La emergencia de las finanzas en Europa, tuvo su inicio en el último cuarto del siglo XIX y siguió su curso hasta nuestros días. La preponderancias del Sistema Financiero Internacional, sobre el capitalismo productivo a nivel global, no tuvo interrupción; mucho menos después que se creó la Federal Reserve System (FED) en 1913. Es muy difícil, tener una lectura, relativamente correcta, si se ignora los prolegómenos pre y post creación de la FED. Las constantes presiones para instalar un Banco Central en EEUU, copiando el modelo de Inglaterra, desde el siglo XIX, no tuvieron interrupción.

Rudolf Hilferding fue parte de la generación austro-húngara que adoptó al marxismo a finales del siglo XIX. Entró en la Universidad de Viena en 1894 para estudiar medicina y concluyó en 1901. Nunca Ejerció la medicina. En 1884, un año después de la muerte de Marx, Eugene von Böhm-Bawerk, escribió Capital e intereses, donde critica la teoría del valor-trabajo y la plusvalía de Marx. Hilferding responde en un ensayo donde destaca la base social del intercambio de bienes. Según Hilferding, la teoría del valor de Marx trata de capturar los fundamentos sociales e históricos del intercambio de bienes. En cambio, la teoría del valor subjetivo se centra en las preferencias psicológicas de los individuos y no abarca los factores sociales. Recordemos que la escuela austriaca de economía desde Menger plantea la teoría subjetiva del valor.

Hilferding envía su respuesta a Böhm-Bawerk, al Die Neue Zeit, editado por Karl Kautsky en Alemania, para que publique, fue rechazado. Al final fue publicado en Viena en 1904 bajo el título Böhm-Bawerk’s Marx Kritik, su impacto fue inmediato. Por aquel entonces, Böhm-Bawerk era profesor en Viena y en 1905 inició un célebre seminario, que pronto pasaría a ser un foro de debate entre las jóvenes promesas de la escuela austriaca y del marxismo austriaco. El participante más conocido fue Joseph Schumpeter, pero en la escuela austriaca estaba también Ludwig von Mises. Entre los marxistas, Otto Bauer tuvo una importante participación y fue posiblemente él quien invitó a Hilferding a participar en los debates[1]. Es interesante observar cómo la teoría económica de marxistas y no marxista, en este periodo, le imprimió un sello propio a la teoría económica alemana, que hasta ese momento se concentraba exclusivamente en Inglaterra. Incluso Marx que era alemán, fue parte de los clásicos de la economía con Smith a la cabeza. De hecho, la teoría del valor-trabajo de Marx, ya se encuentra embrionariamente en Adam Smith y David Ricardo. En 1899, Bernstein publicó “Socialismo evolucionista”, donde rechazaba la perspectiva de una transición revolucionaria al socialismo. Bernstein fue muy respetado dentro la Socialdemocracia, en parte gracias a su relación personal con Marx y Engels[2].

Para los líderes de la Socialdemocracia alemana, que se habían criado con la política revolucionaria de Marx y Engels, los argumentos de Bernstein resultaban inaceptables y se produjo el rompimiento entre Bernstein y Rosa Luxemburgo. En Berlín, Hilferding, enseñó economía política en la Escuela del Partido durante un breve periodo de tiempo, no pudo mantener el cargo dado que no tenía la ciudadanía alemana. Asumió entonces las responsabilidades editoriales de Vorwärts – el principal periódico del partido -, y mantuvo el cargo hasta 1914. Durante este periodo, escribió El capital financiero, que fue publicado en 1910, aunque ya en 1906 estaba casi terminado.

Durante la Primera Guerra Mundial, Hilferding se posicionó en contra de la guerra, a diferencia de gran parte de la Socialdemocracia alemana, incluyendo a Kautsky. Volvió del frente a Berlín en 1918 pero mantuvo cierta distancia con los socialdemócratas, incluso con Rosa Luxemburgo y su grupo. Sin embargo, en 1922 volvió a unirse al SPD y se convirtió en un fiel partidario de la República de Weimar. Las actividades de Hilferding durante el periodo de Weimar se basaron en el concepto de “capitalismo organizado”, que desarrolló en distintas publicaciones políticas del partido. Los fundamentos teóricos se pueden encontrar en El capital financiero e incluyen la noción de que la “socialización” avanza inexorablemente bajo el capitalismo y sienta las bases para la organización racional de la economía y la sociedad[3].

Para Hilferding, el “capitalismo organizado” significa que la centralización del capital lleva a la formación de carteles gigantes que eliminan la competencia. La  centralización también tiene lugar entre los bancos, donde de igual manera acaba con la competencia. Los bancos y la industria forman una gigantesca amalgama de capital financiero que puede planificar sus actividades —reduciendo la anarquía de la economía capitalista— y junto al Estado previene el surgimiento de las clásicas crisis capitalistas. De este modo, la estabilidad económica puede, en general, prevalecer si se eliminan las perturbaciones de la guerra, como por ejemplo las reparaciones. En este contexto, de acuerdo a Hilferding, los socialistas tenían que luchar por una mayor democracia y por la reforma económica en vez de luchar por el cambio revolucionario[4].

La crisis de los años treinta llevó a Hitler al poder y Hilferding se vio forzado a huir. Después de la caída de Francia, el régimen de Vichy lo capturó y entregó a la Gestapo en febrero de 1941. Murió a los pocos días. No se sabe las causas. Su legado, perdura en El Capital Financiero. Y en su memoria va este ensayo.

Hilferding y el Capitalismo Financiero.

Costas Lapavitsas, economista griego, en su libro Beneficios sin producción, cómo nos explotan las finanzas, sostiene la siguiente suposición: “Las conclusiones de Hilferding, hace más de un siglo, no se aplican directamente a las condiciones del capitalismo financiarizado”[5].

