La ofensiva del neo-gamonalismo

Raúl Prada Alcoreza

Publicado el: 13 mayo, 2018 28 min. + - Imprimir

La ofensiva del

neo-gamonalismo

Raúl Prada Alcoreza

 


El discurso esquemático llevado a la simplicidad extrema, con pretensiones moralistas, además de convertirse en referente indiscutible del acto de juzgar, en el paradigma del bien, en el modelo de lo correcto, en el encomio de la razón, en el discurso que juzga a los contrincantes como afectados y encarnando todos los males habidos y por haber. Un ejemplo de este tipo de discurso es el reciente liberal de los últimos tiempos, que no es exactamente neoliberal, pues no hace tanto hincapié en los temas neoliberales; en la competencia, en el libre mercado y en la libre empresa. Aunque los tenga implícitos, lo que remarca es el ideal del Estado de Derecho, como si éste se hubiera dado tal cual en lahistoria política de la modernidad. Así como la ideología socialista pregona el ideal de lasociedad justa, como si esta se hubiera dado tal cual en las experiencias del socialismo real, como si ésta se pudiera dar tal cual, sin intervención de las contingencias de larealidad efectiva, sobre todo, de los efectos masivos incontrolables, que desatan las políticas de Estado.

El reciente discurso liberal, se ha dado a la tarea de criticar el populismo. Lo hace con recursos escasos, quedándose en la centralidad de los prejuicios, en la información selectiva, en la ausencia de investigación; sin hacer tampoco referencia a investigaciones. Se desentiende de todo el debate político anterior, teórico; no solo político, sino también económico y social; ingresa campante como si el mundo, por lo menos, el mundo moderno, comenzara recién; entonces, se hace cargo, como si no hubiera pasado nada, de los mismos argumentos trasnochados, vertidos por losconservadores de antaño. El discurso tiene resonancia política,  ante el desgaste y derrumbe de la última versión del populismo latinoamericano de los “gobiernos progresistas”, del llamado “socialismo del siglo XXI”. Esto le da ventaja en la retórica, pero no en el debate, que debe ser al menos riguroso. El discurso liberal, que pretende desplegar una crítica neutral, dicha desde la límpida moralidad, confunde en la historia del populismo todas sus variedades singulares, de contextos y de coyunturas. Reduce el sentido del populismo al significado de demagogia. La narrativa de esta pretendida “crítica” liberal es pobre; los populistas o los caudillos, en su caso, serían personajes que dicen lo que quiere escuchar la gente, en tanto que el emisor, el caudillo, el líder populista, sabe lo que quiere; en consecuencia, manipula.

Esta construcción ideológica es elemental. Otra vez el contrincante es el endemoniado, señalado por quienes se consideran ángeles. La política se reduce a la caricatura del guion simple de comedia burlesca, donde el pueblo se entrega ingenuamente a lapromesa y resulta expoliado por avezados políticos demagogos. El pueblo es víctima de aventureros, de demagogos, de profetas de utopías; en tanto que los caudillos y líderes populistas lo expolian, se enriquecen y caen en la decadencia. No se les entra en la cabeza, a estos pretendidos “críticos” liberales que no habría caudillos ni lideres populistas, sino hubiera habido antes levantamientos populares. Estos liberales de última hora olvidan que el pueblo se levantó contra la dominación imperante, contra el ordenestablecido, orden de la discriminación, de la explotación, del racismo solapado o descarnado, orden patriarcal del sexismo. Olvida que los miserables, recurriendo al nombre de la novela de Víctor Hugo, se revelaron contra el régimen oprobioso, que los condena a la miseria. Este es el substrato de las políticas y estilos populistas, de orientación de “izquierda”; más aún, es el substrato de la ideología socialista. No se puede discutir y hablar sobre el populismo desentendiéndose de este referente crucial en la historia política.

