Vocablo de fácil pronunciación, de tres silabas capaces de dejar a la humanidad huérfana y sin más horizonte que el desastre.

¿De dónde y por qué parece que este vocablo trisilábico nos deja a todos en una especie de urna sin más ventana que la de una luz inexistente u ofuscada por un cristal de colores indefinidos?

La violencia ha estado siempre con nosotros, ha sido, de alguna manera, nuestra manera de crecer y de hacer prevalecer desde opiniones hasta convicciones. Sin embargo, la violencia, todos sabemos, ataca la integridad más profunda de la humanidad.

Sabiendo que la violencia hace esto, insistimos en dejarla estando en algún lugar escondido de nuestra estructura mental. La desechamos por ser cruel y la tomamos por ser la solución in extremis.

La miramos como recurso insufrible pero un recurso al fin y como tal a ser recurrido en algún momento o situación.

Felices hablamos de la no violencia y sin embargo no tomamos en cuenta que la misma filosofía de la no-violencia nos hace recular ante la posibilidad de la eficacia de la violencia.

Qué importa si la historia de la humanidad está montada en héroes y algunas heroínas; piedra, machete, espada, fusil o botones letales en mano, ajustician y hacen prevalecer virtudes que otrora estarían haciendo de una humanidad salvaje.

Caciques o reyes ineptos, dictadores de cuentos o brutales imbéciles, todos repugnantes árbitros de una filosofía tímida que no hace otra cosa que guardar en la maestranza, las armas que en algún momento habrá que utilizarlas para sacar a quien ose discurrir con nuestra manera de ver el mundo y la humanidad.

Esta filosofía, fundada en la superioridad de algún elemento, factor, ideología o simplemente capricho, solo guarda en si misma el secreto de un uso brutal de sus supuestos y siempre negados ataques o defensas urgentes para preservar ideologías, religiones o modos de vida.

Lo multicolor, los inmigrantes, las amenazas religiosas, las supuestas irracionalidades, se racionalizan y se convierten en el argumento racional de lo que genera una amenaza considerada real; Armas de destrucción masiva, terroristas fanáticos, enemigos de la tradición, Es más, amenazas con destruir nuestro modo de ver la vida, nuestras seguridades binarias. Las fronteras débiles, a construir murallas, los diferentes, a cercarlos por extraños y desafiadores de nuestras seguridades.

Ese sentimiento de superioridad que, por algún extraño sortilegio, saldrá a relucir para defenderse de las aberraciones de alguien o algo diferente.

No es casual que ahora la violencia que vive el mundo (millones de refugiados, ciudades destruidas, países invadidos), esté totalmente ignorada, fronteras rotas y barreras erigidas como murallas de la razón y que no se haga nada para refutarla, analizarla y condenarla.

La superioridad humana ha llegado al límite. Hemos ejercido esta filosofía binaria, bueno vs malo, útil vs inútil, blanco vs negro, no solo contra los otros seres humanos, la hemos ejercido contra los animales, contra la naturaleza, plantas, ríos, mares, aire y espacio.

Somos superiores y capaces de ignorar vidas, pues son vidas las que aniquilamos, por razones solo sabidas por nosotros y justificadas por nosotros. Esta superioridad fundamentada en una filosofía de una razón que ha dejado de serlo.

La naturaleza, abusada por nosotros, ahora sale con debilidades que nos asustan y sin embargo, no logran hacernos cambiar de paradigma.

La filosofía de la paz es una filosofía que tome en cuenta toda la globalidad del ser vivo, entorno y todo lo que la vida es y hace ser.

La filosofía de la paz no es contraria a la violencia; es una filosofía que descarta la violencia completamente. Es una filosofía nueva y englobante, una manera totalmente distinta del ser, de convivir en un entorno diferente, múltiple y libre sin ideologías que pretendan ser respuestas, sin religiones que abochornen la existencia misma.

Una nueva concepción de desarrollo, de compartir vida y planeta. Ya no se trata de hablar de filosofías que ausenten o denigren o maltraten, se trata de rebuscar una nueva filosofía: la de la integridad, la del fin de contradicciones.

Alguien dijo la filosofía del vivir bien, esa es la filosofía nueva y esa es total en su mirada y sin embargo es minimalista en su práctica, quien viva bien sabrá compartir su vida con los otros seres vivos sin imposiciones, sin cargas ideológicas que conmuevan su entrega total a la nueva manera de ver la vida.

Quizá el camino ahora es el de ver cómo nos hacemos libres dentro de la aventurera y nueva manera de concebir el mundo.

Por algún motivo me viene a la cabeza Aldux Huxley, mundos donde el recuerdo está prohibido y sin embargo la memoria persiste como la salvación, no como la guerra sino como la paz.