La vida está en otra parte


Raúl Prada Alcoreza




   

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La vida está en otra parte

 

Milán Kundera escribió “La vida está en otra parte”. Este título de la novela puede convertirse en un enunciado para expresar la enajenación de la política institucionalizada, que corresponde a una sociedad que ha logrado institucionalizar su propia enajenación, que no solo es ideológica. La sociedad enajenada cree moverse alrededor del Estado, que, en efecto es una idea, empero sostenida por la materialidad institucional. La sociedad institucionalizada se mueve alrededor del ficticio campo gravitatorio político del Estado. Esto es, el espectáculo.

 

La vida no está ahí, en este imaginario social institucionalizado, por lo tanto, la vida no se encuentra en el espectáculo político del Estado y de sus ejercicios gubernamentales, legislativos, judiciales y electorales. La vida se encuentra en las dinámicas sociales, moleculares y molares, en los despliegues y desenvolvimientos múltiples singulares de las asociaciones sociales, sus composiciones y manifestaciones. Sin embargo, estas dinámicas no son reconocidas estatalmente, más bien son ocultadas; no son irradiadas por el espectáculo. No son espectáculo.

 

Todo el ambiente mediático da cuenta del espectáculo estatal y de realizaciones gubernamentales dramáticas. La actividad mediática se encarga de tener atrapados a los públicos, obnubilados por el espectáculo. Atiende la serie de los conflictos políticos, las cadenas, los pleitos, haciendo hincapié en los juegos de poder, triviales y miserables. Se toma en serio la comedia proliferante de la política institucionalizada.

 

La vida no pasa por estos escenarios del espectáculo político, sin embargo, transcurren las representaciones, hace presencia el mundo de las representaciones, que ha terminado de ocultar al mundo efectivo. En el mundo de las representaciones políticas el centro gravitatorio es el Estado, pero es un centro imaginario y un campo gravitatorio político ficticio. Empero, tomado como “real” por el imaginario social institucionalizado y promocionado.

 

En esta atmósfera saturada, de la política institucionalizada, crece la expectativa del público seducido por el espectáculo y, debido a que no se resuelven los problemas acuciantes, comienza a expandirse la frustración, el desaliento y desasosiego. Se hace evidente que algo anda mal, empero, en vez de liberarse de los fetichismos ideológicos, se ahonda en entrampamiento de la fetichización generalizada. Se señala la crisis política y, en vez, de buscar la causalidad del desajuste, del desencuentro, de la incoherencia del espectáculo, se proponen hipótesis auxiliares y se buscan culpables.

 

La sociedad institucionalizada no puede escapar del encantamiento político y mediático, está atrapada en los juegos de poder, está subsumida en la trama de la comedia dramática de la política, mientras la vida está en otra parte.

 

 

La ironía fragmentada

 

Se define la ironía como la figura retórica que expresa lo contrario de lo que se quiere dar a entender, empleando un tono particular, unas palabras, que insinúan sugestivamente la interpretación inherente. Se trata de una burla fina, elaborada, que busca desmoronar los argumentos vertidos, que son el objeto de la ironía. También una situación trágica o dramática puede ser asumida irónicamente, mostrando temple, estando más allá del dolor o, en su caso, del sentido común y lo cotidiano. La palabra ironía viene del griego, eirōneía, que quiere decir disimulo o ignorancia fingida.

 

Se puede decir que la ironía es utilizada por Sócrates en su método dialéctico, teniendo en cuenta los diálogos de Platón. Después viene la mayéutica, procedimiento por el cual el exponente obtiene pedagógicamente el aprendizaje o la iluminación del interlocutor.

 

También se puede hablar de una ironía cómica, que juega con contrastes, para mostrar la contradicción inherente de lo que se dice en otro discurso o, en su caso, en una situación dada.

 

La ironía es un recurso retórico, las palabras son usadas en sentido opuesto a lo que se quiere expresar; de este modo, por oposición o encubrimiento simulado, evidenciar el sentido inmanente de lo que se quiere enunciar.

