Anotaciones sobre la crisis múltiple y diseminación

Raúl Prada Alcoreza

Publicado el: 21 septiembre, 2020 30 min.    + -   

Anotaciones sobre la
crisis múltiple y diseminación


Raúl Prada Alcoreza


Pintura de Diego Ochoa

 

 

Sobre la Gobernanza mundial

 

En plena clausura de la civilización moderna, en pleno crepúsculo del sistema-mundo capitalista, en plena crisis civilizatoria, el diagrama de poder mundial reúne a todos los diagramas anteriores, que han acompañado la historia política, económica y social de la modernidad; de los más notorios se puede citar al diagrama disciplinario, al diagrama del control y al diagrama de la guerra moderna, que los atraviesa. Se trata de un collage desesperado, que apunta al panoptismo absoluto y al control total. La hiper-burguesía mundial o, más bien, una superestructura de poder, coaligada para diferir el sistema mundo capitalista, aunque modificado en su funcionamiento y manejo, busca implantar un nuevo orden mundial, basado en la gobernanza mundial por parte de esta élite hiber-burguesa. La estrategia consiste en sostener el nuevo orden mundial en la principal potencia económica y en una convocatoria atractiva ideológicamente; la máscara política de un “socialismo de mercado” o de un socialismo de pantalla. Empero, esta gobernanza mundial sería efectiva solo como lo imaginó George Orwell como el Gran Hermano.   Además, al inicio de su realización, la edificación de esta gobernanza mundial acepta las condiciones barrocas de las que parte; por ejemplo, acepta el funcionamiento del lado oscuro de la economía y del poder, tolera o pacta provisionalmente con el conglomerado de Cárteles. Promueve gobiernos neopopulistas e interviene en el control de dispositivos de las organizaciones mundiales. Usa como herramienta especulativa al sistema financiero internacional y manipula ilusoriamente a la opinión pública mundial a través de los medios de comunicación de masa que controla. Interviene sinuosamente en las guerras desatadas, además de financiar y promocionar la guerra biológica.  

 

 

Las contradicciones al interior de la hiper-burguesía mundial

 

Las contradicciones al interior de la hiper-burguesía mundial son notorias. Por un lado, lo que parece ser el estrato pujante, novedoso, cibernético y de tecnología de punta, de los nuevos desplazamientos empresariales, pretende buscar un cambio en la estructura de dominación mundial; por otro lado, lo que hemos llamado la hiper-burguesía de la energía fósil, más bien anacrónica y rezagada, apegada a la tecnología heredada y a los procedimientos tradicionales de dominación. Ambas estratificaciones burguesas mundiales parecen enfrentarse en una suerte de guerra sorda, no anunciada. El estrato flamante de la hiper-burguesía se presenta con perfiles dúctiles y flexibles, sobretodo promoviendo el teatro político del neopopulismo, incluso la aproximación estratégica a la principal potencia emergente, el complejo militar-tecnológico-económico-cibernético-comunicacional asiático. El Gran Hermano de Orwell aparece con cara bondadosa, incluso progresista, generando una atmósfera atractiva a través de los medios de comunicación mundiales que controla. En cambio, la hiper-burguesía de la energía fósil, un tanto geriátrica, al apegarse a una concepción conservadora de la economía, se inclina por el retorno al nacionalismo a ultranza, añorando volver a la preponderancia imperialista. Se puede decir que el estrato pujante de la hiper-burguesía tiene como una comprensión más apegada al imperio, en la acepción de Antonio Negri y Michael Hard, propugnando e instalando, por lo menos, intentando, un nuevo orden mundial, bajo la figura de una Gobernanza Mundial de la hiper-burguesía, mimetizada en dúctiles y flexibles aparatos de complejos empresariales dinámicos. Sin embargo, las pretensiones de esta hiper-burguesía flamante no dejan de ser conservadoras en pleno crepúsculo del sistema mundo capitalista, en plena clausura de la civilización moderna. Esta hiper-burguesía es tan peligrosa como la hiper-burguesía geriátrica para la sobrevivencia de la humanidad. Pretende continuar con el círculo vicioso del poder de la dramática historia política de la modernidad, aunque lo haga en versiones dúctiles, flexibles, solapadas, de abierta y elocuente simulación. 

