Hipótesis interpretativas
sobre el feminicidio

Raúl Prada Alcoreza








Es indispensable reflexionar profundamente sobre éste acontecimiento dramático, sobre estos eventos que corresponden a la acumulación de feminicidios, en niveles de intensidad y expansión cuantitativa, alarmantes en México. Estos hechos corresponden no solamente a estadísticas macabras en América Latina y el Caribe sino en el continente, en el mundo. Concretamente Bolivia es un país de alto nivel de feminicidios. La pregunta es: ¿Por qué ocurre esto, como explicar este fenómeno? Esta pregunta contiene muchas otras preguntas, una de ellas, que podría ser pertinente, ¿es un fenómeno contemporáneo de la modernidad tardía? Hay otras preguntas: ¿Corresponden netamente a las estructuras patriarcales, no solamente de la modernidad sino de todas las civilizaciones? En esta ultima pregunta la hipótesis subyacente es que, en la genealogía de las civilizaciones, la genealogía de la violencia adquiere una descomposición mayor y una escalada de violencia que llega al grado de furia. Se desatan violencias inconcebibles en la contemporaneidad. Podemos seguir sumando preguntas en estas sociedades patriarcales dominadas por fraternidades masculinas que, por cierto, han venido siendo mermadas y cuestionadas por movimientos sociales, no solamente de los distintos feminismos, desde los más liberales hasta los más radicales, sino también por movimientos sociales relacionados a las subjetividades diversas. Las pretensiones de las fraternidades masculinas han sido mermadas por la ampliación de las generaciones de derechos, de los derechos ciudadanos, de los colectivos, de los derechos de la naturaleza, derechos conquistados en los distintos contextos de demandas, ambientes diversos y abiertamente antagónicos a la apología patriarcal y a la difusión rutinaria de sus prejuicios. Entonces, en esas condiciones sociales y culturales, dadas en la contemporaneidad, es quizás importante empezar a lanzar algunas hipótesis interpretativas fuertes, que nos permitan alumbrar posibles disquisiciones auscultadoras respecto a lo que está ocurriendo. Es esto lo que vamos a hacer en adelante; no se trata solamente de hipótesis sobre la base del conocimiento de los datos, cifras que han llegado niveles espantosos, sino también se trata de apreciaciones analíticas de los alcances de la descomposición social y cultural, es decir de indicaciones cualitativas o de síntomas alarmantes del fenómeno decadente del feminicidio. Este fenómeno mencionado, el que trataremos en este ensayo, se encuentra en los contextos en movimiento de la proliferación de violencias desatadas; en estos contextos llama la atención sobre todo las violencias vinculadas directamente al feminicidio, esta violencia descomunal contra las mujeres.

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Hipótesis interpretativas

Primera hipótesis

 

De alguna manera los sucesos de violencia demoledora y de marcha macabra de la muerte parece relacionarse con lo que Georges Bataille llamaba la parte maldita, que tiene que ver, obviamente, con lo que el autor mencionado llama el excedente, empero él tenía una concepción cualitativa del excedente; se refiere al excedente de energía acumulado, que tiene que ser agotado. De esta manera Bataille explicó el desarrollo  del modo de producción capitalista, particularmente descomunal en las etapas avanzadas de este desarrollo; es decir, la plusvalía y la compulsión por la ganancia no son otra cosa que manifestaciones de este derroche de energía, que, a su vez, está íntimamente vinculada con el goce, la búsqueda de  placer, el imaginario del deseo insatisfecho. ¿Qué se busca? Hay un paralelo entre estas rutinas sin imaginación de buscar y lograr la ganancia con otras rutinas más animadas, que tienen que ver con el goce con la búsqueda del goce, con el placer, con la búsqueda del placer, su realización y sus logros, pero también, mayormente, con sus frustraciones, sus insatisfacciones. Se puede ver, entonces, que aparece la figura de paralelismos, de analogías y obviamente de diferencias. En este tramo dibujado, entre la búsqueda del placer y la compulsión de la ganancia, tenemos otras figuras que tienen que ver con descargas de energía, ciertamente muy vinculadas a la ganancia, en términos marxistas se podría decir vinculadas a la apropiación del excedente económico o a la lucha y competencia por capturar la mayor parte posible de esta distribución del excedente.Cuando esto ocurre, sobre todo cuando ocurre en los ámbitos y proximidades del imaginario pobre, vaciado de contenidos, paradójicamente sin imaginación, de la compulsión por la ganancia, de ganar por ganar, de obtener riquezas por obtener riqueza, de sentir, equivocadamente, por cierto, que el dinero otorga poder y prestigio, de lo que lo único que tiene sentido es precisamente obtener sobreganancias. Lo que se puede obtener por los caminos paralelos a la economía institucionalizada, por ejemplo, en la economía el lado oscuro, en la economía de las formas paralelas de las prácticas opacas de obtención de ganancias, los tráficos. Aquí tenemos el contexto que hace de fondo, de marco, donde se desarrolla la marcha macabra de la muerte y el descarnado asesinato de mujeres, el feminicidio.

