La Habana (PL).- El multimillonario estadounidense Donald Trump es ahora la voz de los sectores más conservadores de Estados Unidos; sus ideas, consideradas por analistas como disparatadas, ganan el apoyo que pudieran colocar la boleta republicana en la mano de alguien de fuera del entorno de Washington. En su agenda conservadora destacan temas como levantar un muro en la frontera entre Estados Unidos y México, poner fin a la ciudadanía por derecho de nacimiento para los hijos de los inmigrantes que viven sin permiso en el país y eliminar la ley de Salud, entre otros.

Donald Trump amenazó durante 2011 con presentar su candidatura a la nominación republicana para retar la reelección del presidente Barack Obama pero desistió del empeño en ese año, ahora concretó su aspiración. Entonces analistas valoraban la posibilidad de que se presentara como una opción independiente, lo que indudablemente restaría fuerza a las aspiraciones republicanas de volver a la Casa Blanca, algo que aun ahora no se descarta.

Eso está presente hoy en un escenario donde otros 16 concursantes tratan de ganar la boleta partidista pero el acaudalado inversionista arrolla a la competencia en la lucha por la nominación y las últimas encuestas llevadas a cabo en la estela del primer debate del Partido Republicano lo colocan con una ventaja de dos dígitos sobre el contendiente más cercano.

Nacido el 14 de junio de 1946 en Nueva York, este multimillonario -algunos calculan su fortuna en más de nueve mil millones de dólares- podría disponer de algunos cientos de millones propios para concursar en la liza. Tiene muchos puntos a su favor y es especialmente reconocido en televisión con The Apprentice (El Aprendiz), un programa del que fue presentador, narrador y juez, además de productor ejecutivo, durante las tres primeras temporadas.

El empresario domina el escenario electoral estadounidense, lleva la batuta en la discusión política, a la vez que obliga a otros contendientes a opinar sobre propuestas de extrema derecha como su plan de inmigración. Paradójicamente, declaraciones que para otros aspirantes significarían enterrarse y fracasar en sus planes, para Trump se convierten en algo normal que aumenta sus números en las encuestas.

Según el diario digital The Hill, el ascenso de Trump comenzó a registrarse a principios de julio, lo cual fue recibido con desconcierto y la creencia casi universal entre los republicanos de que todo terminaría a finales de verano como un fenómeno temporal, impulsado por los medios de comunicación.

Pero la realidad es otra; se acerca el fin del verano y su estrella no muestra signos de caer, mientras muchos se preguntan hasta donde llegará y más aún si ganará la boleta partidista para retar a los demócratas el 8 de noviembre de 2016.

¿Puede ganar? Seguro que se puede ganar, dijo el ex director político del Partido Republicano de Iowa Craig Robinson, citado por The Hill. Él está haciendo caso omiso al resto y dicta el curso del debate, sus apariciones en la televisión, sus desplazamientos por el país, la complicidad de la prensa lo hacen un aspirante temible, estiman comentaristas políticos.

El magnate inmobiliario está en contacto directo con los potenciales electores, pregona su mensaje ultraconservador, con cierto parecido a los que hicieron de Ronald Reagan un candidato temible en el campo de los republicanos.

Sin afinar sus ideas pues aún no tiene un equipo de campaña sólido, por ejemplo, es uno de los que cuestionan el lugar de nacimiento del presidente Obama, piensa que Estados Unidos debe tener derecho al petróleo iraquí y se siente cercano a las ideas del movimiento político conservador Tea Party, a lo que agregó sus ideas incendiarias sobre el tema migratorio. En este último desconoce la ciudadanía de los niños nacidos en el país hijos de inmigrantes, no los expulsaría solo, se iría toda la familia, comentan jocosamente algunos de sus críticos.

Pese a sus propuestas consideradas por muchos inconstitucionales y difíciles de alcanzar porque implican un cambio en la Constitución y serían muy costosas, sigue su avance en los sondeos.

Por ejemplo, la repatriación de cerca de 11 millones de personas sin papeles costaría al menos a los estadounidenses 141.3 mil millones de dólares y otras ideas como construir una muralla en la frontera sur representaría 5.1 mil millones de dólares, según estimados.