Otra cosa que obvia esta reciente “crítica” liberal al populismo es su propia historia, lahistoria política del liberalismo en el continente; y en la historia reciente, la incidencia delproyecto neoliberal. La historia del neoliberalismo en América Latina es la continuidad intermitente del liberalismo, en su versión más restringida de la ideología liberalheredada. Es la historia, en pleno sentido, relato de la ideología liberal, en su forma más circunscrita al discurso pretendidamente “técnico”, sin embargo, reducido a una aritmética elemental, que solo toma los recursos de la estadística en sus indicadores elementales. Se trata de la recurrencia del ideal del Estado de Derecho en su forma aparentemente más estrecha, denominada reducción estatal, sin embargo, paradójicamente, en los hechos, Estado ensanchado en la aplicación demoledora delajuste estructural. También, efectivamente, Estado del itinerario de contradicciones, al llevar adelante la aplicación sinuosa del Estado de Derecho. Las prácticas liberales se distancian de lo constituido jurídica y políticamente, pues se efectúan en las condicionesdefinidas por las correlaciones de fuerzas del momento. El liberalismo en América Latina es ejecutado por el estrato menos conservador, que adquiere una tonalidad progresista, de las clases dominantes, cuyo perfil viene definido por las llamadas profesiones liberales. El horizonte liberal era, en su periodo, el de la revolución industrial. Los líderes liberales latinoamericanos soñaban con la industrialización como finalidad del desarrollo. En el imaginario de los caudillos liberales el desarrollo era concebido como despliegue de redes de ferrocarriles, que articulaban la geografía política del país. Después, la concepción cambia, acompañando los nuevos estereotipos de la modernidad. El significado de desarrollo adquiere la figura de la expansión del crédito, cuando los usuarios pueden prestarse a su antojo, bajo el compromiso adquirido de la deuda, disponiendo de la masa dineraria del sistema financiero, hasta los límites impuestos por las reglas del juego financiero, aunque estos límites pueden moverse con desplazamientos de refinanciación.

No importa aquí discutir el sentido que se le atribuye al desarrollo, en una coyunturadada y en un determinado contexto, en una versión ideológica o en otra; lo que importa es comprender el desgaste continuo del concepto de desarrollo. El concepto de desarrolloparece corresponder a una hipótesis económica evolucionista, que se va falsando en la medida que avanzan las contrastaciones. El discurso liberal comparte con el discurso socialista y el discurso populista el postulado del desarrollo. La diferencia radica en el modo que pretenden conseguir el objetivo buscado. Unos pretenden lograr el objetivo anhelado mediante el concurso de la mano invisible del mercado; otros pretenden lograrlo por medio de la realización social. El compartir el telos, es decir, la finalidad deldesarrollo, los acerca tanto que no parecen ser opciones diferentes y contrapuestas, sino, mas bien, complementarias; los procedimientos son distintos.

El discurso liberal critica del populismo lo mismo que la práctica liberal contiene, lamanipulación mediática de las masas. Se puede decir que esta manipulación estriba sobre las distintas interpretaciones y políticas de desarrollo. El problema radica en que la polisemia del concepto de desarrollo no se reduce ni a la versión liberal, tampoco a la versión socialista, así como a la versión populista. No se trata de la realización de lautopía; el desarrollo es una idea. Todas estas manifestaciones de la ideología modernacomparten la idea, aunque lo hagan desde interpretaciones distintas. El desarrollo es unaidea, el ideal perseguido. Es también el significado moderno otorgado al tiempo social, institucionalmente asumido. Todas las versiones de la ideología moderna comparten estehorizonte histórico-cultural.

En estas condiciones de posibilidades históricas-culturales-sociales-económicas,pretender la crítica al populismo sin considerar este horizonte histórico-culturalcompartido, resulta una diatriba ideológica, circunscrita al esquematismo dual moralista, donde se enfrentan los buenos contra los malos. No hay ningún aporte para lacomprensión del fenómeno político del populismo. Solo se escucha o se lee la letanía morosa del prejuicio desplegado, así como se repite la estigmatización sobre el fenómeno efectivo del populismo.

