Meditaciones en el ojo de la tormenta

Raúl Prada Alcoreza

Publicado el: 17 enero, 2021 32 min.    + -   

Meditaciones
en el ojo de la tormenta

Raúl Prada Alcoreza






 

 

Meditaciones filosóficas

 

Pensamiento y realidad

 

La realidad ha sido y es un desafío para el pensamiento, aunque el pensamiento no deja de formar parte y pertenecer a la realidad. Se puede decir que el pensamiento o, mejor dicho, el devenir pensamiento, deviene, de los devenires de la realidad o, si se quiere de las dinámicas complejas e integrales de la realidad. Concretamente el pensamiento forma parte de la fenomenología de la percepción y de la fenomenología corporal, ambas fenomenologías son componentes de las fenomenologías ecológicas. Ciertamente pensar tiene que ver con razonar, pero tenemos que insistir que hablamos, de manera integral del razonamiento concreto, que se potencia en la fenomenología de la percepción. Lo que se ha venido en conocer como razón abstracta no es más que una forma acabada del razonamiento concreto; no hay razón abstracta independiente de la percepción y de la experiencia corporal, salvo en el imaginario de la filosofía moderna. Entonces, se puede decir que pensar es razonar con todo el cuerpo, con toda la experiencia corporal, que, en lo que respecta a los entramados corporales, se amplifica como experiencia social.

 

Pensar es interpretar la realidad, lo que equivale a hacerse cargo de la realidad desde las configuraciones del pensamiento, es decir desde las intervenciones intelectivas hechas usando el lenguaje y recurriendo a la cultura. Tanto el lenguaje como la cultura tienen sus historias constitutivas, de desplazamiento y de transformación, aunque este último acontecimiento se dé de manera, mas bien, diferida. Pensar también es reflexionar, considerar un tópico, una temática, una problemática, incluso considerarse a uno mismo, analizar, evaluar, interpretar. El pensar se desenvuelve en íntima relación consigo mismo y con el mundo. El pensamiento puede realizarse en distintas formas de expresión, ideas, metáforas, configuraciones, narrativas; en lo que respecta a la filosofía se construyen conceptos. Las ciencias también construyen conceptos de otra índole, descriptivos y explicativos, en tanto que los conceptos de la filosofía son ideas sintéticas, corpus teóricos de sistemas interpretativos.

 

La realidad es operada por el cuerpo, por el entrelazamiento corporal, por el entrelazamiento social, por el entrelazamiento cultural, por la intersubjetividad, por el espíritu, que corresponde a la comunidad. Entonces se puede hablar del devenir realidad, desde el devenir corporal, desde el devenir social, desde el devenir cultural, que suponen la constitución de la materia, la constitución de la naturaleza, la constitución de la realidad, la constitución del espíritu. Podemos situar la construcción conceptual en la fenomenología de la percepción, basada en la experiencia corporal, en la experiencia individual, singular, y en la experiencia social. Entonces los conceptos vienen a ser devenir teórico en el devenir realidad, realizaciones teóricas de la fenomenología de la percepción.

 

Pensar es comprometerse, es también exponerse, ser comunidad, es colocarse en situación vulnerable, hurgar con la mirada a los propios espesores del cuerpo, es tomar consciencia de la propia condición existencial de la condición humana. Sus posibilidades y potencialidades. Hay que aclarar, el pensamiento no es imitar pensar, hacer teatro donde se actúa como pensador. El pensamiento supone la experiencia del padecer, así como también supone a la experiencia del goce, a la plenitud de la alegría; el pensamiento acude a la experiencia del sufrimiento, así, como también, en contraste, acude a la experiencia del entusiasmo. El pensamiento acude al leguaje y a la cultura, otorga la palabra a la experiencia; es decir, otorga, la palabra al cuerpo, en consecuencia, el cuerpo habla.

 

Hannah Arendt se forma en filosofía, estudia filosofía, se hace filósofa. Empero, no está contenta con este logro, pues le parece un logro abstracto y limitado ante los desafíos de la situación y la coyuntura local, nacional, continental y mundial. Siendo consecuente, teniendo en cuenta su compromiso, opta por la política. Se puede decir que inaugura una nueva configuración de la filosofía política y de la política que habla filosóficamente.

