Las tropas rusas ya han llegado a la capital ucraniana (Kiev) y hay el riesgo de que se genere una sangrienta batalla urbana a una escala nunca antes vista en Europa desde la II Guerra Mundial. Donald Trump viene advirtiendo que Joe Biden, quien le reemplazó en la presidencia norteamericana, puede conducirnos a una III Guerra Mundial. Si en la primera de estas (1914-18) el gran perdedor fue el imperio ruso (de cuya desintegración emergió la mayor revolución comunista de la historia) y en la segunda (1939-45) el gran triunfador fue la Unión Soviética, hoy el mayor foco de tensión militar en el planeta es el que se da entre los 2 antiguos principales componentes de lo que fueron antes el zarismo y la URSS.

El 24 de febrero las tropas rusas ingresaron a Ucrania, pese a que durante meses Vladímir Putin negaba cualquier intento suyo de querer volver una intervenir en Ucrania, tal como pasó en 2014. Entonces, el Kremlin decidió anexionarse la península de Crimea (que hasta 1954 conformaba la Rusia soviética) argumentando que en un referéndum más del 90% de sus habitantes votaron por ello, y también apoyó a los insurgentes ruso-hablantes del este ucraniano quienes formarían dos “repúblicas populares” recién fueron reconocidas por Moscú el 21 de frebrero. Estas alegan que Kiev discrimina a los ruso-hablantes, donde el ruso ha dejado de ser un idioma cooficial y se permite que bandas que reivindican a los nazis de Stepan Bandera (quienes combatieron junto a Hitler cuando este ocupó Ucrania en 1941-45) siembren el terror contra los sindicatos, las izquierdas y los ruso-parlantes.

OTAN

Rusia reclama ser el verdadero gran cercado. Hasta 1989-91 existía un bloque soviético que Occidente logró atomizar. Inicialmente, la Alemania occidental capitalista se anexionó a la oriental “socialista” y luego los demás antiguos socios rusos del antiguo Pacto de Varsovia (Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía y Bulgaria) se fueron integrando a la Unión Europea y a la OTAN. Y, en medio de este proceso, todos los partidos comunistas en el poder fueron removidos y las economías estatizadas y planificadas fueron privatizadas y substituidas por modelos capitalistas liberales, en tanto que las 3 federaciones “socialistas” fueron divididas entre todos sus componentes: la URSS se partió en 15 repúblicas independientes e internacionalmente reconocidas, Yugoslavia en 7 y Checoslovaquia en 2.

Durante la época de Boris Yeltsin (1991-99), Moscú se convirtió en una suerte de rehén de Washington mientras su economía colapsaba y esta se veía incapaz de contener los avances de la OTAN dentro de sus antiguos socios. La OTAN no solamente incorporó a su seno a todos los ex aliados rusos del pacto de Varsovia, sino también a las 3 ex repúblicas soviéticas del Báltico (Lituania, Letonia y Estonia) y, además, bombardeó a Yugoslavia y la descompuso entre 8 repúblicas (una de ellas, Kosovo, no es reconocida por Moscú ni por la ONU). Mientras las fuerzas militares occidentales se enfrentaron a Serbia acusándola de haber hecho atrocidades contra los musulmanes en Bosnia, hoy los medios euro-americanos no hablan de que Srpska, la República Serbia de Bosnia, fue forzosamente retenida en este último país y que la República Serbia de Krajina fue la primera y única en la Europa de la postguerra en haber sido étnicamente depurada (la mayoría de sus habitantes que son serbios fueron expulsados y esta fue anexada a Bosnia, la cual es hoy un miembro activo de la UE y de la OTAN).