Una encuesta de Fox News mostró a Trump con una ventaja de más de 2 a 1 a nivel nacional sobre Ben Carson, quien marcha en un distante segundo lugar. Otra consulta de CNN/ORC, publicada el 18 de agosto, mostró un rápido aumento de Trump a dos dígitos después que otra encuesta a finales de julio ubicaba a Jeb Bush de líder por sólo tres puntos.

En el caso concreto de las primarias en Iowa y New Hampshire, el magnate se mantiene al frente desde fines de julio, un indicativo de que su amenaza de ganar va en serio. Esta situación provoca alarma en el entorno republicano y muchos, como el estratega de ese partido Nino Saviano, estiman que si no alcanzan a frenarlo la agrupación saldrá afectada notablemente y pudiera ocurrir una parálisis política que los afecte por mucho tiempo.

Dos meses después del lanzamiento de su campaña, la mayoría de los candidatos republicanos a la presidencia todavía aparecían maniatados por Trump, tratando de lograr un equilibrio entre un enfoque en la política y la necesidad de participar en el combate político, indica The Hill.

Por otra parte, el mecenas se está beneficiando de la amplia cobertura de los medios de comunicación, no hay televisora ni prensa escrita que no lo tenga en sus espacios del día aunque un amplio grupo de republicanos dicen que ellos ni siquiera consideran votar por él.

Sin embargo, como antaño, los republicanos están muy preocupados de que pueda presentarme como independiente, aseguró el empresario. El paso dado es visto como algo justificado, pues diferentes análisis colocan a los otros candidatos de esa agrupación sin opciones frente a Clinton, mientras comentaristas políticos subrayan que el avance del hombre de negocios es una clarinada para aquellos que aspiran a llegar a la mansión ejecutiva y le falta “energía” en su cartera.

Sobre sus ideas, un editorial del 20 de agosto del diario The New York Times indica, por ejemplo, que ahora a los candidatos principales de los republicanos se les hace más difícil desviar preguntas sobre la inmigración con vagas promesas de asegurar la frontera y oponerse a toda “amnistía” para los inmigrantes ilegales.

Su propuesta sobre inmigración puso en aprieto a los oponentes que están obligados ahora a ser francos sobre sus planes, o hablan de los valores de una nación creada por inmigrantes, o se pronuncian, como Trump, por castigar a millones de indocumentados, incluso los nacidos en el país.

En sustancia, el político es ahora la voz de los sectores más conservadores del país; sus ideas, consideradas por analistas como disparatadas, ganan el apoyo que pudieran colocar la boleta republicana en la mano de alguien de fuera del entorno de Washington, algo que piden muchos estadounidenses.

Trump contra viento y marea mantiene la punta entre republicanos

En septiembre, Trump mantenía la punta entre los 16 contendientes en el Partido Republicano con el mayor índice a favor entre los votantes estadounidenses contra viento y marea. Una encuesta de Gallup publicada el 4 de septiembre situó al magnate inmobiliario con 32 puntos de favoritismo a la cabeza del grupo, 16 más que en agosto.

Aunque otros contendientes como la exempresaria Carly Fiorina y el neurocirujano Ben Carson aumentaron sus índices con ganancias de cinco y tres puntos, respectivamente, otros como el exgobernador de Florida Jeb Bush, el gobernador de Wisconsin, Scott Walker y el gobernador de Ohio, John Kasich, marcaron notables descensos.

El más afectado, Kasich, bajó 12 puntos de un favoritismo neto, de 27 en agosto a 15, la mayor caída, mientras Bush descendió de 25 hasta 19 y Walker de 37 a 31, cada uno seis puntos. Esto indica que el empresario multimillonario y estrella de reality TV cimentó su posición como el principal candidato del Partido Republicano en agosto, y llegará al segundo debate republicano, el 16 de septiembre, en California, por encima de sus colegas empeñados en encontrar las fórmulas para hacerlo caer.

El multimillonario lidera en las encuestas, cubriendo las ondas, saboreando el papel de líder y obligando a los otros candidatos a adaptarse a una carrera que está siendo ejecutada en sus términos. Pese a que muchos consideraron sus aspiraciones de llegar a la Casa Blanca como una “payasada”, el puntero perfecciona su estilo y su mensaje se hace eco de la frustración de años de la base conservadora con la dirección del partido.

