La mega corrupción es un mal nacional que está destruyendo la Nación y lumpenizando la política nacional. Las lamentables consecuencias del fenómeno “El Niño Costero” (puentes caídos, “desplomados” según Luis Castañeda Lossio, Alcalde de Lima; carreteras destruidas, casas construidas al borde de ríos y quebradas gracias a las mafias de tráfico de terrenos y la complicidad de municipalidades irresponsables que otorgaron las licencias, carencia de prevención y ordenamiento territorial, etc, etc), refleja la dejadez, ineptitud, falta de compromiso de muchas autoridades a nivel del gobierno en sus tres niveles: central, municipal y regional.

Esta caótica realidad es producto de un chip que domina la estructura cerebral de miles de funcionarios públicos, su explicación más rigurosa está  -en mi modesto parecer- en los aportes de la Neurociencia.

El Dr. John Medina, explica por ejemplo, que en lo referente a la  capacidad para poner atención, el cerebro NO PUEDE REALIZAR VARIAS TAREAS A LA VEZ[1] (1). Es decir, el funcionario público se concentra y focaliza su atención en realizar una gestión eficiente en favor del progreso de su pueblo o por el contrario, se concentra sólo en robar y robar que el mundo se va acabar. Por las noticias que vemos cada día, conversaciones con expertos en el tema de gestión y empresarios constructores, me parece que prevalece lo segundo y, allí están los resultados: caos, destrucción y miles de familias afectadas.

Asimismo, el Dr. Elmer Huerta explica un informe científico sobre el tema, tomando como referencia un estudio científico realizado por University College de Londres. El corrupto comete sus delitos poco a poco, paulatinamente, y al ir perdiendo la actividad de su amígdala cerebral (región cerebral responsable del desarrollo de las emociones humanas) va perdiendo paralelamente el miedo y se acostumbra al delito hasta convertirse en un delincuente avezado. Asimismo explica: “el cerebro del ser humano es capaz de adaptarse a la corrupción cuando el sistema en que vive lo permite”[2]

Es decir, el funcionario corrupto no mide los riesgos y consecuencias de sus actos, le importa un comino el honor familiar, los valores y la vergüenza pública de sus seres más queridos. Le importa un carajo tener una casa con piscina en cada esquina y todos los lujos que rodean a sus hijos, el auto del año en que pasea a la familia, las lindas vacaciones, la educación de sus hijos en los mejores colegios y universidades, todo cubierto con dinero sucio, producto del robo sistemático. Y en este círculo vicioso están además jueces, fiscales, policías y políticos deshonestos que promueven la total impunidad. Pregunto a esta gente desalmada: ¿Esto es vida?

El Perú en pleno siglo XXI, todavía camina chueco. Pero aún en medio del fango, quedan hombres y mujeres honorables que cuidan  y respetan los valores con los que fueron educados por sus padres. Valores básicos con los cuales se formaron quienes en el quehacer político responsable  entienden la POLITICA como ideal  y compromiso social permanente con el bien común.

No todo está podrido, la alternativa de solución es recurrir a los integrantes más honorables del Poder Judicial, Fiscalías y periodismo de investigación, para que contribuyan a fumigar y desterrar la alta delincuencia en las obras en la gestión pública. Y por supuesto, exigir sanciones ejemplares a sus malos elementos cómplices de la barbarie y corrupción.

Confío en el periodismo de investigación ético, tendrán que seguir jodiendo y metiéndose por las rendijas para sacar a luz toda la podredumbre moral de esta fiesta de disfraces tan común en quienes detentan el poder económico y político. También están los colectivos de jóvenes que por miles se organizan y movilizan contra el incremento de la corrupción aún campante, incrementada desde la nefasta década de un gobierno mafioso liderado por Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori (hoy presos).

Mantengamos la fe y esperanza, como dice una de las consignas de las Madres de la Plaza de Mayo: “La única lucha que se pierde es la que se abandona”

NOTAS:

[1] John Medina. Los 12 principios del cerebro humano. Grupo Editorial Norma, págs. 99-101.

[2]  “El cerebro del corrupto”: http://elcomercio.pe/blog/cuidatusalud/2016/12/el-cerebro-del-corrupto