El endurecimiento de la conspiración y el sabotaje del imperialismo y la oligarquía local y regional en contra del pueblo venezolano, del proceso bolivariano y del gobierno del presidente Nicolás Maduro se han acelerado vertiginosamente en las últimas semanas con el objetivo no solamente de derrotar y “sentar la mano” al intento contemporáneo más poderoso de avanzar en la liberación continental con la integración y la unidad de la Patria Grande, sino de marcar un antecedente para seguir avanzando en el desmantelamiento y complot sobre otros procesos revolucionarios nacionalistas y antiimperialistas desarrollados en la región en los últimos quince años.

Si bien los países de América Latina y el Caribe rechazaron, en la Cumbre de las Américas de Panamá el año 2015, el Decreto de Barack Obama de considerar a Venezuela una “amenaza para la seguridad nacional” declarando la emergencia nacional, la agresión no se frenó.

Ahora, la disyuntiva ha sido planteada: conspiración y asedio o diálogo y vigencia de la democracia. Las fuerzas económicas y políticas conservadoras y los poderes locales y transnacionales se han manifestado por profundizar la conspiración, en tanto que el gobierno de Caracas, los movimientos populares de América Latina y el Caribe y los gobiernos progresistas reivindican el diálogo.

El proyecto y los avances iniciales del diálogo fueron torpedeados desde la oposición mayoritaria en la Asamblea Nacional presidida por Henry Ramos Allup y desde la acción de Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), siguiendo la estrategia del imperialismo norteamericano de derrocar al gobierno y evitar que la comisión de los ex presidentes Martin Torrijos de Panamá, Leonel Fernández de República Dominicana y José Luis Rodríguez de España continúe con la tarea de proseguir con el diálogo.

A pesar de la derrota de Ramos, Almagro y del embajador de Estados Unidos en la OEA tanto por la decisión de la Asamblea General realizada en Santo Domingo del 13 al 15 de junio, como por la votación de los representantes en Washington el 23 de junio, que ratificaron la línea del diálogo, se han presentado otras acciones internacionales desestabilizadoras.

Estas acciones son ejecutadas por el gobierno espurio y golpista de Brasil, encabezado por Michel Temer y José Serra su Canciller, ambos vinculados a la corrupción y al neoliberalismo, y por el gobierno paraguayo de Horacio Cartes del partido que impulsó el golpe de Estado contra el presidente Fernando Lugo, los que, desconociendo los tratados internacionales, intentan impedir que el gobierno de Venezuela asuma la Presidencia del Mercado Común del Sur (MERCOSUR). En ese contexto, poderosos medios de comunicación como la cadena internacional de la estadounidense CNN o el periódico El País de España, entre otros, timonean e impulsan la consigna de aislar y debilitar al gobierno bolivariano y al mismo tiempo desmantelar los procesos emancipatorios de integración en la región.

El eje constituido por los gobiernos de Brasil (Temer) y Argentina (Macri) se orienta hacia el bloque neoliberal librecambista orientado a la Alianza del Pacífico (A. del P.) poniendo en riesgo los avances integracionistas conseguidos y abriendo la brecha hacia la consolidación de la dominación de las metrópolis capitalistas en Nuestra América.

Las iniciativas del comandante Hugo Chávez de recuperar la memoria histórica de la Guerra de la Independencia, del pensamiento integrador de Simón Bolívar y de rechazar el anexionismo comercial por la vía del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), paralelos al impulso de la unidad de América Latina y el Caribe, al margen del control y la hegemonía del imperialismo norteamericano, con la formación de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) son el motivo estratégico de la arremetida oligárquico-imperialista contra el gobierno de Venezuela.

La dignidad y la soberanía recuperadas en los años que corren del siglo XXI, así como la organización y movilización de los pueblos y de los gobiernos impedirán que la agresión se consume, de ahí que la solidaridad latinoamericana y el apoyo a Venezuela son la prioridad de la coyuntura actual.