 

La ironía es un recurso fino en el debate. Lleva la discusión a otro terreno, el que se desenvuelve metafóricamente. No acude necesariamente a conceptos, pues no es una discusión teórica o filosófica. No necesariamente hace referencia al acontecimiento, el motivo mismo del debate o la discusión. El recurso a la ironía es pues útil pedagógicamente, ilustrativamente, aunque puede adquirir una tonalidad de burla.

 

En un debate, en ciernes o desenvuelto, la ironía sola no es suficiente; si esto ocurriera, adquiere otro sentido y finalidad, distinta a la pedagógica o a la ilustrativa, incluso distinta a lo ameno. En algunos casos se queda en la mera intención del encubrimiento, del ocultamiento, de la evasión del debate, pues no toca el problema, sino solo se queda en la invención política de la realidad.

 

Esto ocurre en ambientes saturados por los juegos de poder. Cuando el cinismo intelectual llega al extremo de la simulación y la impostura, encubriendo sus propias metamorfosis de camaleón. Cuando el intelectual mercenario no solo usa máscaras para ocultar su rostro, sino usa la retórica elaborada para justificar un crímen politico, la muerte del proceso de cambio y el desmantelamiento de la Constitución por parte de la casta política gobernante, la burguesía rentista, que busca perpetrarse en el poder, por procedimientos clientelares, y cuando se agota este recurso, por el método del terrorismo de Estado. El intelectual mercenario busca la legitimación imposible del régimen autoritario, el Estado policial, de manera retórica.

 

 

La ironía y la paradoja

Anotando observaciones agudas de Juan Pelerman Fajardo

 

Cuando desaparece el proletariado con consciencia de clase, cuando el peso de la explotación capitalista cae en el proletariado nómada sindicalizado, mientras el escaso contingente del proletariado sindicalizado, en comparación, se convierte en burguesía sindical, parte del conglomerado burgués que domina y explota al pueblo trabajador, es cuando los dirigentes serviles se ponen guardatojo y no se lo sacan para nada, ni para dormir, como queriendo mostrar espectacularmente, que son proletariado minero, justo cuando el proletariado, la clase para sí, ha desaparecido.

 

Los dirigentes del proletariado minero de la época heroica no se presentaban con el guardatojo en la cabeza, salvo para trabajar en los interiores de la mina, en los laberintos de los socavones. Se presentaban sin disfraces y sin máscaras, sin simulaciones ni imposturas. Tal como eran, combatientes de la lucha de clases, del proletariado y el pueblo.

 

Se vuelve a ratificar que, en ésta modernidad tardía, estamos sumergidos en la era de la simulación. La era de las estrategias virtuales y del juego de máscaras en escenarios espectaculares y mediáticos. La era de las burbujas autistas y de los ambientes hedonistas. La era de las imitaciones degradadas y en avanzado deterioro. La era del consumismo compulsivo y la desaparición de los espesores de la realidad efectiva, restringiéndola a la superficie de comedias de caricatura. En fin, una era del desborde proliferante de la impostura.

 

 

Los perfiles de la decadencia política

 

Gente sin escrúpulos, sin moral, tampoco ética. No tienen perspectiva ni ofrecen horizontes, restringidos al estrecho mundillo de sus prejuicios. Creen que la realidad es la que han construido las clases dominantes de antaño, la oligarquía y la burguesía gamonales, después, seguidamente las iniciales burguesías rentista que gobernaron a nombre del pueblo, mientras se enriquecían y despilfarraban los ingresos del Estado a nombre del desarrollo nacional. Ahora, en la actualidad política decadente, los neopopulismos y los neoliberalismos repiten el mismo drama, en simétricas poses, solo que con la ausencia absoluta de imaginación, además de la falta evidente de criterio, la desapareción de estrategias y tácticas. Solo la torpeza de los atropellos, los forcejeos callejeros y en el Congreso. A empellones y empujones se abren camino a la mediocre ocupación de sus curules, directivas y presidencias de comisiones.

 

No se hablaría de ellos, salvo en la crónicas amarillistas o, en su caso, en las crónicas rojas, si no fuera por la inercia ruidosa de los medios de comunicación, que desinforman y hacen gala de aburridos programas de “análisis” y de proliferantes diatribas, que más se acercan al espectáculo estridente del cachascán.

