Si 25 años atrás alguien hubiera dicho que los nazis volverían al parlamento alemán y que los entonces jóvenes del movimiento verde votarían por los conservadores, habría sido calificado de loco. Hoy es diferente. La extrema derecha, representada por Alternativa para Alemania (AfD), volvió al parlamento y Angela Merkel seguirá siendo canciller, sólo si los otrora revoltosos verdes la apoyan para formar gobierno.

El domingo la conservadora CDU, de Angela Merkel, ganó las elecciones alemanas con el 32,9 por ciento de votos, 8,6 por ciento menos que los obtenidos en las elecciones de 2013, mientras que su socia en el gobierno la socialdemócrata SPD cosechó apenas el 20,5 por ciento de votos, 5,2 por ciento menos que hace cuatro años y con ello marcó el peor resultado de su historia.

Estos resultados, que aunque no son oficiales no serán muy diferentes a los finales, muestran que la AfD se convirtió en la tercera fuerza en el Parlamento con el 12,6 por ciento de votos y con ello dan fin a una época en la que la extrema derecha se mantuvo alejada del parlamento alemán. Este partido es uno de los ganadores de la jornada electoral.

De consolidarse esos resultados CDU ocupará 246 escaños en el Parlamento, SPD 153, AfD 94, los liberales FDP 80, el partido de Izquierta “Linke” 69 y los verdes 67, de modo que para seguir al frente del gobierno Merkel debe mantener la coalición con el SPD o formar una nueva alianza con liberales y verdes.

Con los resultados la izquierda, al menos el bloque que se reclama serlo: SPD, Verdes y Linke, dejan de ser mayoría en el Parlamento. Sí, hasta ahora eran mayoría y los tres partidos podrían haber formado gobierno, pero en las anteriores elecciones el SPD prefirió seguir haciendo las veces de escudero de Merkel, antes que liderar un gobierno que incluya a Linke.

Ahora con resultados electorales que saben a una catástrofe “el lugar del SPD es la oposición”, dijo el candidato a canciller del SPD Martin Schulz.

De mantenerse el SPD el gobierno la oposición alemana sería comandada en el Parlamento por la derecha que todavía provoca escalofríos. Pero parece que nadie quiere dar lugar a ello, aunque el extremo sería el mejor escenario para los extremistas de derecha. De hecho, apenas conocidos los primeros resultados electorales el candidato del AfD, Alexander Gauland, dijo en tono agresivo que ellos iban a “cazar a la señora Merkel”.

Así las cosas, a Merkel le queda formar una alianza con los liberales y los otrora revolucionarios verdes. Pero esta posible coalición que desde el bloque de los llamados “realistas” ocuparon los cargos de dirección del movimiento verde puede fracasar por los por ahora aparentemente irreconciliables puntos de vista sobre la política ambiental. Los verdes exigen, por ahora, salir del uso de los combustibles fósiles y prohibir desde el año 2030 los motores de combustión, una posibilidad que para los liberales es físicamente imposible. Pero además limitar el número de migrantes es otro tema que se anticipa como conflictivo, esta vez entre CSU —la versión bávara del CDU— y los verdes. La CSU ve en ese tema una de las razones por las que la población apoya a los derechistas del AfD —contrarios a la llegada de nuevos asilados—, pero la propuesta es rechazada de plano por los verdes.

Merkel ganó, sí, un hecho que daban todos por seguro, especialmente por quienes ven los envidiables datos macroeconómicos alemanes.

 

Pero ni Merkel ni su partido tienen mucho que festejar. En números absolutos tienen dos millones de votos menos. Según las proyecciones de la cadena pública ARD más de un millón de sus votos de 2013 se fueron esta vez a AFD, mientras que desde la izquierda critican, con números en la mano, la precarización de las condiciones de vida, la separación entre los grupos sociales por niveles de ingreso.

De seguir en el gobierno Merkel tendrá que proponer nuevas políticas en materia de inmigración, tema que puede dar nuevas alas a los extremistas, encontrar políticas que combinen la preservación del medio ambiente y las fuentes de trabajo y abordar el tema de la modernización de las infraestructuras.

Pero el primer paso para seguir en el gobierno es formar una alianza de gobierno con liberales y verdes, una combinación que en los papeles se parece a la mezcla de agua y aceite.