 

 

La idea de la Patria Grande

 

Pelearon por lo que había, lo que era, lo que habían llegado a ser, efectivamente, las sociedades y pueblos de Abya Yala, el continente conquistado. Primero se levantaron las naciones y pueblos indígenas, después, los mismos pueblos indígenas, acompañados por los mestizos, como en Nueva Granada. La guerra de guerrillas fue un recurso en la guerra anticolonial. Posteriormente se conformaron los ejércitos independentistas, los que terminaron venciendo a los ejércitos de la Corona española. Interpretaron estas formaciones sociales abigarradas, sus campos de posibilidad, sus proyecciones en el porvenir, desde la idea de la Patria Grande. En principio fue el Taki Unkuy, el retorno a los dioses desterrados, después la Patria Grande, que se extendía desde el Pacífico hasta el Paititi, para terminar imaginada como Patria Grande en su acepción abarcadora, la que comprende a todo el subcontinente, al sur del Río Grande. No se pelea por lo que no hay, como se dice comúnmente, por un ideal; se lucha por lo que se tiene, por lo que se quiere y ama, por el conglomerado de territorios y pueblos y sociedades conformados en sus entrelazamientos, entrecruzamientos, paralelismos, sincretismos y simbiosis. La Patria Grande es la utopía, en pleno sentido de la palabra, la idea construida por la razón y la esperanza.

 

Después de la independencia las oligarquías regionales se opusieron a la Patria Grande, imponiendo “republiquetas” del tamaño de sus prejuicios y miserias humanas; no concebían otra cosa que un espacio reducido al tamaño de sus haciendas y sus minas. Los exoficiales realistas, que al final se incorporaron a los ejércitos independentistas, persiguieron a los oficiales independentistas, que habían peleado en la guerra prolongada contra el imperio español y haberlo vencido. Las oligarquías regionales usaron a estos exoficiales relista para perpetrar la persecución y el asesinato contra los oficiales aguerridos independentistas. Lo que viene después corresponde a la dramática insurgencia de los pueblos que buscaban retornar al camino perdido, dramática historia donde las oligarquías gamonales se volvían a imponer por distintos procedimientos, el de la violencia descarnada o el del camuflaje político. Aparecieron las expresiones sociales-políticas; en principio los anarquismos inaugurales, después los partidos del proletariado, acompañados en su sueño restringido por la soberanía nacional, en lucha contra la república gamonal. Los anarquismos fueron arrinconados por los partidarios de la dictadura del proletariado, los populismos llegaron a gobernar, impulsados por insurrecciones y elecciones, empero, las versiones nacional-populares en el gobierno derivaron en regresiones y restauraciones, en las versiones antojadizas de burguesías nacionales. La Patria Grande siguió quedando como utopía.

 

En la historia política reciente, expresiones neopopulistas, con pretensiones sociales y hasta con pretensiones anticoloniales e indígenas, alcanzaron el gobierno electoralmente. Pero, como si fuese condena política, la historia se repitió, pero no como tragedia, ni como drama, sino como comedia. Sin lograr las transformaciones estatales y nacionales logradas por los populismos de la mitad del siglo XX, se invistieron de “revolucionarios” sin efectuar ninguna, salvo la espectacular simulación que permiten los medios de comunicación. Se repite la condena política, unos luchan y otros gobiernan, los impostores, como antes. La Patria Grande todavía está pendiente en el horizonte de esperanza y promesa.             

 

 

La anti-revolución

 

Se puede hablar de anti-revolución, que es distinto de hablar de contrarrevolución; la segunda, la contrarrevolución, se refiere a la reacción de la burguesía derrocada o de los sectores conservadores en contra de la revolución dada; la primera, la anti-revolución, en cambio, es como el simétrico opuesto a la revolución misma. Si la revolución es transformación, la anti-revolución es repetición de lo mismo, la inercia absoluta; si la revolución es entusiasmo, la anti-revolución es desaliento; si la revolución es liberación, la anti-revolución es opresión, aunque se presente con la máscara de la “liberación”. Se trata, entonces de la simulación; la revolución es acontecimiento de la potencia social, en cambio la anti-revolución opta por el espectáculo, por la puesta en escena del teatro político, donde los personajes se disfrazan de todo lo contrario de lo que son. La anti-revolución es como la mueca horrible, opuesta a la risa alegre del revolucionario; la comedia grotesca se opone al acto heroico y romántico. Si la revolución es entusiasmo, la anti-revolución es desaliento, si la revolución es afecto, amor, pasión, solidaridad, la anti-revolución es odio, es resentimiento, consciencia culpable y desgarrada, espíritu de venganza. Cuando prepondera la anti-revolución se puede decir que los amos, los patrones, los gamonales, los burgueses, han vuelto a vencer, ahora disfrazados de revolucionarios. 

