Ironías de la historia política

Raúl Prada Alcoreza

Publicado el: 23 noviembre, 2019 13 min.    + -   

Hay enunciados que se vuelven famosos por varias causalidades; nos interesa uno, de Karl Marx, bastante recurrente en nuestros tiempos aciagos de crisis política, adecuadamente utilizado para evaluar las revoluciones; esta es la que se encuentra en el libro 18 de Brumario de Luis Bonaparte, el sobrino nada menos que de Napoleón Bonaparte. Se trata de un texto de análisis político, que forma parte de lo que considera los escritos histórico-políticos de Marx. La famosa frase dice así:

Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa[1].  

El acierto de este enunciado supone una perspicacia lúcida sobre el acontecimiento político, sobre todo cuando aparece en la narrativa histórica. Nosotros hemos recurrido a este enunciado, sobre todo a su figura ilustrativa a propósito de las repeticiones y comparaciones históricas, haciendo hincapié en las analogías y diferencias elocuentes, que nos muestran que los hechos históricos son únicos y singulares, cuando se pretende repetirlos; es más, cuando se pretende investir a los hechos del presente con la gloria del pasado, la repetición aparece tal cual menciona Marx, como farsa. Se puede ampliar la connotación y decir aparece como comedia, incluso si se sigue repitiendo la escena aparece como comedia grotesca. Respecto a Bolivia, usamos la figura irónica al comparar la revolución nacional de 1952 con la “revolución democrática y cultural” del 2006 para adelante, que en su extensión y dilatación dramática dura hasta el 2019.

Los sucesos que se vinieron dando desde el 20 de octubre, el día de las elecciones apócrifas, y los recientes días de mediados de noviembre, nos muestran dos etapas de la crisis política, que llamamos crisis constitucional y del fraude electoral; la primera es la que corresponde a lo que hemos llamado la revolución pacífica boliviana[2], que se manifiesta con la resistencia de colectivos ciudadanos, sobre todo de jóvenes y mujeres, de todas las ciudades del país, salvo Cobija. En esta etapa, emergen los Cabildos Cívicos como una forma provisional de contra-poder, que en términos constitucionales pueden interpretarse como el ejercicio de la democracia participativa, directa, comunitaria y representativa, establecida en la Constitución como Sistema de Gobierno. El conflicto se extiende y adquiere virulencia cuando el gobierno de Evo Morales Ayma, desesperado, moviliza a la sede de gobierno lo que considera son sus “movimientos sociales”, que en la práctica, se trata de organizaciones afines al MAS, para defender la plaza de armas, los palacios, ejecutivo y legislativo, la casa Grande del Pueblo, desde donde gobierna el caudillo. Las movilizaciones y bloqueos en todos los barrios de la ciudad de La Paz pasan de las marchas pacíficas y bloqueos pacíficos a la defensa, ante las agresiones que sufren por las organizaciones oficialista y convocatorias promovidas oficialmente, además del gremio de choferes, adeptos al partido oficialista. En plena escalada de intensidad del conflicto, se produce el motín policial, que se extiende a todo el país, dejando sin resguardo al gobierno. Los grupos de bloqueo de la resistencia y defensa de la democracia toman las entradas a la Plaza Murillo. Es cuando el gobierno se retira a El Alto, a los cuarteles de la Fuerza Aérea. Desde ese momento comienza el desenlace, la renuncia del presidente y del vicepresidente, acompañada, antes y después, por otras renuncias, de ministros, de senadores y diputados. Por último, el expresidente acepta el asilo ofrecido por el gobierno de México y llega al Distrito Federal de la Ciudad de México en condición de refugiado político. Se da lugar, en el contexto inmediato del vacío político, la sustitución constitucional en la vicepresidenta del Senado que quedaba, Jeanine Añez. A partir de este momento comienza la segunda etapa de la crisis política, se da como reacción de las organizaciones sociales más leales y fieles al MAS, sobre todo al caudillo. Sobresale el apoyo campesino, particularmente en el Chapare, desde donde se declara la guerra a lo que denominan “golpe de Estado”. Comparativamente, si se puede distinguir el carácter más pacífico de las movilizaciones ciudadanas, cívicas, departamentales, incluso de organizaciones sindicales, como la de los cooperativistas mineros de potosí, algunas otras federaciones campesinas, además del ayllu de Qara Qara; en cambio, en el caso de la segunda etapa de la crisis política sobresale, mas bien, el carácter violento de las movilizaciones, que buscan, literalmente, arrasar con lo que encuentran. El desenlace de esta segunda etapa de la crisis constitucional e institucional todavía está en ciernes, si bien, se han logrado controlar la mayoría de los focos de bloqueo de la movilización en defensa del gobierno derrocado, después de pedido de renuncia de la presidenta de la sustitución constitucional, sobre todo los más extendidos en la geografía, hay zonas que todavía se mantienen caldeadas; en primer lugar, en la zona del Chapare, donde los bloqueadores no se han replegado, también en el punto de Senkata, la planta de depósito y de abastecimiento de carburantes de YPFB. De todas maneras, el escenario político parece avanzar en acuerdos y consensos sobre la inmediata convocatoria a elecciones y la conformación de un Tribunal Electoral idóneo. En estos acuerdos y consensos se han incorporado varias organizaciones sociales y gremiales, además de juntas de vecinos y la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB); por otra parte, precisamente es en el Congreso donde se ha avanzado, tratando por tiempo y materia las dos propuestas para la convocatoria a elecciones; una de las propuesta es la del gobierno de transición, la otra corresponde a la bancada del MAS. Todo parece indicar que las elecciones se van a dar como desenlace no solo de esta segunda etapa de la crisis política reciente, sino del conjunto integro de la crisis constitucional e institucional.   

