Sin haber sido emitido aún, el Petro provoca desesperación

Carlos Lippo

Publicado el: 6 febrero, 2018 15 min. + - Imprimir

La designación del dólar estadounidense como moneda de reserva mundial fue una de las  resoluciones de la conferencia monetaria y financiera de Naciones Unidas, realizada en el complejo hotelero de Bretton Woods, (Nueva Hampshire, Estados Unidos), entre el 1 y el 22 de julio de 1944; siendo oportuno señalar que en aquel entonces Naciones Unidas era sólo un grupo de naciones cuyos gobiernos habían suscrito en 1942 una declaración que les comprometía a luchar juntos en contra de las “Potencias del Eje” (Alemania, Italia y Japón), en el marco de la II Guerra Mundial.

Se trató de una designación que impuso el gobierno gringo con una gran facilidad haciendo uso de sus habituales maniobras chantajistas e intimidatorias, aunque basándose en los siguientes hechos: EEUU poseía para esa época un 80 % de las reservas de oro del mundo y estaba próximo a emerger de la guerra convertido en una gran potencia industrial a la que las “Potencias Aliadas” debían ingentes sumas de dinero por concepto de compra de armamentos; las potencias de la Europa Occidental estaban todavía inmersas en el conflicto bélico del cual salieron totalmente desangradas; la mayor parte de los 44 participantes eran países latinoamericanos, la inmensa mayoría de ellos altamente permeables a la influencia y el control de Washington por aquellos días; y finalmente, una cantidad importante de naciones que todavía eran colonias europeas no pudieron participar directamente sino a través de sus respectivas metrópolis, como por ejemplo India, que participó representada por Inglaterra. A todo esto habría que agregar que dicha designación no fue ratificada posteriormente por la URSS, los países del bloque socialista y China, que se retiró de la conferencia tras el triunfo de su revolución en 1949.

La designación exigía que el dólar estuviese respaldado por oro así como también su libre convertibilidad a razón de 35 dólares por cada onza (28,35 gr.) del precioso metal, lo que se llamó “el estándar internacional de oro” o “patrón oro”, aplicable a las divisas de todos los países firmantes para poder establecer su paridad en relación con la moneda estadounidense.

En 1971, obligado por el hecho de haber gastado la casi totalidad de las reservas de oro, a consecuencia de los gastos generados por las guerras de Corea (1950-1953) y Vietnam (1955-1975) y apegado a la inveterada costumbre de incumplir los acuerdos suscritos, el imperio, en cabeza de su presidente de turno el inefable Richard Nixon, decide dejar de respaldar el dólar con oro. Poco después suscribe un convenio con Arabia Saudita, que era ya el primer exportador mundial de petróleo, para que sólo aceptase dólares americanos en pago por la venta de sus hidrocarburos. Dicho convenio, sugerido por otro de los inefables, el secretario Kissinger, contemplaba por otra parte, el suministro de armas, asesoría militar y defensa del corrupto régimen monárquico saudí, ya desde aquel entonces uno de los mayores violadores de los derechos humanos en este planeta.

Posteriormente en 1975, por razones de desconfianza hacia los otros miembros, todos las naciones integrantes de la organización de países exportadores de petróleo (OPEP), de la cual formamos parte en calidad de miembro fundador, que a la sazón contaban con más del 81% de las reservas mundiales de petróleo, decidieron suscribir el mismo convenio, con lo que quedó conformado el sistema petrodólar (1). Sistema absurdo y aberrante que fuerza a todos los países del planeta a vender y comprar todo su petróleo en dólares, creando una demanda internacional artificial por el dinero de los Estado Unidos.

Antes de comenzar a entrar en materia es oportuno y conveniente señalar que el 25 de agosto de 2017, el impresentable Donald Trump, basándose en la Orden Ejecutiva # 13692 del 8 de marzo de 2015, suscrita por Barack Hussein Obama, que declara a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de EEUU, emitió la # 13808 contentiva de una serie de sanciones de carácter financiero que en opinión de Peter Koening (2), economista y analista geopolítico de origen estadounidense, ex funcionario del Banco Mundial, son las más amplias sanciones económicas de la historia, son representativas de una guerra financiera directa que prácticamente paralizaría a Venezuela y constituyen además un crimen de guerra, ya que ponen en peligro y amenazan las vidas del pueblo venezolano.

Aunque de una manera general y ambigua las sanciones aprobadas sólo pretenden bloquear el acceso del estado venezolano y la empresa estatal PDVSA a nuevas fuentes de financiamiento en dólares; bloquear todas las operaciones con dos títulos valores (bonos) emitidos legalmente por PDVSA; e impedir la percepción de los dividendos resultantes de las operaciones de su filial CITGO en territorio estadounidense, en la práctica se trata, con arreglo al sistema monetario occidental que hemos descrito al comienzo del artículo, de excluir a Venezuela de toda transacción financiera internacional así como de un bloqueo  bancario total contra PDVSA, imposibilitando las transacciones directas de hidrocarburos.

