Evo Morales, en los primeros años de su gobierno, solía decir que, “la política es servir al pueblo”, lo cual nos hacía pensar que en Bolivia se inauguraba la otra forma de hacer política, distinta al liberalismo y al socialismo. Es decir, una política comunitaria donde ejercer el cargo de autoridad es un acto de servicio; esta práctica es vigente todavía en muchas comunidades aymaras, quechuas, guaranís.

Sin embargo, en el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) hay una escisión entre el discurso y la práctica, pues, el gobierno de Evo Morales burla su “palabra dada”. Así, por ejemplo, dice “gobernar obedeciendo al pueblo” y en los hechos reclama una disciplinada cuartelaría al pueblo.

En ese contexto es importante describir y analizar ¿cómo el poder y la dominación se reproducen en el gobierno de Evo Morales? ¿Hay cambios o continuidades en la forma tradicional de hacer política en Bolivia? Estas y otras cuestiones ameritan ser reflexionadas en el contexto del “proceso de cambio” que el MAS viene promoviendo por más de diez años.

A principios del siglo XX, el pensador alemán Max Weber en su texto: “Economía y Sociedad”, definía con mucha nitidez el concepto del poder como, “la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad”. Más o menos esa es la característica del poder que ejerce el gobierno de Evo Morales, imponiendo su voluntad propia a las organizaciones sociales y a la población en general. En ese sentido, los gobernantes se constituyen en soberanos del poder y exigen la obediencia al pueblo. Ellos creen que tienen el derecho de mandar a los sujetos disciplinados y obedientes, mientras a los indisciplinados y desobedientes, como Felipe Quispe, se les debe aplicar castigos ejemplificadores. De esta forma, se reproduce el poder y la dominación tradicional, donde unos se convierten en agentes mandantes y otros en sujetos cuasi autómatas mandados.

Por tanto, el poder en el “proceso de cambio” les encanta, así como Pablo Mamani sostiene en su artículo: “Sociología del miedo y el poderoso”, publicado en el Periódico Página Siete, el 11 de septiembre de 2016, que “los poderosos disfrutan [del poder] porque la gente que les rodea los trata con mayores consideraciones y los obedecen hasta en el menor detalle. Además, se hace realidad lo que ellos/ellas quieren”.  En tal sentido, Evo Morales y sus sequitos de izquierda y derecha, tratan de reproducirse en el poder y ejercen represión y persecución a todo aquel que se interpone en sus caminos.

Al respecto de la temática del poder, el filósofo francés Michel Foucault en su texto: “Vigilar y Castigar”, señalaba que hay penalidades y gratificaciones en las relaciones de poder; a los disciplinados se les gratifica y a los indisciplinados se les castiga al igual que en el cuartel. El gobierno del MAS hace exactamente lo mismo, por ejemplo, a los dirigentes de las organizaciones sociales disciplinados les gratifica dando algunas dadivas, y a los indisciplinados les lleva a la prisión para que purguen sus “culpas”. De esta manera tienen el control de las principales organizaciones sociales del país, y donde no logran controlar, entonces empiezan a dividir y confrontar entres sus mismos afiliados, bajo la dicotomía de amigo-enemigo.

En consecuencia, la política en el “proceso de cambio”, sigue siendo dominación, en la que una minoría monopoliza el poder a nombre del pueblo, así como Stalin ejercía el poder totalitario a nombre de los obreros. Por tanto, no hay cambios en la política tradicional, esta sigue se ejerce igual que en tiempos de gobiernos neoliberales, es más hay retrocesos en la democracia; por eso es importante pensar y repensar en otra forma de hacer política, ya no concentrar el poder en una minoría, sino dispersar entre las mayorías. Y eso implica pensar en la política comunitaria de rotación y turno, donde se vive para la política y no de la política como ocurre en el actual contexto del “proceso de cambio”.