Entre colonización y “descolonización”: a propósito de Tiwanaku, las casonas coloniales y los edificios estatales que se construyen en el periodo  1976-2017

 

¿Cuánto representa sostener vetustos edificios-zombis vivientes? Se preguntaba el mes pasado el historiador aymara Esteban Ticona, planteando empero que la respuesta “no es tan sencilla cuando se quiere construir un pasado distinto”

Subsiste sin embargo el cuestionamiento implícito sobre el tipo o modalidad de la construcción actual de un pasado distinto en el marco de las bases plurinacionales y multiculturales del nuevo Estado que rige desde 2006 y que debería conservar todas y cada una de las manifestaciones culturales, sin derribarlas ni avasallarnas ni siquiera con la sombra que proyectan dimensiones como la del monolito embarazado que se alza, de acuerdo a la arquitectura “neotihuanacota” sobre el casco viejo de la antigua Chuquiabo-Nuestra Señora de La Paz.

Fuera de la respuesta del vicepresidente Alvaro García sobre las quejas de la “decadencia” en trance de ser abatida a manos de un nuevo régimen que pulveriza las manifestaciones arquitectónicas coloniales y republicanas, la intelligensia del Estado Plurinacional no ha respondido cuán distinta del pasado será la actual visión “descolonizadora” que se empeña, no obstante, como en el pasado colonial que erigió cruces sobre las wacas, en arrasar con el enemigo así sea en sus expresiones de argamasa y teja.

Los dos paralelepípedos multimillonarios que se alzan en dominios del presidente Evo Morales y el  vicepresidente Alvaro García,  “edificios-columnas”, según el arquitecto  Carlos Urquizo, cuyo parecer Bolpress reproduce aquí lo mismo que el de Ticona, no son generosos con los espacios sociales y comunes que pertenecen al conjunto, erigiéndose en beneficio exclusivo de una élite estatal y su exaltación ideológica, casi exactamente reproduciendo, se diría,  los criterios que llevaron al ex dictador Banzer a edificar la mole del BCB.

“Bastará darse una vueltita por Tiwanaku y ver la generosa, equilibrada y armoniosa relación lograda en esa época entre espacios construidos y abiertos, entre espacios públicos y privados”, subraya Urquizo, en una invitación a proseguir la discusión: “Por el lenguaje arquitectónico, el edificio anexo a Palacio es similar al Banco Central, ejemplo negativo, porque su relación con el entorno urbano no es generosa y parece una obra especulativa inmobiliaria”

 

Sobre los patrimonios culturales coloniales

-Esteban Ticona /La Razón, 15 de julio de 2017

 

Creo que es tiempo de discutir en el proceso de descolonización la interrogante: ¿qué hacemos con los patrimonios heredados de la Colonia española y el republicanismo? Cada cierto tiempo aparecen voces, manifestaciones y defensores del patrimonio cultural colonial del país, llámense edificios (muebles/inmuebles), expresiones estéticas y hasta la defensa de una “ciudad vieja” como el casco colonial de la ciudad de La Paz.

¿Cómo construyó el colonialismo la ciudad de La Paz? Fundando sobre otra ciudad llamada Chuqiyapu marka, otrora aglutinadora de ayllus ancestrales. Algunos nombres actuales de muchos barrios o zonas en aymara —por ejemplo Qalaqutu (pila de piedras) y Munaypata (loma del amor, en quechua)— son una muestra de toda esa gran riqueza intercultural existente.

Como parte de la gran cruzada religiosa de dominación, las iglesias católicas de la ciudad vieja, al igual como ocurrió en Quito y en el Cusco, se edificaron sobre las wak’as ancestrales andinas. Hace poco, un Viceministro del Ministerio de Culturas pidió a la Iglesia Católica “abrir las puertas” de los templos el 21 de junio para celebrar el Año Nuevo Andino Amazónico, puesto que en las iglesias están las wak’as. Está claro que el clero rechazó ese pedido, porque en el fondo aún sienten que han triunfado en la dominación espiritual de los pueblos ancestrales.

Desde la Colonia hasta la actualidad, la ciudad de La Paz ha luchado por imponerse sobre Chuqiyapu marka. Sería largo de enumerar los grandes momentos de desencuentros entre estas dos ciudades que tienen legados civilizatorios distintos; y la lucha por la reivindicación del patrimonio cultural es una de esas disputas.

