Perfiles de la decadencia
y la corrosión institucional



Raúl Prada Alcoreza







 

El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

Vaporosas sensaciones condensadas,

pensamientos en devenir.

Atmósfera de vahos emergidos

de los espesores territoriales.

Espacio aéreo donde viajan las aves 

y los sueños.

Inmensa respiración arbórea

fluyendo suavemente.

Circulación sincronizada de climas,

danzan murmurando voces seductoras,

embriagando a su paso a la fauna despierta.

Consagración vital de la metamorfosis planetaria.

 

Hoy amenazada por la pestilencia

arrojada de la industria, 

por fluidos venenosos de topos mecánicos,

por mediocres asesinos de bosques,

por monstruosos pirómanos, 

cuyos gritos de furia degüellan a inocentes.

Empresas depravadas que planifican cementerios.

 

Humano, demasiado humano,

en vez de crear destruye.

Se cree hijo de Dios y con derecho a matar.

¡Triste eunuco, desdichado suicida!

Caótica turbulencia de frustraciones.

Consciencia culpable y espíritu de venganza.

 

Verdugo del porvenir, al que martiriza.

Banal hedonista que pavonea su desolación, 

dejando sin herencia a sus hijos 

y a los hijos de sus hijos.

Senil y cruel patriarca convaleciente,

agotándose en el goce promiscuo

de ferias bullangueras 

y de estridencias espectaculares.

 

No detendrá la locomotora desbocada,

Dejará que se descarrile llevándose,

en el accidente monumental, 

a todos los viajeros atónitos,

adormecidos por el consumo

de provisionales paraísos de la futilidad.

 

Sebastiano Mónada: Apoteósico suicidio

 

 

La condena nihilista

 

Comienza con el deterioro, después viene la degradación, sigue la decadencia.Todo se encuentra carcomido por dentro, la estructura tiende a la implosión. Se escucha su crujir, anunciando el derrumbe de la arquitectura; por último la edificación implosiona.

 

Durante el tiempo que dura el proceso de derrumbe los comportamientos de los habitantes de la edificación son variados y contradictorios. Los administradores sacan cara por la buena y segura construcción, alaban y ponderan la sapiencia de los arquitectos, valoran la calidad de los materiales, sobretodo halagan la labor del mantenimiento. Dicen que los representantes de los convivientes no podía ser mejor. Además anotan que los reclamos son injustificados, que se deben a los intereses ventilados por minorías insatisfechas..

 

Por otra parte están lo seguidores de los administradores y representantes, apoyan los buenos criterios de éstos; descalifican, de entrada, a los descontentos. También hay los que dudan, comienzan a sospechar que algo anda mal. Sin embargo, hay el estrato masivo de silenciosos, que esperan escuchar y ver los síntomas del derrumbe. Aunque se han dado, no los han escuchado ni visto. Están los señalados como “minorías insatisfechas”, aunque no se sabe, a ciencia cierta, cuántos son, pero no importa, se atiende a lo que se dice como rumor, también como voz oficial de los administradores y representantes.

 

Cuándo empieza a crujir la estructura de la edificación, ante las nuevas evidencias aumenta la cantidad de los que sospechan que algo anda mal, incluso parte de ellos se pasan al bando de las “minorías insatisfechas”. Empero, es cuando los administradores y representantes, que podemos llamarlos defensores de la edificación, se ponen más intransigentes, llaman a la calma y al orden, dicen que se trata de especulaciones de las minorías insatisfechas , incluso de atentados de los más radicales de las minorías. Recurren a medidas disciplinarias, también coercitivas, incluso se llega recurrir a la amenaza y hasta la represión.

