Sátrapas y eunucos de los últimos tiempos

Raúl Prada Alcoreza

Publicado el: 15 octubre, 2020 13 min.    + -   

Sátrapas y eunucos
de los últimos tiempos

Notas sobre la decadencia política en la coyuntura electoral







 

Ecocidio

 

La civilización moderna es ecocida, basa su desarrollo en la destrucción planetaria. El sistema mundo capitalista avanza sembrando hogueras, ampliando la frontera agrícola, incendiando bosques y talando árboles, contaminando suelos, cuencas y el aire. El ecocidio es el costo del crecimiento y el desarrollo de la economía mundo. La medida de este desarrollo capitalista es plasmada en la extensión y profundidad de las huellas ecológica, la inscripción de la muerte. La metafísica económica pretende demostrar sus “beneficios” mediante la presentación de estadísticas e indicadores macroeconómicos; de la metafísica económica pasamos a la metafísica estadística, basada en un gran equívoco de cálculo; no se toman en cuenta en los costos económicos las transferencias de costos a la naturaleza. Si se hiciera esto, no habría ganancia, quedaría el resultado con un saldo negativo, lo que se le debe a la naturaleza.

 

El desarrollo capitalista es una ilusión, una ideología, es decir, una formación discursiva de legitimación del poder, que hace de dispositivo político y conglomerado de agenciamientos concretos de poder, que son los mapas institucionales, que sostienen la geopolítica del sistema mundo capitalista. Este sistema de demolición planetaria tiene como dos versiones paradigmáticas, entre otras más difusas y mezcladas; una es la economía de la abundancia, sostenida por la expansión del mercado, el consumismo exacerbado, la extensión del crédito impagable, la inscripción de la deuda infinita, que corresponde a la forma de Estado liberal; la otra es la economía de la escasez, sostenida por los aparatos burocráticos del capitalismo de Estado, llamado socialismo real, recientemente, socialismo de mercado.  Ambos paradigmas, paradójicamente, aparentemente se contrastan y, a la vez, se complementan. Ambas versiones del sistema mundo capitalista son igualmente ecocidas.

 

 

Cuero de anta

 

La sabiduría popular se expresa en los refranes populares, que conforman la herencia acumulada del sentido común. Una expresión que reclama contra el cinismo es la que dice: ¡Hay que ser cara dura! Otra cuando se interroga: ¿Con qué moral hablas? Otra, de alguna manera difundida y usada, por los menos en el pasado reciente, dice: ¡Hay que tener cuero de anta! Así mismo se señala como “cuerudo” al personaje que no aprende o que pretende seguir simulando o engañando. En las vísperas de las elecciones del 18 de octubre hay un estrato de la casta política, que se ha acostumbrado al comportamiento crápula, a la exacerbada demagogia, vacía y sin gracia, habla y acusa de un “posible fraude”. Podemos decir, acudiendo al acervo popular: ¿Con qué moral habla de fraude el maestro de los fraudes?  La impostura, la simulación y el descaro se han convertido en la práctica usual de la casta política, de “izquierda” o de “derecha”, para los tiempos bizarros de la actualidad, da los mismo, ambas expresiones discursivas hacen lo mismo en el gobierno, además de despreciar elocuentemente al pueblo, pues lo consideran su monigote o el sujeto social que está para aplaudir y escuchar todo lo que dicen los políticos, por más reiterativo que sea.

 

La órbita del círculo vicioso del poder

 

