Ante los sucesos del bullado caso LAMIA y la expresión de quienes han sentido vergüenza ajena por la debilidad institucional, la corrupción sensacional y la viveza criolla de quienes reproducen poder en sí mismos, se intenta dar una explicación sociológica a la avalancha mediática oficialista, que repite y sostiene una retórica justificación en contra de los operadores y no en los tomadores de decisión, para calmar la rabia y el dolor de historias truncadas por la muerte trágica.

El término de chivo expiatorio en su sentido popular, alude a la transferencia de culpabilidad hacia personas o grupos, frente a la incapacidad de dar respuestas a fenómenos que emergen y dañan la imagen pública de un personaje o institución. El mecanismo victimario se lo toma del Antiguo Testamento de la sagrada escritura, que acallaba un pecado o una culpa ofreciendo un macho cabrío para que su sangre purifique y reconstituya el pacto con el supremo hacedor.

Este aparato de persecución y de victimización, se lo utiliza cuando las cortinas de humo no funcionan y se van sumando aspectos que ponen en duda la capacidad y honorabilidad de quienes manejan las instituciones del país. Cuando la culpa recae reiteradas veces en quienes ejercen poder, la persecución colectiva empieza a gestar descontento y la amenaza será siempre quitarles su apoyo. Ante lo inexplicable, la gente exige una relación causa – efecto y espera si no el castigo, al menos conocer al culpable.

Cuando se ha perdido credibilidad, la estrategia es descargar una ilusión violenta de justicia sobre una víctima que transfigura o transmuta a culpable, para apaciguar el imaginario colectivo, sediento de encontrar castigo para algo irreparable. Es por eso, que la reacción natural los lleva a focalizar la hostilidad sobre individuos que no tienen ningún poder, transfiriendo el rechazo hasta que se diluyan los sentimientos hostiles por el fenómeno que conmovió a la masa.

El apaciguamiento por catarsis (purificación y liberación) de odios hacia los grupos poderosos, vendrá después de ver cómo se ensañan con la víctima fortuita, aquella que huye para no ser linchada, por los detenidos a los que no se le hará seguimiento, a aquellos que en este momento son los chivos expiatorios para desacelerar las pequeñas crisis, hoy por el avión caído, días atrás por la escasez de agua, hace un mes por la sequía y en un mes, como todo enero, por las inundaciones.