Mientras Trump terminó el mes de julio en la cima de las encuestas a nivel nacional, pocos observadores políticos tomaron en serio su ascenso pero ahora conduce con éxito el debate político hacia la derecha.

Lo que fue visto como algo temporal, es ahora considerado como una amenaza legítima a la nominación, en una batalla que llegará más allá de las primarias partidistas y obligará a la retirada de algunos que tenían grandes aspiraciones.

El estratega republicano Matt Mackowiak estima que solo el magnate está en el primer nivel de los concursantes. “Es absolutamente dominante”, dijo en referencia aparente al desplazamiento de favoritos precompetencia como Bush y Walker.

Pese a ser acusado repetidamente de no ser un verdadero conservador, su base de apoyo en el llamado partido es creciente y la mayoría de las encuestas lo muestran a la cabeza entre los hombres, las mujeres, los partidarios del Tea Party, evangélicos y republicanos que se describen como muy conservadores, algo conservador o liberal.

Por ejemplo, en agosto, todas las encuestas en Iowa, Nueva Hampshire y Carolina del Sur lo situaban al frente y en estos estados donde históricamente los votantes apoyaron a figuras conservadoras. Resalta a favor del empresario devenido en político que en mayo apenas un 27 por ciento de los republicanos en Iowa lo veía favorablemente, mientras que el 64 por ciento dijeron que tenían una visión negativa.

En una pesquisa publicada a finales de agosto por la firma Bloomberg, esos números se revirtieron con un 60 por ciento de visión positiva y sólo el 25 por ciento negativa. Además, una encuesta de Bloomberg de mayo encontró que el 58 por ciento de los republicanos dijeron que no considerarían votar por Trump bajo ninguna circunstancia. Ese porcentaje se ha reducido a sólo el 29 por ciento en la última encuesta.

De hecho, Trump comenzó con una ventaja, beneficiándose del reconocimiento universal de su nombre al ser el centro de atención tanto como un magnate de bienes raíces de Nueva York y como la estrella de su propio reality show en la cadena NBC.

Al explicar esta situación, el diario The Hill señala que el puntero utilizó su fama y su experiencia como showman en la televisión para preparar una histeria mediática que ha sobrealimentado su ascenso en las encuestas, mientras pone en apuro al resto de los candidatos republicanos que luchan por ganar atención.

Según Mark Meckler, uno de los fundadores del movimiento Tea Party, el político se convirtió en un show mediático y es un maestro de los medios que compete con cualquiera.

Aunque muchos no lo ven aún como el candidato del partido, pues piensan que cuando se achique la lista muchos votantes se irán tras candidatos más tradicionales como Bush, el magnate avanza.

Semanas atrás la demócrata Hillary Clinton, que una vez estaba casi 20 puntos porcentuales por delante de Trump en un enfrentamiento hipotético, tenía cuatro o cinco puntos de ventaja. Sin embargo una reciente pesquisa de SurveyUSA encontró que ya el multimillonario aventajaba a Hillary 45 por ciento contra 40.

Asimismo derrotaría al senador Bernie Sanders (I-Vermont) 44 por ciento a 40 por ciento; al vicepresidente Joseph Biden 44 por ciento a 42 por ciento; y al ex vicepresidente Albert Gore 44 por ciento a 41 por ciento.

También corre a su favor que tiene fama, riqueza, un mensaje sobre la reforma de la inmigración y el comercio que encuentra un lugar en un tercio del electorado y su enfoque anti-establecimiento es muy eficaz influyendo en muchos que quieren al frente del gobierno a alguien fuera de Washington, estiman estrategas de campaña.

TRUMP Y LA INMIGRACION

En este tema el puntero obligó a los candidatos republicanos a un amplio debate sobre la inmigración que los líderes del partido trataban de evitar. Algunos como el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, ahora se dicen partidario de la construcción de un muro en la frontera entre Estados Unidos y Canadá.

Mientras, el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, sugirió pedir al fundador de FedEx (usada por los inmigrantes para enviar remesas), Fred Smith, ayudar al gobierno a diseñar una forma de rastrear a los migrantes que entran en el país con visas.

Algunos republicanos ven el debate con creciente alarma, temiendo que profundice los problemas del Partido Republicano con los votantes hispanos en un ciclo electoral en el que desesperadamente necesitan de ellos.