 

Los presidentes del senado y de la cámara de diputados sobresalen con su anodina presencia, en su vulgar diatriba y en la astucia criolla, despojada de toda argucia, aunque exaltada en apabullantes sandeces y torpezas. Repiten, en un espejo borroso o sucio, lo que sus líderes y gobernantes hacen, el papel reiterado de la comedia grotesca del teatro político, sin trama ni desenlaces; solo la órbita sin sentido del círculo vicioso del poder.

 

Lo que el neopopulismo deja, en la historia reciente política, es la huella ecológica, el vaciamiento inocuo de los pozos hidrocarburíferos y de los yacimientos de minerales, los cementerios mineros, repitiendo groseramente lo que los gobernantes anteriores hicieron, una y otra vez. Perpetrar el saqueo de Bolivia.

 

Uno de los discursos de legitimación de esta decadencia política, de esta degradación ética y moral, de esta proliferante mediocridad desbordada, se inviste de simbolismos místicos y telúricos, empero armados inadecuadamente en una narrativa inconsistente y anacrónica. Hablan a nombre de la “Pachamama” después de haber cometido matricidio; ecocidio de este populismo folclórico. Todos estos voceros, desde los más cínicos, disfrazados de jacobinos, hasta estos elocuentes folcloristas de la “Madre Tierra”, etnocidas y ecocidas en la práctica, pasando por el aletargado tono anacrónico y rezagado del desarrollo por sustitución de importaciones, son, efectivamente, agentes encubiertos de las empresas trasnacionales extractivistas y eunucos serviles del imperio, de la dominación mundial de la híperburguesía de la energía fósil.

 

 

Esquematismo dualista sin grises ni colores

 

Se mueven en una dispersión anclada en un imaginario extremadamente esquemático y pobre, solo hay blanco y negro, ni siquiera los matices y las distintas tonalidades de los grises, mucho menos concebir un imaginario que toma en cuenta los colores. En realidad, lo que tienen en la mente es un invento reducido a un esquema dual, cuyo balbuceo corresponde a un intento incipiente de narrativa, centrada en un evento que nunca pasó salvo en sus cabezas. El evento donde comenzaron a ser las únicas víctimas de un relato de buenos y malos. Los eternos buenos y los eternos malos. Ellos son las víctimas eternas, aunque ahora gobiernan, controlan el Estado y ejercen el poder. Los otros, que, mas bien, son varios, distintos, diferenciables, son lo mismo, los eternos malos, aunque reciban la represión del gobierno y sean objeto del terrorismo de Estado.

 

Esta invención de la política, que pretende ser presentada como realidad, una realidad caricaturesca, sin espesores, sin tonalidades, solo caricaturas de una dualidad elemental, es la que transmiten los voceros del gobierno, también los medios de comunicación, que hacen de eco sin imaginación de este balbuceo, que no logra construir una narrativa.

 

Lo que no entienden estos voceros de la diatriba gubernamental y los ecos mediocres de los medios de comunicación, además compartido por los voceros de “oposición”, que se encuentran también anclados en el mismo puerto inutilizado y olvidado, aunque rememorado por la nostalgia enfermiza de la casta política y mediática, es que tanto la versión gubernamental del régimen clientelar y corrupto, sus tristes voceros, las dirigencias apócrifas e impuestas, la oposición complementaria, forman parte de las nuevas formas diferenciadas del conservadurismo actual. Son la expresión variada de la decadencia de la casta política, de su Estado anacrónico y de las formas de la institucionalidad corroída y desvencijada. Disputan, entre ellos, la representación de esta decadencia. Pretenden ser los pilotos de una nave en pleno naufragio, que no puede ir a ninguna parte, salvo a su propio hundimiento.

 

Sin embargo, lo insólito es que aparezcan analistas que toman en serio estas versiones y la ficción simplona de esta deshilachada trama y fragmentada narrativa. Distinguen una “izquierda”, que no se sabe dónde está, de una “derecha, que se parece tanto a esa “izquierda”, al punto de borrarse sus límites y sus fronteras. Entonces, en la práctica, aparecen mezcladas y revueltos en una grotesca comedia, reducida a la perversión constante del círculo vicioso del poder.

