“Desde ahora, Europa tendrá que luchar sola” son las frases que se han escuchado después de la desastrosa cumbre de los 7 Grandes de la Tierra (G-7) en la isla siciliana de Taormina, (Italia).

La primera misión del presidente estadounidense Donald Trump al exterior, ha practicamente consagrado de hecho el fin de la leadership global americana. Entre los otros Seis Grandes, ninguno piensa seguirlo en su decisión descabellada de hacer caso omiso de los acuerdos de París sobre los cambiamentos climáticos y a sus decisiones proteccionísticas sobre la economía. Todos estos cambios que Donald Trump desea hacer en su programa presidencial, transformarán profundamente todos los equilibrios existentes en el viejo mundo.

Las palabras pronunciadas por la Canciller alemana Angela Merkel: “con Trump adios a la leadership USA porque somos seis contra uno” dejan poco espacio a la politica y economía futura que seguirá la Unión Europea (UE) con su exaliado americano. El diario alemán FrankurterAllegemeine Zeitung ha adelantado algunas conclusiones que el Gobierno de Bruselas piensa seguir. En “primis” el potenciamento de la cooperación militar con la creación de un comando militar centralizado, el fortalecimiento de la integración económica con un balance que financie inversiones comunes con un Ministerio de Finanza y que se ponga de interfaz político de un Banco Central Europeo.

El G-20 que se tendrá dentro de poco bajo presidencia alemana mostrará cuánto es relativo el peso político estadounidense en el escenario mundial y los europeos saben muy bien que en un mundo donde crecen las tentaciones autoritarias y tramonta la ilusión de una democracia universal, en una Europa traicionada por Trump, queda un último punto de referencia creíble en una serie de valores y de esperanzas que han sido marcadas desde fines del siglo pasado e inicios del actual: la esperanza de poder vivir en paz e incarnar esos ideales.

La victoria de Emmanuel Macron en Francia es la primera señal que algo se está moviendo y que Europa está encontrando de nuevo los valores que había perdido y es una señal fuerte para todos los partidos populistas que estaban naciendo

Esta vieja Europa de ahora en adelante tendrá que caminar con sus propios pies.