La humanidad no se la compra

Carlos F Toranzos *

mayo 22, 2016Publicado el: 3 min. + -
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Una tarde de esas que solo hay en Cochabamba, con el calor de después de las 4 de la tarde, con sed de algo interesante, con la sombra de algún eucalipto, molle o chillijchi.

Entre la morriña de una ausencia de siesta y con el pie ya en el tecito de la tarde en la casa de alguna buena amiga o amigo cuya mamá regalaba esa taza de té con pastelitos o tortas.

Esas tardes que el sol cochabambino sabe dar a sus dependientes llajtamasis. Caminado con dirección a la plazuela Constitución, me topé con un chango tendría unos 12 años. Era cojo, con una cojera rara, una pierna iba como envuelta en un palo que hacia las veces de bastón, y la otra ágil como la de un perrito saltando para conseguir un trozo de pan.

Yo tenía 15 años, me preguntó dónde iba, le dije a la Constitución. Yo voy a la Recoleta, ¿vamos juntos?

Yo tenía en mi bolsillo lo suficiente para mi colectivo y al saber que íbamos en la misma dirección, acepté su oferta.

Para mi era obvio, ya que caminábamos con dirección a la parada del autobús número 2, que subiríamos al colectivo juntos.

Llegando a la parada, nos habíamos contado de colegios, yo estudiaba en el Bolivar y él en el colegio Americano -por la tarde ese colegio abría sus aulas a las personas con pocos recursos. Estudiaba en el primer año de secundaria. Yo no sabía muy bien lo que quería estudiar pero para el estaba claro, quería estudiar, medicina, cuando terminara su bachillerato. Quería estudiar eso para curar los males como el suyo, le había dado la polio, de wawita y le dejo la pierna muerta. Pero, dijo, me gustaba el fútbol y que soy un capo con mi bastón y corro rápido. ¿Quieres una carrerita? Fue un desafío amable y risueño. Acepté el desafío, pusimos las reglas. Sin ventajas ni nada me dijo, el sabía correr y me ganaría.

De la parada del colectivo donde estábamos correríamos a la otra y si ganaba él yo pagaba su pasaje y si ganaba yo él pagaba el mío.

Sin más, con su bastón, rayó una línea en el suelo, nos pusimos en nuestras marcas, uno, dos y tres, salimos como bólidos ambos El con una pierna flotando como bandera y un bastón que se movía a una velocidad asombrosa. Yo no reparé en correr, ni él.

Llegamos a la meta acordada y me ganó por unos buenos dos metros de distancia.

Admirado de cómo corría y con la pena de perdedor le dije que solo tenía plata para mi pasaje pero como él gano di el dinero

¡No cojudo! yo lo arreglo me dijo. ¿Tienes plata? Pregunté. No pero ya le hablaremos al chofer. ¿Y cómo me ibas a pagar si perdías tu? Espera ya vas a ver.

Llegó el colectivo, se detuvo y el le dijo: Maestrito llevarinos a mi ya a mi amigo con un pasaje pues. El chofer me miró, lo miró y dijo que nos llevaba gratis.

Agradecidos subimos. Nos sentamos atrás. Tomá tu plata, No cojudo, has ganado tú. Me dijo gracias así volveré en colectivo a mi casa. No se si mi cara mostró algo. Mi amigo, ganador de una carrera y dueño de su ganancia, me miró se rió y me dijo, toma a ti te van a cobrar a mi no, con mi bastón me dejan subir nomas.

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