 

De alguna manera esta inclinación por la ganancia, que adquiere la tonalidad evidente del sin sentido, esta inclinación desbocada por la acumulación de sobreganancias, logradas de manera rápida y alucinante, lleva a un desprecio también descomunal de la vida. No solamente de la vida ajena sino también de la propia vida;por ejemplo, de la vida de los que están inmiscuidos en estos trajines en los ámbitos sórdidos del dominio territorial de los cárteles. Entonces, se desprecia la vida al obtener altas sumas de dinero; al no saber cómo gastar el dinero mal habido, salvo en la inutilidad abismal, que otorga una sociedad de consumo, ocurre como que, una vez lograda la riqueza, la ganancia, el dinero desbordante, no se supiera en que gastarlo o al gastarlo no se obtendría la satisfacción del deseo, del oscuro objeto del deseo. En consecuencia, lo único que queda como posible satisfacción, en la imposible realización del deseo, es la muerte. El excedente de energía acumulado, que ya no sería económico, se descargaría en el asesinato, en el homicidio, en el feminicidio, en el genocidio, en el ecocidio. Particularmente la muerte de mujeres es el síntoma de la descomposición social.

 

Los cárteles, que son básicamente fraternidades de machos, cuyas composiciones subjetivas son grotescamente barrocas, cuyos perfiles subjetivos son extremadamente limitados, no abren porvenir, mas bien lo clausuran; estas sociedades de lo ilícito, hablando metafóricamente o usando la palabra formal de los estados – señalando la específica delincuencia -, no ofrecen horizontes ni porvenir de ninguna clase, en el presente, agotado en sí mismo. El presente se habría ahogado en la nada, en una nada desgastada, una nada ordinaria, una nada aburrida, una nada donde incluso el deseo se agota, se muere, una nada de ausencias culturales, donde lo único que se puede hacer es matar, sobre todo matar una de las figuras simbólicas de la posesión machista, que es el de poseer mujeres; no para amarlas, si no por puro gusto y placer, por puro derroche sexual. Es cuando se desata notoriamente está macabra marcha de los feminicidios.

 

 

Segunda hipótesis

 