Después de perder las elecciones de 2012, el Comité Nacional Republicano (RNC) trató de trazar un nuevo rumbo sobre la inmigración. En una “autopsia” integral de la derrota de Mitt Romney, el RNC constató cómo el presidente Barack Obama ganó el 71 por ciento de ese creciente bloque demográfico.

No importa lo que decimos acerca de la educación, el empleo o la economía; si los hispanos piensan que no los queremos aquí, van a cerrar sus oídos a nuestras políticas y no van votar por el partido, estimó la elite partidista. Contrario a esto, Trump apoya la construcción de un muro en la frontera sur con México y aboga por la deportación masiva de millones de inmigrantes indocumentados.

Por lo menos el 14 por ciento de la población de votantes elegibles en 2012 en los estados indecisos de Colorado, Florida y Nevada son hispanos, según el Centro de Investigación Pew, por lo que será difícil que los republicanos ganen allí sin su apoyo.

En la era Trump llama la atención que su mensaje sobrepasa el conservadurismo que cobró impulso bajo la presidencia de Ronald Reagan, quien estableció un récord de la oposición a las leyes de derechos civiles. Bajo Reagan fue firmada una ley que concedió amnistía a casi tres millones de personas que estaban en el país ilegalmente.

Yo creo en la idea de una amnistía para los que han echado raíces y ha vivido aquí durante algún tiempo y pueden haber entrado ilegalmente, decía Reagan, un icono de ese partido.

A inicios de septiembre Trump firmó un compromiso con el RNC de no correr como una tercera opción, estrategia mediante la cual la dirección partidista busca evitar una mayor fractura del voto que sirva en bandeja el triunfo de los demócratas en noviembre de 2016.

En el convulso panorama de la agrupación opositora, un viejo zorro, el expresidente de la Cámara de Representante Newt Gingrich estima que los políticos de Estados Unidos subestiman a Trump, quien en su opinión hace una campaña para ganar. Creo que él está aprendiendo. Creo que aprende más rápido que cualquier figura política en el país, además de William Clinton, dijo el exlíder parlamentario.

Por lo pronto, sus 15 rivales en el debate del 16 de septiembre (Rick Perry se retiró el viernes 11 por falta de fondos), se preparan para un escenario donde previsiblemente se centrarán en abordar los mensajes de su campaña con temas que puedan frenar el fenómeno Trump pero evitando los ataques personales contra este.

Bush-Rubio: dos republicanos por un asiento en Estados Unidos

El exgobernador de la Florida Jeb Bush y el senador Marco Rubio, ambos republicanos, sostienen un duro un mano a mano en la actual campaña por la nominación partidista para disputar la presidencia de Estados Unidos.

Es el choque entre un miembro de una dinastía política que llevó a dos de sus integrantes a la Casa Blanca y un joven político ambicioso, caracterizado por una carrera marcada por el oportunismo político pero muy inteligente, según lo describen medios de prensa.

El menor del clan de los Bush al entrar en la puja estuvo arropado por la aureola de sus logros cuando gobernó Florida, un estado con gran peso en la política estadounidense y muy recordado por unas presuntas elecciones fraudulentas en 2000 cuando otro Bush, George W., le arrebató la presidencia al demócrata Albert Gore.

Al menor de la dinastía no le va bien en la actual campaña y su temprano favoritismo se diluyó en medio de una actuación poco convincente para sus propios seguidores y los miembros del establecimiento republicano que apostaron por él.

En una encuesta divulgada el 3 de noviembre por The Wall Street Journal/NBC News el campo republicano era liderado por Ben Carson con 29 por ciento, Donald Trump 23 por ciento, mientras que Rubio iba tercero con 11 por ciento, seguido por su colega por Texas Ted Cruz, con 10 por ciento y Bush con un anémico ocho por ciento.

Al respecto de los problemas de su campaña, Alex Patton, un estratega republicano de Florida, fue categórico cuando dijo que “a pesar de que Jeb fue un gran gobernador conservador, hay un montón de personas que no conocen o recuerdan nada al respecto”.

