Qué tal, como la ven. Se creían los mejores del barrio, indomables, todopoderosos, inmortales: con sus millones, su tecnología, viajes espaciales, computadoras, redes, misiles, bomba atómica, el indomable Wall Street.

Le sacaban la lengua a la gente que protestaba, se dedicaron a destruir el medio ambiente por todo lado defendiendo sus negocios contaminantes. Destruyeron sus sistemas de salud obsesionados con la privatización y ambición desmedida, destruyeron sus sistemas laborales con derechos elementales para clase trabajadora.  Le hicieron creer a la gente que el mercado lo resuelve todo, cambiaron ciudadanos por consumidores compulsivos que hacen del supermercado su gran templo y, aquí estamos.

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¡Ahora, a ver pues, métanse conmigo, sólo mido la milésima parte de un cabello humano!

¡Arrogantes, idiotas! ¿Sabían que mi enemigo número uno no es ustedes sino una leve masa de jabón? Así como ustedes se disfrazan de “demócratas y santos defensores de la civilización” nosotros les damos su vuelto con las nuevas variantes.

¡Hasta cuando aprenderán orates desalmados!

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