Para comenzar, deberíamos partir de la diferencia conceptual del populismo ruso y delpopulismo latinoamericano. El populismo ruso, anterior al populismo latinoamericano, es básicamente campesinista; una proyección social alternativa hacia el socialismo, saltando al capitalismo. En cambio, el populismo latinoamericano se refiere a la convocatoria del mito, el caudillo, el mesías político. La palabra que se refiere a ambas experiencias políticas es la misma, pero los conceptos relativos al populismo son distintos. Sin embargo, como ocurre en el lenguaje, el uso de términos iguales hace cruzar metáforas diferentes y connota significados distintos. Entre las figuras históricas reaparece la metáfora campesinista, sobre todo en lo que respecta a la reforma agraria. Pero, de todas maneras, el populismo latinoamericano es estatalista; en cambio, el populismo ruso es anti-estatalista; apuesta a la gestión comunitaria. Hablar de los orígenes del populismoremontándose a la revolución mexicana es un desatino; la revolución mexicanacorresponde a una explosión social, particularmente campesina. La revolución campesinaque tiene como programa la reforma agraria no es populista. Puede decodificarse así en el sentido del populismo ruso, pero no en el sentido del populismo latinoamericano. Larevolución mexicana no puede ser considerada como populista, tampoco como elnacimiento del populismo. Esto es reducir la revolución mexicana a un esquematismo simplón con proyecciones de generalización. La revolución mexicana es una revolución social, la segunda revolución social en el joven sistema-mundo capitalista;  la primera fue la rebelión de los guerreros Tai-ping, los guerreros del cielo celeste, mal llamados “bóxer”; la tercera fue la revolución rusa, que se extiende intermitentemente desde 1905 hasta 1917. Estas revoluciones desbordan el campo político, no solamente sonrevoluciones políticas, sino también son revoluciones sociales[1].

El problema de esta interpretación liberal es que quiere encontrar en los sucesos seleccionados arbitrariamente una historia del populismo. La historia del populismo, en el sentido latinoamericano, comienza con Lázaro Cárdenas; este es el perfil y el modelo inicial del populismo latinoamericano. La convocatoria del mito, el caudillo que encarna elmito, la promesa del mesías político. Lo que no ve la interpretación trivial liberal es que ese populismo, de mediados del siglo XX, constituye e instituye el Estado-nación en sentido histórico-político, pues antes solo era una caricatura jurídico-política. Laideología liberal solo asume la idea de Estado de Derecho sin contrastarlo con su realización efectiva. El Estado de Derecho en América Latina no se ha materializado, sino de manera barroca. Primero, excluyendo a las mayorías indígenas, además de a la mitad de la población de mujeres. Se trata de un Estado de Derecho que desconoce los derechos de las naciones y pueblos indígenas y de las mujeres. Entonces, ¿de qué derechos se habla? ¿De los derechos de la minoría criolla y mestiza masculina? Desde la perspectiva enunciativa del Estado de Derecho, en los hechos, no hay Estado de Derecho. Se trata de un Estado colonial, que adquiere durante la forma aparente de república, las características de Estado-nación de la colonialidad; este Estado se edifica sobre cementerios indígenas.

Después, en los periodos de su desenvolvimiento, el liberalismo avasalla los territorios comunitarios indígenas, privatizándolos, expandiendo la frontera de las haciendas. Lahistoria del liberalismo, en los comienzos de las llamadas repúblicas, se despliega comoguerra contra las naciones y los pueblos indígenas. Este liberalismo es un instrumento de la continuidad colonial en la era republicana. José Carlos Mariátegui caracterizó a la casta liberal latinoamericana, la nombró claramente como gamonal. La materialización socialdel liberalismo latinoamericano es gamonal. Esto quiere decir que se trata de ladominación de los latifundistas y propietarios mineros, también de propietarios de plantaciones cafetaleras y de caña. El liberalismo latinoamericano es gamonal; es decir, se trata de la casta dominante de propietarios monopólicos de la tierra y de las minas, heredera de las propiedades coloniales de los conquistadores.

El populismo de mediados del siglo XX se enfrenta al gamonalismo liberal, propone, en sus versiones más radicales, la reforma agraria y la nacionalización de los recursos naturales y de las empresas trasnacionales que los explotan. El segundo nacimiento del Estado-nación, después del nacimiento jurídico-político, después de la independencia, se da con las nacionalizaciones; las nacionalizaciones constituyen actos soberanos del Estado-nación, en sentido histórico-político. Este es un momento constitutivo y dedisponibilidad de fuerzas, como lo define René Zavaleta Mercado. Frente a esta acción nacional-popular, el liberalismo latinoamericano resulta un discurso no solamenteconservador, sino de legitimación del entreguismo de los recursos naturales a las empresas extractivistas monopólicas mundiales.