Nos detenemos ahí en el contexto de la coyuntura. Nos interesa comparar lo que ha acaecido en la ciudad de El Alto, que ha sido el escenario de movilizaciones, marchas, cabildos, bloqueos, que pedían la renuncia a la presidencia de Jeanine Añez. Se hizo patente la división de El Alto, los barrios y zonas se fueron poco a poco deslindando de los bloqueos, aunque continuaron en otras zonas y barrios, cuyo epicentro se encuentra en Senkata. Al momento, el conflicto ha disminuido para situarse en la planta mencionada de YPFB. La circunstancia álgida de los hechos recientes comienza cuando un destacamento de policías y militares logra persuadir, además de controlar, a un grupo disminuido de bloqueadores. Se logra sacar los carburantes y trasladarlos en cincuenta cisternas a la ciudad de La Paz. Es después, cuando se produce un enfrentamiento de magnitud, cuando una muchedumbre mayor intenta tomar la planta de Senkata, derribando el muro perimetral, supuestamente con dinamita, internándose en los predios, quemando carros; empero son repelidos por el destacamento militar que se quedó a custodiar los predios. Es cuando se producen las bajas, muertos y heridos de bala. Se cuentan nueve muertos y decenas de heridos. El ejército dice que estas bajas no se deben a los disparos de los militares, en tanto que los bloqueadores dicen lo contrario, acusando al ejercito de haber disparado sobre la gente. Al día siguiente de estos sucesos sangrientos una marcha de vecinos baja de El Alto al centro de la ciudad de La Paz, llevando tres ataúdes de los caídos. La marcha que se concentra en la plaza San Francisco, donde realiza un Cabildo, avanza hacia la Plaza Murillo intentando llegar a esta plaza principal. Es el momento donde la marcha es repelida por la policía. Después de estos sucesos luctuosos, se dan manifestaciones, marchas y concentraciones, en todo el país, incluso en El Alto, pidiendo la pacificación.

Nos parece pertinente comparar este sitio de El Alto a la ciudad de La Paz, de noviembre de 2019, con lo acontecido en septiembre del 2000, cuando se da el bloqueo indígena-campesino a cuatro ciudades, El Alto, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, y con lo acontecido en octubre del 2003, cuando se produce un bloqueo parecido en toda la ciudad de El Alto, sobre todo un bloqueo clave en la planta de Senkata. Aquella vez el ingreso a la planta y el costo de la represión sumó sesenta y cuatro muertes y como quinientos heridos. Las consecuencias fueron una extensión mayor de las movilizaciones, una expansión de las huelgas de hambre en todo el país, además de marchas multitudinarias que tomaron la ciudad de La Paz. El desenlace fue la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada a la presidencia.  

Entre aquel evento de movilizaciones y bloqueos en la ciudad de El Alto y el reciente evento parecido, por lo menos teniendo en cuenta las analogías, sobresalen las diferencias. Anotaremos las sobresalientes. El 2003 las movilizaciones sociales se confrontaron contra un régimen neoliberal, en cambio, ahora, las movilizaciones de la primera etapa de la crisis política se confrontaron contra un gobierno que se consideraba “progresista”. Las movilizaciones de la segunda etapa salieron en defensa del gobierno derrocado, sobre todo del caudillo; en principio, no aceptando la renuncia de Evo Morales Ayma, después concentrándose en el pedido de renuncia de la presidenta en transición. Otra diferencia sobresaliente es que aquellas movilizaciones, las del 2003, tenían un proyecto político claro y evidente, conocido como la Agenda de Octubre, que se puede resumir en dos objetivos, la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente; en cambio, ahora, no hay un proyecto claro, mejor dicho, no hay proyecto político, salvo el de la renuncia del gobierno en transición. Se puede decir que la presente movilización, de la segunda etapa de la crisis constitucional e institucional, al no tener un proyecto político, devela las profundas debilidades de los movilizados y bloqueos recientes de esta fase. Se evidencia un retroceso en la memoria social y política de las movilizaciones de la segunda etapa, una pérdida de memoria popular en el ámbito de las “luchas sociales” recientes; esto se debe a la destrucción del tejido social de las organizaciones sociales, destrucción efectuada por las gestiones clientelares del gobierno del MAS.

