Que el Departamento de Santa Cruz es la región más importante desde el punto de vista económico para Bolivia, es algo que debería estar fuera de toda discusión por muchísimas razones, principalmente porque el desarrollo económico cruceño es diversificado y ha sido logrado con una clara orientación de mercado, sin depender de lo que el Estado pueda hacer por él y ha mostrado que el modelo productivo cruceño tiene tres cualidades importantes: es socialmente inclusivo, ambientalmente sostenible y económicamente viable.

Según datos del INE, el PIB nominal de Santa Cruz en la gestión 2014 alcanzó a 9.300 millones de dólares, con un crecimiento real del PIB del 6,5 aquel año; del 7,16% en el 2013 y el 8,47% en el 2012, pudiéndose destacar que la región siempre supera en crecimiento a la tasa de expansión del PIB nacional.

El Departamento de Santa Cruz no solo que destaca por ser el primer aportante al PIB boliviano con un 28%, sino que es quien participa también con un 28% de la Base Empresarial Boliviana, sumando 78.136 empresas registradas a junio del 2016 (Fuente: Fundempresa).

Si esto pasa a nivel general, en lo particular, en lo que es el aporte a la soberanía alimentaria, es donde más destaca Santa Cruz, aportando con más del 70% de los alimentos que consume el país, siendo líder nato en la producción de granos y productos pecuarios, siendo de lejos el principal aportante al PIB agropecuario de Bolivia con más del 40%, además, el líder indiscutido en materia de agroexportaciones, enviando al mundo más de 2 millones de toneladas por más de 1.000 millones de dólares cada año.

Santa Cruz es, además, el principal recaudador de impuestos internos y tributos aduaneros, y el de los mejores indicadores de desarrollo humano.

El Departamento de Santa Cruz es el verdadero crisol de la bolivianidad, la “otra Bolivia posible” donde ha quedado más que demostrada la ‘inclusión social’ a través del trabajo productivo de los migrantes del interior del país y la profesionalización de sus hijos, haciendo que la exigua población de los años ´50 que no llegaba a los 300.000 habitantes creciera vertiginosamente hasta superar los 3 millones de hoy, cerca de 2 millones viviendo en la capital.

Santa Cruz es una tierra apta para hacer todo tipo de negocios, sin embargo, su fundamento económico ha sido -lo es en la actualidad y lo seguirá siendo a futuro- la actividad agropecuaria. A partir de ella es que se ha desarrollado en su corta y exitosa historia económica, el comercio, la agroindustria, la banca, las comunicaciones, el transporte, la logística y todo tipo de servicios conexos; en función primero del abastecimiento del mercado interno y con mucha fuerza a partir de la década de los años ´90, orientado el esfuerzo hacia el exterior.

Sin embargo, como suele ocurrir con las economías que apuestan por el desarrollo en base a la integración y el mercado, el sector terciario -servicios y comercio- se ha desarrollado de tal manera en Santa Cruz durante las últimas tres décadas, que hoy en día representa cerca del 50% del PIB departamental.

El rol de la capital cruceña

La dinámica económica y social que ha adquirido la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en un reducido tiempo es digna de estudio. Hace unas pocas décadas la capital cruceña no pasaba de unas cuantas decenas de miles de habitantes, habiéndose transformado en una urbe de 2 millones de ciudadanos, lo que implica oportunidades y desafíos que hay que afrontar.

La ciudad -la más cosmopolita del país- es un verdadero mosaico de nacionalidades y etnias, tanto nacionales como extranjeras, lo que la convierte en un gran mercado para la producción de bienes y servicios, pero también en una importante oferta de factores productivos que la dinamizan cada día.

La Santa Cruz de la Sierra del primer anillo, de hace pocas décadas atrás, se ha expandido horizontalmente de tal manera que prácticamente está ‘tocando’ ya otros municipios circundantes, potenciándose aún más como factor gravitacional de la economía cruceña, asimismo de la economía nacional.

Así como el Departamento, de igual manera su capital -Santa Cruz de la Sierra- halla su razón de ser en la fuerte actividad económica privada, y poco depende de lo que el Estado pueda hacer por ella, salvo en lo que respecta a las políticas públicas y toda medida que afecte el ambiente para hacer negocios, v.gr., en los campos de la infraestructura, seguridad jurídica, etc.

Rol geopolítico y geoestratégico de la capital cruceña

En tiempos de globalización -con todas las imperfecciones que se le puedan endilgar, pero sin una alternativa cierta en ciernes- la importancia que antes se atribuía a los países, ahora la han asumido las regiones y las ciudades, adquiriendo una enorme relevancia en función del asentamiento de las inversiones, amén de la deslocalización productiva, en respuesta a las bondades competitivas que ofrezcan los espacios geográficos.

El creciente carácter autonómico que van adquiriendo las regiones y ciudades en el mundo ha hecho que éstas pasen a ser consideradas como principal atención para los inversionistas, por su mayor capacidad de autodeterminarse y por ende, de ofrecer garantías jurídicas y estímulos de orden logístico, infraestructural -incluso fiscal- en función de ganar capitales productivos.