Arturo Guillen, Profesor de Economía de la Universidad de Iztapalapa, de forma similar, sostiene: “…la dominación de la banca sobre la industria era un fenómeno más característico del modelo alemán del desarrollo, que del estadounidense”[6].

Entonces, el objetivo del presente ensayo, es demostrar lo contrario a las dos suposiciones de Lapavitsas y Costas respectivamente; es decir, presentar la extraordinaria actualidad de Rudolf Hilferding con la realidad, en este caso, con la realidad de Estados Unidos, que aluden Lapavitsas y Guillen, en los años que Hilferding escribió el Capital Financiero. Recordando a la vez que Lenin, para escribir su monumental obra: “El imperialismo fase superior del capitalismo”, se basó fundamentalmente en Hilferding y Hobson y en menor medida en Marx. Reivindicar, además, que el marxismo es fundamentalmente dialéctico en todo el sentido filosófico que planteó Karl Max, dando la vuelta, como escribe, a la dialéctica de Hegel. Y, finalmente que el marxismo es un método que nos permite visualizar la realidad tal como es, no tal como quisiéramos que fuera.

La primera hipótesis de Hilferding es que existe un monopolio a través del dinero que anula la libre competencia. El teórico austriaco, empieza su obra señalando:

“Las páginas siguientes son el intento de comprender científicamente las manifestaciones económicas de la evolución reciente del capitalismo. Ello implica el tratar de incorporar estas manifestaciones al sistema teórico de la economía nacional clásica, que empieza W. Petty y encuentra su expresión suprema en Marx. Pero la característica del capitalismo ‘moderno’ la constituyen aquellos procesos de concentración que se manifiestan, por una parte, en la abolición de la libre competencia mediante la formación de cartels y trusts, y por otra, en la relación cada vez más estrecha entre el capital bancario y el industrial.[7] Esta relación, precisamente, es la causa de que el capital, como más adelante se expondrá, tome la forma de capital financiero, que constituye su manifestación más abstracta y suprema[8].

Ahora, veamos si la hipótesis de Hilferding se confirma en Estados Unidos. Louis D. Brandeis[9], Juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América, escribió en 1914, cinco años después del Capital Financiero de Hilferding, El dinero de los demás. “Y, cómo lo utilizan los banqueros”. Brandeis haciendo referencia al presidente Thomas Woodrow Wilson, cuando aún era Gobernador de Nueva Jersey por el Partido Demócrata. Escribe: “El gran monopolio de este país, es el monopolio del dinero. Mientras este monopolio exista, nuestra diversidad y nuestras libertades tradicionales, así como nuestro ímpetu individual para el progreso, son irrealizables. (…) El crecimiento de nuestra nación y todas nuestras actividades están, por tanto, en manos de esos pocos hombres, quienes aun si actuasen honestamente y en miras del interés general, se centran necesariamente en los grandes compromisos en los que el propio dinero está en juego y, por sus propias limitaciones, deprimen, frenan y destruyen la genuina libertad económica.[10].

Para Wilson, el monopolio  era una de las cosas más urgentes que se debía solucionar, porque anulaba las verdaderas libertades de los hombres. Sin embargo, Wilson, llegó a la presidencia, apoyado por la oligarquía monopolista  financiera; ergo,  no hizo nada para dar fin a ese monopolio. Es más, durante su presidencia se creó el monopolio del dinero más grande que la historia haya conocido: la Federal Reserve System (FED).

En mayo de 1912 se creó el Comité Pujo, un subcomité del Comité de la Cámara de Representantes para la Banca y la Moneda. Este Comité realizó audiencias investigativas sobre un supuesto Grupo del Dinero con influencias en la banca y en la industria norteamericana. Entre sus conclusiones se lee:

“Peligro mayor que cuanto en el pasado nos ha acontecido con la eliminación de la competencia en la industria es el que representa el control del crédito derivado del dominio que estos grupos ejercen sobre nuestros bancos e industrias (…) Que los recursos de nuestros bancos fuesen mayores o menores bajo un sistema monetario distinto del actual es cuestión comparativamente irrelevante si siguen estando controlados por un pequeño grupo (…)”[11]

De igual forma, Hilferding observa el crecimiento de los bancos y finalmente se convierten “… en  dominadores de la industria, apoderándose de los beneficios como capital financiero”. Nuestro autor, compara al capital financiero con el usurero de antaño que se quedaba con “… el rendimiento del trabajo de los campesinos y la renta del latifundista”. Para finalmente afirmar que “… el capital bancario fue la negación del capital usurero y es negado a su vez por el capital financiero. El capital financiero es la síntesis del capital usurero y del capital bancario y, como estos, aunque en un grado infinitamente superior del desarrollo económico, se apropian de los frutos de la producción social”[12].

El capital financiero emerge de la unificación del capital. De tal manera que las fracciones separadas del capital industrial, capital comercial y capital bancario se encuentran bajo la dirección del Sistema Financiero, donde “… están vinculados personalmente los señores de la industria y de los Bancos. Esa unión tiene como base la eliminación de la libre competencia del capitalista individual por las grandes uniones monopolistas[13]. Además, “… la bolsa y el comercio son ahora especulativos condenados, suprimidos en favor del monopolio industrial”[14]. Con todos estos movimientos y las transferencias de poder, cambia, inclusive, las relaciones capitalistas del poder privado, con el poder institucional del estado.

