 gesta el golpe de Estado, la oligarquía chilena detiene, saca de presidente a Andrés de Santa Cruz, y decide que no puede estar en América Latina Andrés de Santa Cruz y Calahumana, lo expulsan”, rememoró Morales en el acto de inauguración de la Editorial del Estado Plurinacional, en Villa Dolores, El Alto.

“Yo sí quiero decirles hermanas y hermanos, en estos tiempos se repite la historia, porque por entonces la conspiración viene de la oligarquía chilena con la oligarquía boliviana, como siempre bajo el tutelaje de Estados Unidos. Repasemos las informaciones de las últimas semanas, nuevamente esa oligarquía chilena, con la derecha boliviana de hoy, pero también bajo las amenazas del imperio norteamericano yo diría son los enemigos de Bolivia, por eso yo recordaba este dato histórico”, declaró en una transmisión del canal estatal Bolivia Tv. (Bolpress, 25 de diciembre de 2917)

Sí señor. Así es. El verdadero enemigo de Bolivia no ha sido EE.UU sino Chile. EEUU buscó aliados consecuentes en América Latina, y encontró en Chile un buen testaferro. Pero esa alienación o esa pura enajenación, no le importa a la oligarquía chilena, sino que alienta el permanente apoyo de EEUU para urdir desde hace dos siglos la necesidad de destruir a Bolivia y Perú en aras -y no se da cuenta- de su fantasmal existencia como estado nación, porque Chile, en tanto se sostenga en la infamia, no es más que otra ficción nacional de América Latina.

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