Oruro, (caritas).- El cambio climático con el consiguiente calentamiento global, malos manejos de recursos acuíferos, uso de agua en la minería y agricultura, contaminación y falta de acciones de prevención constituyen algunas de las causas de la desaparición del lago Poopó y que podrían conducir por el mismo camino al lago Uru Uru que hoy presenta disminución en su volumen.

Un panorama desolador, caracterizado por la tierra seca, paja y botes abandonados es el que se impone donde antes el agua reinaba y, por ende, la vida en sus distintas manifestaciones. Es lo que queda de los 2.337 kilómetros cuadrados del lago Poopó que en el mes de diciembre de 2015 oficialmente dejó de existir para dar paso a un desierto, situación que pudo ser constatada en visita a la región por miembros de las Pastoral Social Caritas Oruro.

El lago Poopó, ubicado en el departamento de Oruro a una altura de 3686 msnm, era considerado como el segundo más grande de Bolivia después del Titicaca y ambos estaban conectados por el río Desaguadero, además era catalogado como uno de los más grandes e importantes de Sudamérica por su importancia en la recarga las aguas subterráneas que alimentan a la región.

De ello nada queda, tan sólo una constante imagen de agua en el horizonte, un espejismo que llena de esperanza pero que se disipa con el paso del tiempo. Ya estamos media hora en lo que queda del lago en camino a la isla de Pansa y el panorama es triste.

Pero qué ocurrió. De acuerdo con los expertos las razones son complejas y van desde efectos climatológicos, malos manejos de los recursos acuíferos, la contaminación y la falta de acciones de prevención ante lo que se veía venir, aunque también se habla del calentamiento global que indica que la temperatura mínima aumentó 2,06º centígrados en los últimos 56 años y el fenómeno de El Niño.

A ello se suma la actividad humana que destinaba las aguas del río Desaguadero, que alimentaba a este lago, para cultivos, sistemas industriales y mineros, labores que hasta la fecha han sido afectadas por la desaparición del lago con los consecuentes daños a los medios de vida y esperanzas de las comunidades.

La soledad nos invade, aunque a momentos es sacudida por la presencia de algunos camélidos que le arrancan a la tierra lo poco que esta puede brindarles. Huesos de animales secos por el intenso sol nos devuelven el pesimismo. Continuamos nuestro camino.

Según los expertos unas 200 especies de aves, peces, mamíferos, reptiles, además de gran variedad de plantas, desaparecieron, además muchas otras se vieron forzadas a abandonar el lugar, pero la peor parte se la llevaron los peces que no pudieron escapar.

Sin embargo, las comunidades fueron las principales damnificadas por la desaparición del lago, entre ellas destacan las de Untavi, Villa Concepción, El Choro, los Urus de Challapata, Machacamarka y la de la Isla de Pansa, esta última destino del viaje de los miembros de Caritas.

“La desaparición del lago fue un proceso largo, no se tomó las medidas necesarias, ahora la lluvia llega pero en poca cantidad, no abastece, nos sentimos abandonados. Cuando se secó fuimos noticia internacional pero ahora se han olvidado”, expresa Ovidio Ibarra Choque, autoridad originaria del Ayllu Pumasara de la provincia Saucari.

De acuerdo con la autoridad los comunarios están desanimados y “no da ganas de vivir” porque no se produce nada y no saben cómo solventarse económicamente por lo que optaron por la ganadería que, sin agua, tampoco es rentable por lo que se empieza a pensar en la migración.

Pequeñas embarcaciones dañadas y abandonadas en el desierto detienen nuestro paso a una hora de nuestro ingreso. Es lo que queda de las cooperativas pesqueras y no se avista un ser humano por ningún lugar.

Los daños a los medios de vida de las comunidades no sólo se circunscriben a las cercanías del lago, más por el contrario implican a comunidades que tenían en la pesca en el río su forma de vivir.

“Teníamos un río que compartíamos con el Choro, Chaitavi y Santa María, cuando pasaba por nuestro sector era de salida    porque los del sector de Cercado no tenían río y tenían que jalar el barco de kilómetros, por eso hemos optado que salgan por nuestro río. Nosotros salíamos adelante y ellos atrás”, afirma Florencio Callisaya, comunario de Central Sunavi, a tiempo de recalcar que el daño no sólo es en el “foco” del lago sino que fue más grande y extenso.

La lluvia que cayó un día antes en el lugar lo ha convertido en un lodazal que hace imposible que nuestro vehículo transite libremente hacia nuestro destino, la isla de Pansa. Lluvia sí pero insuficiente para devolverle al lago Poopó su magnificencia. Debemos retornar tras una hora y media de viaje dentro de lo que fuera el lago Poopó.

Un panorama distinto aunque desalentador es el que se vive en el lago Uru Uru. El agua que aún queda refleja el cielo y parihuanas, patos y otros animales completan el panorama de esta otrora gran masa de agua masa de agua de 214 kilómetros cuadrados y una profundidad de 1,5 metros, ubicada al sudeste de la ciudad de Oruro y que se encuentra dividido por la línea del ferrocarril que va desde Oruro a Uyuni.

Pero esta situación está marcada por la fragilidad que ya fue anunciada por expertos en sentido de los graves daños que está provocando la contaminación minera, especialmente de la mina Kori Chaca y la descarga de aguas ácidas de la mina San José, a lo que se suma la descarga de aguas servidas de la ciudad de Oruro que consiste en 200 litros por segundo.

A este panorama se suma el cambio climático con sus altas temperaturas, lluvias escasas y alta evaporación que ha generado  un déficit hídrico, ello, según los expertos, junto a la sedimentación del lago, que provoca que no circule el agua y aumente peligrosamente la temperatura de la misma y reduzca el oxígeno, pintan un escenario dramático que podría implicar su desaparición.

“El lago aún está vivo, tiene el caudal necesario, antes era de más de tres metros, ahora está en 1.80 en la parte central, aún hay especies como el pejerrey, karachi, mauri y trucha, este último en  poca cantidad.  Lamentablemente ha bajado el nivel y la preocupación es que pueda suceder lo mismo que con el Poopo”, expresa Juan Turoni Laplaca, representante de la Federación Departamental de Cooperativas Pesqueras de Oruro que agrupa a 730 familias.

De la misma forma se lamenta que la totora que crece en el lago se esté secando por la falta de agua, lo que implica un perjuicio para el ganado y para la producción de artesanías por parte de los comunarios de la región que usaban este material como materia prima.

El viento sopla intensamente en cercanías del lago Uru Uru, el sol se oculta, mientras las aves buscan afanosamente su alimento en el agua, lo logran, aún la vida se abre paso.

Al respecto Roxana Gutiérrez Malaga, directora ejecutiva de la Pastoral Social Caritas Oruro lamentó la contaminación del medio ambiente en Oruro y su tristeza por la pérdida del lago Poopó que “ahora es un desierto y que ya no brinda cobijo a los animalitos”.

Acerca del Uru Uru la representante del brazo social de la Iglesia Católica en Oruro afirma “ya hemos perdido un 50% del lago, pero lo más triste es que los animales de agua como las parihuanas están migrando y hay gran cantidad de otras que se encuentran buscando agua en la ciudad”, finaliza Gutiérrez.

A un año de la desaparición del lago Poopó urge que los orureños citadinos, las comunidades y autoridades aúnen esfuerzos para ayudar a los pobladores que aún resisten y trabajar para evitar la desaparición del lago Uru Uru, fuente de vida de la región orureña.