 

Cuando al final la edificación implosiona hay estampida, víctimas damnificadas, también los que lograron escapar al derrumbe. Ante este hecho incontestable estalla la indignación contra los administradores y representantes que ocultaron y encubrieron la calamitosa situación. De los administradores y representantes algunos huyeron, de los que se quedaron algunos llegan incluso a decir que fue sabotaje de los más radicales de lo radicales de las minorías insatisfechas, siguiendo el guíon de los que escaparon, que aprovechan la distancia para mandar mensajes de acusación contra las minorías insatisfechas y saboteadoras. Otros prefieren apoyar la reconstrucción de la edificación con otros que aparecen como salvadores, que no se sabe exactamente de dónde han salido ni por qué se llaman “salvadores”. Las “minorías insatisfechas” siguen insatisfechas, son acusadas de ser saboteadoras de la reconstrucción. Al final vuelven los que huyeron y se llaman a sí mismos los “auténticos salvadores”, dicen que los que se autonombraron “salvadores” son, en verdad los jefes de las “minorías insatisfechas” y saboteadoras.

 

Resulta que los que ocultaron el deterioro y el paulatino desmoronamiento de la edificación son los conductores de la reconstrucción, con los mismos materiales, el mismo diseño arquitectónico que implosionó. Es decir, se retorna al mismo ciclo enviciado de una arquitectura obsoleta.

 

La fatalidad, la repetición de la tragedia y de la secuencia de dramas, se halla en el núcleo de estos esquemas de conducta y comportamiento, núcleo que se puede denominar como voluntad de nada, incluso, interpretando, como voluntad suicida, como instinto de muerte.

 

 

Ciclo político y decadencia

 

Considerando un ciclo político podemos describir sus desplazamientos, diferenciar sus fases, distinguir sus ascensos y descensos, sus etapas de entusiasmo y depresivas, sus esplendores y decadencias. También sus perfiles, el cambio de los mismos, el deterioro de éstos, su degradación. Por ejemplo, al principio, durante el ascenso del proceso de la movilización social y el carácter revolucionario, el perfil involucrado destaca el acto heroico, el derroche romántico, el gasto sin retorno; después, sobretodo cuando se toma el poder, el perfil subjetivo cambia, se vuelve burocrático, funcional al Estado, adquiere la elocuencia opaca de la mediocridad. El comportamiento oportunista prepondera, la simulación y la impostura son los motivos de la conducta.

 

En la etapa romántica destaca el vanguardismo, en cambio, en la fase estatalista destaca la práctica de la búsqueda de legitimación. Se hacen esfuerzos denodados por demostrar que continúa la revolución, justo cuando ésta se detiene, se inmoviliza, para convertirse en una comedia, en un teatro político, en un teatro burlesco de ceremonias estridentes. El perfil subjetivo ha cambiado. Los que hablan de revolución y se desgarran las vestiduras son otros, los que aparecen para defender la revolución, que ha muerto. Aparecen en el funeral para gritar que sigue viva. Son los que medran de la apología de lo que fue. Se declaran los más intransigentes “revolucionarios”.

 

Hay que diferenciar las situaciones distintas del ciclo político, sobretodo cuando se trata de la distinción de periodo propiamente revolucionario respecto del periodo de la regresión, restauración y decadencia. Es pues distinto y contrastante luchar contra el poder establecido que defender el poder restablecido. Lo primero es arriesgado, lo segundo es ventajoso y no tiene riesgos. En la primera situación se realizan actos heróicos, en la segunda situación se efectúa la comedia grotesca.

 

La decadencia política consiste en esto, en la degradación, en el deterioro, en la proliferación de simulaciones e imposturas. En el pavoneo oportunista, en el despliegue de la propaganda y la publicidad desmesuradas para llenar los vacíos insondables. Es el jolgorio de los saltimbanquis y la argarabía de los comediantes.

 

Ahora, mediante una marcha, que imita una movilización social inexistente, montada por el aparato logístico del partido en el gobierno, el conglomerado de gremios clientelares, en disputa por el botín, quiere convertir la comedia grotesca y el teatro político de la banalidad de la astucia criolla, en descrédito, en un espectáculo mediático a escala nacional y para el deleite de los espectadores internacionales de la izquierda colonial, que reponga al neopopulismo en decadencia y lo lleve a una segunda ola de entusiasmo. Nada de esto es posible, no solo porque la historia no se repite dos veces, salvo la primera como farsa y la segunda como comedia, sino porque el retorno del neopopulismo ha sido a su lugar y momento de la implosión anterior, cuando sucedió el derrocamiento del Caudillo déspota por la movilización social y la insurrección en ciernes. Lo que viene es la continuidad de la implosión, no solo de la forma de gubernamentalidad clientelar sino también de toda la casta política, autonombrada de “izquierda” o señalada de “derecha”. También de su Estado nación, llámese “Plurinacional” o “República de Bolivia”.