Parece incorregible la historia política, sobre todo, en su fase más decadente, ésta, la correspondiente al capitalismo tardío de la dominación del capitalismo financiero, extractivista y especulativo. La historia política no sale de su campo gravitatorio definido por las turbulencias de los diagramas de poder y las cartografías políticas, campo gravitatorio que define la órbita recurrente del círculo vicioso del poder. En las elecciones próximas, en la inmediatez de una coyuntura atrapada en sus derroteros laberínticos de la crisis múltiple del Estado, que no encuentran salida, concurren expresiones políticas que retrocedieron a la anterior Constitución, la sustituida por la Constitución vigente Plurinacional, Comunitaria y Autonómica. Una de las expresiones políticas ha mostrado patentemente lo que es, en sus gestiones de gobierno, una forma de gubernamentalidad clientelar, desbordada por la galopante corrupción, en los distintos niveles del Estado, usando el discurso demagógico de representar al pueblo, a los pobres y a los indígenas, colocándose en el centro de la victimización de variopintas conspiraciones inimaginables, deriva en el uso descomunal de los recursos del Estado para enriquecer a la burguesía rentista, la élite de la burocracia gobernante. Además, a pesar de su discurso “anti-imperialista”, se convierte en el agenciamiento encubierto de las empresas trasnacionales extractivistas.  Lo más grave ha sido el haber desmantelado sistemáticamente la Constitución, restaurando el Estado nación de la colonialidad. La otra expresión política de la compulsa electoralista es conocida por el quién fue presidente de la sustitución constitucional después del derrocamiento del gobierno de la coalición neoliberal de Gonzalo Sánchez de Losada, ahora encabeza a una alianza que ha enfrentado al partido oficialista de entonces en las dramáticas elecciones anteriores, señaladas como inconstitucionales y acusadas de un escandaloso fraude. La propuesta política gira en la restitución institucional y la pacificación, fuera de algunas propuestas medioambientalistas, no ecologistas, que es lo que corresponde dada la crisis ecológica; sin embargo, el programa de gobierno se encuentra en el horizonte de la anterior Constitución; por lo tanto, como en el caso anterior, también es inconstitucional. La tercera expresión política concurrente es más improvisada, empero basada en los estratos más calados de los prejuicios sociales y más saturados por el conservadurismo recalcitrante. De manera mucho más clara que antes, el programa político de esta alianza electoral está en contra de la Constitución vigente, mostrando, además, la calamidad de sus improvisaciones. Su propaganda se basa en que los postulantes a la presidencia y a la vicepresidencia encabezaron los 21 días de resistencia y movilización en defensa de la democracia y del voto ciudadano. Esta figura propagandista es una muestra de la desubicación política y de la falta asombrosa de objetividad, así como de principio de realidad. La historia de las movilizaciones de resistencia al régimen neopopulista comenzaron con la movilización al “gasolinazo”, continuaron con la lucha y resistencia en torno a la VIII Marcha Indígena en defensa del TIPNIS,  siguieron con la movilización contra el código inquisidor del Código penal. Las derrotas electorales del régimen clientelar se manifestaron con la victoria del voto nulo en las elecciones de magistrados, además en la derrota sufrida por Evo Morales Ayma en el referéndum constitucional. Las movilizaciones en defensa de la democracia y del voto fueron la continuidad de estos recorridos de resistencias, iniciados antes; por otra parte participaron nacional y regionalmente distintos sectores sociales y locales; para comenzar debemos mencionar a los voluntarios bomberos que empezaron a denunciar las atrocidades del gobierno pirómano y de los colonos, de los ganaderos y de la burguesía agroindustiral, comprometidos en la ampliación de la frontera agrícola. Los sectores urbanos de esta movilización fueron parte de un panorama más completo y variado de activismos y posicionamientos contra el despotismo. Los héroes son multitudes y muchedumbres sociales que enfrentaron la tiranía.   En resumen, en las elecciones próximas concurren expresiones políticas que retrocedieron al horizonte de la anterior Constitución, desconociendo la Constitución Plurinacional Comunitaria Autonómica. Esta situación, de por sí, nos muestra las estrecheces y mezquindades de los partidos políticos en la nueva coyuntura electoral.

 

 

Similitudes y contrastes en la decadencia política

 

¿Desde dónde interpretar lo que ocurre en   la decadencia política? Ya no sirve el esquematismo dualista de “izquierda” y “derecha”, aunque, incluso antes, era poco útil para interpretar la decadencia de las revolucione socialistas. Ahora, en la actualidad contemporánea del siglo XXI, donde se borran los límites y las delimitaciones entre expresiones políticas e ideológicas, donde lo que inscribe el sello y lo que abunda es el espectáculo mediático, no tiene sentido hablar de “izquierda” y “derecha”, pues es cuando más se parecen, digan lo que digan en sus mutuas acusaciones, que se despreocupan por la argumentación, incluso por la retórica. En el gobierno hacen lo mismo, realizan, a su manera, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente; en sus prácticas irrumpen en los escenarios utilizando los mismos procedimientos, aunque lo hagan con distintos discursos desgarbados. Dentro del círculo vicioso del poder forman parte de los turnos o rotaciones de formas de gobierno, se señalen unos como neoliberales o se reconozcan a los otros como neopopulistas. En estas circunstancias, lo pertinente es enfocar lo que ocurre, la decadencia política, desde otro enfoque, más plausible y útil para el análisis. ¿Cuál es aconsejable?

 

Parecer mejor y adecuado considerar la situación de las problemáticas que atraviesan las coyunturas del periodo aciago, el de la decadencia, sobre todo, la posición que toman las organizaciones y expresiones políticas en concurrencia. La problemática más evidente es, ciertamente, la crisis ecológica; vinculada a esta crisis planetaria y a la crisis civilizatoria, se puede identificar claramente la crisis del modelo extractivista colonial, tanto del capitalismo dependiente como del capitalismo dominante mundialmente, el de la dominancia del capitalismo financiero y especulativo.    En relación a estas problemáticas, vemos que tanto las expresiones políticas de “izquierda” como de “derecha” son coincidentes; tienen como horizonte la modernidad y como fin el desarrollo, que no es otra cosa que capitalista, tanto en su versión de la escasez, la de los gobiernos del socialismo real, también de los gobiernos neopopulistas, con sus singulares diferencias, como en su versión de la abundancia consumista, la de los gobiernos liberales y neoliberales. Los llamados “gobiernos progresistas” son los que, paradójicamente, han extendido intensivamente el modelo extractivista, a pesar de hablar de la defensa de la “Madre Tierra”. Los gobiernos neoliberales que los precedieron estaban metidos en los mismo, los gobiernos neoliberales que les sucedieron, cuando, en su caso, perdieron en las elecciones, continuaron el mismo curso. Lo que se puede ver es la continuidad sinuosa de un mismo modelo económico, el de la dependencia y el demoledor extractivismo.