 

 

  La marcha fúnebre

 

Cuando no queda nada dentro, incluso cuando lo que se mostraba era pura pose, juego de apariencias por exposición de simulaciones, se recurre a insistir desesperadamente en el teatro político, por más que no ofrezca promisorios resultados, pues el derrumbe y la implosión han llegado al nivel demoledor del desmoronamiento y diseminación apocalípticas.

 

Cuando no se tiene nada que ofrecer, salvo lo que se ha dejado como dramática herencia, la muerte del proceso de cambio, el desmantelamiento de la Constitución, la destrucción de la economía, de la educación y de la salud, fuera de haber enriquecido al entorno palaciego, convertido en burguesía rentista, se opta por la farándula de una marcha montada gubernamentalmete, con la masa elocuente de llunk’us, cada vez más parecida a un funeral, para enterrar al cadáver político, el Caudillo déspota, y a un conglomerado de corporaciones y gremios de la corrupción, que simula ser partido o movimiento.

 

Cuando se tiene los territorios del país arrasados, asesinando al horizonte y al porvenir, dejando ruinas y desiertos, deudas demoledoras, externa e interna, cuando se perdió la década en la proliferación de despilfarros y usurpaciones de las arcas del Estado, entregando ignominiosamente los recursos naturales a las empresas trasnacionales extractivistas, se inventa, con premura, una marcha sin sentido ni perspectiva, solo para mantener el eco de los gritos de agonía del moribundo, que quieren mostrar como si fuesen gritos de guerra. Solo son estertores o el sonido de la muerte, colgando en el aire, del cadáver político, cuya ausencia es habitada por el lóbrego fantasma.

 

La forma de gubernamentalidad clientelar se despide con una marcha funebre, después de haber implosionado su arquitectura de poder, carcomida por la corrosión institucional. Llevándose consigo a una “oposición” funcional y complemtaria del neopopulismo decadente, compartiendo la misma decadencia y desmoronamiento crepuscular.

 

 

El modelo anacrónico del terrorismo de Estado

 

Sorprende que coincida la desaparición del Estado justamente cuando el Estado se vuelve absoluto, cuando pretende absorber a toda la sociedad a las entrañas mismas de la maquinaria autoritaria, represiva por excelencia, iniciándose el camino al totalitarismo. Es la derrota de la política y la victoria de la violencia descarnada.

 

En estas condiciones, que se caracterizan por la implantación del Estado de excepción de facto, sin haberlo declarado, los dispositivos de emergencia se convierten en los brazos armados del gobierno en crisis, que lo único que tiene a mano para responder a la movilización social es el recurso de la violencia estatal y disfrazada, la de los grupos paralelos. Promocionados, organizados y hasta armados por el gobierno arrinconado. La policía deja de cumplir con las funciones, atribuidas constitucionalmente, para servir como guardia pretoriano del gobierno clientelar y corrupto.

 

Este modelo anacrónico de terrorismo de Estado se ha convertido en un modus operandi de regímenes autoritarios, manifiestos Estados policiales. Un retroceso respecto al Estado liberal y demasiado lejos de las transiciones revolucionarias, que transfieren la decisión política a la potencia social. Hay una geografía circunscrita de estos regímenes de la forma de gubernamentalidad clientelar y corrupta, en metamorfosis hacia Estados totalitarios. Ahora no solamente demagógicamente declarados partidarios de la “justicia social”, empero desnudamente máquinas del terror, de la violencia estatal desenvuelta y del control territorial de parte de corporaciones adulteradas y Cárteles.

 

La casta gobernante de estos gobiernos autoritarios corresponde a la burguesía rentista, emergida de la fabulosa corrosión institucional y de la corrupción galopante. El manejo no solamente discrecional de los recursos del Estado y de los recursos naturales, sino desbordandose en un manejo mafioso del erario nacional. Entonces en el enfrentamiento contra sociedad se ha conformado un bloque del terrorismo de Estado, los aparatos de los órganos de poder, la policía y el ejército, los grupos paralelos de represión, incluso grupos paramilitares. Todo esto encubierto, en parte, por organizaciones sociales apócrifas, digitada desde el ejecutivo.