Pero ¿qué es un patrimonio cultural? Puede ser definido como una construcción social, cultural y política entendida como la elección simbólica y subjetiva de elementos culturales del pasado. ¿Cuál es el pasado para Bolivia? Lo colonial. A pesar de la situación de dominación de los pueblos ancestrales, el patrimonio cultural actual es el resultado de mecanismos de conflicto y negociación. Este patrimonio colonial es reciclado, adaptado, refuncionalizado y revitalizado bajo el contexto de “la modernidad”. ¿Qué sucede cuando esta refuncionalización, como es el caso del Palacio de Gobierno, ya no sirve para el presente y el futuro? Queda en el pasado, aunque sería interesante convertirlo en un museo, en el que se recuerde a los asistentes que los indios estaban prohibidos de ingresar libremente al llamado Palacio de Gobierno y a la plaza Murillo.

En un evento sobre el tema, un asistente radical decía que lo lógico era que lo colonial desaparezca, y con ello se extinguirá paulatinamente el valor simbólico de la dominación y del racismo que representaban y aún representan tales patrimonios. Incluso en términos económicos cabe preguntarse ¿cuánto representa sostener vetustos edificios que cumplieron su ciclo de vida y que hoy son una especie de zombis vivientes? ¿No sería mejor construir nuevos edificios para estos tiempos y las necesidades actuales?

La respuesta de tales interrogantes no es tan sencilla cuando se quiere construir un pasado distinto, porque el colonialismo se recicla permanentemente y encuentra discursos culturalistas de defensa colonial. La muestra palpable de ello son los y las defensores del patrimonio cultural colonial que califican a la Casa del Pueblo, y a sus similares, no solo como una “agresión”, “errática”, “insana”, etc. sino incluso como “verdaderos engendros” que desnaturalizan el legado colonial uniforme y racista.

Markachirin jach’a utawa niya tukuyata, Chuqiyapu markasana jach’a utapawa. Q’ara jaqinakaxa janiw walikiti uka jach’a utax sasaw sapxi. Jupanakan utanakapakixay kusachixa, jiwasanakan lurawisanakarux jan waliwapkiti. ¡Jallalla machaqa Casa del Pueblo! ¡Wipha, wipha!

 

Anexo al debate sobre el edificio anexo a Palacio

-Carlos Urquizo, Pagina Siete,  6 de agosto de 2017

Varios han expresado críticas acerca de la construcción del edificio anexo al Palacio de Gobierno, denominado “Casa del Pueblo” (Francisco Bedregal, Rolando Aparicio, Juan Carlos Calderón, Adler Guayasamín, Carlos Mesa y Agustín Echalar, entre los autores de las publicaciones más destacados).

Todas estas opiniones son muy acertadas, en especial en cuanto al impacto de la construcción sobre un entorno de alto valor histórico y patrimonial.

El lenguaje arquitectónico es “lenguaje” porque un edificio debe parecer lo que es, decirnos de cuándo es, cómo se hizo, etc. Por ejemplo, una instalación militar debe parecer serla; una estación de teleférico es inconfundible. Y para ejemplos más complejos: un edificio religioso debe parecerlo y decirnos a qué confesión pertenece –no es igual una sinagoga que una mezquita–.

Aún más complejos son los edificios que se conciben para el poder, porque deben expresar cuál es el pensamiento en el momento y cómo es la relación entre poder y población. De ahí la importancia del análisis del lenguaje del objeto arquitectónico.

En estas líneas, apoyados en dos ejemplos de La Paz, uno negativo, y en dos internacionales, analizamos el desempeño del edificio anexo a Palacio.

Dos ejemplos paceños ● Una edificación de gran magnitud impacta directamente en su entorno más allá de su inmediata vecindad y sus calles adyacentes (en este caso calles estrechas y sobre-demandadas por vehículos y peatones).

A tiro de piedra están dos ejemplos de una buena y mala relación de un gran edificio público con su entorno urbano: el Palacio de Comunicaciones en el Obelisco y el Banco Central, a una cuadra.

El Palacio de Comunicaciones, diseñado por Juan Carlos Calderón, se ubica en una amplia esquina y nos muestra una generosa relación a favor de lo público, al establecer para el servicio de Correos un acceso sin restricciones, frente a una amplia acera. Sobre Correos, el edificio posee una plaza elevada que permite la transición entre lo público y lo privado, dejando como telón de fondo al edificio, con una relación de escala y percepción que no es agresiva. La transición entre espacios se prolonga en el interior del edificio, ya que, gracias a su fachada vidriada separada de la estructura, todos los pisos están visualmente relacionados y desde los amplios corredores de cada piso es posible ver el interior del edificio y también el entorno urbano. Esta obra es quizás el mejor edificio público realizado en Bolivia en los últimos 50 años.

