Sinohydro vinculada a mafia china que pagó los aviones de Lamia

Publicado el: 4 diciembre, 2018 18 min. + - Imprimir

Sol de Pando.- Quién diría que el principal drama de Bolivia en el siglo XXI, la endémica corrupción imperante en su avasallado Estado Plurinacional, se configuró en África tramontando desde la China…

Mi última pareja fue el señor Shen Wei”, le dijo Gabriela Zapata al tribunal que indagaba en La Paz su prematuro enriquecimento, en mayo de 2017. “No sabía que era delito recibir algunos regalos de algunas parejas que yo he tenido”, raclamó al justificar sus ingresos que sobrepasaban los 20 mil dólares de múltiples fuentes cada mes.

Shen Wei era vicepresidente en Latinoamérica de la constructora china CAMC, con sede central en Caracas. (La familia Wei es dueña del 40% de las acciones). En 2015 el millonario chino había designado a su novia como Gerente Comercial de CAMC en Bolivia.

Lo extraño es que en 2010, aún antes de haber conocido a Wei y sin poseer formación académica, Zapata actuó como representante en Bolivia de otra empresa china, CITIC, que intentaba adjudicarse la explotación de litio en el Salar de Uyuni. En una declaración confesoria de la cual luego se retractó, la señora señaló al entonces ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana de haber oficiado como su enlace con los chinos.

CAMC es una empresa componente de un conglomerado de compañías constructoras chinas como Sinohydro, Gezoiba, Sinopec, etcétera, que operan mediante off shores creados por el magnate Sam Pa en el paraíso fiscal de Hong Kong.

Shen Wei y su familia resultaron ser socios de Sam Pa en varios mega-negocios que tienen su base de operaciones en África Central. Antes de llegar a Bolivia, Shen Wei administró los contratos de CAMC en Angola, Camerún y Zimbabue. Su padre, Wang Wei —hombre fuerte en el aparato del Partido Comunista Pekinés— durante la década pasada fue Encargado de Negocios de la Embajada China en Luanda, colaborando estrechamente con Sam Pa para la transformación de la estatal petrolera de Angola (Sonangol) en una empresa mixta chino-africana que cayó bajo control de la familia del autócrata angoleño José Eduardo dos Santos, cuya hija, Isabel, es Presidenta vitalicia de la corporación luso-africana, siempre apoyada por los socios chinos de su padre.

El autócrata dos Santos que gobernó entre 1979 y 2017, fue re-electo varias veces y durante las últimas décadas contó con financiamento chino para sus campañas de proselitismo, hasta que cayó enfermo y promovió como sucesor a su Ministro de Defensa, João Lourenço, otro amigo íntimo de Sam Pa.

En 2012, Sam Pa, como representante oficial de China Sonangol inició negociaciones para comprar los astilleros de la semi-quebrada naviera española Rodman, procurando el 60% de las acciones de aquella fábrica de trasatlánticos y buques petroleros con base en Galicia, cuyo valor bordea los cien millones de euros. El objetivo de Sam Pa, mediante la compra del astillero gallego, era expandir vía marítima la comercialización del petróleo africano en Europa.

El emisario y testaferro de Sam Pa durante las negociaciones con Astilleros Rodman en la ciudad gallega de Vigo era el venezolano Ricardo Albacete, quien además de tomar parte en la compra de la naviera, se encargó de administrar las inversiones de Sam Pa también en el sector aeronáutico. En ese lapso, Albacete recibió fondos de Sam Pa para comprar tres aviones con los cuales el testaferro del chino creó en Mérida, Venezuela, la aerolínea de vuelos domésticos Lamia.

Según publicó el diario digital El Confidencial el 30 de noviembre de 2016, el prestigio que ganó Sam Pa en Galicia gracias a su operación de salvataje de los astilleros Rodman, “situó a Albacete en una posición privilegiada, ya que entre el empresariado gallego se corrió la voz de que Sam Pa tenía intención de realizar más inversiones en Galicia y, por lo tanto, todos querían reunirse con su delegado en España. El venezolano estuvo durante meses todo este año y el pasado entrevistándose con emprendedores gallegos que buscaban capital para sus negocios y con dirigentes políticos. Con estos últimos, incluso cerró encuentros para ponerles en contacto con el magnate chino”.