 

 

 

La corrosión y perversión institucional

 

Las prácticas de las relaciones de poder paralelas, opacas y oscuras, proliferan y preponderan. Atraviesan las mallas institucionales del Estado y la sociedad, las corroen, incluso las usan para ejecutar sus delincuencias, crímenes y tráficos. Cuando se ha llegado a este nivel de degradación, las instituciones que deberían garantizar el cumplimiento de la Constitución, el respeto de las generaciones de derechos constitucionalizados y establecidos en el desarrollo legislativo, las instituciones que deberían cuidar a la sociedad y a la gente, se convierten en los dispositivos del lado oscuro del poder. Perpetran los delitos, los crímenes y participan en los tráficos. Por ejemplo, en el tráfico de cuerpos y la trata participa la policía. Esta es una de las razones por las que desaparecen niños, mujeres, personas, sobre todo jóvenes, de una manera incrementada, además de no encontrarlas nunca, tampoco descubrir a las bandadas involucradas.

 

El mapa perverso de los tráficos es el que corresponde a los nudos de los tráficos mismos y los dispositivos del lado oscuro del poder, que atraviesan el lado institucional del poder y lo usan en la consecución de sus objetivos dolosos, viciosos, relativos a la degradación humana. Los gobiernos están inmiscuidos en los negocios más rentables, el tráfico de armas, el narcotráfico y la trata de cuerpos y de órganos. Las instituciones estatales simulan combatir a los Cárteles y las bandas de los tráficos, sin embargo, forman parte de los mismos.

 

Las sociedades y los pueblos, las gentes, los niños, las mujeres y las personas están a merced de estas redes y enmarañados dispositivos del lado oscuro  y opaco del poder. El mapa de dominios de las cartografías de estas dominaciones perversas articula zonas locales, geografías nacionales y regiones internacionales. El destino de las víctimas está truncado abruptamente en estos dominios territoriales de los Cárteles y de sus cómplices institucionales.

 

Se ha llegado a un punto donde las sociedades, los pueblos, las comunidades, las colectividades y los individuos sólo se tienen a sí mismos. No cuentan con el Estado para su cuidado y defensa. Solo cuentan con las capacidades para su autoorganización, autogestión y autogobierno, también para su autodefensa.

 

 

 

El Estado artificial creado por decretos y leyes inconstitucionales

 

En plena implosión del gobierno, en concreto, por lo tanto del Estado, en abstracto, los demoledores, que son los mismos que gobiernan, se inventan artificialmente un Estado. Este Estado artificial es construido virtualmente por decretos y leyes inconstitucionales. Sobre las ruinas se edifica provisionalmente un Estado ficticio, maltrecho, con dispositivos refaccionados, pero inservibles, salvo para los intereses de los demoledores y posteriores reconstructores truchos del Estado artificial.

 

Aunque no se crea hay un más allá de la decadencia, esa prolongación de la destrucción, esa extensión insólita de la decadencia misma. Ese más allá de la decadencia es un monstruoso artefacto, un Frankenstein hecho con desechos, con materiales corroídos, juntados en un bricolaje horroroso. De las cenizas no emerge el ave fénix sino un ave de carroña que se alimenta de cadáveres y de lo podrido. Merodea en los basurales y en las ruinas.

 

No es exactamente el doble del Estado implosionado sino el hijo perverso, emergido de las ruinas. No es exactamente el Estado del terror, lo que era el Estado antes de implosionar, sino la decadencia encarnada, la prolongación de la decadencia en la monstruosidad misma del bricolaje después de la muerte.

 

Ya no se trata del jolgorio de los saltimbanquis, tampoco de la algarabía de los comediantes, sino del ritual incongruente de la putrefacción. La muerte de la política habría derivado en la alegoría del descalabro, del desastre, de las ruinas y los cementerios.

