A Carolina

Vamos y venimos siempre

Sobre las mismas heridas

Las mismas incertidumbres

Iguales desasosiegos

Vamos y venimos, nómades enloquecidos

Sobre las mismas arenas del espanto

Los fuegos del horror

Que incendian nuestra piel y nuestros brazos

Nos desolamos a más no poder

Nos desalmamos lo imposible

Creemos que el mundo es una idea

Cuando el mundo no sólo no es una idea

Una puta idea –que pueda arreglarlo, que pueda hacerlo comprensible

 

El mundo no es así

El mundo no es una idea, no hay una idea del mundo… ¡eso es tan vano!

El mundo es un sentimiento, es un ardor, es un arraigo

El mundo es la simple y profunda voluntad de volverlo eso: un mundo

Un mundo lleno de gracia, lleno de encanto, lleno de fe renovada

Un mundo lleno de esperanza

 

Allí no hace falta nada, salvo esa voluntad

Esa voluntad de vida

Labrada en mil batallas, mil huellas, todos los amaneceres

Los ríos profundos que forjan esos amaneceres

Las manos que se congregan como ríos profundos cada amanecer

Y que se te revelen en un dios, un ángel y un destino

Que desde esa profundidad de los ríos –Apurímac, Señor de los Ríos

Te gritan, te claman, te imploran

Nunca dejes de ser vos

Nunca te rindas

 

Siempre hay un dios ausente

Que se vuelve presente

Si lo convocas

 

Pacha

 

Mama

 

Siempre hay un ángel

Que te auxilia

Cuando ya no puedes

Cuando estás perdido

Y te asfixias

 

Siempre hay un destino

Que te espera

Que jamás cede

Que sabe de vos

Y te aguarda.

 

Río Abajo, 2 de agosto de 2017

Nota bene: gracias totales por la inspiración de este escrito a Carolina, a José María Arguedas y al Papa Francisco.