A fines de 2014 las negociaciones para la compra de Astilleros Rodman fracasaron y Lamia se quedó “yesca”, sin poder comprar ni combustible para su pequeña flota de aviones Avro. El magnate chino había desaparecido de la escena. Con orden de arraigo, estaba siendo enjuiciado en Pekín por decisión del Partido Comunista Chino. En 2015 fue sentenciado a prisión por varios actos de corrupción corporativa. El departamento de Estado norteamericano exigió al gobierno chino sacarlo de circulación porque había firmado ilegalmente millonarios contratos con la sanguinaria dictadura de Robert Mugabe para la explotación de diamantes en Zimbabue. También lo investigó la DEA por lavado de activos.

Desprovisto del dinero que le proveía Sam Pa, Ricardo Albacete entró en pánico y en quiebra. Según reveló La Voz de Galicia, Sam Pa le había ofrecido al venezolano re-compararle los aviones de Lamia —adquiridos el 2011 con dinero del mismo chino— para montar una nueva aerolínea en Sierra Leona. Mientras tardaba la licencia boliviana para vuelos internacionales, en septiembre del 2015 Albacete tenía estacionado su único avión operable en un hangar del aeropuerto de Peinador, en la ciudad de Vigo, esperando al padrino chino que debía llegar para cerrar el trato con Rodman. Pero Albacete ya nunca más vería a Sam Pa.

El dueño de Lamia preparó el Avro CP-2933 para transferirlo a Sam Pa, que había proyectado la primera línea aérea de Sierra Leona“, informó el diario español que entrevistó a Albacete horas depués de la tragedia del Chapecoense. “Fue una venta de palabra, entre amigos, y acordamos que compraría mis cuatro aviones“, confesó a La Voz de Galicia el desolado venezolano.

Huérfano del financiamiento chino y desacreditado en Venezuela donde enfrenta juicios por estafa, Albacete llevó sus aviones a una base áerea militar en Cochabamba, contando con la colaboración del entonces Ministro de la Presidencia que le puso en contacto con oficiales de la Fuerza Aérea de Bolivia (FAB). De ese modo el venezolano halló en Bolivia una oportunidad de salvar a Lamia entrando en turbios acuerdos con el Ministro más influyente del país y con un sector del narcotráfico boliviano para futuras “operaciones” conjuntas. Como se sabe, Albacete “presionó” a autoridades claves del Gobierno de Evo Morales para forzar una licencia de vuelos internacionales que obligaba a las naves —de corta autonomía de vuelo, diseñadas sólo para vuelos domésticos—  operar con el combustible a un límite suicida, a tal extremo que el 28 de noviembre esa ruleta rusa voladora se gatilló con un equipo brasileño de fútbol a bordo del Avro CP-2933 en la ruta Santa Cruz – Medellín.

El avión cayó sin combustible a pocos kilómetros de un aeropuerto colombiano matando a 66 pasajeros brasileños, casi todos jugadores del club de fútbol Chapecoenese, más cuatro bolivianos y un paraguayo de la tripulación. La tragedia, causada por la falta habitual de combustible en sus tanques sobrecargados, tuvo su origen —además de la dolosa licencia para volar fuera del territorio boliviano sin cumplir los requisitos técnicos y legales para ello— también en el encarcelamiento del chino Sam Pa, el financiador de Albacete, que dejó en la total insolvencia a su fiel testaferro.

Sam Pa y Sinohydro: el “Lava Jato” africano

Las elecciones presidenciales de Gabón —una ex colonia africana de Francia donde prevalecen relaciones tribales de poder— celebradas el último domingo de agosto del 2016, dieron como resultado un escándalo sorprendentemente parecido al operativo Lava Jato en el Brasil, sólo que la empresa que sobornaba sistemáticamente a los candidatos de la corrupción con millonarias “propinas” no se llamaba Odebrecht, sino más bien Sinohydro.