 

La tesis de doctorado de Hannah Arendt es sobre el amor en la filosofía de San Agustín; en la tesis distingue el amor placentero y el romántico del amor al creador, también lo distingue del amor al prójimo. El amor al prójimo es lo que caracteriza al cristianismo; por este recorrido, el cristianismo primitivo es lo que se convierte en uno de los substratos del acontecimiento del renacimiento, después en uno de los contenidos implícitos del humanismo. Pero, el humanismo no puede asumirse solamente abstractamente, sino en sus específicas singularidades, entonces en las demandas concretas de los que padecen y gozan las proliferantes vivencias de la hominización y de la humanización. La experiencia dramática del periodo de la entreguerra y, después, de la posguerra, la lleva a la toma de consciencia de su condición ineludible de judía. Se ve obligada a defenderse ante los avasallamientos del nacional socialismo como judía, no solo como ciudadana del mundo y portadora de los derechos humanos.

 

Sus investigaciones sobre el romanticismo le llevan a descubrir la intensa trayectoria de vida de Rahel Varnhagen, historia de vida con la que se identifica. Le dedica un ensayo reflexivo sobre la condición judía en la modernidad, en lo que respecta al referente del análisis, sobre la condición judía en el siglo XIX, La vida de una judía.  Este ensayo es una excusa para la auto-interpretación y la introspección propia. Hannah Arendt se interpreta desde la biografía intensa y problemática de Rahel Varnhagen.

 

Orígenes del totalitarismo se escribe después, cuando se encuentra ante los desenlaces histórico-políticos, cuando se requiere hacer un balance integral de lo que pasó en ese periodo beligerante y ultimatista del siglo XX. Hay que tener en cuenta que Hannah Arendt renuncia, por así decirlo a la filosofía, y opta por la política, se convierte en una activista política, activista política como judía, pero también como militante antinazi; posición política que deriva en su proyección política de la Confederación Judío-Árabe. El contexto de los Orígenes del totalitarismo abarca la historia de la modernidad, sus ciclos largos, económicos y sociales; lo llamativo es que esta historia coincide con el nacimiento y desplegué, además del desenvolvimiento del racismo. El racismo, entonces, es un fenómeno moderno. Sintomáticamente el racismo coincide con  la conformación del Estado moderno, del Estado-nación, cuando el mito de la nación se opone a los emigrados incorporados , asimilados o no, a la sociedad , empero, no así al sistema de los derechos ciudadanos. En el caso europeo, sintomáticamente, el Estado-nación se opone efervescentemente, al pueblo judío, considerándolo en sus distintas estratificaciones, inclusive, en la pirámide de la jerarquía de la estructura social, a la excepción privilegiada que era la burguesía financiera judía, burguesía que financió a las monarquías absolutas, que incluso, en algunos casos, fue asimilada a la aristocracia y a la nobleza. Cuando se buscó la implementación de la ciudadanización de los judíos, a partir de las normativas napoleónicas, la burguesía financiera se opuso a esta democratización de los derechos ciudadanos, porque abolían el privilegio de la excepcionalidad en tanto que participe de la clase dominante.  

 

El antecedente de este racismo en la genealogía de la modernidad es el colonialismo; el colonialismo es el sustrato de donde emerge el sistema mundo capitalista. Primero comienza el colonialismo moderno en la inauguración misma de la modernidad, cuando la tierra se constata como esférica, cuando el mundo es mundo, es decir, adquiere la condición plena de abarcamiento mundial, cuando, dicho literariamente, los siete mares se integra, así como los mercados, y se da lugar propiamente al mercado mundial. También cuando los productos de la tierra, de las regiones, de las localidades agrícolas, circulan por todo el orbe planetario. Esto ocurre después de la conquista de Tenochtitlan. Hannah Arendt analiza el colonialismo africano, cuando las potencias imperialistas europeas se reparten el continente del África. Tomar en cuenta este antecedente es sumamente importante y esclarecedor en lo que respecta al fenómeno de la deshumanización. Se convierte a los humanos en cosas, para después convertirlos en esclavos, posteriormente, durante el colonialismo del siglo XIX, en plena revolución industrial, la expansión “civilizatoria” europea despoja a los pueblos africanos de sus territorios, de sus recursos naturales y de su soberanía. Las culturas nativas son destruidas o fragmentadas, marginándolas o arrojadas a las sombras. El desconocimiento del derecho de los pueblos y las naciones, la suspensión de los derechos del hombre, que después van a ser nombrados como los derechos humanos, hace desaparecer la política, sustituyéndola por la concurrencia de geopolíticas anacrónicas. Estas dinámicas coloniales, acompañadas por las dinámicas económicas de la expansión extraterritorial, el imperialismo, subordinan el Estado-nación a la lógica expansionista imperialista.

