Tu expresión de luminosa afectividad

Raúl Prada Alcoreza

Publicado el: 9 junio, 2018 9 min. + - Imprimir

Tu expresión de luminosa afectividad

Sebastiano Monada

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Tu expresión de luminosa afectividad

Se dice que el rostro es el lugar de la expresión humana, donde la humanidad alcanzada se expresa en la composición de sus rasgos, en un semblante sensible, adecuado al juego de las emociones, que brotan musicales o como inscripciones mutables de pasiones y preocupaciones, así como de alegrías que danzan con los ciclos vitales. Humanidad anticipada en el rostro de Jesús o del crucificado – como lo enuncian Gilles Deleuze y Félix Guattari -, que transmite en el acto el mensaje enunciado en las frases pronunciadas sentenciosamente; también en el camino del calvario, así como en el mito de la resurrección. Humanidadde rostro narrativo, que compone las tramas imaginadas por las memorias hermenéuticas. Rostro descifrable por la mirada atenta y curiosa, que recorre la composición facial e iluminadora. La experiencia se abre camino por los laberintos orgánicos del cuerpo, llega a la cara para decir lo que se siente y se piensa.
El rostro es eso, es la escritura vivencial del cuerpo vital, palpitante y desnudo, perseguido por el estruendo galopante de las figuras abismales del tiempo. Rostro de la sonrisa donde la alborada se abre paso, empujando la brisa suave, que viene del mar y la cordillera. Sonrisa que combina con los ojos, que también sonríen, viajando lejos, cruzando horizontes, curvando el tiempo y la luz migrante, hasta llegar al comienzo. Es cuando se comprende que se ha vivido para retornar, buscando recomponer las piezas del rompecabezas, para hacerlo mejor. Es cuando se goza del momento crucial del presente, lo único que tenemos a mano; amando a los tuyos, incluso a los ajenos.
Hoy recordamos tu rostro, la biblioteca narrativa de tu rostroexpresivo. Hoy volvemos al momento cuando fuiste pleno en la coyuntura auscultada por tu gesto. Nos enseñas a experimentar intensamente el eterno presente del instante fugaz. Meditamos al verte en la imagen fija de la fotografía, que seduce en el recuerdo como si no hubiera pasado nada, como si se hubiera detenido el tiempo en el instante atrapado por la captura de luces de la cámara. ¿Aprenderemos acaso que lo único que tenemos son las circunstancias conjugadas en la situación donde nos encontramos atrapados o de apertura? No hay otras circunstancias, no hay otra situación; solo la que nos toca experimentarlas, solo la que tenemos al alcance de la mano. Entonces, se trata de gozar en la profusión de sensaciones desatadas en el instante; compartir el momento con el entorno, con quienes te acompañan en el momento.
¿Acaso no solamente se exprese en el rostro la humanidadalcanzada, sino también la comprensión lograda a través de la experiencia acumulada, sobre todo de la experienciaasumida en la memoria auscultadora y cuestionadora? Comprensión somatizada en el rostro sonriente y en la mirada inteligente; mirada que brilla luminosa en vibraciones de afecto; musicalmente componiendo una sinfonía de amor y de alegría. Rostro, escritura biológica y cultural, donde los ancestros retornan combinando sus múltiples rasgos guardados, donde los hijos reconocen el referente familiar, el substrato inaugural, el comienzo cambiante de las historias y de las anécdotas compartidas. Por eso, primero los cuadros, después las fotografías, adquieren el valor simbólico de la consanguineidad y de la alianza en las narrativas familiares. El padre no es el patriarca sino el hogar que cobija, al calor de las leñas prendidas en los fuegos sentimentales de las constancias y del compartir juntos los territorios de la casa y las ceremonias rituales de los encuentros. Por eso nos alegramos de estar juntos en la espontaneidad de los momentos que nos congregan en un lugar o en un viaje corto, un paseo por la ciudad o el jardín.
El rostro es vitalidad emotiva, donde la sabia expresión deleita en el juego de colores que la luz configura, con pinceladas sutiles pintando enunciados faciales. Cuando recordamos aquella mañana o aquella tarde de charla, retornamos al acontecimiento de sensaciones, que brotan espontaneas, jugando a interpretaciones somáticas y semánticas, conjugadas en el acto. Pero, este retorno no es la vuelta a lo mismo sino a la diferencia, que esconde la mismidad; descubrimos lo que no habíamos visto conscientemente en el momento compartido, lo que se oculta en la fugacidad del instante. Por eso, la memoria es la tejedora que hila y deshila, que teje y desteje, mostrando distintas composiciones de lo mismo, haciendo de lo mismo el abanico de la diferencia, que airea con profusos recuerdos la recuperación del tiempo inscrito en el espacio, del espaciofluido y móvil que hace al tiempo huellas en el devenir.
