La ejecución del clérigo opositor Nimr-al-Nimr, líder del movimiento de oposición chiíta en Arabia Saudí, está poniendo en serio peligro el difícil equibrio existente entre Riad y Teherán. Un contraste secular entre los sunitas wahabitas y los chiítas que se remonta al año 632 cuando murió el profeta Mahoma y que en cierto modo continúa hasta el día de hoy, En 1979, la situación se ha hecho mucho más difícil con la llegada al poder en Irán del ayatolá chiíta iraní ayydid Ruhollah Jomeini, nuevo líder iraniano que se proclamó defensor no sólo de la Revolución Islámica sino tambièn de las “minorías chiítas” de todo el mundo, empezando por la Media Luna, hasta el Golfo Pérsico, el Libano, Iraq y Afganistan. En la actualidad, el chiísmo revolucionario en Arabia Saudí es vivido como una amenaza constante porque pone en discusión su papel como guardián de los lugares santos y de la doctrina wahhhbita. Es una batalla sin tabúes por el papel de potencia dominante, alimentando el conflicto sectario. En los últimos tres decenios, sunitas y chiítas han combatido largas y extenuantes guerras por la supremacia en el mundo árabe apoyados por movimientos y estados aliados como Líbano, Iraq, Siria, Yemen y Bahrein.

Otra disputa de estos tiempos es sobre el precio de barril de petróleo entre Arabia Saudí e Irán, los dos gigantes del mercado petrolero mundial. Arabia Saudí hace de todo para que el precio del crudo disminuya de modo que los pozos estadounidenses sean poco rentables. Los iranianos después del acuerdo nuclear que ha frenado el acceso a la bomba atómica, volverán otra vez a vender su oro negro al mercado internacional sin incurrir en puniciones tras el levantamiento de las sanciones internacionales que pesaban sobre la República Islámica de Irán.

Condenando a muerte el jeque Nimr-al-Nimr, los saudíes han enviado un mensaje muy claro a los iraníes llamándoles “simpatizantes de Al-Qaeda y patrocinadores del terrorismo”. Riad se refiere también a todos los movimientos chiítas como el Hazbollá libanés o a los Houthis de Yemen, a todos los Estados Arabes y a las mismas provincias orientales del Reino, para que no interfieran de ningún modo en las relaciones internas e internacionales en la política de Arabia Saudí. Mientras que el ayatolá sayyid Ali Hosein Jamenei líder supremo de la República Islámica de Irán invoca la venganza divina hacia el regimen terrorista saudí, deseando el principio del fin de la dinastia Al Saud.

La ejecución del prominente clérigo chií por Riad, llevará sin lugar a dudas a consecuencias muy graves en la agitada región amenazando con hacer estallar el panorama en Oriente Medio.