 

En unos casos los gobiernos autoritarios pueden lograr su cometido, perdurar en el poder, empero lo hacen por un tiempo acotado. No es posible la perdurabilidad en el poder en un ciclo largo sin aproximaciones a la legitimidad y a los consensos. En otros casos los gobiernos autoritarios no logran su cometido y son detenidos, en su intento de perdurabilidad en el poder, por las resistencias y movilizaciones sociales. En estos casos los desenlaces dependen de las correlaciones de fuerzas y de la claridad de la compresión colectiva de la crisis, de las finalidades propuestas, sobre todo de la potencia emancipadora.

 

En tanto la sociedad y el pueblo no resuelvan sus contradicciones y limitaciones, sus inhibiciones, inoculadas por los diagramas de poder y las estrategias de dominaciones, no se avisora en el porvenir la apertura de nuevos horizontes históricos y culturales.

 

 

Abolir el Estado

 

El Estado se ha vuelto un botín, unos y otros se disputan su control, buscando, con el manejo gubernamental, el uso de la maquinaria institucional en función de la apropiación del excedente. Los aparatos de la maquinaria chirriante del Estado, corroídos, oxidados, refaccionados, hacen de heurística, técnica e instrumentalidad del ejercicio de dominaciones anacrónicas y derroches monumentales, cuyas finalidades se circunscribe a satisfacer trivialidades hedonistas y acumulaciones inauditas dinerarias.

 

El Estado mismo es anacrónico, se ha convertido en una hipertrofia que asfixia a la sociedad, a veces la atormenta, otras veces hace de amenaza, pero otras descarga su poder sobre la gente, la sociedad, el pueblo. Ocurre como si esta envejecida maquinaria intuyera la proximidad de la muerte y, en la víspera, intentará desesperadamente revivir o renacer asesinando. Montañas de víctimas harían de descomunal sacrificio, en ritual macabro, para dar vida a la misma petrificación de la muerte.

 

Los maquinistas de semejante mamotreto se esmeran por hacer útil la inutilidad misma, de hacer eficiente la ineficiencia misma, de hacer funcionar la disfuncionalidad misma. No entienden que se trata de un monstruoso artefacto de museo, una curiosidad en la historia del homo sapiens. Una historia que se puede resumir en la obsesión por los fetiches, por los artefactos, a los que se les atribuye vida sin tenerla. La vida la transmiten los brujos, los inventores de fetichismos religiosos, ideológicos, políticos, económicos; la vida es despojada de las poblaciones de víctimas, que padecen el aplastante peso y destrucción de la ilusión institucionalizada.

 

En pleno desmoronamiento de la espectacular comedia del ejercicio del poder, la casta política hace promesas de salvación, relanzando profecías desgastadas y delirantes, en plena implosión de la arquitectura de las dominaciones. Todavía hay gente que los escucha y hasta los sigue, en comparsas que danzan ingenuas al abismo.

 

En estas condiciones dramáticas, que pueden derivar en tragedia apocalíptica, se espera un momento de lucidez, de intuición subversiva, que comprenda que ha llegado el momento de abolir el Estado, el padre de todas las penurias de la humanidad. ¿Se dará lugar este momento de lucidez?

 

 

Autonomía, federalismo, confederalismo, comunitarismo y democracia plena

 

El federalismo y el confederalismo son conceptos e ideas anarquistas. El liberalismo ha reducido sus alcances, subsumidos a las finalidades de la burguesía y del Estado liberal. El federalismo y el confederalismo suponen la muerte del Estado, máquina de poder fabulosa de las dominaciones patriarcales y del ejercicio de poder del conglomerado burgués, que domina en las sociedades institucionalizadas.

 

De la misma manera como ocurrió con el concepto de autonomía, cuya matriz política es anarquista e indígena, en el continente de Abya Yala, las oligarquías regionales se agarraron del término, más no del concepto, mucho menos de su alcance y aplicación operativas. Han reducido pobremente el concepto de autonomía al tamaño de los prejuicios oligárquicos y del dominio centralista regional de las burguesías locales.