 

Durante el siglo XIX tanto el Estado-nación, así como el imperialismo, ingresan a la crisis múltiple de estas formaciones histórico-políticas. La concurrencia imperialista, es decir, la paz imperialista se clausura, deriva en la conflagración bélica continental y mundial.  Se desata la primera crisis de sobreproducción, que adquiere la forma de la crisis económica de 1929; la recesión, el paro, la inflación y el disfuncionamiento financiero son los síntomas de la crisis del ciclo del capitalismo vigente. Todo esto repercute en la crisis social y en la crisis política, es decir, en la crisis de legitimación y crisis institucional. En este contexto se dan movimientos sociales y movimientos políticos de magnitud, que, en algunos casos, deriva en revoluciones. Empero, también se dan fenómenos sociales y políticos que canalizan el ímpetu del descontento social a formas anacrónicas y recalcitrantes de conservadurismo barrocos. En unos casos de carácter nacionalista y chauvinista; en otros casos en la conformación corporativista de la política, el fascismo; en un tercer caso se manifiesta como totalitarismo, que es el concepto que construye Hannah Arendt. El fenómeno del totalitarismo adquiere la forma dualista, simétrica, paradójicamente, contrastada y complementaria, del nacional socialismo, por un lado, y del estalinismo, por otro lado, es decir, la revolución socialista institucionalizada, burocratizada y convertida en la máquina abstracta del poder, deshumanizado y vaciado del ejercicio de la política, salvo la pronunciada propaganda y la difusión “ideológica” banal y proliferante. Estos totalitarismos, que se proponen la dominación mundial, van más allá de las pretensiones de los imperialismos, que eran básicamente expansiones desbordantes económicas. Los totalitarismos pretenden el dominio absoluto planetario, integrando todos los campos sociales a la adecuación instrumental que se encamina a la realización de una finalidad abstracta, que en sentido concreto implica la muerte no solo de la política, sino de la sociedad y de la humanidad.

 

 

La pregunta

 

No hay que preguntar, qué se busca cuando se lo hace, ¿la pregunta por el sentido del ser? El sentido es el hogar añorado donde esperamos refugiarnos al volver, como cuando retornamos a la casa después de un largo viaje para ver el mar, cruzando el oleaje lerdo de la cordillera, después de haber atravesado el Altiplano, abrigado por el poncho y cubierto por el pasamontaña. El ser es lo que queda después de haber expuesto el cuerpo, que, curtido y endurecido, encapsula la huella del olvido. No hay respuesta para las preguntas, tan solo tejidos del lenguaje, que habla con el entusiasmo de la piel y la sabiduría de la voz que se empapa de melodía, inscribiendo en la carne los recorridos de los ríos, buscando desesperados la playa donde depositar sus huesos.

 

 

Líneas de fuga

 

Deberías irte como se van los desaparecidos, llevándose sus sombras como si fuesen maletas o mochilas. Se van casi sin dejar rastro, salvo la tenue huella de su recuerdo, que se hace vaporoso o se convierte en una estela abandonada por un cometa fugaz, que se olvidó llevársela consigo. Debería irme como se van los recuerdos en una memoria cansada de tanto buscar en sus recovecos la imagen primordial del universo infantil y travieso, ahora ausente, que hasta dudamos que alguna vez haya existido. Tú no puedes irte, yo tampoco. Quedamos apostados en la contemplación detenida en la cumbre de la montaña, que bordea la casa como si fuese un sueño.

 

Todo debería cambiar, empezando de nuevo, comenzando otra ruta, dándose la oportunidad de otra experiencia. Pero, todo sigue igual, repitiéndose las mismas escenas, repasando la misma trama que de tanto ser usada se encuentra ajada y desteñida, pero, parece que eso es lo que se persigue, la inclinación a inaugurar el mismo día y la misma noche, para no aventurarse en otros días y otras noches, que pueden ser tan distintos, irreconocibles. Es miedo, también costumbre, un conservadurismo madurado en la constancia de la misma receta, los mismos procedimientos, para obtener los mismos resultados, el ritual que esconde la profunda frustración, la muerte de la esperanza.