 

 

La política del absurdo o el ocultamiento de la conspiración

 

La política del absurdo o el ocultamiento de la conspiración. Generar una movilización a escala nacional por evitar la postergación, irremediable, de las elecciones por un poco más de un mes, aparece evidentemente como un despropósito y una consigna absurda. Lo que hablaría de por sí no solo de la decadencia política sino de la perdida completa de objetivos. Hablamos entonces de una política sin horizonte y sin objetivos, de una anti-política. Sin embargo, es posible también otra interpretación, que se esconda otro objetivo, velado, oculto, perverso, que este en juego un golpe de Estado, es decir, una conspiración comprometiendo a altos funcionarios de las Fuerzas Armadas. Solo así se haría más o menos coherente semejante movilización, donde, como se dice, popularmente, la montaña a parido un ratón. Si este golpe de Estado no se efectúa es, al parecer, que ha fracasado, ha sido frustrado, las Fuerzas Armadas no se prestaron a una aventura descabellada del Caudillo déspota en el exilio. En consecuencia, las fuerzas movilizadas han quedado como en el aíre, suspendidas en la nada, levitando, bloqueando, obstaculizando, descargando violencia sin ton ni son.

 

A los movilizados no les quedaría de otra que suspender la movilización misma, antes que la misma se los lleve a los comprometidos a la diseminación. Empero, la conspiración no es el único motivo de la movilización social, sino que ésta se presenta mezclada, conjuntamente con las organizaciones sindicales, comprometidas con el golpe de Estado, sabiéndolo o sin saberlo, se auto-convocaron otras organizaciones sindicales campesinas, otras comunidades y otros grupos, cansados del manejo improvisado de la pandemia por parte del gobierno de la “transición” interminable, molestos de la hipocresía gubernamental que gobierna y candidatea electoralmente, como antes, cuando hacía y deshacía el Caudillo déspota. Molestos porque no se cumple con el único mandato del gobierno de “transición”, que es garantizar las elecciones, que deberían haberse realizado inmediatamente; en vez de esto, se encarga de gobernar como si fuese un gobierno elegido y legalmente establecido, continuando con las políticas ecocidas del régimen clientelar y corrupto populista, gobernando, como lo hacía el gobierno anterior, para la burguesía agroindustiral y transgénica y para las empresas transnacionales extractivistas. Se entiende entonces, que no es fácil salir del atolladero movilizado en el que se ha metido el partido del Caudillo déspota; más aún, cuando sus bases tampoco saben que las involucraron en un velado golpe de Estado.

 

Los sindicatos movilizados del Altiplano piden la renuncia de la presidenta en “transición”; sin embargo, lo coherente es exigir la movilización de todos los órganos de poder, el ejecutivo, el legislativo y el constitucional, a excepción del Tribunal Supremo Electoral, porque se encuentran comprometidos en el uso de una jurisprudencia inconstitucional de sustitución constitucional, además de haberse prolongado indebidamente por una segunda vez. A esto se suma que estos órganos de poder son un obstáculo para el cumplimiento del calendario electoral, además que son el carbón que atiza el fuego del conflicto. La única tabla de salvación, antes de entrar a hondonadas beligerantes de las que no se puede salir sino solo padecer, es el Tribunal Supremo Electoral y el cumplimiento de las elecciones el 18 de octubre, salida electoralista, por cierto, entonces, salida débil ante la crisis múltiple del Estado nación subalterno, empero, salida al alcance de la mano, antes de caer en el abismo.       