Para Putin las guerras que la OTAN hizo para destruir Yugoslavia, Irak, Libia, Siria y Afganistán, así como las decenas de intervenciones militares y golpes impulsados por EEUU en Latinoamérica evidencian que esta es una organización altamente peligrosa para la seguridad de su nación. Por eso él reclama un compromiso por parte de la OTAN para que esta no se expanda hacia Ucrania y Georgia, países ex soviéticos que limitan con Rusia. Para el Kremlin si se permite que Kiev entre a la OTAN y a la UE esto implicaría que misiles nucleares pudiesen llegar a Moscú en 5 minutos, con lo cual es casi imposible defenderse frente a un ataque nuclear y con ello se pierde el equilibrio del terror que debiera haber entre todas las potencias atómicas. Además, Ucrania al ingresar a la OTAN puedelanzar un operativo militar para “rescatar” Crimea y las republiquetas ruso-hablantes del Donbas aduciendo que el bloque militar están en la obligación de defender su integridad territorial.

Si Ucrania entrase a la UE y a la OTAN se corre el riesgo de que Bielorrusia quedase rodeada por 5 miembros de la UE y que el descontenbto contra su mandatario Alexander Lukashenko (quien lleva allí en el poder 27 años y al cual la oposición le acusa de haber fraguado las elecciones para imponerse autoritariamente) pudiese arrastrar a la opinión pública de dicha nación a querer entrar a dicho bloque continental.

Rusia teme al avance de la OTAN y de la UE porque, además, puede impulsar movimientos separatistas en su interior. La federación rusa ocupa el mayor territorio que tenga cualquier Estado en el planeta y está compuesta por 22 repúblicas y unas 63 regiones. Putin debutó en el poder suprimiendo a hierro y fuego a Chechenia cuando esta quiso independizarse y destruyó su capital Grozny. Mientras él jamás va a permitir una nueva separación de Rusia, Putin ha impulsado, armado y protegido militarmente a 5 repúblicas secesionistas (una en Moldova, 2 en Ucrania y 2 en Georgia), las mismas que tienen como fin ser una espada en el cuello de estas para impedir que se incorporen a la UE y a la OTAN.

Moscú

Putin tiene otros 2 temores más para justificar su rechazo al expansionismo de la OTAN en Ucrania. Una es de carácter histórico. La cuna de Rusia fue, justamente, el Rus de Kiev que se expandía entre los mares báltico y negro. El antiguo término con el cual se conocía a Ucrania era el de “Pequeña Rusia”, a Bielorrusia como “Rusia Blanca” y a Rusia como “Gran Rusia”. Hasta hoy esas 3 naciones tienen en común hablar en lenguas eslavas muy similares que se escriben en el mismo alfabeto cirílico y en tener a la iglesia ortodoxa como la dominante. Este fue el trípode que en 1922 creó la Unión Soviética y que en 1991 la disolvió. Originalmente, el plan era que estas fueran la base de una Comunidad de Estados Independientes que tuvieran una buena relación y que tolerasen tropas rusas a su interior. Si Ucrania abrazase el modelo liberal, la UE y la OTAN se corre el riesgo de que se dé una situación de conflicto como el que hoy tienen las 2 Coreas y antes lo tenían los 2 Vietnams, Yemens y Alemanias. Ciertamente, que los “grandes rusos” y los “pequeños rusos” tienen diferencias etno-lingüísticas, pero tienen muchos lazos históricos, culturales y religiosos comunes. Además, el 17% de los ucranianos son rusos.

Si Ucrania entra a la UE se convertiría en su nación territorialmente más grande, mientras que Rusia vería que su mayor cantidad de connacionales fuera de su país se encuentran allí. La preocupación de Putin por los derechos de la minoría rusa en Ucrania ha sido comparada en el parlamento británico como una similar a la que Hitler tenía ante los germanos que vivían en los sudetes checos, pero hay una diferencia pues los rusos y las izquierdas en Ucrania han sufrido mucha hostilidad de parte de los neo-nazis y Ucrania es el único país del mundo donde estos mantienen un gran rol en la política nacional.

Otra gran preocupación que tiene Putin es el tema económico. Rusia provee el 40% del gas natural a Europa, la mayor parte del cual pasa por el gasoducto ucraniano y deben pagar dividendos por ello a Kiev. Putin no quiere que dicho recurso estratégico acabe dominado por un Estado que coloque sus cohetes nucleares contra Moscú. Tradicionalmente, las llanuras ucranianas han sido un gran proveedor de productos agrarios para el resto del antiguo bloque soviético. Las economías e historias de Rusia y Ucrania están intrínsecamente inter-relacionadas.