 

El gobierno neopopulista tiene el mismo desdén que las oligarquías regionales respecto a las conceptos políticos, sociales y territoriales de federalismo, confederalismo y autonomía. Es más, ha vulnerado la Constitución al elaborar y promulgar una Ley Marco de Autonomías, que abole, paradójicamente, las autonomías indígenas y el pluralismo autonómico establecido en la Constitución. El entramado de competencias autonómicas, inscritas en la Carta Magna, multiplica y refuerza el establecimiento de un régimen autonómico. Sin embargo, el gobierno central y los gobiernos departamentales han ignorado el régimen autonómico establecido en la Constitución.

 

Es un debate falso el que aparece mediáticamente entre algunos voceros de un supuesto “federalismo” y los voceros desubicados del gobierno neopopulista retornado. Ambos bandos, el neopopulista y el neoliberal regionalizado, son centralistas; es más, son estatalistas hasta el tuétano. Ni siquiera se aborda el mezquino alcance del federalismo liberal, que no es otra cosa que centralismo disfrazado. Ambos bandos no discuten competencia autonómicas, mucho menos las asumen operativamente. Ejercen el poder como siempre lo han hecho las oligarquías, las burguesías y la élites gobernantes, sean liberales o populistas, sean neoliberales o neopopulistas, como monopolio político y de la violencia. Garantizando la permanencia de los privilegios de clase, de casta y de élite gobernante.

 

Nadie tiene la voluntad política, menos la honestidad, de aplicar consecuente la Constitución. Solo disputan dominios, privilegios y el excedente. Lo hacen contra el pueblo, la sociedad y las naciones y pueblos indígenas, además de destruir los ecosistemas de las sociedades orgánicas.

 

Dada la crisis múltiple del Estado, del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, del sistema mundo capitalista, de la civilización moderna, en el contexto gravitante de la crisis ecológica, que amenaza la sobrevivencia humana, es responsabilidad de los pueblos y sociedades asumir su mayoría de edad, hacer uso crítico de la razón, hacerse cargo, como corresponde, del autogobierno, de la autogestión, ejerciendo plenamente la democracia.

 

Lo primero que se debe hacer es realizar y materializar la Constitución, mediante transformaciones institucionales y estructurales, practicando operativamente el Sistema de Gobierno de la Democracia Participativa, directa, comunitaria y representativa. Realizar el régimen autonómico, como corresponde, desplegando el entramado de competencias, de manera dinámica y democrática.

 

Lo segundo que se debe hacer es deliberar colectivamente, en múltiples asambleas, la transición del régimen autonómico y del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico hacia el federalismo y confederalismo plenos. Para llevar a efecto este paso es indispensable salir del círculo vicioso del poder y del círculo vicioso del espectáculo mediático, que entrampan al público, al pueblo, a la gente, en falsos dilemas y debates. Hay que abandonar a los triviales protagonistas del teatro político de la banalidad. El pueblo, la multitudes, los colectivos urbanos y territoriales, las comunidades, los grupos de individuos, deben ser los protagonistas realmente existentes.

 

 

El inconstitucional Plan de Desarrollo Económico y Social

 

El Plan de Desarrollo Económico y Social del gobierno neopopulista, retornado y reforzado, repite lo mismo que los anteriores planes económicos de las gestiones sinuosas del “gobierno progresista”. En primer lugar, su inconstitucionalidad; no responde a la estructura de la Constitución del Estado Plurinacional, Comunitario y Autonómico, no efectúa el desarrollo legislativo y de políticas, tal como manda la Constitución, la construcción colectiva de la ley y la construcción colectiva de la decisión política. En consecuencia, tampoco responde a la Organización Económica del Estado, que establece la Constitución.

 

La Constitución establece una articulación integrada de la economía pública, la economía social, la economía comunitaria y la economía privada. Define una combinación en transición de la composición dinámica de la industrialización  y el desarrollo sostenible, respetando la vida de los bosques primarios, en el contexto de defensa del medio ambiente y los ecosistemas. Prohíbe la exportación de materias primas, establece claramente que los recursos naturales no son mercantilizables, están destinados al vivir bien. Exige el cumplimiento de la función económico social, en lo que respecta a la propiedad de la tierra. En una perspectiva del fortalecimiento de la comunidad indígena. Como se puede ver, nada de esto se cumple ni se menciona en el Plan de Desarrollo Económico y Social del gobierno de Luis Arce Catacora.