La segunda hipótesis tiene que ver con el miedo a la vida, sobre todo en los estratos que terminan siendo privilegiados, dominantes, tanto del lado oscuro del poder como del lado luminoso del poder, del lado institucional del poder como de su lado opaco, así como de su lado oscuro, que ya hemos mencionado. Se forman estratos privilegiados, dominantes, un conglomerado de burguesías de lado institucional de la economía y del lado opaco y oscuro de economía. Estos estratos sociales dominantes, que no tienen horizonte, salvo su estrecha circunscripción banal, tienen una lectura esquemáticamente triste de la economía, economía restringida a la especulación, coerción, chantaje, expoliación. Concepción trivial que se reduce sencillamente a la acumulación o a la sumatoria de ganancias. En la gama de esta concepción, esquemática y trivial, puede haber variaciones; por una parte, están los restringidos estratos cultos de las burguesías, que han ido a las universidades, que conllevan una ideología más elaborada, empero prácticamente dicen, en el fondo, lo mismo, sin salir del marco del esquematismo. Lo que hacen es legitimar ideológicamente sus privilegios, su situación, su posición en la estructura social. Por otra parte, se encuentran otros estratos del conglomerado abigarrado burgués, que están menos ilustrados, los nuevos ricos, particularmente los estratos de ricos vinculados a los tráficos. Cuando esto ocurre tenemos distintos perfiles subjetivos, que no tienen otra explicación de la vida sino este esquematismo restringido de la economía, que antaño, para decirlo de esa manera, se llamaba “desarrollo”, ese antaño, que es prácticamente el anterior siglo. Antes de ese antaño reciente se llamaba modernidad, figura olvidada en sus connotaciones todavía de características apreciables, valorables, relativas a un deteriorado romanticismo. No hay que olvidar que el concepto de modernidad es estético, corresponde a la intuición lúdica de los poetas malditos. Entonces tenemos estratos del conglomerado burgués, que corresponden imaginarios enajenados, reducidos al máximo de evidentes vacíos. Estratos burgueses que, frente al acontecimientos de la vida, que no son capaces de comprender; sobre todo no son capaces de entender las problemáticas fundamentales del planeta y de la humanidad.  Problemáticas que emergen en plena crisis ecológica, también de la civilización moderna y del sistema mundo capitalista.  Hablamos no solamente de la vida en sentido pleno de la palabra, en sentido ecológico, sino también de la vida en su proliferación variante y múltiple, inclusive singularizada en sitios mucho más específicos, por ejemplo, de la vida social, la vida social en sus distintas clases, en sus diferentes estratos sociales, la vida familiar, las vidas en sus trayectorias individuales. El problema es que estas vidas singulares no encuentran un porvenir, no disponen de una mirada que descubra un destino, que ofrezca un porvenir. Como ocurre en las narrativas, que podemos hacer corresponder con la época épica griega clásica, o como aparece en las narrativas míticas de las sociedades antiguas, en las culturas antiguas y ancestrales, recuperadas por las memorias populares, por la arqueología y la antropología.  En el ahora presente, atiborrado por el sistema cultural de la banalidad, habría muerto toda narrativa lúcida, iluminista, habría muerto incluso la narrativa propia de la modernidad, que es la novela. En este caso no habría narrativa; lo que habría básicamente es una fragmentada y balbuceante pre-narrativa, es decir una especie de popurrí de consignas muy pobres, sensacionalistas, de abalorios y de consumo provisional.  Este conglomerado burgués, barroco y banal, no tiene nada que ofrecer, no tienen nada para explicar, menos interpretar. Tienen miedo a la vida, tiene miedo a la vida en sus distintas formas y diferentes tonalidades, en sus diferentes niveles y contextos. El miedo a la vida se expresa de manera muy fuerte y expresiva en el miedo a la mujer.

 

Hay miedo a la mujer en las fraternidades machistas donde el mito del masculino viril, del macho alfa, está exageradamente mitificado, a tal punto que se da un ventilado terror a la impotencia, a la debilidad sexual. Hay miedo a la mujer en sociedades patriarcales, donde preponderan y campean las fraternidades de machos, donde hay una competencia sorda por ser el más macho, desde muy temprana edad, en la  familia, en la escuela y en lo que viene después, en la gama de instituciones donde circula el individuo; se trata de sociedades donde se vuelve un mito del macho alfa, como hemos anotado, donde se tiene terror no solamente a la impotencia sino también a la homosexualidad, terror a ser homosexual; paradójicamente inclinación inherente que está demostrada en la proliferación misma de los grupos, asociaciones e instituciones de fraternidades masculinas. La presencia de estas fraternidades de machos ya es, de por sí, demostración de inclinaciones inherentes a la homosexualidad. En este tipo de sociedades, donde se manifiestan estos problemas, el miedo a la vida es inmediatamente miedo a la mujer, porque simbólicamente la mujer expresa la vida, metafóricamente es la vida, es la vida como naturaleza, es la vida como fecundidad, como fertilidad, es la vida como belleza, es la vida como erotismo, como exuberancia.