Rostro de luminosa afectividad; afectividad que ilumina en la oscuridad, descubriendo la pluralidad escondida en el acontecimiento. Afectividad vital, que es la vida misma, el impulso ondulante de la vida proliferante; memoria sensible. Por lo tanto, acontecimiento que siente, que se relaciona con el mundo efectivo y el multiverso sensualmente, sensitivamente; inscribiendo esta relación en el espesor sensitivo del cuerpo, escribiendo en el entorno esta relaciónen las atmósferas, en los climas, en los territorios, que cobijan. Entonces el substrato primordial de la vida es el acontecimiento afectivo. Es en los espesores de la memoria sensible de donde emerge la comprensión del mundo efectivo; la interpretación afectiva se transforma en interpretación cultural. Se narra, se conjetura tramas, dando sentido a la experiencia registrada.
Rostro en plenitud expresiva, donando brisas de afecto y cadencia humana, irradia atmósfera templada en el vaivén de los sauces y en el aroma dulce de los choclos. Lo dice todo cuando armoniza con el ambiente, conjugando en la composición del momento, en ese espacio-tiempocircunstancial, donde cabe un paisaje y viajan otras miradas. Es el acontecimiento de un instante fugaz, que se fija en la memoria y en la captura fotográfica. Queda entonces el testimonio de que ocurrió el encuentro entre el cuerpo vital y un lugar del mundo, que muta, se mueve y es recorrido. La impresión de la huella es esa hendidura en un ámbito visitado de una atmósfera y de una territorialidad, en ese recorte de realidad que configura la visita.
La luminosidad de la materia hace composiciones ondeantes, que combinan encuentros, casualidades, en tejidos de la necesidad que desconocemos. La maravilla de la existencia y la hermosura de la vida componen esos momentosintensamente afectivos, que se dan en su dúctil movilidad y en su constante devenir. Es cuando, al recordar y remembrar descubrimos que somos parte de la sincronía dinámica del multiverso, en sus distintas escalas. Ese momento ya no está, pero la vida fluye proliferante y creativa. El momento se hunde en el registro del tejido de esa composición coyuntural. Entonces el registro queda, aunque el tejido se haya destejido, para volver a tejer otros entramados.
El registro enraíza en distintos planos y espesores de intensidad; aparece como virtualidad en las memorias de otros; en el lugar queda el halo, aunque en el mismo ya habiten otras composiciones corporales. No es que sea invisible, sino que en la premura de los recorridos de los que pasan, no se dan cuenta, no se detienen a presentir el halo, no lo perciben, no decodifican el halo en la fenomenología de la percepción; fenomenología que queda detenida en el camino, en espera que alguien, con más tiempo, pueda hacerlo. Sin embargo, sin ser fantasma, el halo se impregna en las nuevas composiciones del tejido. Participa en las nuevas composiciones, como un hilo más, aunque no se lo detecte.
Por eso habría que buscarte en los lugares donde estuviste presente; hacer de tu presencia señales de huellas en el tejido del espacio-tiempo, en el nudo singular de ese tejido, que se ha desanudo. Así podríamos percibir los halos, sumergirlos en el presentimiento del cuerpo, dejando que sus hermenéuticas carnales descifren otros códigos insondables. Es una manera de desandar los caminos que recorriste, buscándote a contracorriente, encontrándote en ese viaje al revés, dejando que la retrospección te devuelva a nosotros.
Hay que aprender entonces a moverse en la simultaneidad dinámica, comprendiendo que nada desaparece, nada se va, sino que forma parte de los espesores del presente. Hay que sumergirse entonces en esos espesores, como si fuesen las aguas del océano incognito, hay que bucear en sus profundidades, descansar en sus corales, admirarse ante la polifonía de colores y ritmos que cobijan nuestro paso. Entonces, se puede interpretarte nuevamente y de distintas maneras, en diferentes narrativas posibles. Te hacemos volver al presente, de variadas formas, en distintas tonalidades, en una gama de perfiles. Te conviertes en clavepara descifrar nuestras vidas, comprender, a su vez, nuestros viajes singulares en mapas de lugares, que las circunstancias nos ofrecieron dadivosas. Hay que poner mucha atención en esta hermenéutica afectiva que hace inteligible la experiencia, que se aposenta por capas, como estratificaciones movedizas de una geología sentimental.
Tu luminosidad afectiva enseña la apertura a otras maneras de relacionarse, de asociarse, de construir complicidades afectivas, de lograr fijar momentos en la intimidad de los tejidos, mostrando que es posible efectuar el eterno retorno a lo mismo, en su sutil diferencia. Entonces, comprendemos que no te perdimos, sino que nos ganaste para la vida, que debe ser vivida plenamente. Una conclusión podría ser: entreguémonos intensamente a la eternidad del instante. Otra conclusión podría ser: no perdamos la oportunidad de vivir plenamente los momentos. Una tercera conclusión podría ser: No perdamos el tiempo en banalidades, en rencores, en resentimientos, en odios, pues estas pasiones triviales reducen la oportunidad de vivir al tamaño mezquino de los prejuicios. Con esta actitud ya no se vive, sino se muere lentamente en la letanía de los días y en la oquedad arrepentida de las noches.

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