En otro párrafo el Comité Pujo informa:

“Resulta imposible la competencia cuando todos los mecanismo para captar el ahorro o colocar grandes emisiones de obligaciones están en manos de estos pocos banqueros, sus socios y aliados, quienes, juntos, dominan las políticas financieras (…) Las actividades de este grupo restringido, tal y como aquí se describen, han atentado más contra la competencia que cuanto al respecto consiguieran los trusts, puesto que golpean en los puntos vitales para la competencia potencial en cada sector industrial en el que intervienen, situación que, de permitirse que continúe, hará inútiles cualesquiera intentos de restaurar las condiciones normales de competencia en el mundo industrial” (…)[15]

Observemos, cómo se cumple a cabalidad el análisis que realiza Hilferding en la industria de Estados Unidos; y, que refuta las suposiciones de Lapavitsas y Guillen, quienes argumentan que el análisis de nuestro autor sólo tenía validez en Alemania de aquella época y no para Norteamérica en el mismo periodo: “Por el contrario, una comunidad de intereses, provocada en principio por los industriales, puede tener como consecuencia el que dos Bancos que hasta ahora se hacían la competencia reciban intereses comunes y empiecen a actuar conjuntamente en un sector determinado”[16].  Más adelante el austriaco escribe: “Con el desarrollo capitalista crece también continuamente la suma del dinero que las clases no productivas ponen a disposición de los Bancos y estos lo ponen, a su vez, a disposición de los industriales. La disposición de estos fondos imprescindibles para la industria la tienen los Bancos. Con el desarrollo del capitalismo y su organización crediticia aumenta así la dependencia de la industria respecto de los Bancos”. Por un lado, la única forma que tienen los industriales para disponer de más capital es a través del Banco, “… que frente a ellos representa al propietario”. Por otro lado, la banca provee mayor capital a la industria. De esta manera – según el teórico austriaco – la banca se convierte en capitalista industrial con mucha más capacidad que los industriales originarios. Y, finaliza Hilferding, con su célebre cita. “Llamo yo capital financiero al capital bancario, esto es capital en forma de dinero, que de este modo se transforma realmente en capital industrial”[17].

Creemos que la primera hipótesis ha sido plenamente confirmada por la realidad. Incluso el dominio de la banca, sobre todo desde 1913, sobre la industria es mayor de lo que plantea Hilferding y este hecho se puede observar en el documento del Comité Pujo.  En un anterior artículo, publicado en Rebelión, muestro que Trotsky tenía similar percepción con respecto a los bancos y a la industria. Claro, la diferencia entre Trotsky y Hilferding, fue que el primero vivió un tiempo en Nueva York, de donde precisamente fue su esposa. Diferencia en sentido positivo.

La segunda hipótesis: En la economía se producen recurrentes ciclos de auge y depresión. Hilferding lo denomina Ley empírica de producción capitalista de prosperidad y depresión. Desde el título de la cuarta parte, El Capital Financiero y las Crisis, ya se percibe a dónde nos llevará su texto. Leamos:

Es una ley empírica de la producción capitalista estar comprendida en un círculo de prosperidad y depresión. El paso de una fase a otra se realiza críticamente. En un momento dado de la prosperidad surge un estancamiento en la serie de ramas de la producción; en consecuencia, disminuyen los precios. El estancamiento y la reducción de precios se extienden; la producción se limita; ese estado de cosas dura más o menos tiempo. Los precios y el beneficio son bajos; poco a poco empieza a ampliarse la producción, suben los precios y aumenta el beneficio. El volumen de la producción es mayor que nunca hasta que vuelve a variar la situación. La repetición periódica de este proceso plantea la cuestión de sus causas que tienen que averiguarse mediante el análisis del mecanismo de producción capitalista[18].

Esta hipótesis es tan actual, sobre todo desde la crisis de las “hipotecas subprime”, que se trasformó rápidamente en crisis financiera, para finalmente desembocar en una crisis económica a nivel mundial. Además, la evidencia de la actualidad de esta segunda hipótesis, es que hoy se discute y debate en toda Europa, la reforma al Sistema Bancario Internacional. Y, existen diferentes propuestas, desde Jesús Huerta de Soto hasta el movimiento “Positive Money”, que nace en Inglaterra y se extiende por toda Europa. Pero no basta que se lo afirme, hay que contrastar con la realidad, realidad que se materializa en los libros de la comunidad de economistas.

Antes de confirmar o no la hipótesis de los ciclos económicos, aclaremos qué son los ciclos económicos de auge y depresión. Son los aumentos y declives periódicos de la “actividad económica” global en un periodo determinado. En estos ciclos se pueden observar cuatro fases:

  1. La depresión. Es el punto más bajo en el ciclo económico. Se producen altos niveles de desempleo, menor consumo y reducción de la demanda de bienes y servicios;
  2. Recuperación: el panorama económico empieza a mejorar; hay un cierto nivel de crecimiento económico, empleo y producción y mayor demanda de bienes y servicios.
  3. Es el punto más alto del ciclo económico. hay mayor empleo y la producción está en su máximo nivel.
  4. Recesión. El ciclo económico desciende. Casi no hay producción, inversión, comercio y empleo. La recesión muchas veces es dura y prolongada[19].

Presentada de esa forma los ciclos de auge y depresión parecen inofensivos y naturales, que no revisten mayores problemas. Sin embargo, la realidad es deplorable. Los quiebres de bancos, dejan en la calle a quienes tienen ahorros en los bancos; los cierres de empresas causan despido, hambre y miseria… Y el suicidio llega a niveles sorprendentes como se observó el 2008 en Estados Unidos.

Ahora ¿Por qué se producen estos ciclos de auge y depresión? ¿Son naturales e intrínsecos a la economía de mercado? ¿Son inevitables? O ¿las mujeres y los hombres consumimos más de lo que producimos?

Hilferding, se hace la misma última pregunta: “Pero no es posible comprender cómo puede ocurrir tal cosa si se ha producido en la proporción justa. Como el producto total es igual al capital constante más la variable más la plusvalía (c + v + Pv), tanto v como Pv se consumen, los elementos del capital constante tienen que compensarse mutuamente…[20]” El razonamiento de Hilferding es lógico; es más, se produce mucho más de lo que se consume; por lo tanto, cómo entender que se viva tal crisis en medio de la abundancia de bienes de consumo y de servicios. Alguien nos dirá que el problema es la superproducción, el mismo Hilferding responde “… la producción puede ampliarse hasta el infinito sin conducir por eso a la superproducción de mercancías”[21].