 

 

El presente

 

Podemos hablar, en el presente, coyuntura perdida en su laberinto, caracterizándolo como momento crucial de la diseminación generalizada. Disolución irremediable de los ámbitos, del íntimo, el privado, el social, el político y el cultural, pasando por la disolución del ámbito económico también.  Los individuos, las familias, los grupos, los colectivos, las comunidades e incluso las naciones se hallan extraviadas en una mundanidad diseminada, pulverizada, cohesionada solo virtualmente. Los grandes relatos quedan en el olvido o en la memoria erudita. Ni siquiera de las ideologías queda el buen recuerdo, salvo la mención de palabras y fragmentos discursivos vaciados de sus contenidos. Lo que da la ilusión de mantener algún sentido es la estridencia reiterativa de la publicidad de los medios de comunicación.  El nihilismo de la modernidad habría llegado a su desenlace fatal, la diseminación de la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Meditaciones políticas

 

 

Reemergencia de los totalitarismos

 

En los nacimientos de los totalitarismos las formas de su aparición adquieren un carácter aparentemente ideológico, cuya esmerada expresión o desesperación busca mostrar sus extremismos, pretendidamente radicales, aunque emerjan de substratos harto conservadores. Cuando los totalitarismos, en ciernes, se desarrollan, atraen al “populacho”, que es distinto de lo popular. El “populacho” se conforma añadiendo aditivamente a individuos aislados, atrapados en sus abrumadoras frustraciones. Cuando ocurre esto, cuando se conforma el “populacho,” y comienza a actuar como “masa”, es cuando adquiere las formas de manifestación de la violencia exacerbada. El “populacho” no saca lo mejor de la población, sino más bien, la mediocridad desalentadora e inculta, sin memoria, salvo la de sus prejuicios que no alcanza  lograr una mínima o escaza narrativa. Este es el perfil del hombre del “populacho”, convertido en masa beligerante. Los discursos del totalitarismo pueden adquirir las formas estridentes del nacionalismo más chauvinista, la insulsa supremacía blanca, o las formas melosas de una pretendida oratoria social, que esconde el recóndito espíritu de venganza de una burocracia anodina, que tiene en sus manos demoledores dispositivos de poder.

 

Lo que pasó en el Capitolio de los Estados Unidos de Norte América es como la reiteración de lo ya visto antes, un nuevo intento de retomar el camino destructivo del totalitarismo. Ya Hannah Arendt nos advirtió, lo que pasó con el nacional socialismo y también con el descomunal patriarcalismo del “gran timonel”, la versión del “modo de producción asíatico” en la desmesurada forma del despotismo burocrático, la deshumanización y la desaparición de la política, embarrancándose en el genocidio mecánico, puede volver a ocurrir. La responsabilidad de los pueblos radica en actualizar y hacer dinámicas las memorias, el pensamiento crítico y la potencia social. Hay que evitar volver a caer en la ciénaga de un nuevo oscurantismo.

 

Respecto a lo sucedido en el Capitolio se ha evidenciado no solamente la superficialidad de los medios de comunicación, para los cuales es una sorpresa lo acaecido, cuando, en realidad, ha venido sucediendo desde que Donald Trump asumió el gobierno. A muchos medios les pareció cotidiano, aunque, excéntricas, las poses delirantes de la “supremacía blanca”, casi olvidando que se trata de un descomedido atentado contra los derechos civiles, políticos, sociales y humanos, contra la institucionalidad democrática y contra la Constitución. Los medios de comunicación aceptaron como tolerable la proliferación de la violencia racista, sobre todo encarnada en un delirante líder del ultraconservadurismo norteamericano.  Incluso “analistas políticos” y otros que se hacen pasar por “académicos” hacen elocuencia de su estrechez reflexiva, además de descomunal olvido y su desconocimiento, fuera de su lejanía respecto a la ética, cuando ignoran en sus análisis el avezado desconocimiento de la victoria electoral demócrata, diciendo banalidades dignas de conversaciones de bar. Entre las cantinfladas hacen gala de la especulación vacía de las “teorías de la conspiración”, reduciendo el conflicto de los grupos fascistas a una concurrencia y compulsas de “razas”, recurriendo, sin inmutarse de su sandez, a una pseudohistoria de los “fundadores de las trece provincias” de Norte América.

 

Los pueblos tienen la responsabilidad de evitar la emergencia de nuevos totalitarismos y holocaustos. Si en algo se pueden ponerse de acuerdo es en la defensa de la democracia, que es la base, el substrato, el conjunto de las reglas del juego y la predisposición política, la voluntad social, para consensuar transiciones en la perspectiva del porvenir de la humanidad y el futuro ecológico del planeta.