Las referidas sanciones, motivadas sin duda alguna por la formidable derrota que juntos, gobierno y pueblo revolucionario, propinásemos a la contrarrevolución al lograr elegir a los miembros de nuestra Asamblea Nacional Constituyente (ANC), poniendo fin así a la cadena de acciones terroristas que iniciasen a comienzos de abril, se han constituido en un arma terrible en el marco de la actual guerra económica, que ha servido para boicotear nuestras compras de alimentos, medicinas e insumos varios de primera necesidad para consumo de nuestro pueblo, con la anuencia de no pocos gobiernos cipayos como los de Colombia, España y Portugal, al mismo tiempo que ha logrado establecer un férreo bloqueo financiero con la ilegal complicidad de toda la banca occidental, habiendo servido para inducir un impago (default) de los intereses de algunos títulos valores de PDVSA, a pesar de que dicha empresa ha transferido los fondos en dólares necesarios para cumplir tales compromisos.

Como primera respuesta a estas sanciones nuestro gobierno decretó el día 7 de septiembre un conjunto de medidas de carácter económico-financiero entre las cuales destaca la salida del sistema petrodólar; en palabras del propio presidente Maduro: “Venezuela va a implementar un nuevo sistema de pago internacional y va crear una canasta de monedas para liberarnos del dólar y con las monedas de libre convertimiento como el yuan (moneda de China), el euro, el yen (moneda de Japón), la rupia (moneda de India) y las monedas internacionales para liberar de las garras del dólar como moneda opresora” (3). A la fecha actual esta medida ha alcanzado plena vigencia y la cotización de nuestro barril de petróleo se está expresando en yuanes, habiendo contribuido a hacer posible su implantación el hecho de que más del 60 % de nuestro petróleo de exportación está dirigido a países asiáticos, China e India fundamentalmente.

Otra medida destinada a contrarrestar los terribles efectos de las sanciones, dotada además de un importante carácter ofensivo, es la creación de la criptomoneda (criptoactivo o criptovalor) venezolana denominada el Petro, que anunciase el presidente Maduro el pasado 03 de diciembre (4), la cual habrá de estar respaldada en primera instancia por nuestras reservas petroleras certificadas y posteriormente por nuestras reservas en oro, diamantes y minerales estratégicos, en vías de su certificación, teniendo como base institucional, política y jurídica al Observatorio del Blockchain de Venezuela, institución adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, que está integrado por un equipo multidisciplinario de especialistas en las áreas de tecnología, economía y finanzas, legal, área monetaria y mediática.

La medida está destinada también a contrarrestar los efectos nefastos del portal www.dolartoday.com, que desde Cúcuta y Miami ha tenido éxito en posicionar una tasa cambiaria ilegal que el pasado año se incrementó en un 3.315 %, sin ninguna basamento macroeconómico que la sustente, pero que al ser asumida como real por el sector privado suministrador de bienes y servicios en el país, ha sido la principal  causa de una inflación fundamentalmente inducida estimada en un 2.000 %, que lejos de estabilizarse está aumentando de forma exponencial en lo que va del año 2018.

El anuncio de la creación del Petro ha sido recibido con los mejores auspicios por especialistas de talla internacional en el área de criptomonedas; tal es el caso del connotado economista estadounidense Max Keiser, conductor del famoso programa Keiser Report que transmite Russia Today, quien expresó en una serie de mensajes en su cuenta Twitter @maxkeiser, conceptos tales como: que la iniciativa de una criptomoneda es una buena forma de luchar contra el imperialismo estadounidense que ahoga la economía venezolana; que con este anuncio el presidente Nicolás Maduro dio un paso gigantesco para consolidar una innovadora herramienta financiera que no permitirá injerencia alguna en la captación de capitales y en el intercambio comercial; y el más auspicioso de todos: “La necesidad es la madre de la invención. Venezuela trata de superar la hiperinflación con una nueva –y esperemos que deflacionaria, si lo hacen bien – criptodivisa: el “Petro”. Como inventor y pionero en criptomonedas y monedas digitales, brindo todo mi apoyo a esta iniciativa y animo a que otros hagan lo mismo(5).

Entendiendo que los detalles técnicos más específicos relativos a la nueva criptodivisa escapan del alcance de un artículo como éste, sin embargo consideramos oportuno señalar lo siguiente:

  • Según decreto del presidente Maduro, de fecha 27 de diciembre de 2017 (6), el Petro estará respaldado inicialmente por los 5.342 millones de barriles de petróleo no desarrollado, originales en sitio, del Bloque Ayacucho 1, Área Ayacucho de la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO) Hugo Chávez, que a precios actuales representan una cantidad del orden de los 270 mil millones de dólares.
  • El Presidente Maduro en Consejo de Ministros del 5 de enero pasado decretó la emisión de un total de 100 millones de criptomonedas Petro (7), con un valor total estimado del orden de los 5.400 millones de dólares.
  • El Superintendente de Criptoactivos de Venezuela, Carlos Vargas, declaró el pasado 7 de enero, entre otras cuestiones, que: la moneda digital que impulsa al estado, el Petro, será lanzada al mercado a través de una Oferta Inicial de Monedas (ICO); el Petro funcionará igual que cualquier criptomoneda, siendo 0,10 Petro la menor cantidad que podrá ser adquirida; y cada Petro podrá ser canjeado a través de las casas de cambio virtuales, “pero además de eso, va existir muchos comercios prestadores de bienes y servicios donde se va a poder ir con su Petro o cualquier criptomoneda a intercambiarla” (8).