 

Hay miedo a la mujer, este miedo tiene distintas tonalidades, distintos perfiles, desde las más eclesiásticas, más tradicionales y conservadoras, hasta las más desvergonzadamente grotescas y despiadadas. Las formas del miedo a la mujer tienen distintas expresiones, que se dan en estos circunscritos espacios de las sociedades institucionalizadas, desplegando distintas formas de significación. Llaman la atención los comportamientos crasos y hasta crápulas, que se dan en estos espacios, sobre todo en aquellos menos cultos, por así decirlo, menos elaborados en cuanto a la justificación del odio a la mujer. En este caso, el odio se descarga de manera inmediata y descarnada en en el feminicidio. Un hombre atormentado mata a la mujer, un hombre celoso mata a la mujer. Hombres que convierten a la mujer no solamente en mercancía, la prostitución, que convierten a la mujer no solamente en objeto sexual, sino, al usarla como objeto, desvalorizan el objeto a tal punto que lo único que pueden hacer, después de sus autosatisfacciones precoces, es matarla. El miedo a la mujer adquiere expresiones realmente alarmantes, de una pobreza enorme en lo que respecta a lo que podemos llamar humanidad. La miseria humana habría llegado al colmo, hasta desaparecer la humanidad misma, haciendo desaparece la humanidad en la víctima, haciendo desaparecer, al mismo tiempo, de manera simultánea, sin darse cuenta, la humanidad de los mismos violadores y feminicidas. Ya no son humanos, no solamente son asesinos, son monstruosidades. Es inconcebible este accionar asesino. No son humanos, lo único que tienen como amalgama grotesca de de sus estructuras subjetivas, de sus restringidas formas de vida, son sus insatisfacciones perdurables y frustraciones ateridas. Ante este panorama desolador lo único que encuentran, como salida a sus propios tormentos, a sus continuas   frustraciones y aletargadas complejidades, es matar y asesinar, particularmente a la mujer.

 

 

Tercera hipótesis

 

La tercera hipótesis tiene que ver con la descomposición de la civilización moderna, la descomposición del sistema mundo capitalista, con aquello que hemos venido llamando su fase de clausura; se trata de la descomposición mayúscula de la decadencia, desatada en la modernidad tardía. Se hacen evidentes niveles de degradación enormes, llevando al extremo de la amenaza de la desaparición, correspondientes a la destrucción ecológica, a la destrucción de los ecosistemas, a la contaminación proliferante, a la depredación expansiva, a la destrucción demoledora de los bosques, a la contaminación saturada de las cuencas, al ecocidio desgarrador y alarmante, en constante expansión. En correlación a este cataclismo se da lugar la descomposición de las estructuras subjetivas, de los perfiles subjetivos, de las estructuras, de los esquemas de comportamiento y conducta. De las estructuras subjetivas correspondientes a las formaciones culturales, desarticuladas, fragmentadas, dispersadas, subsumidas al sistema mundo cultural de la banalidad. Desaparecieron las estructuras subjetivas relativas a la sociedad moderna de la ilustración y de la dialéctica del iluminismo; antes, desaparecieron las estructuras subjetivas relativas a las sociedades antiguas, correlativas a las culturas antiguas. En la contemporaneidad se ha impuesto el sistema mundo cultural de la banalidad, como lo nombra Gilles Lipovsky. En este contexto se estarían dando lugar composiciones subjetivas individuales, con grados de descomposición sorprendentes, que adquieren visibilidad y evidencia en esos comportamientos sinuosos de las castas políticas, así como en conductas ostentosas del conglomerado burgués barroco. Sobre todo, se hace patente de decadencia extrema en los estratos de los nuevos ricos, particularmente en aquéllos que tienen control territorial, que capturan contigentes poblacionales marginados, que lo único que tiene como horizonte es precisamente, en el imaginario enfermo, esta excesiva inutilidad de la vida, de sus propias vidas, también esta inclinación inmediata descarada y descarnada por la muerte, concretamente por el asesinato.  Estaríamos ante niveles muy grandes de degradación y de descomposición civilizatoria, ante la decadencia generalizada. Los niveles de descomposición social y cultural son excesivos, se dan palpablemente en la magnitud de fenómenos de destrucción masiva, porque es destrucción masiva la magnitud demoledora de destrucción de ecosistemas,de especies, de géneros, de animales, de plantas, de contaminación de ríos. Las estadísticas abrumadoras de los genocidios y de los feminicidios nos muestran hasta donde se ha llegado; son estas las condiciones de imposibilidad de la decadencia las que pueden explicar semejante acumulación cuantitativa de la muerte.