Washington

Washington inicialmente dejó que Putin pudiese arrasar a Chechenia, una distante, pequeña y poco poblada república de mayoría musulmana enclaustrada en los montes del Cáucaso, a condición de que el entonces nuevo líder ruso les dejase las manos libres en otros lugares del mundo. Empero, EEUU ha visto como Putin ha invadido Georgia y Ucrania creando republiqueteas aliadas, al igual como antes lo hizo en Moldova. Para Occidente ha sido terrible que los bombarderos rusos hayan salido a defender a Bashir al Assad en Siria (a quien ellos quisieron derrocar, tal como previamente lo hicieron con Saddam Hussein en Irak y Muammar Gaddafi en Libia) con lo cual no solo lo han mantenido en el poder, sino que han ayudado a que Irán se consolide y expanda su área de influencia hacia Irak, Líbano, Palestina y Yemen. Para Occidente Putin tiene una autocracia en casa y se atreve a enviar tropas a sus socios (como recientemente lo ha hecho en Kazakistán para reprimir opositores).

Washington tampoco ve bien que Moscú haya tejido una alianza económica y militar con Venezuela y otras naciones latinoamericanas y que junto a China e Irán tengan una entente defensiva.

En cierta manera la invasión rusa a Ucrania es algo de lo cual la OTAN y la UE van a querer sacar ventaja. Ambos bloquese se viene unificando, conciben que van a ganar los corazones de los ucranianos (así como de Suecia y Finlandia) para justificar una expansión de la OTAN, van a querer aislar internacionalmente a Rusia para quebrar su economía, y van a buscar que esta se empantane en Ucrania donde una resistencia guerrillera les cree un nuevo Afganistán.

Una III Guerra Mundial solo podría ser una de mútuo aniquilamiento nuclear, por lo que Washington y Moscú quieren evitar una confrontación directa. Putin quiere un cambio de régimen en Kiev, mientras que Biden quiere que esta guerra desgaste a Putin y produzca su caída en Rusia.

Isaac Bigio

Isaac Bigio es un analista internacional formado en la London School of Economics & Political Sciences. En ésta, considerada la principal universidad internacional especializada en ciencias sociales, él ha obtenido grados y postgrados en Historia y Política Económica, y ha estado investigando y enseñando. Su especialidad son países en conflicto y transición entre distintos sistemas sociales. Ha llevado cursos y seminarios en el Instituto Europeo, la Escuela de estudios Asiáticos y Orientales, la escuela de Estudios Eslávicos y Europeo Orientales así como en otras dependencias de la Universidad de Londres. Es una de los analistas que habla castellano o portugués con mayor conocimiento de las guerras en Afganistán, el Medio Oriente o los Balcanes. Sus artículos han sido publicados en unos 200 medios en 5 continentes. Es columnista regular de El Comercio (Perú y Ecuador), La Patria (Bolivia), El Panamá América, Noticias (Reino Unido), La Opinión (EEUU) y otros diarios y decanos. Colabora con la BBC, CNI, Canal N, Radio Progreso y diversas emisoras de radio y TV. Sus escritos son difundidos por medios afiliados al ALAI, Adital, al Grupo de Diarios de América y otras redes de prensa. Diversos diarios electrónicos le han creado páginas web entre ellos Notionline, informativos.net, altopilar.com, analítica.com, Gran Valparaíso y El Ojo Crítico Digital.
En 1998 obtuvo 2 Premios significativos: el de la Excelencia de Dillons-Waterstone (la mayor librería británica), y el E.H. Carr del Departamento de Política Internacional de la Universidad de Gales, Aberyswyth (el primer departamento de dicha disciplina en el mundo).
Isaac Bigio se encuentra escribiendo un libro sobre la revolución boliviana de 1952.

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