Los llamados guerreros del gas fueron como la vanguardia de las movilizaciones de octubre del 2003, apoyados por las juntas de vecinos, aglutinadas en la Federación de Juntas de Vecinos de El Alto; ahora, en cambio, se observa una distribución heterogénea de los movilizados. Los más beligerantes de los grupos de choque se muestran como jóvenes rebeldes sin causa, para decirlo de ese modo, recordando una frase conocida del sentido común, que parecen, mas bien, contratados para efectuar determinados actos de destrucción; a diferencia de estos grupos, están las juntas de vecinos afines al MAS, las que si recurrieron a sus formas de organizaciones tradicionales para movilizarse, marchar, bloquear y concentrarse en los Cabildos. Por otra parte, se suman a las marchas otros contingentes, sobre todos campesinos, que vienen en apoyo de la movilización de El Alto. En contraposición están otras juntas de vecinos que no están de acuerdo con la movilización ni los bloqueos, sino, mas bien, hacen llamados a la pacificación. Esta heterogeneidad habla no solamente de una situación distinta, además de un contexto distinto y otras circunstancias políticas, sino de una movilización que patentiza otros factores y engranajes de la movilización. En ciertos momentos aparece más como montaje operativo que como espontaneidad social. Al respecto llama la atención la consigna utilizada por los grupos beligerantes, “¡ahora sí guerra civil!”, que fue la consigna de octubre de 2003, consigna emergida en Warisata, cuando se perpetró la masacre de siete personas del lugar, entre ellos de una niña que se encontraba viendo desde la ventana de su casa. Una señora de pollera, con su guagua en la espalda, atada por un awayo, y fusil máuser en la mano, gritó: ¡Ahora sí guerra civil! Se captó el momento transversal en una imagen difundida en una revista y también en algunos medios de comunicación. Esta consigna se hallaba prendida por un contenido sensible intenso, que daba lugar a un sentido de convocatoria a la actualización de la guerra anti-colonial. En contraste, la consigna repetida, mecánicamente, en las movilizaciones recientes de El Alto, aparece, en el mejor de los casos, como remembranza de un acto heroico pasado; en el peor de los casos, aparece puesta como etiqueta de un montaje operativo del partido político en retirada.

A esto íbamos, a anotar las diferencias entre octubre de 2003 y noviembre de 2019 en la ciudad de El Alto. Al respecto, podemos decir, parafraseando a Marx, que el primer acontecimiento político fue parte de la tragedia o del acto heroico social, en cambio, el segundo evento, más parece un montaje operativo político del partido en retirada, salvo, claro está, las marchas y movilizaciones de las juntas de vecinos, que expresaron su desacuerdo con la sustitución constitucional, después, manifestaron el dolor y el duelo por los muertos que carga la ciudad alteña. Se trata de movilizaciones propias, empero, en pleno desconcierto, como dice Oscar Vega Camacho[3].

La ironía histórica juega con esta figura dual y repetida de tragedia y farsa. Si fuese un sujeto la historia, como consideraba Hegel filosóficamente, pero no lo es, pues la historia es una narrativa o supone narrativas contrapuestas, por lo menos, una como narrativa del poder, la historia oficial, la otra como narrativa del contra-poder, narrativa de la contra-historia, podríamos figurarnos que ocurre como si la historia se burlara, repitiendo los sucesos, unos como tragedia y otros como farsa. Lo que acontece es la singularidad de los hechos históricos, son únicos, no repetibles; cuando parecen repetirse, lo que ocurre la segunda vez, es otra singularidad, la de la emulación y simulación del poder, la puesta en escena de las dominaciones.  

NOTAS

[1] Leer El 18 de brumario de Luis Bonaparte. https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/El_18_Brumario_de_Luis_Bonaparte.pdf.

[2] Ver La revolución pacífica boliviana.

https://www.bolpress.com/2019/11/15/la-revolucion-pacifica-boliviana-en-el-contexto-de-la-crisis-multiple-del-estado-nacion/.

[3] Leer El desconcierto boliviano.

 https://movilizaciongeneral.blogspot.com/2019/11/el-desconcierto-boliviano.html.

Raúl Prada Alcoreza

Escritor, artesano de poiesis, crítico y activista ácrata. Entre sus últimos libros de ensayo y análisis crítico se encuentran Anacronismos discursivos y estructuras de poder, Estado policial, El lado oscuro del poder, Devenir fenología y devenir complejidad. Entre sus poemarios – con el seudónimo de Sebastiano Monada - se hallan Alboradas crepusculares, Intuición poética, Eterno nacimiento de la rebelión, Subversión afectiva. Ensayos, análisis críticos y poemarios publicados en Amazon.

Atrás