Aquel caso bautizado por la prensa francófona como “Sinohydro-gate”, está citado en un dossier elaborado por investigadores de la academia brasileña en colaboración con la Policía Federal del Brasil —al cual Sol de Pando tuvo acceso como parte coadyuvante del grupo investigador— buscando paralelismos entre las estrategias desarrolladas por empresas brasileñas y chinas para pervertir los sistemas políticos con sofisticados procedimentos de sobornos, en función a planes de expansión corporativa dentro el lucrativo mercado de las obras públicas estatales en escala continental.

Durante las últimas elecciones en Gabón, el ex Canciller y yerno del difunto autócrata Omar Bongo, Jean Ping, era el candidato presidencial favorito para relevar en el cargo a su cuñado, el presidente Ali Bongo (heredero de la dinastía Bongo), quien sin embargo terminó siendo re-elegido gracias un escándalo que embarró a su propia parentela. A pesar de su carisma y prestigio como “contestatario de izquierda” dentro la familia dinástica, Jean Ping perdió las elecciones frente a su cuñado al revelarse los sendos sobornos que había recibido de la constructora china Sinohydro.

Según una investigación difundida el 23 de junio del 2016 por el periódico francés Mediapart, la esposa de Jean Ping, Pascaline Bongo (hermana y ex jefa de gabinete del actual presidente re-electo Ali Bongo, además famosa por haber sido novia de Bob Marley un año antes de la muerte del cantante jamaiquino en 1981) y el hijo de ambos, Frank Ping, recibieron desde el año 2008 jugosas “comisiones” de Sinohydro a cambio importantes contratos para la construcción de una gigante usina hidroeléctrica sobre el lecho del rio Gran Poubara, además de cuatro carreteras troncales: Leyou-Lastourville, Akieni-Okondja, Koumameyong-Ovan y Mikouyi-Encrucijada Leroy. Tales obras fueron financiadas con créditos chinos del Eximbank. Los negociados alcanzaban a similares obras en Camerún.

Jean Ping recibió los sobornos de Sinhydro especialmente entre 2008 y 2012 cuando el político ejercía la Presidencia de la Comisión de la Unión Africana, con sede en Etiopía, desde donde ejerció influencia en todos los países miembros de esa organización promoviendo contratos de obras en favor de la constructora china. Bajo la presidencia de Ping, el Gobierno de China y Sinohydro donaron un financiamiento para construir un moderno edificio que es la sede de la Unión Africana en Etiopía.

Pascaline Bongo y su hijo Frank Ping habían creado por lo menos tres empresas “offshort” que funcionan en un edificio de la avenida Queensway de Hong Kong, propiedad del magnate chino Sam Pa (encargado de canalizar líneas crediticias del Eximbank al África). Se trata de Ping Ping & Consulting Limited, la sociedad FIEX y la consultora Osiris, a cuyas cuentas Sinohydro abonaba los sobornos para la familia Ping bajo la forma de “honorarios” por consultorías y otros servicios fantasma.

Por este asunto, tras estallar las revelaciones de Mediapart, los ejecutivos de Shinohydro junto a Jean Ping, su ex esposa e hijo, están siendo oficialmente investigados en Gabón por la Fiscalía General de la República. El Fiscal de Librerville, Steve Essame Ndong, citó a un ejecutivo de Sinohydro que admitió y documentó los sobornos pagados a Frank Ping en una confesión delatoria pactada con la Fiscalía, al estilo del Lava Jato brasileño. El fiscal Essame Ndong también convocó al hijo de Jean Ping, pero el acusado se dio a la fuga y es actualmente buscado por la Interpol, según reveló el mismo Fiscal.

Tras ser re-elegido por segunda vez desde la muerte de su padre Omar Bongo en 2009, el primer acto diplomático de Ali Bongo fue visitar en Pekín al presidente chino Xi Jinping, el 7 de diciembre de 2016, un año después del arresto de Sam Pa. El autócrata africano cayó enfermo en octubre pasado; mientras convalece su cuñado Jean Ping reclama para sí la sucesión, y Sinohydro bate palmas.

Un modelo chino armado entre autócratas

Un equipo de periodistas de investigación de Francia —agrupados en el periódico digital “Le DDM”— publicó el 3 de marzo de 2016 detalles de la confesión delatoria de Sam Pa en su juicio de Pekín por el escándalo de los diamantes ensangrentados en Zimbabue.