Desde la perspectiva de la convocatoria, el discurso liberal queda restringido a las castaslatifundistas y de propietarios mineros, acompañadas por sectores de “clase media” altos, correspondientes a las llamadas profesiones liberales, al servicio de la administración de las empresas privadas extractivistas. En cambio, el discurso populista es altamente convocativo, se remite al pueblo, a todas las clases sociales, sobre todo a las subalternas. Esto no tiene que ver con la característica retórica de la demagogia, sino con una empatía entre populismo y el pueblo. La empatía no deriva, no podría, de lamanipulación discursiva, entonces demagógica, sino de la interrelación intersubjetivaentre pueblo y populismo. No comprender esto es reducirse a los prejuicios encarnados en la casta gamonal, que desprecia al pueblo y lo popular.

No es que los populistas manipulan desde un principio. Este es un enunciado de la teoría de la conspiración, por cierto, ingenuo y especulativo. La empatía emerge de la interacción entre los estratos populares y el populismo, sobre todo con el caudillo que encarna la convocatoria del mito. Se trata de un entramado afectivo. No es acertado decir que el caudillo populista manipula desde un principio, sino que forma parte de unentramado afectivo. Es el pueblo demandante el que inventa imaginariamente al caudillo. Interpreta desde su aparato hermenéutico lo que acontece; lo que acontece, según estahermenéutica, tiene que ver con la profecía mesiánica y la promesa.

Ahora bien, es importante remarcar las diferencias entre el populismo de mediados del siglo XX y el populismo del siglo XXI. Para comenzar a señalar estas diferencias, empezaremos con la auto-identificación de los discursos populistas. A mediados del siglo XX los populistas se identifican como nacionalistas-revolucionarios; son expresiones políticas e ideológicas de lo nacional-popular. En cambio, a fines del siglo XX y principios del siglo XXI los populistas se auto-identifican como “socialismo del siglo XXI” o, en su caso, como “socialismo comunitario”. Lo nacional-popular corresponde al nacionalismo revolucionario; se trata de la formación de la consciencia nacional, de la convocatoria a la nación oprimida, a recuperar su soberanía, la soberanía sobre los recursos naturales. El proyecto es nacionalizador; nacionalizar los recursos naturales, nacionalizar las empresas que los explotan; en la versión más radical del nacionalismo revolucionario se postuló nacionalizar incluso al Estado. En cambio el “socialismo del siglo XXI” considera que ha superado el nacionalismo, incluso que ha superado los errores del socialismo real; se considera, mas bien, la expresión del “socialismo del siglo XXI”. Esta es la pretensión; pretensión que radica en la diferencia entre ideología y realidad efectiva. ¿Es, efectivamente, una nueva versión del populismo, tal como asevera la “crítica” liberal reciente?

Se puede decir que hay analogías, que ciertas características del populismolatinoamericano del siglo XX se repiten, como, por ejemplo, la convocatoria del mito; sin embargo, es indispensable enfocar la mirada en las diferencias, pues éstas nos darán las claves para comprender este neopopulismo o lo que se llame. Una diferencia estriba en que no todos los “procesos de cambio” de los “gobiernos progresistas” han efectuado lasnacionalizaciones esperadas, tampoco la reforma agraria, como corresponde; solo el “gobierno progresista” bolivariano de Venezuela las ha llevado acabo, al estilo de cómo lo hacían los gobiernos nacional-populares, mediante el procedimiento de laexpropiación. En cambio el “gobierno progresista” boliviano solo llevó a cabo una solanacionalización al estilo clásico, la nacionalización de los hidrocarburos; empero, paradesnacionalizarlos después de un año, mediante los Contratos de Operaciones. Las demás “nacionalizaciones” no fueron tales, fueron compras de acciones. El “gobierno progresista” de Brasil tampoco efectuó nacionalizaciones, mucho menos hizo la reforma agraria esperada; se puede decir que lo que hizo es incrementar notoriamente lainversión social en salud y educación, además de combinar medidas asistenciales con medidas de redistribución del ingreso. Como en otros “gobiernos progresistas” se ampliaron las políticas de bonos. Esto de la inversión social más se parece a las políticas de tipo social-demócrata que a políticas populistas. Se trata, en este caso, mas bien, deanalogías con la socialdemocracia europea, mas que con los gobiernos populistas de mediados del siglo XX. Lo de los bonos ya aparecieron en las políticas de compensaciónde los gobiernos neoliberales; claro que en estos últimos en una escala menor que la efectuada en los “gobiernos progresistas”. ¿Qué es entonces lo que queda de lasanalogías con los gobiernos populistas de mediados del siglo XX?

