Es muy probable que al lector le suene familiar la frase “mis ahorros, mi dinero, tanto que me costó ahorrarlo” por videos virilizados en la aplicación de Tik-Tok; plataforma que es un éxito a nivel mundial y se posicionó como la red social con más descargas en todo el mundo.

Pero bueno, el presente artículo no se centrará en las razones del éxito de Tik-Tok, sino a la frase mencionada en el título de la nota de opinión, la cual hace referencia a la escena de la actriz mexicana Silvia Pasquel en la telenovela “Amarte es mi pecado”, donde su personaje enfrenta la peor suerte al enterarse que tiraron su colchón a la basura con todos sus ahorros y grita la frase que se hizo viral.

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Frase que me permite contarles en esta oportunidad una anécdota de una vecina cercana –doña Juana–, quien tiene su puesto de frutas y verduras y mencionó que hace años atrás se sentía identificada con la icónica frase de la actriz mexicana pero no porque haya perdido dinero, sino porque sentía que sus ahorros, que con tanto sacrificio ahorró, no valían nada.

Doña Juana relata que hace años atrás, se apersonó a una entidad financiera para poder sacar un crédito de vivienda, y que en ese entonces era indispensable contar con el 20% de la cuota inicial para acceder al crédito, razón por la cual ahorró con mucho sacrificio. Sin embargo, la entidad financiera le rechazó el crédito en reiteradas ocasiones, provocando un sentimiento de frustración al sentir que sus ahorros no valían nada (“tanto que me costó ahorrar” mencionó).

No obstante, años después con la promulgación de la Ley de Servicios Financieros N°393 en 2013, doña Juana menciona alegremente que pudo acceder al 100% del financiamiento para su vivienda, pese a que contaba con el 20% de la cuota inicial; gracias a los fondos de garantía creados para la otorgación de créditos productivos y de vivienda de interés social.

Como economista y ciudadano que se encuentra en constante contacto con la sociedad, me hallé en la necesidad de contar esta anécdota y mostrar un análisis financiero de la importancia de la función social en los servicios financieros. En primer lugar, el cambio en los principios de los servicios financieros; los cuales pasaron de tener como prioridad el lucro de la banca a costa de los consumidores financieros, a principios de protección de los derechos de los usuarios financieros, brindándoles equidad e igualdad de oportunidades.

Asombra escuchar que algunos analistas colegas aseguren que priorizar los créditos al sector productivo y de vivienda de interés social podría generar problemas en el sistema financiero boliviano, sin embargo, yo me pregunto: ¿Qué tan responsables somos los bolivianos con nuestras obligaciones crediticias?; y ¿La banca privada presentó pérdidas los últimos años? La verdad es que si observamos las cifras nos encontramos con un índice de mora que alcanzó el 1,6% para 2021, cifra que se encuentra por debajo del promedio de toda la morosidad en la región.

En esa línea, la mora de créditos productivos y de vivienda de interés social fue de tan solo 1,3% y 1,1%, respectivamente; es decir, inferiores a la mora de todo el sistema financiero e inclusive a la mora de créditos no regulados por las entidades financieras, lo cual refleja solvencia por parte de los prestatarios para hacer frente a sus obligaciones crediticias y que sin duda, repercutió sobre las utilidades de los bancos durante 2021 al registrarse un crecimiento de 60% respecto a 2020. Por lo que no se avizoran riesgos en el sistema financiero.

Finalmente, al cierre de 2021 el sistema financiero cuenta con adecuados niveles de crecimiento tanto en cartera como depósitos, los cuales alcanzaron tasas de crecimiento de 4,1% y 6,9%, correspondientemente; cifras que reflejan la reactivación económica y la confianza que tiene la población boliviana en el sistema financiero al no guardar sus ahorros en el “colchón bank” como el personaje de la telenovela “Amarte es mi pecado”.

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