Los ciclos de auge y depresión tiene su origen cuando los bancos emiten billetes bancarios sin respaldo de oro; más allá del límite establecido por sus activos y por los fondos que le han sido confiados por sus clientes. De esta manera intervienen en el mercado como “oferentes” de crédito adicional, creado por ellos mismos; y, con una reducción en la tasa de interés, por debajo del nivel en que estaría sin su intervención. Hilferding, escribe al respecto: “Al principio de la prosperidad reina un tipo de interés bajo que sólo asciende poco a poco”[22]. Gracias a estos créditos con intereses bajos, los empresarios inician proyecto que no hubieran sido considerados “rentables”, si la tasa de interés no hubiera estado influenciada por la manipulación de los bancos. Hilferding, nos dice: “… aumenta la demanda de capital de préstamo… la demanda aumentada encuentra satisfacción fácilmente… Pues, en primer lugar está a su disposición el capital monetario”[23].

Joaquín Bochaca, con su particular y polémico estilo de escribir señala: Gracias a la emisión brusca de dinero nuevo se ha podido ampliar nueva riqueza, el comercio se halla en plena prosperidad. “Los precios suben en vertical, mientras toda clase de productos se ofrecen a la venta”. Pronto, el financiero nota que esta alza de precios persiste únicamente mientras se generan los préstamos. “Cada vez que el banquero deja de hacer dichos préstamos los precios dejan de subir, y al dejar de subir, los negocios se hunden. Hilferding, casi con las mismas palabras afirma: “… significa que ahora no se puede realizar el pago prometido… la incapacidad de pago de uno hace también a los demás incapaces de pago[24]. La posibilidad de continuar haciendo más negocios en un mercado alcista ha desaparecido. ¿Por qué? Pues porque ahora el banquero empieza a verse en dificultades, a causa de que el volumen de sus préstamos se halla ya rondando el 900 por ciento de sus reservas en caja. Ya corre el riesgo que tanto sus impositores como sus prestatarios pueden exigir, de un momento a otro, dinero auténtico, es decir, oficial, emitido por el Estado, a cambio de sus recibos.

¿Qué le queda por hacer al banquero en la circunstancia dada? Cancelar una parte sustancial de los créditos que ha abierto. En consecuencia, llama a su oficina a algunos de los industriales a quienes ha prestado sus “promesas de pagar” y les obliga a devolver el crédito. Los empresarios se ven obligados a malvender una parte substancial de sus bienes; y, al mismo tiempo, se ven obligados a forzar a un pago inmediato a algunos de sus clientes, que habían comprado sus mercancías a plazos. Veamos que nos dice Hilferding sobre el punto: “El mismo efecto tiene la creciente desproporcionalidad, que también significa estancamiento de ventas (…) La letra no puede pagarse a su vencimiento, porque no se ha vendido la mercancía[25]. Toda la operación generará, en cascada, una serie de pérdidas para industriales e intermediarios del comercio y, en consecuencia, provocará una reducción general del volumen de los negocios, en última instancia, el desempleo.

Una gran parte de la sociedad, sobre todo la clase media, se ha proletarizado, más de lo que ya es. En cambio, el capital financiero, que no ha hecho nada, aparte de ejecutar una falsificación de dinero en magnitudes inimaginable, se quedará con inmensos bienes tangibles. De esta manera, los hombres de la banca, se convierten en los hombres más poderosos del país, de la región y del mundo[26].

Finalmente, la teoría del ciclo económico, no es nuevo, ya la encontramos en el Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general, de Richard Cantillon.  Escrito en 1755. Para muchos, Cantillon es el padre de la economía. Si bien no está sistematizado, claramente se refiere a esta teoría cuando escribe: “las expansiones crediticias generan “desorden” y distorsiones en la economía que acaban en crisis económicas.  “Y aunque el dinero circule en mayor abundancia que entre sus vecinos, un Banco nacional más bien perjudica que favorece. Una abundancia de dinero ficticio e imaginario causa las mismas desventajas que un aumento de dinero real en circulación, elevando el precio de la tierra y del trabajo, haciendo más costosas las obras y manufacturas con el riesgo de una pérdida subsiguiente. Pero esta abundancia fugaz se desvanece al primer soplo de descrédito, y precipita el desorden[27]. No hay dudas que Cantillon, escribe sobre la teoría del ciclo económico de auge y depresión.

La crisis de auge y depresión es tan actual, que todos los días hay un economista explicando sobre los ciclos económicos en los medios de comunicación, en Europa. Sin embargo que “se cayó todo”, no se tomó ninguna medida o reforma  para eliminar las causas que generaron la crisis; y, que tendrá “una salida bastante inestable y problemática”. Porque la recuperación rápida para salir de la crisis, tal cual, anunciaban los economistas del sistema, es demasiado lenta; lo que nos lleva a “(…) aventurar lo que va a suceder de nuevo a corto y medio plazo en la economía mundial: volverán a reproducirse las crisis financieras y serán cada vez más dañinas”, escribe el doctor Juan Torres López en su libro La crisis de las hipotecas basura[28]. Recordemos a Trotsky: “El enemigo no es pasivo sino que también combate. Si el ataque del proletariado no se ve coronado por el éxito, la burguesía pasa en la primera ocasión al contraataque”[29].

Tercera hipótesis de Hilferding. Las sociedades por acciones permiten a las industrias, entrelazadas con la banca, conformar monopolios; sin embargo, quien domina y ejerce control de estos monopolios, es la banca.  Veamos:

El capital financiero se desarrolla con el auge de la sociedad por acciones y alcanza su apogeo con la monopolización de la industria (…) Pero son los bancos los que disponen del capital bancario y el dominio sobre ellos lo tienen los propietarios de la mayoría de las acciones bancarias. Es evidente que, con la concentración creciente de la propiedad, se identifican cada vez más los propietarios del capital ficticio, que da el poder sobre los bancos y los del capital (real), que da el poder sobre la industria. Y tanto más cuanto que hemos visto cómo el gran Banco se apodera cada vez más del capital ficticio”[30].

