Posibilidades desde un país periférico

Publicado el: 12 mayo, 2020 5 min.    + -   

Max Murillo Mendoza.- Bolivia es un país periférico, pobre, dependiente por decisión de los países centrales y por decisión de las oligarquías y clases altas, absolutamente provincianas y subdesarrolladas. En esta crisis mundial del sistema, estas clases altas sin iniciativa alguna sólo ven qué puede pasarle al sistema, para seguir copiando modelos que vienen del norte. Para seguir acomodándose en el modelo de explotación y expoliación internacional. De esas clases altas y oligarquías no podemos esperar nada, porque históricamente sólo han demostrado inutilidad y entrega de nuestros territorios y riqueza al mejor postor. Pero tenemos que organizarnos con urgencia en estos nuevos escenarios internacionales, como en los nuevos escenarios de nuestro propio patio.

Hay que sacar lecciones como organizaciones y colectivos de la sociedad civil. Posicionar nuevos liderazgos, sobre todo de jóvenes es lo más urgente. Sin embargo, las tareas son paralelas. Esta crisis tiene como fondo una crisis ética y moral de enormes dimensiones: el colapso de la política tradicional en todo el mundo, sean de izquierda o derecha la historia nos ha demostrado con creces que son lo mismo. En Bolivia lo hemos vivido en carne propia: la repugnante manera en que terminaron los gobernantes del socialismo del siglo XXI, pues todos corrompidos en competencia. Restaurar lo ético en la política y convertirlo en servicio, es uno de los temas que se deben discutir con urgencia.

Por otro lado, se debe rediseñar al Estado que sigue siendo un Estado paria y sin institucionalidad, que sólo sirve de botín de guerra, de saqueo y enriquecimiento ilícito. Eso no ha cambiado en nada desde el siglo XIX. En esa línea, hay que construir nueva burocracia, equipos de profesionales en el largo plazo. Ante la ausencia de grupos, de gestores organizados desde la política o la tradición, pues no nos queda más que construir esos grupos especializados. Aquí las universidades, los colegios de profesionales limpios (no el de abogados), las organizaciones no gubernamentales, fundaciones y demás colectivos tienen que tener participación fundamental con sus mejores profesionales.

La rendición de cuentas de la nueva burocracia debe ser una costumbre y religión, como forma de gobernar. Hasta hoy no sabemos lo que hacen en la burocracia, y desde siempre eso ha sido un secreto político corrupto. En definitiva, se trata de cambiar o al menos mejorar el país desde la oportunidad que tenemos en esta crisis del sistema.

Lo político también está claro. Los escenarios teóricos ya no son los tradicionales y obsoletos conceptos de izquierda y derecha, sino lo holístico, cambio climático, lo ecológico, crisis sistémica no sólo del modelo sino del paradigma de la modernidad, lo extractivista. Si tenemos que construir en serio nuestro propio nacionalismo debe ser por fin en nuestras propias raíces culturales, como siempre debió ser.

El papel que deben jugar las nuevas generaciones es demasiado importante. Nunca tuvieron su oportunidad porque las generaciones fracasadas jamás se los dieron. Hoy es el momento de saltar y dejar ese tablero de ajedrez viejo, fracasado y nada sostenible de la modernidad. Los jóvenes tienen la enorme oportunidad de empezar las riendas de sus destinos, es decir de los destinos de la historia de este país.

Existe enorme experiencia de los fracasos políticos, económicos y sociales. Es la materia prima más abundante de nuestra historia. Pero que sirva para no caer en lo posible en esos laberintos de la historia tradicional. La economía de sangre en estos siglos ha sido injusta, sólo los marginados y pobres la han pagado, no los oligarcas. No podemos seguir pagando los platos rotos de los fracasados de siempre.

Bolivia tiene gente muy talentosa, inteligente, creativa y entregada a sus causas. Es el tipo de Estado y ausencia de institucionalidad que no permite que los mejores gobiernen este país, sino los dueños de la política tradicional. Así está diseñado desde 1825, cuando los rufianes hijos de la colonia se adueñaron de los destinos de Bolivia, que no tuvo independencia alguna. Desde entonces nuestro país sólo exporta, desahucia, expulsa a sus poblaciones fuera de sus fronteras, para favorecer a gente poco preparada y entrenada en política tradicional anti nacional.

Las tareas son inmensas como desafiantes. Volver a poblar las áreas rurales, para por fin ser soberanos en los alimentos. Volver a dar dignidad en las ciudades intermedias y rurales, con condiciones sanitarias, educativas y productivas reales a las poblaciones. Es decir descentralizar las ciudades que ya no ofrecen nada a las nuevas migraciones, sino pobreza, mendicidad, violencia callejera, drogas y demás peligros modernos antihumanos.

Aprovechar por supuesto de las nuevas tecnologías como el internet. Aspecto que ha sido contundente en esta crisis, sobre todo en el tema educativo. Todo debería ser por internet, hasta eliminar la burocracia insana y corrupta del Estado. En definitiva, podríamos avanzar en todos los campos si es que los jóvenes se ponen las pilas políticamente, y le pierden el miedo a las actuales estructuras caducas, lentas, antiéticas y atrasadas.

Se trata de aprovechar de la mejor manera posible, en estos nuevos escenarios que empiezan a vislumbrarse. Que esta crisis del sistema, con toda su crueldad, nos sea una oportunidad para mejorar nuestras realidades. No tengamos miedo, que es el peor enemigo.

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