 

 

La guerra y la política

 

No se trata de la guerra como continuidad de la política por otros medios, tampoco de la continuación de la política mediante la guerra por otros caminos. Sino que se trata de comprender que cuando se va a la guerra se puede ganarla o perderla, así como comprender que cuando se asiste a la concurrencia política se puede ganarla o perderla. El último conflicto nos muestra que los que se lanzaron a la guerra la perdieron, así como los que se lanzaron a la concurrencia política beligerante perdieron el juego político. El desenlace es la derrota de los que confunden guerra y política.

 

 

Política y o portunismo

 

La política se efectúa, corresponde a las prácticas, el poder se ejerce, las resultantes de la concurrencia de fuerzas se dan lugar por la correlación de fuerzas. Esto es, de alguna manera, sabido, sobre todo por el análisis y la interpretación en ciencias sociales. Sin embargo, la casta política suele confundir la política con los deseos, peor aún con los caprichos. Ciertos políticos pretenden hacer valer sus caprichos como si fuesen fuerzas, más aún, pretenden presentar sus deseos como si fuesen proyectos políticos y sus balbuceos como argumentaciones; no llegan ni a la retórica más elemental. 

 

El campo de fuerzas corresponde a la producción de planos y espesores de intensidad, que definen las singularidades de la realidad efectiva. Cuando hablamos del campo político nos referimos a los recortes de realidad que son codificados y decodificados por las prácticas discursivas y por los ejercicios de poder de las composiciones de fuerzas puestas en juego. Empero, no se puede confundir las maniobras de políticos con la concurrencia de las fuerzas, aunque se suponga que éstas no dejan de actuar. Lo que pasa es que las maniobras se montan a las fuerzas, cabalgan sobre ellas, en el mejor de los casos como buenos jinetes, en el peor de los casos como malos jinetes; éstos se caen. Las más de las veces en el teatro político ocurre lo segundo.      

 

 

Sobre el comportamiento crápula

 

La inclinación por el crimen. De manera soterrada, en las cavernas mismas de la consciencia desdichada, del sujeto desgarrado en sus contradicciones, la inclinación al crimen, responde a la acumulación de frustraciones, al resentimiento aterido y al espíritu de venganza. Creen encontrar en el crimen, en el asesinato, en el sacrificio, la purificación de los males que aquejan, el remedio a sus frustraciones. A la violencia cristalizada en los huesos responden con la violencia aprendida, que creen único lenguaje y única acción posible. Los políticos e “ideólogos” oportunistas, aprendices de brujo de los últimos días, pretenden aprovechar estas circunstancias de la miserabilidad humana para catapultarse al poder.  Éstos son los crápulas que creen que la “realidad”, imaginaria y delirante que tienen en su cabeza es eso, una pelea de gallos. Han reducido la política a la comedia de los personajes bizarros.

 

 

El crápula estrato leguleyo

 

La desfachatez llevada a extremo, hasta cruzar los límites de la incongruencia. Leguleyos de vocación y de prácticas oprobiosas hablan, sin inmutarse, ni sonrojarse, sin arrojar un atisbo de vergüenza, de “derechos humanos” de un expresidente en exilio a postularse a la senaduría de un departamento en las próximas elecciones. Posan sueltos como si no entendieran que este pedido contraviene dramáticamente la Constitución, además de que es una sandez desmesurada hablar de “derechos humanos” para ser elegido, antes como reelección indefinida, ahora como candidatura en exilio, sin residencia en el país. La falta de escrúpulos ha llegado muy lejos en los estratos jurídicos, más podridos que la putrefacción misma. Es inaudito que solo se mencione este exabrupto y se atienda en una sala. Ya de por sí esta actitud habla del hundimiento sin precedentes de la administración de justicia.

 

La división de poderes está establecida en la Constitución. Un Órgano de Poder del Estado no puede inmiscuirse en las competencias de otro Órgano de Poder, tampoco los órganos de poder pueden ser absorbidos por el ejecutivo y convertirse en sus apéndices. Cuando ocurre esto ya se ha desmoronado la institucionalidad del ejercicio de la democracia formal. La gente que practica semejantes actos bochornosos y delincuenciales cree que ese es el modus operandi de la “política”. Cuando ocurre esto se ha sustituido la política por las crasas prácticas de las mafias de toda índole. Esta gente manifiesta un elocuente desprecio por el pueblo, el referente primordial de la democracia.

