“No había control de la acción policial, fue una de disparar a mansalva, ignorando protocolos vistos en los casos en los que hay rehenes usados como escudo por los delincuentes. ¿Alguien vio algún policía con megáfono, negociando con los atracadores? Nada. Solo tiros”. La Iglesia en santa Cruz pidió investigar la matanza de delincuentes, una rehén y un policía.

 

 

El  arzobispo de Santa Cruz, monseñor Sergio Gualberti pidió este domingo es su homilía dominical  una “exhaustiva y transparente” investigación para despejar dudas sobre el atraco a la joyería Eurochronos, donde perdieron la vida cinco personas, tres delincuentes, un policía y una mujer que era funcionaria de la empresa.

“En primer lugar es urgente y necesario implementar una exhaustiva y transparente investigación para despejar cualquier duda posible acerca de lo ocurrido”, dijo el prelado.

Estos hechos “confirman el grave problema de inseguridad ciudadana y violencia descontrolada que domina en las calles de nuestra ciudad y radica en los corazones de tantas personas”.

Además pidió que se tomen “medidas de prevención, como contar con fuerzas del orden debidamente preparadas para que preserven la vida humana por encima de todo y eviten que casos similares terminen en un baño de sangre”, dijo.

El pasado jueves 13 de julio, una banda de asaltantes ingresó fuertemente armada a la joyería y relojería Eurochronos con el propósito de ejecutar un robo. Uno de los guardias logró alertar a la Policía, que rodeó a los criminales provocando un cruce de fuego en el que perdieron la vida cinco personas.

La tragedia que vivió Santa Cruz el pasado jueves desveló que existen problemáticas no resueltas y que terminan en duelo. El crimen empieza con las falencias del control migratorio, un trabajo de inteligencia para ciudadanos del exterior, la lucha contra el narcotráfico y la falta de equipos y armamento a la Policía Boliviana. El Gobierno ve un buen trabajo policial y evalúa reforzar a la institución, pero a la vez apuntó a los países vecinos para mejorar el control en las fronteras.

El pasado jueves un día de balas, sangre y muertes, decribe una crónica de El Deber cruceño.

Un grupo vinculado al cártel brasileño Primer Comando Capital (PCC), según el Gobierno, intentó atracar la joyería Eurochronos, lo que derivó en un enfrentamiento entre policías y delincuentes y la muerte de tres asaltantes, un teniente y una ejecutiva de la joyería.

Ese día se desveló las falencias que terminan vidas a raíz del crimen organizado. El ministro de Gobierno, Carlos Romero, vinculó el atraco a delincuentes del PCC. El analista en temas de seguridad Franklin del Castillo  consideró que el crimen transnacional se origina por una razón: el narcotráfico. “Lo que sucedió en Santa Cruz tiene un inicio común, que es el narcotráfico. Estas mafias operan con dinero de narcos y pasa por falencias migratorios hasta una Policía, con buen elemento humano, pero medianamente equipada”, opinó el experto.

El Gobierno, a través del viceministro de Seguridad Ciudadana, Carlos Aparicio, resaltó que el tema migratoria, se lo debe trabajar con los países vecinos y apuntó a que Bolivia, al ser un país de tránsito, concentra emisarios de las mafias.

“Se trabajó en el control migratorio, pero la mayoría de los delincuentes extranjeros ingresan por pasos no habilitados. Por eso se hace controles rutinarios en las ciudades para detectar a extranjeros ilegales en Bolivia”, destacó Aparicio.

David Vargas, mayor de la Policía en retiro, explicó que uno de los factores críticos es la falta de equipos y armamento en la Policía; sin embargo, el entrenamiento y la especialización -dijo- es de buen nivel.

“Imagínate, un policía tiene que pagar de su bolsillo las municiones, esas balas que se dispararon en Santa Cruz las pagan los mismos efectivos”, cuestionó Vargas, quien lideró tres motines en contra del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, en 1994 y 2003, y de Hugo Banzer Suárez, en 2000.