Se puede decir que la convocatoria del mito; mantienen una relación afectiva con elpueblo, que puede ser llamada chantaje emocional. Aunque el entusiasmo de la gente se agote, una vez constatado los parecidos con los gobiernos anteriores, los gobiernos neoliberales. Las políticas o, mas bien, el esquema estructural de las políticas neoliberales se mantuvo; sobre todo en lo que respecta a la subsunción en el Sistema Financiero Internacional. Esto aconteció a tal punto, llevando lejos esta subsunción, que el Partido de los Trabajadores (PT), de Brasil, se convirtió en un administrador de las AFPs; parte de la jerarquía sindical asumió las funciones de administradores de las AFPs, convirtiéndose en no solo burguesía sindical sino también en burguesía financiera

Otra analogía, esta vez con los gobiernos liberales, corresponde a la continuidad delmodelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. Es más, incluso los “gobiernos progresistas” habrían extendido e intensificado el modelo extractivista. Entonces, estamos ante gobiernos del llamado “socialismo del siglo XXI”, que combinan analogías diferenciales, con los gobiernos populistas, con los gobiernos de la socialdemocracia y con los gobiernos neoliberales. Este barroco político es ilustrativo de lo que acontece. ¿En qué condiciones de posibilidades históricas y políticas se llega al eclecticismo político? ¿En que condiciones históricas y culturales se mezclan estas formaciones discursivas y estas formaciones ideológicas y políticas distintas?

Podemos definir un perfil de estas combinaciones, que parecen heteróclitas, tomando en cuenta las prácticas discursivas que las sostienen, que sostienen los discursos emitidos, además de las prácticas políticas que hacen de substrato de los discursos y de lasprácticas discursivas. Primero, el discurso populista sirve para la convocatoria; es útil en la retórica política para convencer al pueblo que se está en el “proceso de cambio”. Segundo, la práctica política socialdemócrata evidencia la actualidad de la incursión política de los “gobiernos progresistas”; estos gobiernos se mueven en un horizontedefinido por los postulados del bien estar, no del vivir bien, como pregonan; bienestarcomo finalidad de la socialdemocracia. Se trata de un socialismo light, suave y liviano, dentro de lo que se viene en llamar Estado de bienestar. Tercero, la práctica económica neoliberal es útil en lo que respecta a la continuidad económica, sobre todo en lo relacionado a la participación en la economía-mundo capitalista, en las condiciones establecidas por la geopolítica del sistema-mundo capitalista.

En consecuencia, una hipótesis interpretativa, correspondiente a las conclusiones, es que el discurso populista incumbe a la retórica política de la convocatoria; en cambio, laspracticas políticas y las prácticas económicas corresponden a lo que efectivamente se va dando como acontecer político y como acontecer económico.

Volviendo a la “crítica” liberal reciente, el problema es que toma en serio el discurso populista, es más, lo confunde graciosamente con el discurso socialista; este tomar en serio el discurso es considerar que es el referente efectivo de la realidad política; noentiende que el discurso se sustenta en prácticas discursivas y las prácticas discursivasse sustentan en prácticas de poder. Este problema se ahonda cuando se desentiende de las prácticas políticas y de las prácticas económicas, lo efectivamente dado, pues eldiscurso sirve de retórica, ayuda apoyar las acciones. Esta inocencia, por decirlo suavemente, lleva a esta “crítica” a conclusiones rápidas, sin que pueda sostenerlas; conclusiones en extremo esquemáticas y restrictivas, reducidas hasta donde llegan losprejuicios. Por eso solo logran caracterizar sus propios miedos y fantasmas, sin lograr definir claramente qué es el populismo. Este discurso liberal reciente es un reciclaje delsubstrato ideológico del liberalismo latinoamericano, substrato que comparte con elconservadurismo que lo antecede, incluso con el conservadurismo ultramontano más recalcitrante. Este substrato corresponde a la concepción gamonal del mundo, tal cual lo definió lucidamente José Carlos Mariátegui. Entonces, con relación a la pretendida “crítica” liberal reciente, se trata de la ofensiva neo-gamonal; ofensiva desplegada no tanto, exactamente, contra el populismo, que es figura delirante, en este caso, del imaginario fantástico de la casta gamonal y de sus herederos, sino contra la potencia social, contra la potencia popular.  El sueño de este liberalismo de última hora es que se retorne a la utopía liberal, que como utopía jamás se dio en ningún lugar. Fue solo unaidea expresada en la ideología jurídico-política[2], cuando, en la práctica, efectivamente, el ejercicio gubernamental liberal sirvió para avasallar los territorios de las comunidades indígenas, continuando la incursión, dejada pendiente, por el conservadurismo, que no es otra cosa que la continuidad de la colonialidad, por otros medios, esta vez liberales.