El político trata de lograr un segundo aire pero, al parecer, sus intentos de estabilizar la campaña están condenados al fracaso luego de una desastrosa presentación en el último debate partidista celebrado a finales de octubre en Boulder, Colorado, donde arremetió contra Rubio por su escasa participación en las labores del Senado.

Para ambos políticos ganar Florida es fundamental aunque las encuestas mantienen a Trump al frente en el llamado estado Sol del país. En el tope entre estos dos republicanos la recaudación de fondos parece ser el obstáculo más serio de la campaña del joven parlamentario para vencer a Bush, según expresan medios de prensa estadounidenses.

Además en contra de Rubio actúan los pocos logros en el cargo y algunos políticos bromean sobre qué sería de Estados Unidos al trabajar de esa forma si llega a la presidencia del país, algo posible luego que algunos republicanos piensan que pudiera sustituir a Bush entre los donantes y la cúpula partidista.

En el caso de los fondos, su mayor debilidad, el inversor multimillonario Paul Singer anunció que recaudará para Rubio y envió una carta a otros donantes republicanos describiendo al joven senador como el único republicano que puede estar en condiciones de derrotar al principal candidato demócrata Hillary Clinton.

Por otra parte, algunas fuentes estiman que su camino será escabroso, a lo que contribuye su estrecha relación con la vieja maquinaria cubanoamericana de Miami cuyas posiciones se oponen a una nueva generación que aboga por mejores relaciones con Cuba, en consonancia con el amplio respaldo del tema entre la población del país.

En un extenso análisis del más joven de los aspirantes republicanos, la periodista Ann Louise Bardach señala que es erróneo pensar que el senador es ingenuo, suave o sin experiencia.

Rubio se formó en un ambiente en el cual la política sucia y los rejuegos lo catapultaron justo a tiempo para jugar un papel que puede ser decisivo en su búsqueda para capturar la nominación presidencial del Partido Republicano, según Bardach.

El senador novato, de 44 años de edad, está atrapado entre una generación anterior intransigente de los cubano-estadounidenses que se van de la escena y una creciente corriente más joven de hispanos estadounidenses que se enfrentan a una experiencia muy diferente a favor del cambio.

Entre sus principales benefactores está el magnate de autos Norman Braman, de quien se rumora comprometió 10 millones de dólares con el súper PAC de Rubio para la carrera de 2016.

Un previsible punto de fricción para el político en su enfrentamiento dentro de los republicanos o con los demócratas son las relaciones con su cuñado Orlando Cicilia, quien estuvo arrestado por tráfico de drogas por una cifra millonaria.

Los antecedentes del caso fueron destruidos y Rubio evita referirse a esta parte oscura de pasado criminal de la familia. Los expedientes federales relacionados con la condena de Cicilia fueron destruidos tres días antes de que un tribunal actuara a petición de la cadena Univision para tener acceso a ellos en julio de 2011.

De acuerdo con los memorandos internos en Univision, obtenidos por el diario digital Politico, los secretarios judiciales en Miami y en el centro de registros Federal en Atlanta dijeron que la destrucción ocurrió después de que se hizo la solicitud y aparentemente el senador no tuvo nada que ver en eso.

Estos dos republicanos en pugna deben estar en el cuarto debate presidencial del partido rojo el 10 de noviembre en Milwaukee, organizado por Fox Business Network y The Wall Street Journal, donde se espera traten de mejorar sus números, aunque previsiblemente, los llamados trapos sucios no saltarán a la escena.

Estados Unidos, menos conservador o más liberal

El hecho de que Estados Unidos se convierta en un país socialmente más liberal aumenta las preocupaciones y deriva en un reto para el Partido Republicano camino a las elecciones presidenciales de 2016.

Según el articulista del diario The New York Times Charles M. Blow ahora hay “un fenómeno fascinante tomando forma en América: A medida que el país se convierte en menos religioso, también es cada vez más liberal en temas sociales.”

Con relación a este asunto, un reciente informe de Pew Research Center encontró una disminución de la población que se reconoce como cristiana, mientras el número de estadounidenses que no se identifica con alguna religión tiende a aumentar.

También una encuesta de Gallup ilustra el problema al afirmar que datos de tendencias de los últimos 16 años acercan una polarización cuando muchos se identifican como liberales en temas sociales, de la misma forma que otros dicen que son conservadores.

