Desde los pueblos indígenas originarios campesinos hablamos de la crianza del agua porque ella forma parte de la vida y dinamiza la convivencia de los pueblos con la naturaleza; genera la reproducción de la vida y de los alimentos; por lo que sin agua no hay vida. Los pueblos han estado en permanente búsqueda de alternativas de criar el agua, como en la región andina se tiene los sukacollos (camellones rodeados de agua que generan un microclima) o las qochas alto andinas (atajados naturales), entre otros; los cuales han estado siempre relacionados a la forma de vida y cultura de los pueblos, de agradecimiento, de reciprocidad y complementariedad.

Sin embargo, la visión desarrollista conlleva a otras dinámicas sociales con una visión del agua como un recurso para ser explotado de manera menos sustentable, priorizando el uso de grandes volúmenes por la industria, minería, etc.; además la influencia del calentamiento global y los fenómenos asociados con el cambio climático hacen que la calidad y el acceso al agua sean aún más limitados e inestables para parte de la población mundial.

En estos cambios, la agricultura demanda cada vez más el agua para garantizar la producción; en Bolivia según el GIZ PROAGRO (2013) se cuenta con más de 5.600 sistemas de riego beneficiando a 284.141 usuarios que riegan 303.000 hectáreas, lo cual sólo representa el 9% de las 3,3 millones de hectáreas de superficie total cultivada a nivel nacional. Lastimosamente, más de 587.000 unidades productivas de los pequeños productores campesinos aún no cuentan con el agua para riego, no pueden garantizar su producción a secano, ni realizar dos cosechas al año, lo que sí garantizaría su seguridad alimentaria.

Teniendo en cuenta la estrecha relación entre agua y agricultura, sobre todo para las y los pequeños productores, queremos compartir la experiencia de “crianza” de agua y gestión de riego que se viene desarrollando desde el año 2000 en el Municipio de Sacabamba, Cochabamba Bolivia. El sistema de riego Ch’iyara Qhochi ha sido una propuesta integral de la gestión de riego y significó una experiencia de aprendizaje compartida entre los usuarios del sistema, las organizaciones campesinas, las instituciones locales, departamentales, nacionales e internacionales involucradas sobre cómo hacer la “crianza del agua para riego”.

La crianza del agua y la gestión comunitaria del riego en el sistema de Ch`iyara Qhochi ha generado una nueva cultura social, tecnológica, económica productiva, ambiental y organizativa en torno al agua y esto ha tenido sus resultados e impactos en cuanto a: a)el incremento de la superficie bajo riego es de 150 hectáreas;b)garantiza la producción de 2 a 3 siembras(temporal, miskha, chaupimiskha)al año; c) ha fortalecido y dinamizado la organización campesina en torno al agua; d)ha desarrollado nuevas capacidades locales de mujeres y hombres en el manejo y gestión del agua, en los sistemas de producción familiar y en la conservación y recuperación de los RRNN; e) se ha diversificado la producción de 11 a 22 productos que han contribuido a garantizar la seguridad alimentaria y mejorar la nutrición familiar; f) se ha visualizado el rol y aporte económico, social y organizativo de la mujer en la dinámica familiar y comunal; g) han surgido nuevos liderazgos;h) ha disminuido la migración temporal de los miembros de las familias, i)han disminuido los efectos climáticos y se ha generado un microclima por el manejo y gestión de la cuenca con la forestación; j)se ha incrementado el ingreso familiar anual promedio de $us 310 en el año 1995, a $us 2.267 el año 2013 fortaleciendo la economía familiar y local; lo que supone un cambio cualitativo sustancial.

Por lo que en este contexto en el que el gobierno nacional plantea incrementar la superficie bajo riego apoyado en la Ley 745 “que declara la década del riego 2015 – 2025, Hacia el Millón de Hectáreas” y también sustentado en el Pilar 6 del Plan de Desarrollo Económico Social 2016 – 2020 (avanzar a 700 mil hectáreas) para lo que cuenta con dos políticas que son el “Programa MI RIEGO” y el Plan Nacional de Cuencas, consideramos que es oportuno compartir esta experiencia y aprendizaje conjunto para la implementación de los proyectos de riego, los cuales se deben trabajar desde una visión de “crianza” del agua para riego, entendiéndola como lo conciben los pueblos indígena originario campesinos, con una mirada más integral y complementaria, de gestión del agua, desde el tratamiento social cultural como los derechos al agua, usos y costumbres, reciprocidad, equidad, diálogo y respeto a la naturaleza e igualdad; por otro lado realizando acciones concertadas y adecuadas en la zona de recarga acuífera o la cuenca arriba (gestión de los bosques, forestación que inciden positivamente en la conservación de suelos, y también generan ingresos adicionales por la apicultura, cosecha de hongos y otros beneficios) para de esta forma lograr la sustentabilidad del sistema de riego.

En la infraestructura para estos sistemas (almacenamiento, conducción y distribución) es importante realizar consensos, acuerdos entre actores (beneficiados y afectados de aguas arriba y aguas abajo); además de la gestión desde el mantenimiento, conservación de la infraestructura, la distribución equitativa del agua para hombres y mujeres. Y en el área de riego a partir de un enfoque agroecológico y sostenible para el uso eficiente y oportuno del agua con tecnologías adecuadas como el sistema tecnificado (aspersión y goteo); el manejo y conservación de la capacidad productiva de los suelos con prácticas apropiadas (conservación y fertilidad de suelos). Pero al mismo tiempo se debe trabajar en incrementar la productividad y producción de los cultivos estratégicos para la seguridad alimentaria y la trasformación y/o comercialización y lograr garantizar y canalizar mercados de estos productos producidos bajo riego.

Porque la gestión del agua es una permanente crianza en tiempo y espacio de manera dinámica en las comunidades campesinas.

(*) Juan Carlos Alarcón es Director de CIPCA Cochabamba / María Oblitas es Técnica de CIPCA Cochabamba.