 

Si bien suponemos, teóricamente, la muerte del Estado, pero rehecho con el bricolaje de sus deshechos y fragmentos, lo que de ninguna manera implica el logro del autogobierno, sino la prolongación hipertrofiada del círculo vicioso del poder. Lo que conlleva a constatar que se da lugar a la continuidad de las dominaciones polimorfas, por las rutas de la violencia descarnada, sin institucionalidad, por los senderos de las formas paralelas del ejercicio del poder.

 

 

Degradación desmesurada y decadencia extrema

 

Vulneración de los derechos consagrados en la Constitución. Uso de los dispositivos del Estado para perpetrar delitos múltiples, jurídicos, políticos, constitucionales y económicos. Suspensión de las instituciones, de las leyes, las normas y las reglas. Prácticas de las formas de la violencia descarnada. Efectuación de la guerra no declarada, empero, efectiva, contra el pueblo y la sociedad.

 

El gobierno neopopulista retornado y sus apéndices, los órganos de poder del Estado, los instrumentos de emergencia, la policía y el ejército, los contingentes de funcionarios, además de la masa elocuente de llunk’us, conforman el diagrama de poder de la corrosión institucional y de la corrupción galopante.  Definen el mapa de la cartografía anti-política de la ocupación territorial de mafias estratificadas, distribuídas en el espacio social, institucional y estatal.

 

Esta es la situación de un país destruido, de un proceso de cambio asesinado por los supuestos conductores del mismo. Se trata de una degradación extrema y de niveles de la decadencia desmesurada. Esta situación de derrumbe político y social exige la inmediata emergencia de la responsabilidad social. Es menester la autoconvocatoria y la movilización generalizada del pueblo. Defender a los pueblos, a los colectivos, a la gente, a los individuos, contra el ejercicio del terrorismo de Estado, del terror desprendido por las mafias y los Cárteles. Contra un gobierno que es, en efecto, agente encubierto de las empresas trasnacionales extractivistas, del conglomerado burgués y de la híper-burguesía de la energía fósil.

 

 

Crisis del MAS

 

Para comenzar, es evidente la crisis del MÁS, pero, principalmente se trata de la crisis debido a la implosión del “gobierno progresista”, que ya se dio antes de la caída de Evo Morales. La dicidencia más importante se dio después de la caída del Caudillo, con la actual alcalde de la ciudad de El Alto, Eva Copa, disidencia que se dio durante el “gobierno de transición”. Ella ganó las elecciones para la alcaldía en contra del MAS.

 

Cuellar es dirigente del MAS del departamento de Santa Cruz, en todo caso, más allegado a apoyar la gestión del presidente Luis Arce Catacora. Sin embargo, eso de “renovación” es un eufemismo. Cuellar es más de lo mismo; se trata de dirigentes en competencia contra el entorno palaciego del Caudillo, empero, tan comprometidos con el clientelismo como los otros.

 

El conflicto principal del entorno palaciego, entre los del entorno, principalmente Álvaro García Linera, es contra David Choquehuanca, vicepresidente. Lo es a pesar de la guerra sorda del Evo y su entorno contra él. Debía haber sido el candidato a la presidencia, propuesto por las federaciones campesinas de La Paz, Oruro y Potosí, pero se opuso el Caudillo y su entorno, también se opusieron que sea candidato a la vicepresidencia. Es cuando reaccionaron las organizaciones sociales e impusieron la candidatura a la vicepresidencia de Choquehuanca.

 

David Choquehuanca fue el referente de la “reconducción del proceso de cambio” desde el conflicto del “gasolinazo”, renunció en el conflicto del TIPNIS, y tiene empatía de las organizaciones sociales, sin embargo, no se anima a hacerse cargo, ya no de la reconducción sino tan solo de la reorietación. La reconducción del proceso de cambio ya no es posible, el proceso de cambio a muerto en manos de sus conductores. De todas maneras David Choquehuanca es atacado implacablemente por el entorno palaciego del Evo y no es del todo aceptado por los grupos beneficiados por el provisional Arce Catacora.

