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Bolivianos en Barcelona: ocupación cultural de espacios y calendarios

Chryslen M. Barbosa G.

“Eso de las fraternidades es importante porque te vincula con tu país y te recuerda quién eres y, si no, pues lo descubres también, como yo lo hice”: Jaqueline Peredo, Ñusta de la Fraternidad Tinkus K’enchas de Barcelona.

La migración es un proceso de muchas transformaciones en las vidas de las personas que la realizan. Desplazarse desde el territorio de origen hacia otro país es un cambio no sólo para las personas migrantes, sino que también lo es para el territorio que las acoge.

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Barcelona, España, es uno de los muchos territorios ocupados por una gran población migrante boliviana, una población que se estableció en este espacio y transformó las relaciones de este territorio de muchos modos, uno de ellos se produce a partir de los bailes folklóricos.

Es común ver en las fechas conmemorativas de Barcelona como las Fiestas Mayores de los barrios y también en el carnaval, a diversas fraternidades de tinkus, morenadas, salays, caporales y diabladas ocupando las calles y otros espacios públicos. Pero, estas fraternidades no están solamente presentes en las festividades “tradicionales” de Catalunya, sino que produjeron un calendario propio, respetando las fechas importantes en su territorio de origen, disputando los espacios públicos de esta ciudad; un ejemplo importante son los recorridos para la Virgen de Urkupiña que ocurren en todo el mes de agosto, confluyendo con las festividades del 6 de agosto (Día de la Independencia de Bolivia).

Las fraternidades folklóricas que existen en Barcelona son importantes colectivos de migrantes que son responsables de estas expresiones culturales bolivianas en este territorio. Algunas de ellas, como Los Verdaderos Intocables, Illimani, La Sociedad, Caporales San Simón y Tinkus San Simón, son filiales de fraternidades que ya existen en Bolivia, respetando los pasos de baile, las músicas y, muchas veces, los colores de los trajes y símbolos que se eligen en el territorio. Esto los vincula directamente con Bolivia.

Pero hay, también, las fraternidades que se crearon en Barcelona, como los Tinkus K’enchas, Salay Jatun Masis y Ballet Kuskalla que tienen su fundación en Barcelona y que, algunos de ellos, fundaron filiales en otros espacios de migración, como son las filiales de los Tinkus K’enchas en Valencia, Figueras, Sevilla y Londres. Aunque en estos casos no haya un vínculo con alguna fraternidad fundada en Bolivia, la producción de los trajes se hace en este territorio: sastres, zapateros, pollereros, matraqueros, todos los comerciantes que están vinculados a la producción de trajes para las fraternidades en el territorio boliviano.

Varias generaciones de hombres y mujeres de Bolivia integran las fraternidades folklóricas en Barcelona. Fotos: Chryslen Mayra Barbosa Gonçalves

 

PRIMERA Y SEGUNDA GENERACIÓN

La fraterna de morenada y presidenta del Ballet Kuskalla (palabra que en quechua significa “juntos”), Patricia Silvestre, analiza minuciosamente las modas lanzadas en las festividades más relevantes de Bolivia, como es el Gran Poder y el Carnaval de Oruro. Los colores de los trajes, los pasitos, las matracas, el sombrero borsalino (copa alta o copa baja), todos los elementos son observados desde este otro lado del Atlántico, con el objetivo de seguir las transformaciones bolivianas.

Esta práctica es descrita por Patricia Silvestre como una “añoranza” de Bolivia, que les hace difundir la “danza mayor de los Andes”: la Morenada. Patricia llegó a Barcelona hace 19 años, aquí construyó su familia al lado del comandante de morenada Richard Sánchez. En estas casi dos décadas participaron activamente en diferentes fraternidades folklóricas hasta la fundación del Ballet Kuskalla en 2022. El baile fue y es parte importante de su historia como migrantes.

El caso de Jaqueline Peredo, ñusta de los Tinkus K’enchas, es diferente de Patricia, ya que Jaqueline llegó al territorio catalán con dos años de edad. Hoy, a sus 20 años, Jaqueline baila tinkus como un modo no solamente de recordar el territorio, sino que, según ella, de construir una idea propia sobre qué es Bolivia: “Eso de las fraternidades es importante porque te vincula con tu país y te recuerda quién eres y, si no, pues lo descubres también, como yo lo hice. También es como tener a tu país cerca, porque entre bolivianos, entre personas de la misma nacionalidad, vamos viendo qué tipo de personalidad tenemos, nuestras costumbres, es más fácil compartirlo con personas que ya saben del tema o que ya han experimentado en nuestra tierra y creo que esto es muy importante.”