 

 

La desfachatez

 

La desfachatez proliferante, tanto política como inmoral, falta de todo referente institucional y constitucional, además de referentes objetivos relativos a las certezas de realidad, hace gala de la desmesura del derrame de sandeces, que se dice sin rubor e inmutarse de lo estrambótico de sus incongruencias. Los elocuentes llunk’us persisten en hablar de “derechos humanos” del caudillo déspota en exilio. Hasta ahora no entienden que los derechos humanos son universales y generales, no hay “derechos humanos” singularizados en la compulsión insaciable de poder de un Caudillo anacrónico. 

 

Esta es una muestra más, entre muchísimas y apabulladoras, de la decadencia política, de los niveles alcanzados por el derrumbe ético y moral, de la implosión política, del vaciamiento ideológico y de los estragos del avance de la insensatez humana.

 

 

Del cretinismo de los apologistas

 

El cretinismo de los apologistas del régimen clientelar y corrupto neopopulista llega a extremos. Mediante argumentos leguleyos quieren borrar la evidencia empírica del escandaloso fraude electoral del Caudillo déspota, después de haber perpetrado el crimen contra la democracia desconociendo los resultados del referéndum constitucional, que negó la habilitación inconstitucional a la reelección indefinida del patriarca otoñal y desgarbado. Esta es la gente que incluso considera como argumento la sandez de decir que no se pueden negar los “derechos humanos” de un singular gobernante carismático enamorado compulsivamente del poder, su objeto oscuro del deseo. 

 

 

La contraofensiva del Cártel del Chapare

 

El Cártel del Chapare despliega una contraofensiva, que pretende reabrir los circuitos de la economía política de la cocaína. Lastimosamente la movilización social, que exige el cumplimiento del calendario electoral, aunque discuta la fecha, e interpela al gobierno de la “transición” interminable por su reiterada prolongación inconstitucional y su manejo improvisado y dudoso de la lucha contra la pandemia, se mezcla con esta contraofensiva del narcotráfico, cuyo partido testaferro es el MAS, dispositivo político del lado oscuro del poder, agente encubierto de las transnacionales extractivistas, de la burguesía agroindustrial y transgénica, de la burguesía ganadera, de la burguesía de la coca excedentaria e “industrial” de la cocaína. Es menester, entonces distinguir y separar la movilización social de la contraofensiva del narcotráfico. Retomar el cronograma electoral, como mal menor, ante el desborde de la crisis múltiple del Estado nación. Buscar un diálogo entre las fuerzas vivas de la sociedad, a favor y en contra, con el objeto de lograr consensos en el camino electoral, sobre todo lograr consensos de transición en las aperturas para salir de la crisis múltiple y del círculo vicioso del poder.  

 

 

Chantaje emocional

 

La economía política del chantaje se desenvuelve en distintas formas, figuras y perfiles; las formas que más connotan son las relativas al lado oscuro y opaco del poder, las prácticas paralelas que funcionan, en principio, al margen de las instituciones, después, las atraviesan, para luego controlarlas. Este lado oscuro del poder en gran parte corresponde al lado oscuro de la economía. Sin embargo, también se dan otras figuras y perfiles de la economía política del chantaje, entre estas se encuentran figuras individualizadas de la victimización, de convertir al sujeto de la manifestación chantajista en una “víctima” y de a partir de este referente dramático otorgarle el acceso inmediato a la “verdad” indiscutible. Lo que oculta este chantaje es que la “víctima” termina siendo cómplice de la dominación, cómplice del amo y patrón, del dominador, que lo requiere como “víctima” para enmendar imaginariamente sus “culpas”, concediendo algunas acciones bondadosas o filantrópicas. La figura que se opone a la victimización, a esta concomitancia perversa de la “víctima” con el poder, con el amo y el patrón, es la y el guerrero; la y el guerrero es el nómada que demuele imperios, cuyos recorridos inesperados deconstruyen la ideología y diseminan el mapa institucional del poder.

