BOLPRESS /CEDLA

El título, que refiere especialmente a la situación el sector privado empresarial, es uno de los temas pricipales de la última  Alerta Laboral, una publicación del CEDLA, el Centro de estudios que advierte sobre el mantenimiento de la política de contención salarial que aplicaron gobiernos anteriores que nunca tomaron en cuenta el costo de la canasta famialiar comop referente principal

Otro artículo aborda, bajo la forma de  “Despido injustificado: muerto el preaviso, vive el desahucio”, las consecuencia de  la sentencia constitucional 009/17, que afecta a la estabilidad laboral, tan cuesionada en estos últimos meses por la ola de despidos y la irrelevante condición que han alcanzado las conminatorias de reicorporación emitidas por el Ministerio de Trabajo, soslayadas tanto por los jueces como por los empleadores.

El Editorial de Alerta Laboral alude a tres poderosos instrumentos para que los trabajadores ejerzan sus derechos: la organización sindical, la movilización y la identificación de alternativas para contribuir, junto a otros sectores populares, a transfor mar las condiciones de sobreexplotación y fuerte desigualdad social que caracterizan a la sociedad capitalista boliviana.

“Para esto, los desafíos que hoy debe encarar son grandes: recuperar la independencia política e ideológica, renovar sus dirigencias, articular sus intereses, fortalecer sus organizaciones y, esencialmente, retomar la perspectiva del sindicalismo revolucionario”. La presentación añade:

“Hay una incertidumbre manifiesta en los trabajadores por lo que viene ocurriendo en la economía nacional y las consecuencias sociales sobre el bienestar de la población.

Los medios de comunicación y sobre todo las redes sociales canalizan este sentimiento, mientras el descontento de la gente se manifiesta como un valioso termómetro para medir las demandas insatisfechas de una sociedad cada día más afectada por la desigualdad social y la pobreza, pero también para cuestionar la capacidad de respuesta del gobierno después de 11 años en el poder.

Asimismo, las encuestas especializadas de opinión aportan con lo suyo para reflejar el creciente rechazo de los ciudadanos a los déficits de gestión y la efectividad de las políticas públicas que dejan de lado los problemas centrales que les preocupa, como la situación de la economía, la pérdida de fuentes de trabajo, la corrupción, la inseguridad ciudadana, entre otros.

Pero también en los mercados de abasto, en el minibús, en los centros de trabajo, en grupos improvisados en la calle, en reuniones informales, en espacios de debate, asambleas y en las marchas callejeras, la gente manifiesta su inseguridad en el futuro y hasta perfila algunas “soluciones” para la situación económica, social y política del país.

Dos interrogantes principales saltan a la vista: ¿Qué está ocurriendo en el país? y la más inquietante, ¿Hacia dónde va el país en el nuevo contexto de crisis internacional?.

El gobierno, en lugar de escuchar las voces de protesta y atender las demandas, denuncias y reclamos de la población, recurre al artificio de la descalificación del pensamiento crítico, a la acusación manipulada mediante la justicia, a la fragmentación de las organizaciones contestatarias y a la cooptación de las dirigencias sociales.

Discursivamente, en cambio, sigue vendiendo la ilusión de un país que habría cambiado sustancialmente, de una Bolivia que habría construido una alternativa al capitalismo con igualdad, soberanía y respeto a la “madre tierra” y a los derechos de los pueblos indígenas. No se necesita ser un experto para darse cuenta que ésta es una impostura, pues muy poco ha cambiado.

Si la gente reclama por trabajo, por mejores salarios por una jubilación “digna”, por la protección de los recursos naturales, por una mejor justicia y contra la corrupción, entre otras demandas, es porque el gobierno del MAS ha dejado de priorizar los intereses de los trabajadores, campesinos e indígenas para aliarse con los grupos dominantes sean tradicionales o emergentes, nacionales o extranjeros.

En este contexto, la clase trabajadora como la principal fuerza social del país cuenta con tres poderosos instrumentos para ejercer sus derechos, que son la organización sindical, la movilización y la identificación de alternativas para contribuir, junto a otros sectores populares, a transfor mar las condiciones de sobreexplotación y fuerte desigualdad social que caracterizan a la sociedad capitalista boliviana.

Para esto, los desafíos que hoy debe encarar son grandes: recuperar la independencia política e ideológica, renovar sus dirigencias, articular sus intereses, fortalecer sus organizaciones y, esencialmente, retomar la perspectiva del sindicalismo revolucionario.”

http://www.cedla.org/sites/default/files/alerta_laboral_78_la_lucha_contra_el_despido.pdf