Una de las víctimas visibles del calentamiento global y hasta hace 20 años pista de esquí, daba muestras de renacer de sus deshielos. (Fotos Marco Esteves-ABI)

Coco Cuba / ABI

El glaciar Chacaltaya, una de las víctimas visibles del calentamiento global emplazado en el complejo de montañas que rodean La Paz, sede del gobierno de Bolivia, a poco más de 5.400 metros de altura sobre el nivel del mar y hasta hace 20 años pista de esquí imperdible, daba muestras estos días de invierno andino, de renacer de sus cenizas y no estar tan muerto como se dijo.

El montañista Marco Estevez se mandó el fin de semana un periplo en bicicleta hasta su cima y se dio con que muchos visitantes intentaban esquiar por un manto de nieve impoluta que cubre lo que en diciembre pasado fue definido como un conjunto de rocas enmohecidas que no tenían traza de su gloria pasada: la pista de esquí más alta del mundo.

Estevez pedaleó montaña arriba durante más de 4,5 horas hasta darse con una pirámide de cristal que significa el Observatorio Astrofísico de la fiscal Universidad Mayor de San Andrés, enclavada a metros de la cochambrosa cabaña de los esquiadores que tanta gloria le dio a esa montaña a 3 horas de coche ó 30 km de La Paz.

Las nevadas y lluvias de fines de mayo y principios de junio, es decir principios del tiempo invernal,  cubrieron ésta y las montañas vecinas con un manto blanco cientos de veces más que el equivalente de la mancha de 20 m2 que llevó a observadores y periodistas a sentenciar que el glaciar se había derretido sin remisión.

Las nieves sempiternas del Chacaltaya se diluyeron paulatinamente en los últimos 20 años y, dicen los conocedores, estos hielos guardaban en sus capas la historia de 18.000 años del comportamiento del clima de los Andes sudamericanos.

Las nieves resucitadas del Chacaltaya se dejaron ver mientras unos expertos se llevaban a la Antártida para conservarlas en las alacenas invariables de ese confín,  muestras del nevado de tres picos, Illimani, montaña emblema de La Paz, dicen, en proceso de derretimiento, también para estudiar los 10.000 años de historia que entrañan.

Por definición los hielos sempiternos se consolidan a más de 5.000 metros de altura sobre el nivel del mar.

Vecinos de las ciudades de La Paz y su circunsvecina de El Alto, mostraron su optimismo ante los signos de resucitación que daba el Chacaltaya.

Estevez, que en un vídeo posteado en Facebook mostró, en un paneo diletante con su cámara de teléfono celular, la belleza de las montañas, del Chacaltaya y un grupo de otras que estos días conservan el blanco impoluto de la nieve que las cubre.

“Chavales, estoy aquí, en la cima del Chacaltaya. He empujado mi bicicleta hasta aquí. Miren esta belleza”, dijo al tiempo de filmar también la vieja cabaña del Club Andino de Bolivia que dio lustre a esa pista de esquí, la única de Bolivia y la más alta del mundo.

De hecho, Estevez, fatigado por el esfuerzo de treparse montado en bici hasta ahí, reconoce que tuvo dificultades para respirar, de improviso, a casi 2.000 m de altura más que La Paz, donde ha vivido la mayor parte de los 55 años que frisa.

La publicación por redes sociales de Esteves se registró en momentos en que el lago Poopó, en el departamento sudandino de Oruro, seco a mediados de 2016 y hoy en la plenitud de su extensión, 3.200 km2 de extensión, ha vuelto a darle vida a esa región andina de pescadores.

Las copiosas lluvias de abril, mayo y parte de junio  recuperaron, como dicen los bolivianos de Oruro, “en dos patadas”, el Lago Poopó, parte del Gran Lago Minchín que ocupaba una buena parte del altiplano andino hacia el siglo VIII después de Cristo y que una sequía secular, que desapareció Tiahuanacu, la cultura de 10.000 años más longeva de América, redujo, por ejemplo a sus actuales límites, el boliviano peruano Lago Titicaca, el más alto del mundo sobre 3.800 m de altura y de 8.562 km2 de superficie.

Dicen los expertos, entre ellos los desaparecidos Hugo Boero Rojo e Ismael Montes de Oca, que aquella sequía de un siglo, que expulsó a los lugarejos a vivir en las montañas andinas arriba, produjo, en su insondable rigor, el Salar de Uyuni, el mayor emplazamiento de litio del planeta en el sudoeste andino de Bolivia y una de las maravillas turísticas del país. Cc/ABI