 

Llamaremos a esta actitud de victimización chantaje emocional. A lo largo de la historia política e ideológica de la modernidad el chantaje emocional ha sido una práctica en el discurso religioso, después se transfiere al discurso ideológico y es usado en el discurso político. Los perfiles del chantaje emocional son diversos, distintas figuras de victimización, diferentes reducciones esquemáticas del y la dominada, discriminada, explotada, a la mera condición de “víctima”, que en el discurso hegemónico se nombra eufemísticamente como “pobres”, hasta toda clase de denominaciones del sujeto dependiente, constituido por las estructuras de poder. En los perfiles del chantaje emocional se despliegan chantajes relativos a la condición en la que coloca al sujeto el diagrama de poder vigente y el modo de producción determinante, también chantajes epidérmicos. Como dijimos, lo que se opone a esta relación perversa y sadomasoquista de dominación es la actitud nómada, deconstructiva, diseminadora y destructiva del y la guerrera con respecto a los diagramas de poder y sus mapas institucionales de legitimación de la dominación.   

 

 

Usurpación y expropiación

 

La expropiación y la usurpación de las movilizaciones sociales. La casta política suele usurpar las movilizaciones sociales, tiene el tupe o la sinvergüenzura de atribuirse estas hazañas rebeldes. En las recientes movilizaciones sociales, comenzando con las movilizaciones contra el régimen clientelar y corrupto de Evo Morales Ayma, que empezaron con el gasolinazo, en diciembre de 2010, y continuaron hasta la movilización en defensa del referéndum constitucional y contra el escandaloso fraude electoral; continuando con las movilizaciones contrastantes del pueblo partidario del MAS, que no defendió al caudillo déspota, caído en desgracia, los 21 días de las movilizaciones, empero salen a las calles y los caminos una vez que el caudillo déspota huye y escapa al exilio, cuyo pedido era la renuncia a la presidencia de Yanine Añez Chávez; este perfil de la movilización social tuvo como su continuidad en la movilización contra la postergación de las elecciones y la mala administración de la lucha contra la pandemia, movilización ésta que se radicaliza, dejando en evidencia la manipulación y el montaje del MAS, buscando reconectarse con la memoria social insurreccional. El beneficiado simbólico de la radicalización fue Felipe Quispe y el perjudicado fue el caudillo déspota en exilio, con los sectores sociales más propios, radicalizados, que se desmarcan del partido clientelar y corrupto del MAS.

 

Las movilizaciones son producciones históricos-políticas del pueblo, la casta política poco tiene que ver con las dinámicas de las movilizaciones sociales. En la movilización en defensa de la democracia, del referendo y del voto, contra el fraude electoral, se observa que en la medida que se fue intensificando y radicalizando, la derecha fue reculando hasta desaparecer del escenario. Estaba en gestación una insurrección popular de magnitud, incluyendo sectores urbanos movilizados, ayllus de Qara Qara, mineros de Potosí, motines policiales y militares – estos últimos no hechos del todo visibles -; la insurrección en gestación fue truncada por intervención artera de negociaciones de un sector operativo de la derecha, que buscó desesperadamente una sustitución constitucional, imposible ya en la vigente Constitución, acudiendo a la jurisprudencia. Ahora, en plena campaña electoral, los distintos colores de la derecha se arrogan el “haber sacado del gobierno a Evo Morales”, afirmación delirante que no corresponde con los hechos ni lo ocurrido. Bueno, esta actitud de usurpación y expropiación de las movilizaciones es una característica de la casta política, sea de “derecha” o sea de “izquierda”.     

 

 

Enajenación llevada al delirio de la vulgaridad

 

La enajenación en sentido filosófico implica la condición de alienación, además de encontrarse en situación de ajeno a sí mismo, en otras palabras, estar sometido a otras determinaciones no controladas por uno mismo. Se trata de una pérdida total de control, también de pertenencia, así como de incluso mínima autenticidad. En la jerga sociológica, también psicológica, se asume la figura de consciencia sometida, que viene de la filosofía y de las tesis de la enajenación de la formación enunciativa dialéctica. Bueno, todo esto es teórico; en la vida cotidiana, por así decirlo, se dan figuras más pedestres todavía. La enajenación, como condición de la consciencia singular, que no deja de ser desdichada, mas bien, profundiza este desgarramiento, y la alienación, como condición de dominación dada por fuerzas incontrolables, de una manera singularmente trivial, se da de manera proliferante en las conductas sociales, alteradas por el mercado, el consumismo, la publicidad, los medios de comunicación y los espectáculos estridentes del goce banal de la gente que ha renunciado a sí misma.