Según la fuente francesa, Sam Pa confirmó que uno de los principales receptores de los millonarios sobornos canalizados mediante el Fondo Internacional de China fue el presidente de la Unión Africana, el gabonés Jean Ping, cuyos “buenos oficios” fueron usados por Sam Pa para expandir las actividades del consorcio petrolero chino-angolés Sinopec-Sonangol no sólo en África, también en Europa y América Latina.

El esquema se originaba en el Fondo Internacional de China que es una especie de central de materias primas procedentes de África. Esta empresa se encargaba de pagar comisiones a los políticos africanos a través de empresas fachada”, reveló el informe de Le DDM. Sam Pa mencionó como una de esas empresas fachadas (“offshores”) al grupo Ping Ping & Consulting Limited de Gabón, a la cual Sinohydro había transferido, en abril del 2014, más de cuatro millones de euros como “propina” para Pascaline Bongo y su hijo Frank Ping.

El Fondo Internacional de China (CIF, por su sigla en inglés) es una empresa intermediaria de capitales chinos, creada a fines del año 2003 centralizando casi monopólicamente la canalización de créditos del Eximbank para financiar obras civiles en los países de la Unión Africana (su única “competencia” era mismo el Gobierno chino).

El CIF es una de las decenas de compañías inversoras “offshore” que Sam Pa ha constituído en un intrincado holding montado en el edificio Two Pacific Place de la avenida Queensway de Hong Kong, por lo que el turbio conglomerado es conocido en el mundo de las finanzas como “Grupo Queensway”. En el CIF, el magnate chino tiene como su principal socia a Lo Fong Hung, mujer con influencias de alto nivel en el Partido Comunista y el Gobierno de la China Popular.

El éxito de la estrategia expansionista de Sam Pa, a partir de sus negocios en África mediante el CIF, le permitió volcar su voracidad hacia América y Europa. Después de consolidar los negocios de offshores chinas y africanas en Hong Kong, se instaló en pleno corazón de Wall Street, comprando nada menos que el edificio del JP Morgan Bank sobre una de las esquinas más prósperas de Nueva York, la calle 23. Pero aquella osadía capitalista del chino sería el comienzo de su fin.

Al incursionar en el mercado norteamericano de valores, Sam Pa se puso bajo la mira del Departamento de Estado. Llamó la atención de las agencias de interdicción estadounidenses que el magnate chino tuviese una compulsiva preferencia por hacer negocios prioritariamente con las saguinarias autocracias y dictaduras africanas. El negocio de diamantes con la dictadura genocida de Robert Mugabe en Zimbabue era una muestra de que los economistas chinos al mando de Sam Pa “tendían a repetir la experiencia de la dictadura de Pinochet en Chile: sólo bajo un régimen altamente represivo es posible un crecimiento empresarial desarrollista como este que ahora se promueve desde China“, comentó a Sol de Pando el analista británico Tom Burgis, del Financial Times.

La República de Guinea, vecina de Sierra Leona, era otra autocracia favorita de Sam Pa. El 10 de octubre de 2009, apenas dos semanas después de una masacre ocurrida en el estadio de Conakri el 28 de septiembre, con 150 muertos y miles de heridos bajo fuego de la dictadura militar que gobierna ese país francófono, Sam Pa y sus socios angoleños de Sonangol firmaron un acuerdo para la inversión china en varios proyectos dentro los rubros vial, petrolero, aeronáutico e hidroeléctrico, por un valor de 7 mil millones de dólares canalizados por el CIF desde Queensway.

Según explica el periodista JR Mailer, Investigador Asociado del Centro de Estudios Estratégicos Africanos (CEEA) dependiente del Departamento de Estado, a través del CIF el grupo Queensway, es decir Sam Pa, canalizó líneas de crédito chino para financiar obras públicas multimillonarias en los países de África Central a cambio de tomar control directo de recursos naturales y materias primas que abundan en el contienente africano (sobre todo petróleo, gas natural y minerales como bauxita, coltán y diamantes).

