El populismo de Donald Trump puede contagiar a toda Europa. El efecto dominó que parte de Washington se nota en estos últimos tiempos. En los próximos meses se votará en Francia, Holanda y Alemania, un voto que podría derribar a todos los actuales líderes europeos..

En Austria, el “ultranacionalista” Norbert Hofer es el favorito en la primera vuelta en las elecciones presidenciales que se celebrarán el 4 de diciembre. Si es elegido, sucederá un verdadero terremoto político con consecuencias inimaginables. En 2013 se presentó en la Cámara de Diputados con una flor de fiordalisio en la solapa de la chaqueta, un simbolo utilizado por los nazis. En varias ocasiones ha manifestado que el Islam no forma parte de Austria y que no aceptará nunca que llegue a ser un país con mayoría musulmana.

En marzo el xenófobo Geert Wilders tiene buenas posibilidades de ganar las elecciones en Holanda, es líder del “Partido de la Libertad”, entre sus ideas está la de prohibir el uso del burka y la lectura del Corán, de cerrar todas las escuelas islámicas y de deportar a todos los fundamentalistas islámicos.

La francesa Marine Le Pen del partido ultraderechista “Fronte Nacional” que ha sostenido la campaña de Tycoon se cotiza desde hace meses como ganadora de la primera vuelta en las próximas elecciones entre abril y mayo. La tierra de la libertad y de los derechos humanos encontrará su minoría antihistórica en la no desaparecida raíz del departamento vandeano.

Europa se ha siempre mantenido en equilibrio entre París y Berlín y justamente en otoño se votará en Alemania con las dudas que ahora se invierta la popularidad de la señora Angela Merkel. La sólida Canciller parecía inmune al virus populista y lo ha estado hasta el momento que ha tomado la impopular decisión de abrir las puertas a un millón de refugiados sirios. Desde ese momento la “Alternative fuer Deutchland” un movimiento euroscéptico nacido en las plazas, cuyo principal programa es el de rechazar el Euro como moneda nacional y regresar al Marco, ha llegado a un consenso de dos dígitos debilitando incluso la proverbial estabilidad alemana.

Y para terminar, en esta búsqueda de razones profundas que conlleva toda esta insatisfacción generalizada, es necesario poner en cuestión también lo irracional.