 

 

Desaparición de la política

 

Hay distintas maneras de hacer desaparecer la política, paradójicamente por parte de la casta política. Una es suspender la acción política y sustituirla por la proliferación de las violencias, manifiestas y encubiertas; otra es la marcha compulsiva hacia el totalitarismo. Una tercera tiene que ver con la clausura de la deliberación y el ejercicio interpretativo del discurso; en este caso se opta no solo por el panfleto y la diatriba, sino también por la ausencia total de la mínima argumentación y construcción de sentido, por escaso que sea. Una cuarta manera tiene que ver con la ya chabacana “astucia criolla”; se maniobra constantemente, se manipula obsesivamente, se copa lugares e instituciones, usándolos como dispositivos de poder.  La historia política reciente nos muestra que la casta política no aprende de sus errores, los repite como si nada hubiera pasado. En otras palabras, una vez que retorna vuelve a cavar su tumba.

 

 

 

Psicología de masas

 

En la psicología de masas anidan contradicciones profundas. La constelación de sus representaciones no responde, de manera inmediata, a la estructura económica vigente, sino que, más bien, se trata de conformaciones rezagadas y heredadas de distintos períodos. Cuando aflora la crisis social y económica, emergen comportamientos rebeldes, pero que tienden a justificar sus conductas mediante la selección de ideaciones ancladas, que corresponden a este bagaje anacrónico de representaciones, conglomeradas en la memoria social dispersa. Muy pocas veces se asume la responsabilidad de elaborar interpretaciones adecuadas a la realidad efectiva y al presente experimentado socialmente. Cuando esto ocurre, se produce un trastrocamiento de las estructuras sociales, económicas y políticas; lo que acontece escasas veces. Lo que lastimosamente se repite las más de las veces, cuando no acontece la actualización de las ideas, es que el origen de la motivación rebelde se encubre con ideas anacrónicas, que terminan siendo efectivamente reaccionarias, incluso claramente recalcitrantes y conservadoras. Entonces las acciones desplegadas, en vez de revolucionar las condiciones históricas, sociales, políticas, económicas y culturales, retroceden a lo mismo, a la misma decadencia anterior, solo que en versiones cambiadas, pero siguiendo equivalente guion y la misma trama. Se reproduce, nuevamente, el eterno retorno de las dominaciones polimorfas y el decadente círculo vicioso del poder. De este modo se pasa de la tragedia a la farsa, se pasa de una comedia a otra cada vez más grotesca.

 

 

El compartido modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente

 

El modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente es compartido por la gubernamentalidad neopopulista y la gubernamentalidad neoliberal, ahora por el neopopulismo reforzado, que ha retornado, a la misma órbita del círculo vicioso del poder.  Ambas formas de gubernamentalidad regalan excedente a las empresas trasnacionales extractivistas, beneficiadas con la Ley Minera entreguista, promulgada por el régimen clientelar y corrupto de Evo Morales Ayma. En pleno desborde de la crisis económica, después de despilfarrar los recursos del Estado y corrupción galopante, concediendo recursos naturales a las trasnacionales y a la burguesía agroindustrial, ganadera, colonizadora y de la coca excedentaria, el gobierno neopopulista reforzado solo atina a buscar salidas mezquinas en impuestos acotados a la pequeña élite restringida. Con lo que vuelven a develar el servilismo neopopulista y neoliberal al dominio oprobioso de las trasnacionales extractivista, del Sistema Finaciero Internacional, del Banco Mundial y del Fondo Monetario internacional. El pueblo ha votado por una versión reforzada de lo mismo: el eterno retorno colonial del capitalismo dependiente. 

 