 

 

Cuarta hipótesis

 

La cuarta hipótesis tiene que ver con el sinsentido de la pérdida de razón, con el desmoronamiento de la racionalidad y con la diseminación del sentido, es decir, con la develación del sinsentido, que se manifiesta en la vida, incluso en la existencia. La vida y la existencia no tienen sentido, entonces, insinúa la concepción desarmarte del nihilismo del absurdo. Este nihilismo nos llevaría a asumir este sinsentido en el comportamiento y en las conductas, no solamente en los imaginarios, cada vez más vaciados de contenido. En un mundo sin sentido la única salida es la muerte, expresión máxima del sinsentido, la muerte absurda, la muerte buscada, no solamente en el suicidio, sino en el asesinato, cada vez más grotesco, descarnado, descomunal. Sinsentido que nos lleva no exactamente a la locura, porque la locura, trabajada, genealógica y arqueológicamente por Michell Foucault, tiene que ver con la razón, con las formas de la razón institucionalizadas, con exclusión de la otredad, de la alteridad; en este caso, que nos compete, relativo al asesinato y al femenicidio, no estamos en la locura, no estamos en el sinsentido, en pleno sentido de la palabra, opuesto a la razón,  – valga el contraste -, sino, mas bien, en el sinsentido de un nihilismo absurdo. No de un nihilismo filosófico, que puede adquirir características hasta románticas; en este caso estamos en un nihilismo absurdo y del absurdo, llevado al extremo de la aberración, inclusive al extremo de la mutilación, del atentado contra uno mismo y contra el otro o la otra, que no es exactamente el suicidio. El suicidio puede tener un sentido, encontrado por escritores y poetas, que se han suicidado. No estamos haciendo ningúna apología del suicidio, no se malinterprete, lo que hacemos es tomar nota de la gama de connotaciones de las significaciones del sinsentido; estamos diferenciando comportamientos y conductas. El comportamiento que actúa contra uno mismo, como mutilación, tiene mucho que ver con el asesinato, se vincula, se exterioriza en el asesinato. En el caso de estos hombres infames, que matan mujeres, tiene que ver con el sinsentido absurdo de ellos mismos, así como con el sinsentido de la muerte ocasionada por ellos, de una manera infame.

 

 

Quinta hipótesis

 