 

Se trata de una recepción de lo mismo, del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, tal como lo ha desplegado su antesesor neopopulista, el Caudillo déspota. Se trata de una circunscripción económica y política reducida al Estado rentista y a la economía depredadora extractivista, hipertrofiando el carácter anacrónico de Estado tributario. Sin embargo, a pesar de repetir una grosera violación de la Constitución y mantener el carácter de Estado subalterno, al servicio de la híperburguesía de la energía fósil, el gobierno recurre a la desmesurada propaganda y publicidad mediática para presentar un plan inconstitucional y mediocre. Que no tiene perspectiva ante la crisis económica, política y social que se comienza a desatar. El costo social del mal gobierno del despilfarro, la corrosión institucional y corrupción galopante, durante quince años de gestiones gubernamentales clientelares.

 

La masa elocuente de llunk’us, el conglomerado de clientelas, de dirigencias apócrifas, convertidas en incipientes proyectos paramilitares, aunque experimentadas mafias de los tráficos ilícitos, aplauden semejante plan sin horizontes. Esta gente persigue, a través del terrorismo de Estado y la amenaza de las organizaciones paralelas del terror, inhibir la voluntad del pueblo y la sociedad, conduciendo de esta forma al país al abismo.

 

 

La muerte de la estadística

 

La estadística, la cuantificación, la medida de las composiciones de la magnitud, la cantidad, las cifras y los datos, el análisis cuantitativo, responden tanto a la aritmética de las frecuencias así como a la teoría de las probabilidades. La tesis de los grandes números y de sus regularidades tienen como referente la teoría de los juegos y el entendimiento del azar.

 

La demografía, la descripción de los fenómenos poblacionales y su análisis tienen como referente los procesos vitales, no solo medidos y ponderados en indicadores, sino también plasmados en el espacio. Los fenómenos migratorios y de movilidad demográfica no solo se estudian en la geografía y en el mediano ciclo, sino también en los fragmentos geográficos y en las trayectorias temporales de largo alcance, como en la demografía histórica.

 

Se ha sugerido pasar de la demografía a la demología, a una ciencia de la población, conteniéndo a la descripción en una interpretación y explicación de los fenómenos poblacionales. La estadística ha desarrollado la estadística social y la demografía ha incorporado las dinámicas sociales como factores inherentes a los fenómenos poblacionales. La geografía cuantitativa ha convertido el espacio en producción espacial de las dinámicas de las fuerzas en el espacio. Como se puede ver hay todo un desenvolvimiento del conocimiento de la cantidad, de sus composiciones, de sus estructuras y de sus ritmos y regularidades, avanzando de un análisis de los datos a una semiología de los datos.

 

Todo este conocimiento, a través de los estudios de la  cantidad, se hace posible por el despliégue de lo que podemos llamar la epistemología de la cantidad. La estatalización de los datos ha congelado la comprensión, el entendimiento y el conocimiento de los datos, convirtiéndo a la estadística y demografía en meros instrumentos del Estado. Peor aún, cuando un gobierno reduce más los alcances de esta heurística estatal a la manipulación de los datos. Es cuando muere la estadística y la demografía para convertirse en una vulgar cocina de cifras que no llegan a ser datos.

 

Hace tiempo que el INE es un cementerio de lo que un día fue el instituto nacional de estadistica, que en paz descansa en el silencio de los números, convertidos en balbuceos y delirios de políticos sin formación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Raúl Prada Alcoreza

Escritor, artesano de poiesis, crítico y activista ácrata. Entre sus últimos libros de ensayo y análisis crítico se encuentran Anacronismos discursivos y estructuras de poder, Estado policial, El lado oscuro del poder, Devenir fenología y devenir complejidad. Entre sus poemarios – con el seudónimo de Sebastiano Monada - se hallan Alboradas crepusculares, Intuición poética, Eterno nacimiento de la rebelión, Subversión afectiva. Ensayos, análisis críticos y poemarios publicados en Amazon.

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