Si bien el gobierno del neopopulismo reforzado se posesiona, por la victoria electoral, sigue siendo inconstitucional como los dos gobiernos anteriores, el de “transición” y el neopopulista, pues no cumple, como éstos tampoco, con la Constitución, que establece la estructura jurídica y política del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico; el régimen de Evo Morales Ayma restauró el Estado-nación, solo le cambió el nombre, como un barniz. La Constitución establece el Sistema de Gobierno de la Democracia Participativa, Directa, Comunitaria y Representativa. Paradójicamente, desde la promulgación de la Constitución (2009), el ejercicio político sigue siendo el de la democracia formal y liberal, solo representativa. El gobierno clientelar y corrupto neopopulista desnacionalizó los hidrocarburos con los Contratos de Operaciones, con lo que se efectuó una traición a la patria.  El gobierno del caudillo déspota arrastró al país a la tercera derrota de la guerra del Pacífico, también traición a la patria, al confundir la demanda marítima con una campaña electoral. Si el pueblo ha vuelto a llevar al gobierno a este neopopulismo, ahora reforzado, que no es otra cosa que usurpación e impostura, además de desmantelamiento sistemático de la Constitución, es que es cómplice en la construcción de derrotas, en la traición a la patria y en el saqueo de Bolivia, entregando los recursos naturales a las trasnacionales extractivistas. Apoya la destrucción de los ecosistemas con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente y la quema demoledora de bosques, ampliando la frontera agrícola desmesuradamente en beneficio de la burguesía agroindustrial, ganadera, soyera, de la coca excedentaria y de la industria de la cocaína. Un pueblo que se comporta de esta manera, que desea al amo y al patrón, sea éste de la oligarquía o de la burguesía rentista, se invista de liberal o aparezca como caudillo, imitando la convocatoria del mito, no tiene provenir.

 

 

Politiquería

 

Hay gente, dedicada a la politiquería, en realidad, inclinada al oportunismo descarado y al pragmatismo programático grosero, que confunden la política con el comercio de promesas trasnochadas incumplibles, con el beneficio privado, usando los bienes del Estado. Esta gente confunde también, en su desesperación y enajenación, la política con la guerra. Además, creen que ser bribones es una viveza, esta “astucia criolla” expresa elocuentemente en el comportamiento crápula y las miserias humanas.

 

La desaparición de horizontes, la mediocridad estridente, son las características de estos “políticos” que, además, se creen “revolucionarios”. Estos “revolucionarios” de pacotilla son, en realidad, la burguesía rentista, en alianza con la burguesía de la hoja de coca excedentaria y de la industria de la cocaína, en convivencia con la burguesía agroindustrial y ganadera. En las elecciones pasadas todos estos estratos de la burguesía han competido por el control de la administración pública. Los distintos proyectos burgueses, en concurrencia, son inconstitucionales; no tomaron en cuenta las transformaciones estructurales e institucionales que exige la constitución.

 

Se viene un período económico de crisis, debido al despilfarro, derroche y corrupción del gobierno clientelar neopopulista, desplegados durante 14 años, y por la continuidad corrupta y pirómana del gobierno de “transición”, de menos de un año. Más de lo mismo, solo que con tonalidades más graves de la decadencia política. 

 

El gran perdedor es, como siempre, el pueblo, que no termina de aprender que puede prescindir de la casta política, de que el secreto del poder se encuentra en la donación de la potencia social a la casta política. La ingenuidad del pueblo es persistente y duradera; el problema es que el costo social y político es alto, la destrucción del porvenir. Lo único que hace una victoria electoral es ratificar los niveles de la decadencia política y del vaciamiento de la memoria popular y de las capacidades de lucha. A los colectivos radicales, propuestos a liberar la potencia social, les compete y se les otorga el compromiso rebelde de prepararse a una lucha consecuente, duradera, prolongada y radical contra el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, compartido por toda la casta política, de “izquierda”, de “centro” y de “derecha”, contra todas las tonalidades y formas de expresión y prácticas del círculo vicioso del poder.

 

El Sistema de Gobierno establecido por la Constitución es el de la Democracia Pluralista y Participativa, Directa, Comunitaria y Representativa. En consecuencia, como dice la Constitución se debe ejercer el Control y la Participación Social, la construcción colectiva de la política y de la ley. En pocas palabras, realizar inmediatamente las transformaciones estructurales e institucionales que demanda la construcción del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico. El pueblo, organizado en todas las formas y maneras posibles de la democracia directa, debe arrancar de los funcionarios y gobernantes la administración de la cosa pública y ejercer de manera consensuada, en asambleas, el ejercicio de la política.

 

El círculo vicioso del poder abarca todas las expresiones políticas, todos los perfiles políticos de la decadencia. El pueblo, concepto rousseauniano, también contiene y práctica ateridos conservadurismos, cuando no es consciente de sí mismo y para sí mismo, no ha salido de la conciencia desdichada.  El “pueblo” escoge entre los amos que lo van a gobernar, dominar y colonizar, sean neoliberales y neopopulistas. Cuando esto ocurre el “pueblo” es solamente esclavo; para que esto deje de acaecer es menester que libere su potencia social, logre madurez, haga uso crítico de la razón, se autogobierne.