El liberalismo de antaño consideraba que realizaba la modernización; los caudillos liberales, que es un  fenómeno curioso latinoamericano, soñaban con construir ferrocarriles por toda la geografía política del país; soñaban con modernizar a sus pueblos, a los que consideraban bárbaros. Los liberales de última hora sueñan con un Estado de Derecho institucionalizado, que sea como la norma absoluta de toda conducta ciudadana. Este Estado de Derecho fue el ideal construido en los inicios del liberalismo. Como idea racional es una finalidad y, a la vez, síntesis de significaciones políticas; por lo tanto, expresa la voluntad que se propone la modernización liberal y, a la vez, haceroperable esta voluntad, supuestamente general, usando el significado que otorga avoluntad general Jean Jacques Rousseau. Sin embargo, la idea no necesariamente se realiza tal cual. La idea se realiza en el mundo efectivo y, al hacerlo, lo hace condicionado por las condiciones de posibilidades históricas-políticas-económicas-sociales, con las que cuenta, en el momento y en el contexto. Lo hace con los recursos al alcance en el mundo efectivo. Al ocurrir de esta manera, se carga no de ideas, no de imágenes y conceptos, sino de materialidades, densidades y flujos, en espesores y planos de intensidad de lacomplejidad dinámica social. El Estado de Derecho, como idea, podríamos decir metafóricamente para ilustrar, como esqueleto, se hace de carne, de órganos, de redes de venas y de arterias, de sistema nervioso. Al encarnarse deja de ser idea, es cuerpo, se convierte en un Estado corpóreo, que concentra y administra fuerzas, que enfrenta a otras fuerzas, que reúne discursos y los difunde, enfrentando otros discursos.

El Estado liberal no es solamente Estado de Derecho, lo que dice la ideología jurídico-política, sino es un Estado de hecho. El Estado de hecho, el Estado en acción, en este caso. El Estado liberal, no tiene como referente solamente al ideal de Estado de Derecho, sino tiene otros referentes, que no son ideales, sino materiales. Tiene ante sí unasociedad compleja, que lo rebasa por todos lados; tiene colateralmente y correlativamente a otros Estado-nación, con los que se relaciona. Se encuentra en unmundo, mejor dicho, en un sistema-mundo, que lo contiene. En consecuencia, no solo actúa con el instrumental jurídico de la Constitución y su desarrollo legislativo, sino con los aparatos de su malla institucional.

El Estado efectivo, comprendiendo su singularidad, genera efectos masivos no controlados. Los efectos masivos se convierten en terrenos o territorios sociales, que se coagularon. Se convierten, por así decirlo, en realidad política, que es distinto a decirrealidad efectiva. La realidad efectiva la contiene y hace de substrato de esta realidad política. No se puede evaluar al Estado liberal, comprendiendo sus singularidades, como si fuesen el Estado de Derecho; tampoco se puede evaluarlo partiendo del Estado de Derecho como referente; pues se encuentran diferencias entre la idea y la realidad, lo que efectivamente es. La evaluación solo es posible si se toma en cuenta la complejidadmisma de la genealogía estatal. Lo mismo ocurre con el ideal de Estado socialista, aunque sea concebido como transición. Lo que tiene la ideología socialista es también una idea racionalidea que resume el postulado fuerte de justicia, sobre todo de justicia social. Pero, esta idea no puede realizarse como tal en el mundo efectivo. De la misma manera, al encarnarse, al moverse a través de la malla institucional, al concentrar fuerzas para enfrentar fuerzas, al reunir discursos para enfrentar discursos, genera efectos masivosque no controla. De esto hablamos en Paradojas de la revolución[3]. Por lo tanto, no se puede evaluar al Estado socialista como si fuese la realización de su ideal, tampoco tomar la idea socialista como referente, aunque la ideología considere que es así, que el Estado socialista real es inmediatamente la idea de socialismo. Solo se puede evaluar el Estado socialista efectivamente dado, comprendiendo sus singularidades y la complejidad dinámica social, donde se encuentra y se mueve, así también comprendiendo lasgenealogías de poder que lo conforman.