 

En la decadencia política de la contemporaneidad, de la in-actualidad y anacronismo del presente exacerbadamente nihilista, la promesa política, que fue emitida por los socialismos y los populismos, se pervierte hasta el escandalo con los balbuceos del socialismo del siglo XXI y los barrocos grotescos de los neopopulismos. Pero, esto no es lo peor de lo que ocurre. Las versiones deshilachadas de un neoliberalismo apócrifo llegan a ofrecer el paraíso de las burbujas especulativas; en la coyuntura desabrida, hay políticos del conservadurismo recalcitrante, pechones más que todas las abuelas beatas juntas, que delegan al santísimo la responsabilidad del acto de gobierno, que ofertan la mistura carnavalesca de ciudades de neón y países de la fantasía sin espesor. Esta es la medida de los ofrecimientos de la casta política en las próximas elecciones.

 

 

La diseminación política

 

La diseminación es un concepto derridiano que corresponde a la crítica radical política y a la deconstrucción ideológica. En relación a la deconstrucción, que corresponde a una hermenéutica critica, la diseminación alude a la destrucción institucional, es decir, se trata de un concepto crítico radical materialista de la política. Resumiendo, tomando en cuenta, ambos conceptos, el de la deconstrucción y el de la diseminación, podemos concluir que la hermenéutica crítica se complementa con la destrucción material del mapa institucional, que hace de agenciamientos concretos del poder.

 

En la contemporaneidad de la modernidad tardía la deconstrucción ha sido una práctica de la crítica hermenéutica a la ideología y a la formación discursiva y enunciativa, tanto en sus formas orales, así como en sus formas de inscripción de las escrituras y la elocuencia visible de las imágenes; en cambio, la diseminación ha sido todavía una práctica incipiente de los colectivos activistas, tanto ácratas como ecologistas, así como de las naciones y pueblos indígenas radicalizados. En todo caso, ambas prácticas críticas, corresponden a colectivos y grupos radicalizados, todavía poco numerosos y con menor incidencia en los esquemas de comportamiento y conductas, apegadas a los habitus. La llamada crítica política todavía se atiene y se apega a los tradicionales paradigmas de la crítica ideológica y política del marxismo crítico, que es lo mejor que tiene esta corriente teórica y política, pues lo demás, el marxismo militante ha caído, desde hace tiempo, en la latania de la ideología, pretendidamente “vanguardista”, que se ha vuelto una versión de la legitimación del sistema-mundo capitalista, tanto en su versión liberal, así como en su dimensión “socialista”. En lo que respecta al populismo y al neopopulismo, poco se puede decir al respecto, pues lo que hacen es emitirse y enunciarse en formaciones discursivas barrocas, que mezclan fragmentos de discursos anacrónicos, disímiles y dispersos.

 

Sin embargo, también tenemos que hablar de una “diseminación” de baja intensidad, derivada de la propia decadencia del sistema mundo capitalista, que contiene al sistema-mundo cultural de la banalidad y al sistema mundo de la política trivial. La concurrencia política, en la actualidad, manifiesta elocuentemente los síntomas de esta decadencia y de la “diseminación” de baja intensidad, efectuada por los propios actores políticos, las empresas de la economía-mundo y los cárteles del lado oscuro del poder y de la economía. Las elecciones, en el sistema formal de la democracia restringida, delegada y representativa, manifiestan claramente los alcances degradantes de la decadencia y de la diseminación de baja intensidad de los Estado nación y del orden mundial.

 

La práctica política y la involución del discurso político son muestras patentes de la decadencia y de la diseminación de baja intensidad, por propia mano, para decirlo de ese modo. Si antes las concurrencias políticas tenían que ver con la promesa o, en contraste, con la institucionalidad, el orden y el Estado de derecho, después, sufriendo el deterioro de la incidencia de la decadencia, los discursos se convirtieron en la forma de la emisión de las demagogias, de un tenor u de otro, de un color u de otro, con pretensiones de “izquierda” o con pretensiones de “democracia” formal, cada vez más fofa, para terminar siendo, lo que es ahora, en poses estridentes casi sin discursos, balbuceos de actores mediocres y sin horizontes.

