El éxito de la derecha extrema en Meckclemburgo, pone el punto final a la excepción alemana. Hasta ahora, Alemania era el último país europeo donde el extremismo populista no tenía cabida. Mérito de su fuerte economía que ha pesado poco en la crisis mundial y que continúa creciendo y garantizando niveles de desocupación por debajo de la media europea.

A un año de la valiente decisión de la Canciller Angela Merkel de abrir sus puertas a millones de refugiados sirios, Alemania se encuentra sumergida por el tsunami nacional-populista. Por ese mismo problema, pocos meses atrás Gran Bretaña ha decidido abandonar a la Unión Europea. La misma dificultad amenaza a Holanda que celebrará elecciones en marzo del próximo año. La hipoteca sobre las elecciones presidenciales francesas, en las que Marine Le Pen líder de su partido xenófobo “Front National” (FN) promete un referendum de salida de la Unión Europea si gana las elecciones presidenciales de 2017. La misma Canciller alemana podría perder en las elecciones políticas alemanas del próximo año. En los últimos tiempos ha tenido muchos reveces en elecciones locales y actualmente está registrando malos resultados en las encuestas de opinión.

El logro del partido extremista y xenófobo “AFD” (Alternativa para Alemania) que ha conquistado casi un voto sobre cuatro, significa ser el segundo partido en Macklemburgo; esto refleja la afirmación de las fuerzas populistas, nacionaistas y anti-europeas en el Parlamento de Estrasburgo. En casi toda Europa, la derecha anti-europea viaja entre el 20 y el 30%, y en muchos países como Polonia la derecha extrema está en el podere con el partido “Ley y Justicia”, de Jaroslaw Kaczynsky, un conservador nacionalista, ultracatólico y antieuropeista, acusado de atentado a las institucions democráticas del País. En Hungría, el partido del Primer Ministro Viktor Orban se ha convertido en el líder de los populistas est-europeos, en Eslovaquia el Partido Nacional Eslovaco (PNE), que se define nacional-socialista, forma parte de un gobierno de derecha mientras que en Finlandia el Partido Nacional está en el gobierno gracias a dos partidos de extrema derecha. En Letonia los nacionalistas de “Alianza Nacional” se han aliado a un partido xenófobo para poder gobernar, igualmente sus primos hermanos los lituanos de “Orden y Justicia”.

En Grecia, al lado de la extrema izquierda de “Syriza”, el partido de Alexis Tsipras, gobiernan los nacionalistas-populistas de “Anel” y los “Griegos Independientes”, mientras los neo-nazistas de “Alba Dorada” han obtenido un óptimo tiunfo electoral.

En casi toda Europa la avalancha populista ha producido el mismo efecto, es decir, la izquierda moderada y la derecha se han unido para poder gobernar. Ha sucedido en el Parlamento Europeo y sucederá en Macklemburgo, donde socialdemócratas y democristianos juntos tienen la mayoría en el parlamento regional. Probablemente pasará lo mismo en Francia en las próximas elecciones presidenciales, los socialistas junto a los neo-gollistas unirán sus fuerzas para detener el avance del “Front National” el partido xenófobo de Marine Le Pen.

Lo que falta en la Unión Europea es la capacidad de las fuerzas democráticas de dar una respuesta política común a este desafio nacional-popular.