 

Desde mi perspectiva, el MAS volvió, con toda su descomposición, a la implosión antes de la caída de Evo Morales. Experimenta la continuidad de la crisis de descomposición .

 

 

Gobierno clientelar

 

El gobierno de la forma de gubernamentalidad clientelar y de la corrosión institucional se ha convertido en la forma de corrupción más depravada. Ante develamientos de actos de corrupción de las autoridades oficialistas, todos los órganos de poder encubren a sus compinches, incluyendo a la Fiscalía, magistrados y jueces, miembros del sistema de extorsión. En consecuencia, se constata que el Estado ha sido carcomido, atravesando y controlado por el lado oscuro del poder. Ha desaparecido la práctica constitucional y la materialidad institucional. La corporación mafiosa es la que funciona campeante. Los medios de comunicación son cómplices de la decadencia a pesar de su hipócrita preocupación.

 

 

La burguesía de la hoja de coca excedentaria

 

No se inmutan, menos se sonrojan, al contrario, justifican sus fechorías como si fuesen “derechos” de casta. Aunque no se sabe por qué tendrían el privilegiado de esquilmar las arcas del Estado, después de haber depredado el trópico con la ampliación de la frontera agrícola de la hoja de coca excedentaria y haberla “industrializado”. Convertidos en Super Estado, la República del Chapare, gobiernan a su antojo un país convertido en su objeto y materia del poder. Esta burguesía mafiosa considera regular la transferencia de fondos con la excusa de “indemnización”. No se sabe de qué. Son la realización perversa del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

 

 

Autonomías indígenas

 

La impresión sobre la aprobación estatal de la autonomía indígena, por cierto parcial y singular, es que, en este caso, de la última promulgación de autonomía indígena, se trata de una lucha sostenida de los pueblos y la nación guaraní, fortalecida por la Promulgación de la Constitución, empero no cumplida por el gobierno neopopulista. Lo inaudito es exigir a las naciones y pueblos indígenas trámites burocráticos, como el de los Estatutos Autonómico, para acceder a su autonomía y autogobierno. Lo que podían haberlo hecho directamente desde la promulgación de la Constitución, practicando sus normas y procedimientos propios, como manda la Carta Magna. Sin embargo, en un ambiente adverso a las autonomías indígenas, contando, en la adversidad, con una Ley Marco de Autonomías, inconstitucional, colonial y centralista, han tenido que mantener la lucha por la autonomía indígena, incluso después de haber sido destruída la organización matriz del CIDOB, por parte del gobierno de Evo Morales Ayma. Parece, haciendo un balance provisional y somero, que han conseguido jurídicamente el reconocimiento institucional del Gobierno Autónomo Guaraní. Esto no significa una materialización del autogobierno ni la realización plena de la autonomía indígena. El Estatuto Autonómico de Charagua está supeditado al funcionario del Estado-nación, tramposamente llamado “Estado Plurinacional De Bolivia”.

 

 

¡Fuera empresas mineras!

 

¡Fuera empresas mineras del Parque Madidi! ¡Basta del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente! Es responsabilidad del pueblo clausurar la civilización de la muerte, el sistema mundo capitalista, la geopolítica de la destrucción planetaria. Si no lo hace es cómplice de la marcha macabra de la muerte, de las huellas ecológicas del ecocidio demoledor. El gobierno neopopulista y la comisión del Congreso  son agentes del crimen de lesa naturaleza. Son cómplices del delito inconstitucional y del genocidio de los pueblos indígenas amazónicos. Los medios de comunicación, como RTP, al final encubren esta destrucción del ecosistema, a pesar de su aparente preocupación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Raúl Prada Alcoreza

Escritor, artesano de poiesis, crítico y activista ácrata. Entre sus últimos libros de ensayo y análisis crítico se encuentran Anacronismos discursivos y estructuras de poder, Estado policial, El lado oscuro del poder, Devenir fenología y devenir complejidad. Entre sus poemarios – con el seudónimo de Sebastiano Monada - se hallan Alboradas crepusculares, Intuición poética, Eterno nacimiento de la rebelión, Subversión afectiva. Ensayos, análisis críticos y poemarios publicados en Amazon.

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