El dominio que tenía la banca sobre la industria, en un primer momento del apogeo de la industria en Estados Unidos, contrastaba con la relativa independencia de los pequeños industriales, no aptos aún para ser miembros de los carteles. Más tarde o en segundo momento, estos pequeños empresarios, quedaran sometidos a los bancos,  por el incremento en la concesión de crédito.

De la lectura del libro de Louis Brandeis, se advierte que el dominio de la banca sobre la industria era mayor que lo observado por Hilferding. “El banquero de inversiones[31] es el elemento dominante en nuestra oligarquía financiera. Sus herramientas son los bancos asociados, compañías financieras y compañías de seguros. Compañías ferroviarias, compañías de servicios públicos y compañías industriales son sus súbditos. En puridad meros intermediarios, estos banqueros se comportan como los dueños y señores de los negocios de América, hasta el punto de que prácticamente ninguna gran empresa puede ser acometida con éxito sin su participación o consentimiento. Estos banqueros son, por supuesto, hombres capaces, poseedores de grandes fortunas. Pero el factor más poderoso en su control de los negocios no es ni la posesión de un talento extraordinario ni de inmensas riquezas. La clave de su poder es la concentración intensiva y extensiva-, que se mueve en tres direcciones distintas[32].

La primera fue la más visible vinculación entre bancos y compañías financieras; seguida de las no tan obvias a través de participaciones en el capital, sindicatos de voto y el control de los Consejos de Administración. Este control a partir de los Consejos de Administración, merece un inciso aparte. Además, según Brandeis, estaban los pactos entre caballeros y la denominada “ética del banquero”, que anula la  competencia entre los banqueros de inversiones.

La segunda, fue la unión de líneas de ferrocarril en  “sistemas viarios”; las combinaciones de compañías de servicios públicos, y la formación de trusts industriales. Eran tan grandes estos negocios, que siempre excedían la capacidad de financiación de los bancos locales independientes. De esta manera, aquellos grandes negocios se supeditaban a los banqueros “corresponsales” de Nueva York.

La tercera dirección que señala Brandeis, por su colosal dimensión las deja en ridículo a las dos anteriores y a nuestra capacidad contable y/o a nuestra imaginación sobre la capacidad que los Trusts del dinero pueden hacer. Veamos.

“Los banqueros de inversiones – como J. P. Morgan & Co., operadores en obligaciones, acciones y pagarés- invadieron las actividades propias de las otras tres clases de compañías con las que su negocio les puso en contacto”. De esta manera coparon la dirigencia de las compañías Ferroviarias, de las compañías de seguros públicos y de las compañías industrias, “… a través de las cuales se gestionan las grandes transacciones -los emisores de obligaciones y de acciones”. También absorbieron las compañías de seguros, las compañías depositarias de ahorro y fueron los compradores de obligaciones y acciones. Igualmente, “… tomaron la fuerza dirigente de los bancos y compañías financieras –los depositarios de la liquidez del país-, sangre de la vida de los negocios, con la cual J. P. Morgan & Co. y otros realizaron sus operaciones[33].

De esta manera, las cuatro funciones distintas y esenciales en sí misma para los negocios, que era ejercida, por equipos de personas distintas, se unificaron en la persona del banquero de inversiones. Gracias a estas fusiones se consolidó el poder del dinero, sobre todas las industrias existentes en Estados Unidos.

La función original del banquero de inversiones es la de intermediar en obligaciones, acciones y pagarés, suscribiendo emisiones completas de compañías, municipios, Estados y Gobiernos necesitados de dinero, y colocándolas entre quienes buscan inversiones. Creemos que el análisis de Hilferding, se circunscribía a este contexto: “La organización por acciones le permite al capital una mayor capacidad para adquirir mano de obra, tecnología, materias primas y una mayor facilidad de absorber una cantidad creciente de recursos; lo que le facilita su expansión con la utilización del crédito. El desarrollo del crédito conduce a poner a disposición de la industria no sólo el capital de reserva total de las clases capitalistas, sino también la mayor parte del dinero de las clases no productivas[34].

Si leemos atentamente el texto de Hilferding, es claro que se refiere a la función original del banquero. Porque el dominio de la banca sobre las industrias en EEUU fue casi total. No es una crítica a este gran pensador austriaco. Porque él está pensando en la Europa de su tiempo. En este sentido nuestro razonamiento u observación al monumental libro gira 360 grados. Porque el poder de las finanzas tal como estamos observando es descomunalmente obsceno sobre toda la industria estadounidense.

Quizá, sólo con lo apuntado hasta aquí, las críticas de los economistas Guillen y Lapavitsas, mexicano el primero y griego el segundo, quedan refutadas por la realidad. Realidad que es el único criterio de verdad en la teoría de Marx. Recordemos sus críticas: Costas Lapavitsas: “las conclusiones de Hilferding, hace más de un siglo, no se aplican directamente a las condiciones del capitalismo financiarizado”[35]. Arturo Guillen: “…la dominación de la banca sobre la industria era un fenómeno más característico del modelo alemán del desarrollo, que del estadounidense”[36].

Sin embargo y para no dejar fichas en el ordenador, sigamos con la investigación en cuestión. Con la aparición  de los grandes negocios, señala Louis Brandeis, el fondo de comercio en poder de “J. P. Morgan & Co. y su casa de Filadelfia, llamada Drexel & Co.; por Lee, Higginson & Co. y Kiddei-, Peabody & Co., de Boston, y por Kuhn, Loeb & Co., de Nueva York[37], resultó en sumo grado relevante. Ya que el volumen de las nuevas emisiones de valores tuvo un aumento exponencial, debido a la fusión de las compañías ferroviarias, al desarrollo de las compañías holding[38] “…y, en especial, por la formación de trusts industriales”[39].