 

Ahora bien, ¿qué es lo que articula esta continuidad económica, a pesar de las aparentes diferencias discursivas? Fuera de lo obvio, de pertenecer al horizonte, estrecho ya, de la modernidad tardía, por lo tanto, de su pertenencia al sistema-mundo capitalista, hay que encontrar los mecanismos más específicos y las dinámicas moleculares, que conectan las expresiones discursivas políticas de “izquierda” y “derecha”. En la fase financiera del ciclo largo del capitalismo vigente, las estructuras y diagramas de poder se han adecuado a las formas de explotación de la especulación económica, sobre todo a la economía política del chantaje. Estas formas y diagramas de poder enlazan el lado institucional de la economía con el lado oscuro de la economía, el lado institucional del poder con el lado oscuro del poder. Si esta es la situación, la condición de posibilidad o, mejor dicho, de imposibilidad, de la economía y la política, pues se incursiona notoriamente en la anti-política y en la anti-producción, entonces, la ubicación de las formaciones discursivas en la composición singular de la formación económica social actual ha cambiado, respecto de lo que ocurría antes. Si antes, como dice Jürgen Habermas, la acción comunicativa se construía sobre la base de pretensiones de verdad, queriendo convencer sobre la validez de sus emisiones, ahora, en la fase decadente de la civilización moderna, los discursos no solo develan problemas de legitimación en el capitalismo tardío, es decir, problemas ideológicos, sino que han dejado de basarse, prácticamente, en las pretensiones de verdad; en otras palabras, no buscan convencer, sino tan solo emitirse como inercia, como repetición mediática, de publicidad y propaganda. El raciocinio, como tal, habría desaparecido completamente, si antes lo hizo parcialmente.

 

La manera de la conformación de los discursos políticos en la actualidad radica, preponderantemente, en la exaltación de pequeñas distinciones, aunque, incluso sean imperceptibles, en lo que respecta a las prácticas, como si fuesen contrastes abismales. También pasa por la restitución de temas correspondientes al pasado político, como si estuviesen presentes, tal cual, como lo fueron en su momento. La emisión discursiva se pronuncia como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera habido desplazamientos en las problemáticas sociales, políticas y culturales; entonces se coloca, imitativamente, en papeles anacrónicos. Lo que denota la incapacidad de actualidad, de interpretar los problemas actuales y en su singularidad de contexto y de momento. Se prefiere situarse en la figura estereotipada de un esquematismo dualista vulgar. En este tono, de estas prácticas discursivas deslucidas, se vuelve, sin imaginación, a la dualidad trasnochada de la lucha entre buenos y malos, que repite el esquematismo inicial religioso de la guerra entre fieles e infieles. Si antes se lo hacía también, sin embargo, con mayor esmero ideológico, en cambio ahora, el descuido no solo argumentativo, que brilla por su ausencia, sino también retórico, pues se emite el discurso sin ganas y sin empatía, es ampliamente notorio.

 

En todo caso, ¿qué es lo que se quiere encubrir, si ya no es justificar? Las prácticas de la economía política del chantaje, de la corrosión institucional y de la corrupción. En consecuencia, la exaltación de las mínimas diferencias, incluso imperceptibles, adquiere el carácter de una dramática comedia. Se quieren mostrar contrastes abismales donde apenas son diferencias de tonalidades. Hay como un malestar profundo en la política de la decadencia, una turbulencia que agita por dentro, una consciencia culpable que no se puede controlar. Por eso, los estereotipos exaltados, vueltos caricaturas, nada convincentes, convertidos en rituales mediáticos para llenar los profundos vacíos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Raúl Prada Alcoreza

Escritor, artesano de poiesis, crítico y activista ácrata. Entre sus últimos libros de ensayo y análisis crítico se encuentran Anacronismos discursivos y estructuras de poder, Estado policial, El lado oscuro del poder, Devenir fenología y devenir complejidad. Entre sus poemarios – con el seudónimo de Sebastiano Monada - se hallan Alboradas crepusculares, Intuición poética, Eterno nacimiento de la rebelión, Subversión afectiva. Ensayos, análisis críticos y poemarios publicados en Amazon.

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