El viento no se ve pero es pura potencia. Los árboles no hablan pero te van diciendo todo, a cada momento. La vida es así. Lo esencial es invisible. Lo esencial está más allá del lenguaje. Porque sobre aquello de lo que no se  puede hablar, hay que callar.[1] O lo sientes o es silencio

La vida es así. La vida no se demora, ni se enreda en palabras. La vida no se ataja si no estás dispuesto a seguir su huella. De árboles, de vientos

La poesía duele. Te puede doler. Pero te redime. Te redime siempre

La poesía puede lastimarte. Pero al final, al final, te cura

Puedes perderte, puedes olvidarte. Pero al final, al final, siempre puedes regresar al cauce, al cerro, a la nieve, a la música: a ese más allá del lenguaje, más allá de lo que no se puede hablar. Esa es la textura inmemorial de aquello que no está escrito, ni puede decirse. Eso que labran el viento y los árboles. Eso esencial, eso invisible

Al viento no lo ves pero está siempre presente. Los árboles igual. No hablan, no gritan,  pero siempre dicen la verdad.