El campo de actuación de los grandes bancos como intermediario en valores, había crecido enormemente. Como consecuencia de ello, los servicios de la banca de inversiones tuvieron ingente demanda, de ese modo sus poderes y ganancias se multiplicaron. Y, luego pensaron ¿Porque no ir por más? Entonces la banca norteamericana tomó el controlar sobre los suscriptores de valores; junto con aquello tomaron el control sobre las compañías ferroviarias y de servicios públicos e industriales; control que garantiza a la banca de inversiones una amplia provisión de valores a precios favorables. “… es bien sabido que mercancía bien comprada es mercancía medio vendida. Pero estos mercaderes de obligaciones y acciones no están dispuestos a aceptar ni siquiera un riesgo remoto en su capacidad para colocar su mercancía”[40]. Así, tomaron el control sobre los compradores, como lo habían hecho, anteriormente, con los emisores de valores. De esta manera, la banca de inversiones se convirtió en su feudo; donde ellos son los señores feudales; y, a través de su feudo controlan la nación; y, al controlar esa gran nación, controlan el mundo entero.

Una conclusión parcial, que podemos derivar desde lo señalado hasta aquí; es que, el dominio que Hilferding atribuye al capital financiero sobre el capital industrial, tomando como referente Alemania e Inglaterra en menor medida, es menor con respecto a Estados Unidos; es decir, que el poder del capital financiero sobre el capital industrial en este país, es sin lugar a dudas, y en el tiempo que estamos estudiando, abrumadoramente absoluto.

A continuación, Hilferding critica a la economía por haberse limitado a señalar a diferencia entre la empresa individual y la sociedad señalando, sólo “… el lado ‘bueno’ y ‘malo’ de ambas formas de empresa” y haber puesto de relieve, características diferenciadoras como factores subjetivos (mayor o menor intereses y responsabilidad directa del director; control más fácil o difícil de la empresa), y “factores objetivos (obtención más fácil de capital; mayor o menor fuerza de acumulación). Pero ha omitido entrar en las diferencias fundamentales de ambas formas de empresa, aunque éstas son de una importancia decisiva para la comprensión del desarrollo capitalista moderno, que no se puede concebir sin tener en cuenta la victoria de la sociedad por acciones y sus motivos[41].  Esta observación, como veremos a continuación, no pudo tener mayor actualidad en la economía norteamericana.

Las compañías aseguradoras – dirá Brandeis –  son nuestras más apreciables entidades de ahorro. Sus excepcionales excedentes de tesorería y sus reservas, incrementadas diariamente, buscan continuamente ser invertidas. Nada detiene el constante flujo de nueva tesorería, procedente del torrente perpetuo de primas de las pólizas existentes y de los intereses de los negocios ya ejecutados. Y, aquí viene la actualidad de Hilferding. “Las tres grandes compañías del sector la New York Life, la Mutual of New York y la Equitable, incluso si no emitiesen ni una sola póliza, dispondrían anualmente de cerca de 55.000.000 de dólares de dinero fresco para invertir” (…) En 1904 estas tres compañías poseían, en conjunto, activos por un valor de 1.247.783.18 dólares. En ese año habían emitido nuevas pólizas por valor de 1.025.671.126 dólares”[42].

El crecimiento de estas tres grandes compañías era tan descomunal, que tuvo que intervenir el legislador del estado de Nueva York que en 1906, determinó restricciones a su crecimiento. De esta manera, “… el promedio de su volumen de facturación anual se ha situado en 547.384.112. Sin embargo, los activos agregados de esas tres compañías aumentaron en los últimos ocho años en 1.817.052.260, 36 dólares. (…) Estas tres compañías  necesitan invertir anualmente alrededor de 70.000.000 de dólares de nuevos recursos. Y además, muchas de las inversiones anteriormente realizadas expiran o son reinvertidas. Una gran parte de los excedentes de tesorería y reservas de las compañías de seguros se invierten en obligaciones. Las inversiones agregadas en renta fija de estas tres compañías al 1 de enero de 1914 ascendían a 1.019.153.268, 93 dólares[43]. Nuevamente interviene una Comisión llamada Armstrong. De acuerdo a sus investigaciones, las tres compañías operaban desde hace cincuenta seis años; y, el crecimiento de sus activos en los últimos ocho años; llegó aproximadamente, muy cerca de la mitad del crecimiento total acumulado de los cincuenta y seis años precedentes.

“George W. Perkins vicepresidente de la New York Life, la más grande de estas compañías, fue nombrado socio de la J.P. Morgan y Co., y en los cuatro años precedentes a la investigación Armstrong esta sociedad colocó a la New York Life un total de 38.804.918,51 dólares la obligación. The New York Life es una mutual supuestamente controlada por los titulares de sus pólizas[44]. La Comisión Armstrong estableció  un control de las compañías de seguros de vida por parte de los titulares de las pólizas a través del principio de mutualidad. Dicho control era una farsa y su único resultado fue la subsistencia de una administración que se auto constituía perpetuándose en el poder.

Nuevos datos de la Equitable Life Assurance Society que revela su capacidad económica. “Está controlada por un capital de 100.000 dólares. El dividendo sobre dicho capital queda limitado por Ley a un 7%. Sin embargo, en 1910, el señor Morgan pagó aproximadamente 3.000. 000 de dólares por acciones de dicha sociedad de un valor nominal de 51.000 dólares, o lo que es lo mismo, 5.882, 35 dólares por acción. La retribución vía dividendo sobre la inversión en capital es de menos de un octavo de punto. Sin embargo, los activos controlados valen actualmente más de 500.000.000 de dólares. Y algunos de esos activos tenían un especial valor para los bancos de inversión, es decir, para los mayores accionistas de los bancos y compañías financieras[45].

