Desde que en Bolivia se impuso el modelo económico neoliberal —y ya también antes— caerle bien al embajador estaodunidense de turno en Bolivia era considerado un requisito imprescindible para que un político tenga un futuro en Bolivia. Pero en septiembre de 2008 Bolivia expulsó al entonces embajador Philip Golderg y a pesar de eso la vida continúa en Bolivia.

“Sin miedo a nadie, sin miedo al imperio, hoy día delante del pueblo boliviano declaro al señor Goldberg, embajador de Estados Unidos, persona no grata (…) No queremos gente separatista ni divisionista ni que conspire contra la unidad; no queremos personas que atenten contra la democracia”, había dicho en ese entonces el Presidente Morales.

La expulsión se produjo en un contexto en el que opositores habían organizado una vigorosa movilización que desestabilizó al primer gobierno de Morales y que había adquirido tintes separatistas con el llamado proyecto de la “media luna”. En ese entonces Bolivia estaba en una especie de antesala a una guerra civil.

Según las autoridades el gobierno norteamericano asesoraba a grupos sediciosos del oriente del país y asegur que funcionarios de la Embajada financiaban las movilizaciones y los bloqueos camineros de los terratenientes.

Según las denuncias Goldberg se había reunido en secreto con el prefecto Rubén Costas, líder del ala dura del autonomismo, días antes del estallido de la violencia en la capital cruceña. Aunque la Cancillería pidió explicaciones al diplomático y le recordó que los diplomáticos no debían entrometerse en asuntos políticos internos, Goldberg visitó a la prefecta de Chuquisaca Savina Cuellar, y luego con prefectos opositores de Beni, Pando y Tarija.

En ese tiempo hordas de autonomistas habían saqueado instituciones públicas de Santa Cruz.

Goldberd, el embajador expulsado, había sido entre 1994 y 1996 diplomático importante en Bosnia durante la guerra de los Balcanes”. Entre 2004 y 2006 fue jefe de misión en Pristina, Kosovo, cuando se produjo la independencia de esa región. Goldberg era calificado en Bolivia como un “especialista en dividir países”.

La expulsión de Golberg fue calificada por el gobierno de Estados Unidos como “lamentable” y un “gran error” y casi por obligación también expulsó al embajador boliviano Gustavo Guzmán.

Tiempo después el gobierno boliviano declaró persona no grata a Francisco Martínez, un funcionario que según la información oficial del gobierno boliviano, era la persona de contacto de la embajada con ex policías bolivianos.

Después de la expulsión el gobierno logró, con el apoyo popular, controlar las protestas y luego, en abril de 2009, desarticuló una organización calificada como terrorista cuyo cabecilla, Eduardo Rosza, intentaba “liberar a Santa Cruz”, es decir, dividir al pais.

Desde entonces las relaciones entre Bolivia y Estados Unidos oficialmente se mantuvieron a nivel de encargados de negocios y ambos países expresaron sus deseos de mejorar las relaciones diplomáticas que avanzaron hasta la conformación de mesas de trabajo.

El incidente más serio se produjo en 2013 cuando el avión presidencial fue desviado a Viena cuando el gobierno estadounidense sospechaba que a bordo se encontraba el ex agente de la CIA Edward Snowden.

“Si fuera necesario (vamos a) cerrar la embajada de Estados Unidos en Bolivia. No necesitamos embajada de Estados Unidos” dijo Morales días después durante una cumbre de presidentes de Unasur en Cochabamba al comentar el incidente de Viena.

Con la posesión de Donald Trump, Morales expresó su deseo de restablecer relaciones diplomáticas con intercambio de embajadores “respetando soberanía y dignidad de nuestros pueblos”.

Antes Morales había expresado antes su deseo de reunirse con el expresidente Barack Obama, pero su intención no prosperó.

En marzo pasado el Subsecretario Adjunto para Asuntos Andinos, Brasileños y del Cono Sur de Estados Unidos, Michael Fitzpatrick, dijo que su país busca normalizar las relaciones con Bolivia. “El Gobierno de Estados Unidos está comprometido a cultivar una relación positiva con el pueblo y el Gobierno de Bolivia. Hice mi visita como secretario para asegurar al pueblo y al Gobierno boliviano que somos sinceros en la búsqueda de la normalización de las relaciones entre los dos gobiernos”, dijo Fitzpatrick.

En junio pasado se conoció que la representación diplomática de Estados Unidos pidió eliminar el requisito de visa de ingreso para los ciudadanos de su país a Bolivia. “Yo quiero decirles pública y responsablemente, no tenemos ningún problema, pero siempre y cuando sea recíproco, nosotros eliminamos el visado para los norteamericanos y que ellos también eliminen el visado para los bolivianos”, respondió Morales.

En agosto el encargado de negocios de Estados Unidos en Bolivia Peter Brennan, dijo que “ojalá Bolivia nunca llegue al punto en el que está Venezuela porque es deplorable y muy lamentable”, provocando una fuerte protesta del gobierno boliviano, aliado del venezolano. El incidente fue cerrado con una aclaración escrita de las declaraciones a la cancillería.

Diez años atrás, muchos consideraban inviable la existencia de un país en América que no tenga un Embajador de Estados Unidos. Pero en Bolivia no hay un embajador estadounidense. Después de la salida del último, las relaciones entre los dos países quedaron enfriadas, pero no se volvieron agresivas. Como ya ocurría antes, el país sigue sumando descertificaciones en la lucha antidrogas, los bolivianos —como antes— necesitan visas para ingresar a Estados Unidos. Lo que ha cambiado es la presencia de autoridades en las fiestas del 4 de julio en la Embajada de Estados Unidos, y tampoco no se conoce que los planes de gobierno vayan primero a las oficinas de la avenida Arce en La Paz. Además, muchos de los autonomistas —como el actual ministro de Defensa, Reymi Ferreira—, ahora son parte del gobierno de Morales. Nueve años después de la expulsión de Golberg la vida continúa en Bolivia.