El modelo se basa en la siguiente hermenéutica: los gobiernos africanos que buscan desarrollar infraestructuras viales, hidráulicas o energéticas prometidas en campañas electorales, ponen como garantía (para obtener los créditos chinos vía CIF) sus reservorios de petróleo, gas o diamantes que pasarán a manos del oscuro conglomerado controlado por Sam Pa. Pero además los países que reciben créditos del Eximbank canalizados por el CIF, están obligados a contratar empresas constructoras chinas y comprar maquinaria también china. “Comenzando en Angola en 2003” —dice Mailer en un denso estudio publicado en mayo del 2015, pocos meses antes del encarcelamiento de Sam Pa—  “Queensway creció desarrollando industrias extractivas de por lo menos nueve países africanos, incluyendo Guinea, Madagascar, Tanzania y Zimbabue”.

El sistema empresarial-financiero creado por Sam Pa es una sinuosa combinación de recursos públicos e inversiones privadas —a partir de las inversiones del propio magnate chino—, mediante las cuales funcionarios estatales e inclusive mandatarios de alta investidura terminan enriqueciéndose junto a sus familias.

Centrándose en objetivos a corto plazo de altos funcionarios gubernamentales que controlan los recursos naturales de sus países, el consorcio consumó negocios desfavorables para el interés general de las respectivas naciones”, explica el investigador del CEEA, remarcando que aquel apabullante flujo de capitales chinos y recursos públicos africanos concentrados en el extractivismo y el desarrollismo dentro el campo de las mega-infraestructuras, no tuvo ningún impacto real en mejorar las condiciones de vida de poblaciones que siguen figurando entre las más pobres del planeta. “Las promesas de proyectos para la construcción de infraestructuras de elevado perfil fallaron en concretizarse; son generalizadas las denuncias de corrupción; empresas respetables fueron sacadas del mercado y los únicos beneficiados a lo largo de estos años fueron el grupo empresarial de Sam Pa y sus socios políticos africanos”.

Los tentáculos de un neocolonialismo corruptor

El periodista inglés Tom Burgis, investigador del Financial Times que publicó un extenso informe el 8 de agosto del 2014, esbozó un mapa completo del imperio montado por Sam Pa:

Durante la última década, pasó de la oscuridad a los acuerdos en los cinco continentes por valor de decenas de miles de millones de dólares. Sam Pa ha ayudado a construir desde cero una extensa red de empresas vinculadas por propietarios comunes, directores y una dirección registrada en 88 Queensway en Hong Kong. El grupo está en los negocios con BP, Total y el comerciante de productos básicos Glencore (cuya subsidiaria en Bolivia es controlada por el venezolano Carlos Gill, nr). Cuenta con intereses que se extienden desde el gas indonesio y refinado de petróleo en Dubai a apartamentos de lujo en Singapur y una flota de aviones Airbus; es activo en Corea del Norte y Rusia. Se compone de una red de empresas privadas y offshores que apuntalan dos empresas principales: China Sonangol, que es principalmente una compañía petrolera (aunque también posee el antiguo edificio JPMorgan frente a la Bolsa de Nueva York en Wall Street) y China International Fund (CIF), una infraestructura y brazo de la minería cuya bandera flamea sobre la entrada del rascacielos de oro de Luanda (capital de Angola). Sam Pa no aparece como accionista ni director de ninguna compañía de Queensway, pero actúa como representante de la red en reuniones con presidentes, jeques y magnates. Ha acumulado poder y riqueza convirtiéndose en un intermediario en el cortejo de China en África: un desarrollo que ha transformado la política y las perspectivas del continente más pobre del mundo, más dramáticamente que cualquier otra cosa desde el final de la guerra fría”.

A pesar del fracaso de las obras civiles y la caída en desgracia del consorcio Jean Ping-Sam Pa, según J.R. Mailer “el modelo de negocios de Queensway persiste en África y otras regiones gracias a la deficiencia en las estructuras internas e internacionales de fiscalización”.

Es un esquema de absoluta corrupción institucionalizada, donde la abolición de mecanismos legales de control fiscal y regulación administrativa, así como de libertades como el derecho colectivo a la libre información (sin la cual se torna imposible una opinión pública crítica y fiscalizadora), se impone como una necesidad corporativa de facto, inevitable, inminente y rigurosamente funcional a este nuevo modelo depredador enmascarado de “socialista”, que es el que exactamente rige también en algunos países de América Latina de la órbita neo-estalinista como Venezuela, Bolivia y Nicaragua.

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