La investigación llevada a cabo por la Comisión Armstrong expuso el alcance del poder financiero ejercido por compañías aseguradoras, a través de sus “participaciones en el capital de bancos y compañías financieras”; y, recomendó una legislación que exija a las compañías de aseguradoras a enajenar dichas participaciones en un término de cinco años. Para tales fines, se dictó una ley, aunque el referido plazo fue ampliado. Las compañías enajenaron parte de sus participaciones en bancos y financieras. No obstante que las compañías de seguros estaban vigiladas por los bancos de inversiones, en los hechos lo único que hicieron, fue auto venderse tales participaciones.

Respecto a las compras de acciones a la Mutual Life, al igual que a la Equitable, la Comisión Pujo estableció:

En este caso, por tanto, existían participaciones de cinco financieras de relevancia y de uno de nuestros mayores bancos nacionales en la ciudad de Nueva York, que habían sido propiedad de estas dos compañías de seguros de vida. En cinco años, estas participaciones, distribuidas entre las compañías de seguros, terminaron en las manos de particulares que las controlaban habitualmente o estaban identificados con la administración de las mismas, o de aliados o asociados vinculados a dichos particulares, consolidando de tal modo, de forma segura si cabe, su control[46].

Gran parte de los depósitos de los bancos y de las compañías financieras son excedentes de tesorería de las empresas. No constituyen los ahorros de la gente. Desde que los bancos de inversiones tomaron el control de bancos y compañías financieras. Estas instituciones se convirtieron al igual que las compañías de seguros de vida, “… en adquirentes masivos de obligaciones y de acciones”. Muchos bancos pequeños y medianos han invertido una gran parte de sus recursos, incluyendo capital, reservas y depósitos. Las inversiones en obligaciones por parte de algunos bancos exceden la suma de su capital y reservas, y casi alcanzan el importe de sus depósitos susceptibles de préstamo”[47].

El Capital Financiero controla la liquidez ajena. Nuestro, otro, autor norteamericano, escribe que desde siempre se ha considerado a la gallina de los huevos de oro como una posesión valiosa y que en todos los tiempos fue un privilegio (escrito en sentido figurado) Pero los privilegios de recoger los huevos de oro, puestos por la gallina ajena, como hace el capital financiero no es en sentido figurado es literal. Los bancos de inversiones y sus asociados disfrutan hoy de este privilegio. “Controlan a la gente por medio del dinero de la propia gente. Si el poder de los banqueros se midiera únicamente en función de su patrimonio, tendrían una influencia relativamente pequeña sobre el mundo de los negocios de los Estados Unidos de América”.

Inmensas fortunas, como la que dejó John Jacob Astor, son sin duda incompatibles con la democracia. Son injustas, es cierto. Sin embargo, el patrimonio de la familia Astor,  no perjudicaba la libertad política o industrial. No perjudica el esfuerzo empresarial de nadie. Incluso su cuantía es insignificante en comparación con el valor total del patrimonio de los Estados Unidos de América. Además, y es lo más relevante, sus propietarios sólo obtienen beneficios procedentes de su propio patrimonio. Otra cosa es la fortuna de los dueños de los doce bancos que desde 1913, con la creación de la Reserva Federal, son los dueños del gobierno y del pueblo norteamericano.

“La fortuna de los asociados de Morgan es dinámica. El poder y el incremento del poder de nuestros oligarcas financieros provienen del manejo de los ahorros y de la liquidez de terceros. En dos de las tres grandes compañías de seguros, la influencia de J. P. Morgan & Co. y sus asociados se ejerce sin que medie inversión personal de ninguno de ellos. Hasta el punto de que, en la Equitable, de la que el señor Morgan adquirió la mayoría del capital, su inversión asciende a algo más de medio punto porcentual de los activos de la compañía. Las cadenas que atan a la gente están forjadas con su propio oro”[48]. El control a partir del capital financiero sobre las gigantescas industrias, significa la capacidad de prestarse a sí mismos, directa o indirectamente; y, a la vez la capacidad para impedir que estos recursos se presten a otros que no sean parte de la oligarquía financiera.

Los depósitos bancarios son la verdadera liquidez y la sangre de cualquier nación. Su fuerza es infinitamente mayor que la suma de patrimonios invertidos permanentemente. Treinta y cuatro bancos y compañías financieras, según el informe de la Comisión Pujo estaban directamente controlados por Morgan y sus asociados y disponían de depósitos por valor de 1.983.000.000 de dólares.

Los datos son de 1912, para demostrar que Hilferding no estaba equivocado y que las suposiciones de Guillen y Lapavitsas no son ciertas. Sin embargo, no hay razones para creer que las cosas hayan cambiado, mucho menos con una lectura correcta de la crisis de las hipotecas “subprime, que como dijimos se transformaron en crisis financieras y se extendió por el mundo entero como crisis económicas. Hay bastantes estudios sobre esta crisis y van en la misma perspectiva que Hilferding. Finalmente, nótese que sólo se hizo referencia a la banca de J. P. Morgan, no a las demás…

En 1919 aparece en Alemania el Manifiesto contra la usura y la servidumbre del interés del dinero. ¿Por dónde debe comenzar el quebrantamiento de la servidumbre del interés? Se pregunta el autor y responde por el capital prestamista. Porque el capital prestamista es tan infinitamente superior frente a todo gran capital industrial, que las grandes potencias del dinero solo pueden ser combatidas eficientemente mediante el quebrantamiento de la servidumbre del interés del capital prestamista. 20:1 es la relación del capital prestamista con respecto al gran capital industrial. Más de 12.000 millones de intereses para el capital prestamista debe reunir el pueblo alemán anualmente bajo forma de impuestos directos e indirectos, de alquileres y alza del costo de vida.[49]

Thomas Jefferson. Año 1802…

“Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo norteamericano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a ellos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, seguida por la recesión, hasta el día que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron”

NOTAS

[1] Cf. Costas Lapavitsas, Beneficios sin producción, cómo nos explotan las finanzas, ed., traficantes de seños, Madrid, 2016.

