Carles Puigdemont, 54 años, exalcalde de Girona es el nuevo Presidente de la Generalita de Cataluña. Es el sucesor de Artur Mas desde año y medio. A Artur Mas se le ha prohibido ejercer cualquier tipo de politica por haber consentido el “referendum popular” de 2014, considerado ilegal por el Gobierno de Madrid.

Puigdemont ha manifestado que si en el “referendum” del 1° de Octubre (1-0) Cataluña obtiene la mayoría, en el plazo de 48 horas será independiente de España y si es destituído antes del “referendum” por el Gobierno de Madrid por ser anticonstitucional el “secesionismo”, no aceptará de ningún modo la destitución.

La “independencia” catalana es una historia que se remota a tiempos muy antiguos. Se trata de un conflicto perenne entre un pueblo y una monarquía, entre una cultura y una identidad. Una historia entre reinos y condados. Gente de tierra y gente de mar, gente de molinos de viento y gente de carabelas.

En los últimos tiempos el moviento “independista catalán” ha pasado de posiciones extremas (de la Alianza con la izquierda anticapitalista e independiente del CUP que a su vez ha movilizado a los “indignados”, a los “descontentos” de los partidos tradicionales, a Esquerra y a la coalición “Juntas pel Si”) a posiciones más “liberales”, tanto es cierto que  lo sostienen los “conservadores liberales” actualmente en el gobierno catalán.

La Cataluña tiene casi siete millones de habitantes y los electores son algo más de cinco. En el “referendum popular” de  dos años y medio atrás, votaron solamente dos millones y medio de derechos al voto, de estos dos y medio de votantes , el 80% votaron SI por la “independencia catalana”, el 20% eran contrarios al “estado independiente en forma de república.

El “divorcio” recuerda para muchos  la fragosa ruta del BREXIT, los mismos engaños a los que fueron sometidos los habitantes de las islas británicas.

En caso de “victoria del SI” y su autonomía de España, el proceso de “independencia” tendría importantes consecuencias tanto en la parte politica como económica. Su extención territorial sería igual a la de Bélgica con una población parecida a la de Suiza. Si el divorcio fuera “no amigable”, las empresas cartalanas tendrían tiempos difíciles, no es lo mismo comerciar en un mercado único que en dos. Naturalmente no podría pertenecer a la Unión Europea, con todos los problemas que derivarían. En “primis” el EURO se convertiría en una “moneda extranjera” y eso mermaría la competividad de Cataluña y se desvincularía del Banco Central Europeo (BCE), el organismo que centraliza la política monetaria de los 19 miembros de la UE. Naturalmete debería abandonar la moneda única europea y acuñar moneda propia. Su nueva moneda tendría un cambio flexible con el EURO y posiblemente se devaluaría. No perteneciendo a la UE, para conseguir cualquier mejora en sus relaciones con Europa o pedir su adhesión a la Unión Europea, España tendría que darle el visto bueno para su entrada y dudamos que lo haga. Su frontera con Francia estaría nuevamente controlada por la aduana y policía de frontera, dónde se tendría que pagar los correspondientes aranceles.

En Europa, Francia, Italia y Alemania creen que la “independencia de Cataluña” sería negativa para los mismos catalanes y piensan que sería muy positivo para la UE. Incluso la OTAN (Organización del Tratado Atlantico Norte) descarta defender a un “hipotético estado catalán”.

Mientra el Gobierno Central de España con su Presidente Mariano Rajoy , ha manifestado “que los delirios autoritarios y frentistas de los independientistas nunca podrán vencer la serenidad y el equilibrio del Estado Democrático. España es una democracia ejemplar capaz de dar respuesta a los retos del futuro”