 

En un ensayo dijimos, que, con estos síntomas de la decadencia, el deterioro, el derrumbe ético y moral, la política, en cuanto tal, como ámbito de la concurrencia de fuerzas en el campo político, habría muerto. Eso es lo que parece constatarse en una coyuntura electoral sin perspectivas, hundida en la crisis múltiple del Estado nación y del orden mundial, en pleno contexto de la crisis ecológica, que contiene a la propia crisis del sistema mundo capitalista y de su geopolítica, acompañada por la crisis pandémica, que se presenta como un indicatum de los alcances catastróficos de la crisis ecológica y de la crisis del sistema mundo de salud. La crisis política, entonces, forma parte de la crisis múltiple del Estado nación, es la muestra patética de que la casta política ya no puede ofrecer nada al pueblo. Este panorama nihilista debe ser comprendido en la crisis misma de la civilización moderna.

 

En su singularidad nacional, la crisis política adquiere en Bolivia contornos mezquinos. Después de la implosión del régimen clientelar y corrupto neopopulista, se transita por un gobierno de transición inconstitucional, coyuntura, en la cual, por la compulsa de fuerzas, se deriva a una convocatoria a elecciones para el 18 de octubre de 2020. En la gama de ofertas, si se puede hablar todavía de variedad, cuando, mas bien, las propuestas parecen acercarse a lo mismo, a repetir sin imaginación la inercia aburrida del círculo vicioso del poder, más de lo mismo, en plena caída al abismo de la crisis política. Si bien, la compulsa parece ir resumiéndose, en las pretensiones de legitimidad de un retorno al régimen clientelar implosionado y una oferta institucionalista de unidad nacional, ambas propuestas de la concurrencia electoral no hacen otra cosa que repetir los dilemas falsos de la casta política. Primero, porque la corrosión institucional y la corrupción galopante forman parte de las estructuras mismas del poder; segundo, porque ambas propuestas están en lo mismo de lejos del horizonte abierto por la Constitución Plurinacional Comunitaria y Autonómica. La casta política está lejos de haber comprendido los alcances de una Constitución descolonizadora, que se abre a la condición plurinacional, intercultural, comunitaria y de la democracia participativa. Constitución escrita, en su substrato pasional por la potencia social de un pueblo insurrecto, traicionado por los propios gobernantes de los “movimientos sociales”, que usurparon la victoria popular contra el neoliberalismo, durante la movilización prolongada (2000-2005).

 

Observando este contexto político mezquino de la coyuntura de la crisis múltiple, podemos conjeturar que asistimos a la continuidad de la crisis y de la administración de la crisis, por el nuevo gobierno que emerja de las elecciones. Solo que esto va a concurrir de una manera legal, ya no transicional, tampoco, como antes, en el desencadenamiento diferido de la implosión de la forma de gubernamentalidad clientelar. En consecuencia, todavía falta cumplir con las condiciones de posibilidad histórico-políticas-culturales para salir de la crisis múltiple del Estado nación. Estas condiciones de posibilidad tienen que ver con la responsabilidad del pueblo, con su madurez, con su independencia respecto de la casta política, tutora de su minoridad, su dependencia y sumisión a las ilusiones del poder. Cuando el pueblo haya logrado su madurez, el uso crítico de la razón, cuando sea capaz de autogobierno, por lo tanto, de la democracia plena, entonces estará en condiciones de salir de la crisis múltiple, que implica salir del círculo vicioso del poder.

 

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Raúl Prada Alcoreza

Escritor, artesano de poiesis, crítico y activista ácrata. Entre sus últimos libros de ensayo y análisis crítico se encuentran Anacronismos discursivos y estructuras de poder, Estado policial, El lado oscuro del poder, Devenir fenología y devenir complejidad. Entre sus poemarios – con el seudónimo de Sebastiano Monada - se hallan Alboradas crepusculares, Intuición poética, Eterno nacimiento de la rebelión, Subversión afectiva. Ensayos, análisis críticos y poemarios publicados en Amazon.

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