 

 

La demagogia

 

La demagogia se ha convertido en una práctica usual de la casta política, sobre todo de los gobernantes. Hablan de tributación progresiva en un universo sumamente restringido de tributarios. Lo que obtenga el Estado de esta medida es paupérrimo, no resuelve nada respecto a la crisis económica que está a las puertas. En todo caso habría que aumentar el tamaño del universo tributario. Lo que se oculta con esta demagogia es la responsabilidad ante las causas de la crisis, debido a una administración clientelar, prebendal y corrupta durante 14 años.

 

 

Se llenan la boca cuando hablan del “modelo social-comunitario”, sin entender ni comprender de lo que hablan. Pura demagogia de oportunistas del pragmatismo neopopulista. La Constitución establece la conformación de la composición de la economía social y comunitaria. Esto implica la complementariedad de las distintas formaciones económicas y, sobre todo, la orientación del desenvolvimiento económico hacia la economía comunitaria, basada en los bienes comunes, pasando por la transición de la administración social de la economía. Cuando el presidente habla de “modelo social comunitario”, efectivamente se refiere al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, practicado por neopopulistas y neoliberales.

 

 

Apariencias exacerbadas

 

Ansioso de notoriedad, desesperado por el reconocimiento, es elocuente en la demagogia de la identidad exacerbada, más originario que los originarios, más indígena que los indígenas, reclama, a nombre de los pueblos nativos, para propagandizar su nombre como si fuese esencia anticolonial. Es justo cuando se devela el colonialismo cristalizado en sus huesos, confunde una máscara y el carnaval político neopopulista con lo que es lo indígena, la rebelión india, la lucha efectiva de los pueblos contra la dominación capitalista y de la colonialidad. Como mestizo, imbuido de consciencia culpable, se coloca en el lugar de la “vanguardia”, dirigiendo como maestro a las multitudes desposeídas. Otra herencia colonial, pretender ser “vanguardia” y maestro del pueblo “víctima”. Hace de juez, como inquisidor actualizado, señalando de “traición” a la crítica radical contra los impostores y “revolucionarios” de pacotilla.

 

 

Las frustraciones del último jacobino

 

Esconde sus frustraciones en un lenguaje violento, encubre sus vacíos en poses delirantes, el último Jacobino quiere emular a Robespierre del periodo del terror. Oculta sus atroces miedos en el teatro politiquero atiborrado de escenas rimbombantes y exageradas. Es un actor ya en decadencia, que quiere llamar la atención con gritos estridentes. La impostura es elocuente en todos sus actos y la vacuidad de sus improperios evidencia la perversión inédita del raciocinio, que desaparece cuando habla. En resumen, es responsable del fracaso y truncamiento del proceso de cambio, que sirvió para el enriquecimiento de la burguesía rentista del que fue el entorno palaciego. Efectivamente funge como agente encubierto de las empresas trasnacionales extractivistas del imperio. 

 

 

Procedimientos cobardes

 

No enfrenta directamente, usa sus fichas, recurre a mercenarios, hay quienes se prestan a sus juegos de grandeza; esa es la pequeñez de esta gente. Busca que alaben sus vacíos, sus mediocridades; hace pasar un panfleto, escrito apócrifo de descalificación, un “libro azul” de diatriba, como si fuese la crítica leninista del “infantilismo de izquierda”. No es más que una triste imitación de lo que fue el debate marxista después de la revolución socialista. Un documento elocuente en su mediocridad y estrambóticos argumentos. Pretende ser el último bolchevique, cuando es apenas uno más de la serie de actores e impostores de la política, trivial y oportunista de la modernidad tardía. Su ficha, como emulando a su referente de ficción, lanza acusaciones extravagantes e insostenibles. Forman un equipo en el teatro burlesco de la decadencia, donde pretenden ser los “auténticos” en el bochornoso carnaval neopopulista.

 

 

La conspiración del caudillo déspota

 

El caudillo déspota sigue creyendo que la realidad es relato, que depende qué se relata para cambiar la realidad.  Vuelve con la cantaleta, compartida por la inútil “izquierda” colonial, de que hubo “golpe de Estado”, cuando su régimen clientelar y corrupto implosionó estrepitosamente – todas las columnas y cimientos que lo sostenían estaban podridos. Desconoce incluso la victoria de su partido, MAS, que se reorganizó a través de la figura de reconducción de David Choquehuanca, con el apoyo militante de las organizaciones sociales, que nada quieren tener que ver con el entorno palaciego del caudillo, inclusive tampoco quieren la participación del caudillo exiliado y retornado, salvo la masa elocuente de llunk’us de la República del Chapare.