Hay una corriente alcista entre los que apoyan el matrimonio entre personas de un mismo sexo, lesbianas y gays, el sexo antes del matrimonio, el divorcio, entre otros temas que antes eran tabú en el país.

Esta situación es un verdadero reto para los aspirantes a los boleta republicana para los comicios presidenciales, pues como dice el dicho es difícil estar bien con dios y con el diablo, en especial en aquellos estados donde los votantes son religiosos y conservadores socialmente, como por ejemplo en Iowa.

Eso pone a algunos contendientes en situación difícil, pues según la práctica, no es posible competir en las elecciones generales sin ganar primero las primarias, que son las que dan el pase en el proceso electivo.

En Iowa, los votantes son más conservadores en tema sociales que sus similares a nivel nacional y los resultados de los caucus allí en febrero próximo serán medidores de esa tendencia y tienen impacto a nivel nacional.

En ese estado del nordeste los votantes del partido rojo son más propensos a oponerse a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo (64 por ciento contra 58 por ciento, respectivamente), y son más inclinados a decir que el aborto debería ser ilegal en todos o la mayoría de los casos (68 por ciento frente a 58 por ciento, respectivamente).

El conservadurismo social evidente entre los republicanos de Iowa se basa en parte en la gran presencia de los protestantes evangélicos blancos. Más de cuatro de cada 10 (42 por ciento) de los republicanos de Iowa son blancos de credo evangélico protestante.

Ese estado sirve de caldo de cultivo para las tendencias más moderadas y en él centran esfuerzos candidatos como el senador Ted Cruz, de Texas, cuyo mensaje conservador y puritano acapara la atención de los votantes.

Otros políticos gastan menos parque en Iowa y centran esfuerzos en New Hampshire, considerado el estado más conservador en un noreste muy liberal (Nueva Inglaterra).

Según la investigación de Gallup a nivel nacional, sólo el 27 por ciento de los republicanos están a favor del aborto, mientras que el 67 por ciento son pro-vida, y sólo el 37 por ciento apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo.

En estos escenarios primarios se mueve ahora un pelotón de republicanos liderados en las encuestas por el magnate inmobiliario Donald Trump, por encima de favoritos precompetencia como el exgobernador de Florida Jeb Bush y el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, cuyas campañas están en franca caída.

De Trump pudiera decirse que el otrora aspirante Rick Perry, exgobernador de Texas, quien renunció a seguir en campaña el 11 de septiembre, lo calificó como un “cáncer en el conservadurismo” del país, mientras otros ponen en tela de juicio sus credenciales.

A Bush muchos le critican que no es lo suficientemente conservador aunque es visto como un preferido dentro del seno del Partido Republicano y de la vieja guardia de esa agrupación política.

Mientras Walker, antes de que Trump irrumpiera en la liza, era visto como uno de los principales rivales conservadores de Bush, estatus que mantiene tras ganar tres elecciones importantes en los últimos años en su estado, en especial su triunfo sobre los sindicatos.

Pero pese a que muchos aspirantes a retar a los demócratas en noviembre de 2016 tratan de hacer méritos para convencer a los conservadores sociales, Trump también trabaja en esa dirección. Esto lo mostró en un reciente acto en el sur del país, donde invocó a Billy Graham, un evangelista radical que llenaba estadios en todo el país.

En Alabama fue recibido por varios políticos, entre ellos el senador republicano Jeff Sessions, un ferviente conservador, quien lo elogió por la atención que atrajo hacia temas relacionados con la inmigración.

En la agenda conservadora del puntero republicano destacan temas como levantar un muro en la frontera entre Estados Unidos y México, poner fin a la ciudadanía por derecho de nacimiento para los hijos de los inmigrantes que viven sin permiso en el país y eliminar la ley de Salud, entre otros.

El sur será estratégicamente importante porque un grupo de estados en la región, como Alabama, celebrarán primarias el 1 de marzo de 2016, justo después del inicio del proceso para elegir al candidato presidencial.

En la línea del conservadurismo, destacó en los últimos días Kim Davis, una funcionaria de Moreland, Kentucky, quien fue encarcelada por negarse a emitir licencias de matrimonio a parejas homosexuales en desacato a una decisión de la Corte Suprema del país.

* Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.