[2] Ibíd. p. 74

[3] Ibíd.

[4] Para toda esta contextualización ver a Costas Lapavitsas, Beneficios sin producción, cómo nos explotan las finanzas, ed., traficantes de seños, Madrid, 2016, pp. 73 – 77. El libro se encuentra disponible en: https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/PC10_beneficios_web.pdf

[5] Ibíd. p. 71

[6] GUILLEN Arturo, La noción del capital financiero en Hilferding y su importancia para la comprensión del capitalismo contemporáneo. En: http://www.olafinanciera.unam.mx/new_web/08/pdfs/Guillen-OlaFin-8.pdf, p. 2

[7] El subrayado es mío.

[8] HILFERDING Rudolf, El Capital Financiero. Ed. Revolucionaria, Instituto Cubano, La Habana, Cuba, 1971, p. 11

[9]A inicios de este siglo y en el período más espectacular de desarrollo industrial y financiero del capitalismo moderno, Louis D. Brandeis escribe el alegato más contundente contra la actuación del oligopolio de los banqueros, organizados en torno a J. P. Morgan & Co., y. su control expansivo de la economía norteamericana. El dinero de los demás constituye un riguroso y a la vez didáctico análisis del papel del banquero moderno y de los mecanizarnos de acumulación de poder económico, a la vez que una denuncia del uso de ese poder por quienes lo ejercen”. Ver el Reverso de la tapa del libro de Brandeis.

[10] BRANDEIS Louis D., El dinero de los demás. “Y, cómo lo utilizan los banqueros”, Ariel Sociedad Económica, Barcelona, 1914, p. 23

[11] Ibíd. p, 24

[12] HILFERDING Rudolf, El Capital Financiero… Ob. Cit. p. 255

[13] Ibíd. p. 337

[14] Ibíd.

[15] Ibíd.

[16] Ibíd. p. 250

[17] Ibíd. pp. 253 – 254

[18] HILFERDING Rudolf, El Capital Financiero… Ob. Cit. p. 269

[19] Cf. Subgerencia Cultural del Banco de la República. (2015). Ciclos económicos. Recuperado de: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ayudadetareas/economia/ciclos_economicos

[20] HILFERDING Rudolf, El Capital Financiero… Ob. Cit. p. 271

[21] Ibíd.

[22] Ibíd. 298

[23] Ibíd.

[24] Ibíd. p. 269

[25] Ibíd. 299

[26] Cf. BOCHACA Joaquín, La Finanza y el Poder, BIBLIOTECA WELTANSCHAUUNG NS, LIBROS PARA SER LIBRES, Cuadernos de formación integral Nº 1, pp. 22 – 25

[27] CANTILLON Richard, Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general, La Biblioteca de la Libertad, Libro digital, p. 177

[28] LAZO Zubieta Jhonny, A propósito de ¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada? Disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229357.

[29] TROSTSKY, “La Situación Mundial”, 1921. Disponible en https://www.marxists.org/espanol/trotsky/eis/1921-sitmundial-y-comintern.pdf , p. 22

[30] HILFERDING Rudolf, El Capital Financiero… Ob. Cit. p. 254

[31] El término ‘banco de inversiones’ (o ‘banco de negocios’) es una traducción del inglés ‘investment bank’. Nace con una Ley en EEUU en 1929, que impuso una separación entre los bancos de inversiones y los comerciales o minoristas, supuestamente para proteger los depósitos de los pequeños ahorristas. Un banco de inversiones presta asesoría y financiación a las operaciones de fusión, adquisición o reestructuración de empresas. También se ocupa de la introducción en bolsa o del aumento de capital de una sociedad. Puede igualmente crear productos de inversiones para sus clientes o por cuenta propia; las ganancias que procuran esos productos financieros están vinculadas a su nivel de riesgo. Estos bancos de inversiones tienen que ver y de cerca con la crisis de las hipotecas suprime que empieza el 2008. Por tanto no conoce el término Banco de Inversiones nuestro autor Hilferding; sin embargo, cuando hace referencia a las sociedades por acciones, a los operadores en obligaciones, acciones y pagarés, está refiriéndose a los bancos de inversiones, que en aquellos años esa actividad la manejaban los bancos comerciales como se los conoce hoy. Cf BRANDEIS Louis D., El dinero de los demás… Ob. Cit. p. 26 (cita a pie de página)

[32] Ibíd. pp. 26 – 27

[33] Ibíd. p. 28

[34] HILFERDING Rudolf, El Capital Financiero… Ob. Cit. p. 253

[35] Cf. Costas Lapavitsas, Beneficios sin producción… Ob. Cit. p. 71.

[36] GUILLEN Arturo, La noción del capital financiero en Hilferding y su importancia para la comprensión del capitalismo contemporáneo. En: http://www.olafinanciera.unam.mx/new_web/08/pdfs/Guillen-OlaFin-8.pdf, p. 2

[37] Cf BRANDEIS Louis D., El dinero de los demás… Ob. Cit. p. 31

[38] Sociedad financiera que posee la mayoría de acciones y lleva la administración de un conjunto de empresas que se dedican a diversas actividades económicas o industriales.

[39] BRANDEIS Louis D., El dinero de los demás… Ob. Cit. Ibíd. p. 31

[40] Ibíd. p. 34

[41] HILFERDING Rudolf, El Capital Financiero… Ob. Cit. p.

[42] BRANDEIS Louis D., El dinero de los demás… Ob. Cit. pp. 35 – 36

[43] Ibíd. p. 36

[44] Ibíd.

[45] Ibíd. p. 37

[46] Ibíd. pp. 37 – 38

[47] Ibíd. p. 38

[48] Ibíd. p. 39.

[49] FEDER Gottfried, Manifiesto contra la usura y la servidumbre del interés del dinero, Editorial, Kamerad, Múnich, 1932.