Según uno de los fundadores de los Tinkus K’enchas, Ponce Jiménez, él y Orlando Mendoza han formado esta fraternidad con el objetivo de “mantener nuestras raíces, querer llevar nuestra cultura, demostrarla a la gente, y es nuestra pasión también, es mi pasión”. Existe, en estas narrativas migrantes, una interrelación entre demostrar a las personas no-bolivianas qué son las tradiciones de Bolivia, pero, también, la de mantenerlas en sus propias memorias – de quien vivió en Bolivia o de las personas que crean la memoria de Bolivia con el baile, como es el caso de Jaqueline.

Gastón Blanco, también fraterno de los Tinkus K’enchas, nació en Argentina, aunque sus influencias de la cultura boliviana vienen de los padres, nacidos en Cochabamba y migrantes en Buenos Aires (Argentina). Él migró hace casi nueve años para la ciudad de Barcelona, donde encontró en el baile una comunidad de apoyo, de amistades, de afectos, el amor por el baile nació en este proceso de migración: “Cuándo vivía en Argentina no sentía tanta curiosidad, yo al migrar a Barcelona, España, me encontré solo y en el momento en que yo pude conocer a las diferentes fraternidades de bailes, como tinkus, caporales, morenada, fui conociendo personas, fui conociendo amigos, sobre todo, fue como esa necesidad de juntarnos.”

Así como Gastón, existen muchos fraternos y fraternas que no vienen de una migración de primera generación boliviana, o que no tienen ningún vínculo familiar con Bolivia, pero que entienden que el sentido de fraternidad folklórica nos une como Latinoamericanos migrantes.

 

ESPACIOS DE CUIDADO

Las fraternidades son estos espacios de cuidado, de comunidad, en los cuales la gente crea vínculos de familiaridad aquí, como explicó uno de los fundadores del Salay Jatun Masis, Juan Carlos Mayta: “La fraternidad es una parte más de la familia que tenemos aquí”. Él, nacido en Sucre, vive en Barcelona hace más de 20 años, y, a parte de fundador del Salay Jatun Masis, es fraterno en los Tinkus K’enchas y fundador del Ballet Kuskalla. Juan Carlos hizo de estos sus espacios de familiaridad. Ahí es donde conmemoran los cumpleaños, construyen vínculos de compadrazgos, trabajan juntos, hacen las k’oas – los rituales de agradecimiento para la Pachamama – cada primer viernes del mes, es la expresión de la cultura boliviana más allá del momento de la performance del baile.

Ser parte de una fraternidad – y lo digo como columnista, pero, también, como fraterna – es entender la necesidad de una comunidad, de gente que se desplaza, que deja un poco de sí mismo en el otro lado y que contribuye con lo que aprendemos de nuestros pueblos allá para la transformación del territorio de aquí.

La migración muestra su lado más brutal cuando analizamos los números de personas sin papeles en el Estado Español: según datos más recientes existen alrededor de 390.000 a 470.000 personas migrantes en situación irregular en el Estado Español.

Es también duro cuando percibimos que gran parte del sector de cuidados y de servicios hacia la población española es compuesto por nuestros paisanos, por gente de rasgos, acentos, colores y pasiones compartidas. Sin embargo, existe este otro lado de la migración, el lado que transforma, que cambia los calendarios, las temporalidades, los colores, los sonidos, el lado que hace de Barcelona un lugar cosmopolita, un territorio también de bolivianos.

Chryslen M. Barbosa G.

Chryslen Mayra Barbosa Gonçalves es antropóloga, doctorante por la Universidad Estatal de Campinas (Brasil) e investigadora invitada en la Universitat de Barcelona (UB). Es parte del Colectivo indianista-katarista La Curva en la ciudad de El Alto. Trabaja temas de economías de mujeres indígenas, movimientos políticos andinos y teorías anticoloniales.
El nombre JIWASA, de su columna, viene del aymara, es una de las formas de decir “nosotros”, un modo que incluye al interlocutor. Este nosotros inclusivo construye puentes posibles de luchas, de conocimientos y de historias entre diferentes pueblos y territorios. El Jiwasa es un thaki (camino o ruta) posible en la diversidad de pueblos que somos.

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