Aparicio recordó que en junio de este año el Gobierno entregó a la Policía, en la ciudad de Santa Cruz, una dotación de 30 vehículos, 200 subametralladoras, 200 chalecos antibalas, 100.000 unidades de munición calibre nueve milímetros, una avioneta, diez motocicletas y otro tipo de equipamiento para fortalecer las actividades de seguridad ciudadana.

“Si es necesario aumentar ese equipamiento se lo estudiará, pero recalcamos que la Policía actuó de forma correcta y con equipamiento propio y de primer nivel”, recalcó Aparicio.

Gabriela Reyes, experta en criminología, recordó que hace mucho tiempo se reclama por la falta de equipamiento a la Policía para enfrentar al crimen organizado, que en su mayoría proviene de Brasil.

“La Policía no contaba con equipamiento especial para la labor que le correspondía llevar a cabo en ese momento de crisis, a esto se sumó la ausencia del grupo de élite UPAR (Unidad de Patrullaje de Acción y Reacción), que se creó como consecuencia del fallecimiento de un policía en un atraco frustrado en cercanías del Banco Central de Bolivia (BCB), en La Paz”, relató Reyes.

Bolivia se convirtió en un atractivo para que los cárteles operen. El ministro de Gobierno, Carlos Romero, recalcó que esta situación se da porque el país está en un punto geográfico ideal para las mafias. “Al ser un país de tránsito y con fronteras amplias, ingresa la droga de Perú y luego pasa a Brasil”, remarcó la autoridad.

Una fuente policial afirmó que el trabajo de inteligencia con los extranjeros no se aplica adecuadamente, ya que estos violan estándares de migración y se mueven de un lugar a otro para evitar su locación.

Seguridad, Policía y prensa, por Maggy Talavera

Desde 2011 hasta la fecha, nada menos que siete cumbres nacionales han sido celebradas en Bolivia para garantizar, supuestamente, la seguridad ciudadana y optimizar las acciones de combate a todo tipo de delitos. En los hechos, todo lo visto hasta hoy no pasa de ser un saludo a la bandera. Poco o nada ha mejorado en los siete años que transcurren desde la primera cumbre, como se ha podido comprobar tras lo ocurrido el jueves pasado en la capital cruceña: un violento atraco frustrado por una Policía aturdida, que arrojó un saldo lamentable de cinco personas muertas a tiros y una seguidilla de desaciertos cometidos fundamentalmente por autoridades de Gobierno y no pocos medios de comunicación.

No se trata de criticar por criticar, como algunas voces han salido a gritar en un intento no del todo honesto de salvar las responsabilidades de la Policía. Se trata de ser capaz de ver una realidad que nos golpea a todos, incluso a los propios uniformados, que son largados a la calle a combatir a delincuentes de toda laya, sin tener las condiciones materiales ni la preparación adecuada para ello. Lo vimos el jueves, muchos en vivo y en directo: no había control de la acción policial, fue una de disparar a mansalva, ignorando protocolos vistos en los casos en los que hay rehenes usados como escudo por los delincuentes. ¿Alguien vio algún policía con megáfono, negociando con los atracadores? Nada. Solo tiros.

Tampoco hubo control en la cobertura informativa del hecho. Muchos medios se dejaron dominar por el caótico accionar de los uniformados, por la absurda guerra de rumores en redes sociales y por las declaraciones oficiales del Ministerio de Gobierno y de la Policía. Faltaron las preguntas necesarias para acercarnos a la verdad de los hechos, la mirada serena pero crítica sobre las versiones oficiales, el convencimiento de que no valen ya las excusas de que se hace lo que se puede con lo que se tiene, esgrimidas tanto en el lado de los policías, como en el de los periodistas. Se debe y se puede hacer más para cumplir de la mejor manera posible con las tareas que competen a cada uno de los involucrados.

Ahora toca pasar a limpio todo lo ocurrido, no con afán de venganza, sino con la urgencia de conocer la verdad histórica y material del hecho (como les gusta repetir a los fiscales), única garantía para seguir adelante, con seguridad y bien informados. No más cumbres al fósforo, no más informes oficiales mentirosos, no más informaciones a medias, no más muertes de gente inocente, no más promesas vacías. Que se acaben las imposturas, a la par del fin de la indefensión.