En relación a la factibilidad técnica de éxito del Petro, no son pocos los connotados economistas venezolanos que se han manifestado de manera totalmente favorable, Tony Boza (9) y Juan Carlos Valdez, entre ellos. Considero sin embargo que el mayor indicio de que nuestra criptomoneda habrá de satisfacer plenamente los objetivos que le han sido encomendados, lo provee el hecho de que el pasado 9 de enero los diputados opositores de la Asamblea Nacional (AN) en desacato (10), cuyos actos tienen nulidad absoluta, según sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), en sumiso acatamiento de las órdenes impartidas desde el imperio, decretaron su ilegalidad.

Por otra parte, el carácter evidentemente absurdo de los 5 más comunes argumentos que han presentado sus detractores para atacarlo: que su adquisición estará sujeta a sanciones, como si las transacciones con criptovalores no fuesen anónimas; que es un instrumento de Maduro, como si no se tratase de una de las más de 1.600 criptomonedas existentes en la actualidad; que son simples bonos (¿!); que se trata de una burbuja especulativa, como si no estuviese respaldado por un activo físico de alto valor actual y además en sostenido ascenso; y que compromete nuestras reservas internacionales de petróleo, como si éstas no fuesen y con mucho las mayores del planeta, no hay duda de que asignan al Petro una inmensa factibilidad de éxito.

Dos hechos públicos, notorios y comunicaciones ocurridos en el imperio la semana pasada, son los que nos conducen a sostener que la prevista emisión del Petro tiene a la burocracia del imperio en estado de profunda desesperación; tales hechos son:

  • Una notificación emitida por el departamento del tesoro gringo el día 16 (11), que con el apoyo de una débil y falaz interpretación del texto de la sanciones de las cuales hablásemos al comienzo de este artículo y dejando de lado el hecho evidente de que las transacciones con criptomonedas son anónimas, por lo que escapan al control de las autoridades monetarias y de la banca, advierte amenazadoramente a sus ciudadanos que “podrían exponerse a riesgos legales”, e incluso ser perseguidos legalmente en virtud de las sanciones impuestas a Caracas.
  • El envío al departamento del tesoro gringo de una correspondencia suscrita por los senadores de origen latinoamericano Marcos Rubio (republicano) y Bob Menéndez (demócrata), enemigos irreconciliables de la revolución bolivariana, que con peores argumentos aun, solicitan las sanciones preanunciadas en la notificación antes mencionada (12), como si no tuviesen asuntos más urgentes que resolver en favor del pueblo estadounidense, como sería el evitar el cierre técnico del gobierno federal, que de hecho se produjo al día siguiente, fecha del primer aniversario del gobierno de Trump, por décimo sexta vez (13).

Llegando al final de estas notas, debo decir que en Venezuela todos los revolucionarios tenemos plena conciencia del inmenso riesgo que estamos corriendo al no sólo no habernos doblegado ante las sanciones, sino al haber diseñado y puesto en marcha la implementación de medidas destinadas a contrarrestarlas, puesto que tales medidas no son sólo defensivas sino que representan también un importante ataque a su ya débil signo monetario, carente de todo respaldo real. No hay que olvidar que todavía están presentes los escenarios de completa destrucción generados por el imperio en Irak y Libia ante los solos anuncios de sus valientes líderes, Sadam Hussein y Mohamad Gadaffi, de que pretenderían liberar a sus naciones de la tiranía internacional del dólar. Tal riesgo lo asumimos todos plenamente; lo que ocurre es que en nuestra patria en verdad hemos decidido ser libres.

Una prueba de que este riesgo es real e inminente lo constituye el contenido de un artículo titulado “Colapso en Venezuela y su impacto en la región” , escrito por R. Evans Ellins, profesor de la Escuela de Guerra del Ejército de los EEUU, publicado hace poco en la edición trimestral de la revista “Military Review”. Con la mayor impudicia, el autor sostiene que las acciones del Gobierno del presidente Nicolás Maduro “han demostrado que es poco probable que la crisis política y económica de Venezuela se resuelva mediante procesos democráticos”, añadiendo seguidamente que su gobierno debe considerar “el despliegue de fuerzas de mantenimiento o de imposición de la paz en caso de que la evolución de la crisis y las posiciones de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas permitan tal acción” y precisando que las labores militares en el país no deben pasar por “una intervención militar directa en territorio venezolano a no ser para eliminar algunas capacidades ofensivas que se emplean contra los vecinos de Venezuela” . ¡Más claro, imposible!

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