 

Lo que efectivamente hace el caudillo, herido en su ego descomunal e inflamado, es conspiración contra el nuevo gobierno, recién posesionado. En la práctica está montando, el caudillo y su entorno corroído y corrupto, un golpe de estado contra el flamante gobierno.

 

El pueblo boliviano, en defensa de la Constitución y la democracia y el voto popular, no debe permitir el decurso de semejante conspiración caudillista y de la mafia política, que acompaña al caudillo caído en desgracia. No debe permitir la marcha y el montaje del golpe de Estado, en ciernes, del caudillo celoso.

 

 

Sobre el ecocidio de los gobiernos neopopulistas y neoliberales

 

La responsabilidad del pueblo es parar de inmediato este ecocidio, etnocidio y homicidio diferido de los transgénicos, detener en el acto este crimen de lesa naturaleza. No hacerlo equivale a complicidad con el crimen. El llamado de la Madre Tierra, su convocatoria primordial, es defender la vida. Contra los ecocidas y criminales de la naturaleza y de los pueblos. Esta gente usa argumentos trasnochados y reputados empírica e históricamente, además por la ciencia.

 

El nuevo gobierno de la coca excedentaria, de la industria de la cocaína, de las empresas trasnacionales y de la burguesía agroindustrial, además de dispositivo del FMI, pretende lotear el Parque Nacional Tunari. Ha destituido al jefe de protección del parque, que ha luchado contra las mafias loteadoras.

 

El Director Departamental del INRA-Beni es un asesino de jaguares. Este personaje sin escrúpulos expresa fehacientemente las características ecocida, etnocida y depredadora del gobierno neopopulista, que retorna al poder después de las elecciones nacionales. Esta gente no tiene la menor idea de la Constitución y de los derechos de los seres de la Madre Tierra. Su comportamiento crápula manifiesta la decadencia y el derrumbe ético moral de la casta política. Los que votaron por las versiones, aparentemente opuestas, de la compulsa electoral son responsables de complicidad con el crimen de lesa naturaleza y la continuidad del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. 

 

 

Ausencia de cuantificación e ilegitimidad

 

La irreparable e irresponsable irrealización del Censo de Población y Vivienda, sustituyéndolo con un montaje grotesco  el 2012, sin efectuar la actualización cartográfica, requisito indispensable para el Censo, además de desbaratar la boleta censal, interviniendo en la parte de la boleta de comparación internacional, fuera de introducir preguntas que no responden a la metodología de la cuantificación, evidencian la falta de escrúpulos de un gobierno capaz de todo, inclusive dejar al país sin información demográfica, con el objetivo de controlar a la población votante  incluso inventarse “estimaciones demográficas”. Hoy no hay un patrón electoral que responda a la realidad demográfica, sino tan solo tanteos inciertos y especulativos sobre las cantidades poblaciones y su estructura demográfica. De tal manera que las elecciones resultan una aventura, conducida por funcionarios melindrosos del Tribunal Electoral y avalada por los partidos políticos en crisis y promocionada por un gobierno perdido en su laberinto. 

 

Después de las elecciones ameritan nuevos tribunales, entre ellos el TSE, sobre todo este último que fue elegido durante el “gobierno de transición”. No se puede ir a elecciones subnacionales con este tribunal, tampoco con el padrón, que sigue conteniendo falencias técnicas. El hecho de que el TSE actúe con violencia burocrática contra una vocal evidencia el encubrimiento de anomalías. En defensa de la democracia el pueblo tiene la responsabilidad de exigir transparencia, idoneidad, fiabilidad e imparcialidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Raúl Prada Alcoreza

Escritor, artesano de poiesis, crítico y activista ácrata. Entre sus últimos libros de ensayo y análisis crítico se encuentran Anacronismos discursivos y estructuras de poder, Estado policial, El lado oscuro del poder, Devenir fenología y devenir complejidad. Entre sus poemarios – con el seudónimo de Sebastiano Monada - se hallan Alboradas crepusculares, Intuición poética, Eterno nacimiento de la rebelión, Subversión afectiva. Ensayos, análisis críticos y poemarios publicados en Amazon.

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