Desde ese punto de vista, la capital cruceña está llamada a jugar un rol histórico privilegiado, ya que estando ubicada en el corazón mismo de Sudamérica, es el paso obligado del corredor interoceánico entre el Pacífico y el Atlántico, pero a futuro, también, para la integración Norte-Sur en el Continente. Asimismo, está llamada a convertir el Aeropuerto Internacional de Viru Viru en un portentoso ‘hub aéreo’, lo que se producirá de todas maneras por el impulso que puedan prodigar las autoridades nacional o departamentales o por la necesidad y la lógica económica que atañe a los gravitantes intereses de otros países, entre ellos, nuestros vecinos.

La capital cruceña, entre las 50 más importantes

Según el último Ranking de las Mejores Ciudades para hacer Negocios 2016 publicado por “América Economía”, Santa Cruz de la Sierra está catalogada dentro del exclusivo grupo ciudades sobresalientes, ocupando el puesto 47 a nivel latinoamericano, sobre la base de una valoración de orden económica, social y ambiental, cubriendo aspectos como el PIB, empleo, servicios financieros, hotelería, infraestructura y conectividad, aeropuertos y movimiento de pasajeros, presencia de empresas globales, dinamismo económico, capital humano, disponibilidad de servicios, sustentabilidad ambiental, entre otros.  Es de destacar también que Santa Cruz de la Sierra fue catalogada el pasado año entre las mejores “ciudades del futuro” del Continente en el Financial Times.

Es importante constatar, a partir de aquel análisis, que el PIB de la capital cruceña estaría por encima de los 6.500 millones de dólares (de los más de 9.300 millones de dólares del PIB departamental) y que el ingreso per cápita de la ciudad (por encima de los 3.200 dólares) refleja la existencia de un importante mercado de consumo.

No es una sorpresa que la buena reputación de Santa Cruz de la Sierra para hacer negocios le otorgue tal notoriedad dada la enorme oferta de posibilidades de inversión y comercio que tiene y que anualmente luce a través de su prestigiosa Feria Internacional (EXPOCRUZ), equiparándose a otras importantes ciudades del Continente Americano.

El confort urbano y la calidad de vida que ofrece la ciudad, sumados a su dinámica económica hacen que el número de empresas extranjeras y franquicias internacionales aumenten rápidamente, profundizando la internacionalización de la economía cruceña con un fuerte basamento operativo de tales compañías precisamente en la ciudad capital.

Potencialidades y debilidades de la capital cruceña

 Santa Cruz está llamada a tener un gran destino, y lo conseguirá -como ya lo hizo tantas veces en el pasado- pese a las adversidades que se le presenten.

Santa Cruz no se rinde ante la crisis” fue casi un grito de guerra que funcionó antes y, como toda crisis implica una oportunidad, el tesón de sus habitantes, dirigentes y gobernantes, es su principal fortaleza.

La visión estratégica de sus instituciones está indisolublemente ligada a lo que ha logrado hasta hoy y con toda seguridad le permitirá desarrollar gran parte del potencial dormido. Siendo que el departamento colinda geográfica y extensamente con el portentoso Brasil, es de esperar a futuro una simbiosis virtuosa y de mutuo beneficio.

En cuanto a la capital cruceña propiamente, tomando en cuenta que el tamaño de su mercado interno no solo es importante sino también creciente, con la experiencia adquirida en la conquista de los mercados externos en el campo de las exportaciones no tradicionales, queda claro que seguirá siendo un polo de atracción no solo para la inversión extranjera sino también nacional, a diferencia de otras regiones de Bolivia donde existen factores de expulsión de su población hacia otros Departamentos, principalmente a Santa Cruz, donde las posibilidades de empleo son muy superiores a las de otras regiones.

La solidez de sus instituciones; su capacidad para resolver los problemas de competitividad y costos que aquejan al país; el desarrollo de infraestructura y logística con visión empresarial; la proliferación de alternativas de educación superior; el avance tecnológico; y la existencia de un gran parque industrial, han hecho de Santa Cruz y su capital el centro motor económico de Bolivia, con una gran proyección internacional.

No por nada Santa Cruz lidera de lejos las exportaciones agropecuarias, agroindustriales, forestales y manufactureras del país. Pero, hay importantes sectores por desarrollar aún, por ejemplo, en función de la infraestructura hotelera ya desarrollada, el turismo receptivo (cultural, histórico, aventura, diversión, gastronomía), o la experiencia ya adquirida en cuanto a prestación de servicios (educación universitaria, salud), sin dejar de lado la expectativa de una futura industrialización del hierro, del gas, la producción de combustibles renovables, entre otros.

Ahora bien, como nada en la vida es perfecto, existen debilidades que habrá que corregir, especialmente en cuanto a la necesidad de contar con un ‘cerebro planificador permanente’ para un mejor desarrollo cruceño. Lo anterior en ausencia de la antigua Corporación Regional de Desarrollo de Santa Cruz (CORDECRUZ) y a fin de que el crecimiento económico de la ciudad y del departamento sea sostenido y sostenible, además de autónomo, para que no se detenga y más bien prevenga potenciales conflictos sociales que puedan devenir del rápido crecimiento demográfico y la necesidad de atender una incrementada demanda de infraestructura básica y servicios públicos que ya hoy en día se está presentando.

En suma, Santa Cruz seguirá creciendo con la ayuda de Dios y la buena voluntad de los cruceños demostrada ya a lo largo de su exitosa historia.