El Banco Central, el ejemplo negativo enunciado, está a una cuadra del edificio anexo a Palacio, no tiene ninguna generosidad con el espacio público y es un ejemplo de seguimiento de cánones anti-urbanísticos. Diremos que se sitúa en la línea del pensamiento mercantilista, pues busca el máximo aprovechamiento del predio para sí mismo y muestra una ausencia de espacios de transición entre lo privado –de acceso restringido– y lo público. El resultado es un edificio agresivo con su entorno, que podía haber sido concebido por cualquier institución de especulación inmobiliaria.

París y Berlín ● La Defense es un área impulsada por Miterrand para el segundo centenario de la Revolución Francesa, en las afueras de París. Un edificio-escultura es el símbolo del lugar y del motivo conmemorativo: Le Grand Arch, del arquitecto danés Otto von Spreckelsen, destinado a las instituciones que trabajan en la defensa de los derechos humanos.

Dos columnas-edificios se elevan más de ochenta metros de altura, unidos en su coronamiento por una estructura elevada del tamaño de una cancha de fútbol que está dedicada a exposiciones y eventos sobre derechos humanos. Ésta cubre una gran plaza pública que rodea el edificio-escultura.

La Defense es un barrio dedicado a la gestión, es peatonal y por el subsuelo circulan vehículos, trenes y metros. En su integridad expresa el compromiso del Estado con los derechos de sus ciudadanos y muestra que ellos son la base y esencia del poder. Por supuesto, a los socialistas franceses no se les ocurrió ocupar ningún espacio del antiguo París para este proyecto.

Caído el muro hace 28 años, Berlín se enfrentó al desafío de reunificar la ciudad y ser nuevamente la capital de Alemania. Para ello se decidió intervenir en su centro histórico. Entre los innumerables proyectos realizados, está el del parlamento, el Bundestag, que simboliza al Berlín reunificado, así como al sistema parlamentario, el poder alemán.

Norman Foster, arquitecto inglés, consiguió remodelar el antiguo edificio, dotándole de una inmensa cúpula de vidrio que cubre la sala de sesiones del parlamento y que es de libre accesibilidad al público, para que cualquiera pueda ver desde lo alto a los parlamentarios – importante detalle– y escuchar sus debates o los informes del ejecutivo.

Está rodeado de amplios parques públicos y se comunica por el subsuelo con el conjunto de edificios administrativos de los parlamentarios, integrando arqueología y arquitectura. Un lenguaje arquitectónico que expresa transparencia, libre accesibilidad del ciudadano al poder y generosa relación con el entorno urbano.

De los ejemplos vistos, todos se realizaron con los mejores recursos tecnológicos de sus épocas, tanto en lo constructivo como en instalaciones y equipamiento; el caso alemán incorpora tecnologías de sostenibilidad y cuidado del ambiente con que los otros no cuentan, porque son unos 20 años más antiguos. El sistema estructural del Banco Central aún no ha sido superado en Bolivia.

Estos ejemplos, se dirá, son políticamente incorrectos. Si no se los quisiera tomar en cuenta, bastará darse una vueltita por Tiwanaku y ver la generosa, equilibrada y armoniosa relación lograda en esa época entre espacios construidos y abiertos, entre espacios públicos y privados.

El edificio anexo a Palacio ¿A cuál de los ejemplos citados se asemeja el edificio anexo a Palacio? Algunas de las críticas citadas analizaron sus impactos negativos, como la proyección de sombras, el quiebre del equilibrio de volúmenes y otros aspectos técnicos urbanos.

Por el lenguaje arquitectónico, diría que el edificio anexo a Palacio es similar al Banco Central, el ejemplo negativo analizado en este artículo, porque su relación con el entorno urbano no es generosa y parece una obra especulativa inmobiliaria.

Es previsible que desde el mismo día de su inauguración la velocidad del tráfico vehicular de las calles Potosí, Ayacucho, Mercado y Colón será menor a los actuales 5 km/h, y que por las angostas aceras los peatones caminarán en filas interminables. Para saber si tiene concordancia con el discurso de defensa de la Madre Tierra, habrá que ver si puede obtener algún certificado independiente e internacional de edificio sostenible o verde.

La arquitectura de buena factura es como los buenos libros. Los desacuerdos con el escritor o el poeta no autorizan a quemar sus libros, como no autoriza a demoler edificios.