A estas alturas del partido, de las historias políticas de la modernidad, no se puede seguir restringiendo el debate al mundo de las representaciones, es decir, a la ideología, en sus distintas formas y manifestaciones. Esto para lo único que sirve es para seguir bregando en el círculo vicioso del poderlegitimado por el círculo vicioso de la ideología, sin salir de sus entramados y de sus tramas. Es menester encarar el acontecimiento político en sucomplejidad dinámica. Los que se ponen en el papel de jueces, de un lado o del otro, con un discurso o con otro, juzgan desde la ideología, como si el mundo efectivo se redujera al mundo de las representaciones. En la actualidad, los jueces son cada vez más apócrifos y el acto de juzgar es cada vez más claramente una impostura. En lo que corresponde a laideología, comparando con su situación inaugural, entusiasmada por la idea racional, lasformaciones discursivas se han convertido en banalidades recicladas, seleccionando argumentos trasnochados, pretendan unos defender el liberalismo, pretendan otros defender el socialismo.

Volviendo al populismo, incluso en su versión neo-populista, en este caso no hay unEstado populista, aunque se de la forma de gubernamentalidad clientelar; lo que hay es el Estado liberal adulterado, mutando en una forma abigarrada; menos se puede hablar de aproximaciones al Estado socialista, incluso efectivamente dado. Por lo tanto, no hay una idea racional de un tipo de Estado distinto, que podría denominarse provisionalmente “Estado populista”, sino, mas bien, estamos ante un símbolo político, mejor dicho, ante una alegoría simbólica, es decir, un mito. En este caso, el “Estado mítico”, no es una construcción racional, no es una idea, sino una construcción afectiva, si se quiere, pasional. La narrativa populista no resuelve la construcción del mito estatal por la vía de la voluntad, guiada por la razón, sino por la vía de la pasión guiada por el mito. No se trata de una finalidad sino, siguiendo las metáforas, de la resurrección política. El “Estado mítico” del populismo es una realización religiosa-política. De esto hablamos enLa convocatoria del mito. Tampoco se puede evaluar el “Estado populista” por el mito que tiene de sí mismo, pues vamos a encontrar notorias diferencias. Hay que evaluarlo en la salsa de su propia complejidad dinámica, en las genealogías singulares del Estado liberal exuberantemente barroco.

A estas alturas del partido, como dice el refrán popular, no se puede pretender “analizar” el “populismo” a partir del núcleo gravitacional de los prejuicios, que corresponden aconservadurismos recalcitrantes, coagulados en conductas; de circunscribir estefenómeno político a las caricaturas que se tiene del mismo, como la reductiva imagen dedemagogia o la otra imagen dramática de autoritarismo. Todo Estado es autoridad y también es autoritario, aunque lo sea en distintas tonalidades, aunque, en algunos casos o muchos, dependiendo de las circunstancias en la coyuntura, se matice la violencia, en cambio, en otros, se la remarque,  se llegue a formas extremas de violencia desbocada, violencia concentrada patéticamente por la emergencia estatal. En determinadas circunstancias de emergencia, como de crisis política y económica, todo tipo de Estado recurre a su núcleo de emergencia: el Estado de excepción.

 

[1] Ver la serie Acontecimiento político, en Cuadernos activistas. ISSUU. Raúl Prada Alcoreza; La Paz.

[2] Ver Crítica de la ideología jurídico-política. ISSUU. Raúl Prada Alcoreza; La Paz.

[3] Ver Paradojas de la revolución. En la serie Acontecimiento político. ISSUU. Raúl Prada Alcoreza; La Paz.

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