La quinta hipótesis tiene que ver con el pasado, ciertamente entendiendo este pasado como representación de aquello que se ha experimentado, se ha padecido y gozado, no solo individualmente, sino también socialmente; eso que se acostumbra llamar historia. Donde la acumulación de problemas no resueltos puede ser interpretada históricamente. Por ejemplo, los acontecimientos bélicos, como la primera y segunda guerras mundiales, habrían develado la irracionalidad inherente a la civilización moderna, sobre todo del sistema mundo capitalista, de su geopolítica, de la secuencia inaudita de sus geopolíticas imperialistas, que en aquel entonces habrían evidenciado la inutilidad misma de la guerra, el absurdo incomprensible de la guerra. La guerra no conduce a nada, salvo a los objetivos malogrados de las dominaciones. Dominaciones que tampoco duran ciclos largos. En consecuencia, la guerra puede ser considerada el desenvolvimiento trágico del fracaso. Los objetivos de la dominación pueden ser logrados parcialmente y en el ciclo corto, pero se desmoronan en el ciclo mediano. Se trata de objetivos alcanzados geopolíticamente, pero que no adquieren cualidad de duración, cualidad histórica y cultural. Pueden mostrar aparentemente los alcances deslumbrantes de lo que se llama, en un sentido economicista, el desarrollo; sin embargo, estos alcances no tienen perspectiva, no se abren como porvenir. Los alcances logrados se agotan demasiado rápido. Como derivación de esta experiencia contradictoria, de estos contrastes entre apresurados festejos y una insoslayable acumulación de frustraciones, el pasado se convierte en problema y el futuro se hace incierto, el presente es el lugar y momento del padecimiento. La interpretación nihilista de la consciencia desdichada, del sujeto desgarrado en contradicciones, se convierte en hegemónica. No habría salida. En estas circunstancias, no necesariamente de una manera consciente sino, mas bien, de manera inconsciente, se desplegarían comportamientos suicidas de alcance mayor; por ejemplo, abolir las propias condiciones de posibilidad de existencia y de vida, que son los ecosistemas. Es más, actuar descomunalmente por la destrucción y autodestrucción, por ejemplo, buscar desesperadamente, de manera consciente o de manera inconsciente, descargar las frustraciones acumuladas en el desencadenamiento de la violencia, que se desenvuelve como figura en espiral, en la marcha macabra de la muerte. Se busca desesperadamente la salida de un mundo sin salidas, del laberinto angustioso; esta salida desesperada se la cree encontrar en la muerte, que sería la única salida en un mundo sin salidas. Supuesta y paradójicamente se encontraría sentido donde se pierde toda posibilidad de sentido, la muerte. Estamos ante síntomas preocupantes y alarmantes de la crisis múltiple de la civilización moderna, uno de estos síntomas corresponde a los comportamientos suicidas de alcance planetario, otro síntoma alarmante y amenazante es el feminicidio, que corresponde al suicidio de la humanidad misma; estos síntomas emergen de la crisis múltiple del descalabro de la conciencia histórica y cultural, emerge de las frustraciones más profundas de la humanidad.  

 

 

Interpretación

 

Las hipotesis de interpretación expuestas configuran contextos, pero también señalan un substrato complejo, compuesto de dinámicas moleculares y múltiples procesos singulares. El fenómeno dramático y trágico del feminicidio supone estos contextos y este substrato. Sin embargo el feminicidio se manifiesta de manera atroz en sus composiciones singulares, en los lugares, las ciudades, las naciones, las regiones y el mundo. Es indispensable tener en cuenta esto y abordar su análisis en la descripción de los hechos, encontrando sus formas, sus estructuras y composiciones complejas. No perder de vista la crisis ecologica, la crisis civilizatoria, la crisis del sistema mundo moderno, la crisis de los Estado nación y del orden mundial de las dominaciones, la crisis de las genealogias patriarcales. Al mismo tiempo, considerar las mediaciones en el proceso de los desenlaces, por ejemplo, tener en cuenta los dispositivos perversos de los cárteles, los escenarios desoladores de los tráficos, las concomitancias y complicidades de los gobiernos, la incunvencia de los Estados, atravesados por el lado oscuro del poder.

 

 

 

 

Raúl Prada Alcoreza

Escritor, artesano de poiesis, crítico y activista ácrata. Entre sus últimos libros de ensayo y análisis crítico se encuentran Anacronismos discursivos y estructuras de poder, Estado policial, El lado oscuro del poder, Devenir fenología y devenir complejidad. Entre sus poemarios – con el seudónimo de Sebastiano Monada - se hallan Alboradas crepusculares, Intuición poética, Eterno nacimiento de la rebelión, Subversión afectiva. Ensayos, análisis críticos y poemarios publicados en Amazon.

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